Carolina se enamora
- Автор: Моччиа Федерико
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Carolina se enamora». Краткое содержание книги:
Carolina no sólo tendrá que lidiar con este primer desengaño, que la alejará poco a poco de su infancia, sino que deberá enfrentarse a las difíciles relaciones familiares en la novela más intergeneracional de Moccia. La adolescente, como muchas otras de su generación, aprenderá a comprender las preocupaciones de su madre o a entender a su violento, aunque en el fondo adorable, hermano. Gracias a su admirada abuela, Carolina paso a paso irá averiguando qué significa crecer, hacerse adulto.
Como sus obras anteriores, Carolina se enamora, narrada en primera persona, conecta con los adolescentes, enganchados al iPod y a sus móviles. Aunque también deviene un libro imprescindible para los padres que quieran conocer qué hacen y sienten sus hijos cuando salen por la puerta de casa. Sin duda, los libros de Moccia radiografían con humor, ritmo y cascadas de emociones la juventud mediterránea de principios del siglo XXI. Los adultos del mañana.
– ¿Carolina?
Me vuelvo.
– Hola…, ¿No me reconoces?
Es un cura, claro. Es alto. Tiene el pelo corto y un bonito rostro, sereno y afable.
– Soy don Roberto. Nos conocimos el año pasado, en la catequesis de confirmación… y tú discutiste…
Por descontado. ¿Cómo no? Pero él sonríe y después ladea la cabeza, con una leve curiosidad, moderada, bondadosa, tranquila.
– ¿Qué haces aquí? -A continuación se pone un poco más serio-. ¿Puedo ayudarte en algo?
Parece también un poco preocupado. Y yo no sé realmente qué decirle.
– He entrado a rezar…
Sí, eso es creíble.
Me sonríe.
– Ven, vamos…
Salimos al patio y paseamos. Recuerda una de esas escenas que nos ha leído el profe Leone, don Abbondio hablando con Lucia, ¡Dios mío, pero si eso es de Los novios! Pues vaya… ¡Ojalá! Aunque aún es un poco pronto. Don Roberto me habla de todo un poco, quizá esté tratando de ganarse mi confianza.
– Sé que discutiste en clase con don Gianni.
– Sí, ¿cómo se ha enterado?
– Me lo contó él.
– Ah, bueno, en ese caso…
Sí, don Gianni es mejor persona de lo que pensaba. Ahora bien, a saber cómo se lo habrá contado. Don Roberto me mira de una forma que casi parece que puede leerme el pensamiento.
– Me dijo que era él el que se había equivocado, que quería que os sintierais a gusto con él y que quizá no debería haber contado las intimidades de una de vuestras compañeras…
– ¡Pues sí!
– Y ahora está convencido de que no te fías de nosotros.
– De ustedes, no, de él.
– ¿ De mí sí?
Me mira risueño intentando transmitirme su calma.
– Sí, claro…, ¿por qué no?
– En ese caso, ¿quieres decirme a qué se debe que hayas entrado en la iglesia?
– Paca rezar, ya se lo he dicho.
– Sí, claro, pero normalmente, cuando se reza, es porque uno debe enfrentarse a un momento delicado y tiene miedo de equivocarse.
Ay, este tipo es demasiado intuitivo.
Espero un poco. Inspiro profundamente y pienso en él
– Bueno, mi hermano se ha marchado de casa. No es que haya sucedido nada grave, sólo que no se llevaba bien con mi padre y…
– Tu hermano ha sido muy valiente. Hoy en día muy pocos jóvenes salen de casa e intentan arreglárselas por su cuenta.
– Pues sí.
Se crea un extraño silencio. También en este caso Rusty James me ha echado un cable. No he entrado en la iglesia por él, eso es evidente, pero en cualquier caso me gustaría que todo le fuera bien. Y una oración nunca está de más, ¿no?
– Bueno, ahora tengo que marcharme.
– Bien, Carolina, reza si quieres. Pero ya verás cómo todo va de maravilla.
– Sí, gracias, padre.
Salgo con su bendición, confiando que no sea la única. Mi ciudad me parece más bonita que nunca. O quizá sea cosa del amor. El mero hecho de haber pronunciado estas palabras me preocupa. ¿Debería volver a entrar en la iglesia y confesárselo todo? Me entran ganas de echarme a reír. ¿Cómo era esa frase? «El amor vuelve extraordinaria a la gente común.»
Y hace que las ciudades sean más hermosas. Todo gana en belleza. Es como ponerse unas gafas con los cristales del amor. Gafas «love». Así son las mías. ¡Pese a que no soy yo la que las llevo, sino mi corazón! Hoy me ha dado por la poesía.
¿Qué hora es? Las diez menos cuarto. Pues sí, todavía estará durmiendo. Aunque quizá Jamiro se haya despertado ya. Cojo el móvil y lo llamo. Me da la risa. En realidad se llama Pasquale. Todavía me acuerdo del día en que lo conocí. Piazza Navona. Hace un año,
– ¡Venga, vamos a que nos echen las cartas!
A Alis le encanta probar cosas nuevas sobre todo cuando hay que gastar dinero.
– ¡Vamos, yo invito!
Clod está muy segura.
– Yo voy.
– Vale. -No quiero parecer descortés-. Yo también.
– Sentaos, os las leeré a las tres a la vez, e incluso os haré un descuento. Me llamo Jamiro.
Nos da la mano a las tres.
– Pero si tú te llamas Pasquale -le replica Alis, a la que no se le escapa nada.
Se queda patidifuso.
– ¿Y tú cómo lo sabes?
– Está escrito en la tarjeta que sobresale de tu bolsa.
Jamiro se ríe.
– Ése es mi nombre artístico. En realidad me llamo Jamiro. Por unos segundos me has asustado. Pensaba que la vidente eras tú.
– ¡Sí, médium!
– Sí. -Alis señala a Clod y arremete contra ella-. ¡Y ella esextra large!
– ¡Imbécil! -Pero Clod no se enfada, e incluso se ríe,
Jamiro empieza a leerle la mano y le echa las cartas. Después me mira a mí y me suelta una frase increíble:
– Encontrarás el sol.
– ¿Qué quieres decir?
– No lo sé, es lo que veo. Encontrarás el sol.
– Esperemos que no acabes como Ícaro… -Alis y sus continuas ocurrencias.
Clod no entiende una palabra. Yo no alcanzo a imaginar a qué se refiere. Aunque no tardaré en descubrirlo.
Jamiro responde por fin al móvil.
– Hola. ¿Sigues en el mundo de los sueños?
– ¿Cuál es la diferencia entre la realidad y el sueño?…
Él y sus frases. Me río.
– Y, sobre todo, ¿quién eres? -prosigue Jamiro.
– Pero bueno, ¿no me has reconocido? Soy tu pesadilla.
– ¡Caro!
– Muy bien. ¿Lo ves?
– ¿Qué pasa? ¿Por qué me llamas tan pronto? ¿Un sábado por la mañana, a esta hora? No es propio de ti. ¿Pasa algo?
– No lo sé… Pero es importante, muy importante para mí. ¿qué dicen tus cartas?
– Ahora mismo les echo un vistazo.
Silencio. Sólo oigo unos movimientos ligeros, como el que hacen las hojas al tocar el suelo, o cuando se pasan las páginas de un libro… Como el ruido que hacen las cartas cuando se depositan sobre la mesa.
– Jamiro…
– ¿Qué pasa?
– ¿Debo preocuparme?
– No creo, o puede que sí.
– ¿Qué quieres decir?
– Sólo veo un poco de lluvia. No…, no…, hay un sol. Sí. Cuando salga el sol, todo te parecerá más claro. Sereno…
– Bravooo! Gracias, eres un cielo.
Cuelgo el teléfono y salgo corriendo. Corro como una loca. Ya no me queda ninguna duda: mis ruegos han sido escuchados.
A cierta distancia. A la misma hora, en la misma ciudad.
Jamiro sacude la cabeza. Mira el móvil apagado. Luego las cartas. Eso es, ahora lo entiendo. No es lluvia. El corazón le da un vuelco. Son lágrimas.
Enero
¡Bienvenidos al nuevo año, que, espero, esté lleno de cosas buenas! ¡Mientras tanto yo pongo la mejor de las intenciones!A Happy New Year. Ein gutes neues Jahr. Feliz Año Nuevo. Bonne Année. Sastlivogo Nonovogo Góda. ¡Las sé! ¡Como podéis ver, queridos profes, me las se todas!
Resumen de final de año:
Los amigos más juerguistas: ¡Gibbo y Cudini!
Las amigas más auténticas: ¡Clod y Alis!
La canción de finales de diciembre: la de Tormento, Resta quí.
¿Has cambiado algo en tu vida? ¡Sí, he dejado a Lele!
¿Con quién discutes más a menudo? Con mi hermana, para variar.
¿El lema del año que está a punto de concluir? Ad maiora, que, la verdad, no sabía muy bien lo que quería decir, me lo ha dicho mi hermano.
¿El lema del próximo año? ¡Ad maiora, ahora que sé lo que significa!
Películas que quiero ver:Hacia rutas salvajes, Cuscús, Ahora o nunca. Mr. Magorium y su tienda mágica, Posdata: te quiero.
El pensamiento de hoy: quiero que el nuevo año sea superguay.
Las cosas que odiaré en el nuevo año: los exámenes; la mala educación; a la señora Marinelli cuando me pregunte si tengo novio; a Clod cuando se coma las uñas y a Alis cuando se peine como una pija; a papá cuando no riña a Ale; la asignatura de tecnología, sobre todo los conductores y los aislantes; levantarme a las 7.00 para ir al colegio; no encontrar las zapatillas; a las tipas que digan «Estoy delgada, pero la verdad es que como de todo, tengo un metabolismo muy rápido».