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Электронная книга - «El Sabor de la Tentación». Краткое содержание книги:

Jonas Tallent, emparentado con los célebres Cynster, es apuesto, rico y de buena familia, y se dedica a disfrutar de la vida. Juega a las cartas hasta el amanecer y coquetea con las damas más deseadas de la sociedad londinense. Cuando empieza a sentirse inquieto y aburrido por tanta frivolidad, se ve obligado a tomar las riendas de la hacienda familiar en el Devon rural. Una de sus primeras decisiones es contratar un nuevo encargado para la posada de su propiedad, pero descubre que hay poca gente dispuesta a vivir en un lugar tan pequeño y tranquilo.
Es entonces cuando Emily Beauregard, una refinada dama venida a menos, solicita el puesto. Jonas cree que las damas, en especial las que son tan atractivas como Emily, deben estar en los salones de baile o en los dormitorios, no en las posadas. Sin embargo, no tiene alternativa, y de mala gana permite que la joven demuestre su valía.
Pero Emily guarda un secreto. No ha llegado a Devon impulsada sólo por la necesidad de mantener a sus hermanos, sino que la anima un objetivo muy concreto y ambicioso…
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Cuando llegaron al vestíbulo principal, Basil se volvió hacía ellos.

– Está muy sana físicamente, pero su mente ya no es lo que era. Algunos días posee una gran lucidez, pero otros… -Hizo un encogimiento de hombros-. Les pediré a las doncellas que la atienden que me avisen si alguna vez dice algo relacionado con «la casa más alta». Les avisaré si lo hacen.

– Gracias. -Em le brindó una sonrisa de agradecimiento. Jonas asintió con la cabeza.

– Hemos hablado con lady Fortemain, y hemos pensado visitar a Muriel Grisby y a la vieja señora Thompson. ¿Se te ocurre alguien más que pueda saber algo?

Basil consideró la pregunta, luego negó con la cabeza.

– No creo que haya nadie más de la misma edad de ellas cuatro. No en el pueblo. Ni siquiera en las afueras.

– A Phyllida y a mí tampoco se nos ocurrió nadie más. -Jonas le tendió la mano, Basil se la estrechó.

– Gracias por dedicarnos su tiempo, señor Smollet. -Em le tendió la mano-. Y por ayudarnos con su madre.

Basil sonrió, parecía gratamente sorprendido.

– Cualquier cosa por un recobrado Colyton…, especialmente por uno que ha recuperado y revitalizado la posada.

Em se rio cuando él se inclinó cortésmente sobre su mano.

Tuvieron que esperar hasta la mañana siguiente para visitar a Muriel Grisby en Dottswood Farm. Muriel, que ya había oído las últimas noticias del pueblo, estuvo encantada de conceder una entrevista a Em y a Jonas.

– ¡Qué maravilloso es volver a tener a miembros de la familia Colyton en el pueblo! Es una bendición lo que usted ha hecho al volver a poner en marcha la posada. -Muriel, sorprendentemente ágil y activa, les indicó con una mano que tomaran asiento-. Recuerdo a su bisabuelo… Se veía muy guapo y elegante con todo ese pelo blanco. Yo sólo era una niña por aquel entonces, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Em no se permitió abrigar esperanzas. Usando la versión de Jonas sobre los acontecimientos -que trataban de resolver una enigmática rima familiar, lo que no dejaba de ser cierto-, preguntó a Muriel si podía arrojar alguna luz sobre aquella frase misteriosa.

– No. -Muriel negó enérgicamente con la cabeza-. No recuerdo haber oído nada parecido.

Y eso fue todo.

Después de tres decepciones, Em no abrigaba ninguna esperanza de que la vieja señora Thompson, la madre de Thompson y Oscar, supiera algo relevante, pero Jonas fue a recogerla esa tarde y la convenció de que no podía darse por vencida sin al menos hablar con ella.

En un momento entre el almuerzo y la merienda, emprendieron el camino hacia la forja.

La herrería estaba frente a la carretera; la casa de los Thompson estaba situada justo detrás de ella. Thompson, que llevaba puesto un delantal de cuero, estaba trabajando delante del horno, dando martillazos a una herradura para darle forma. Les hizo gestos para que pasaran.

– Anoche le mencioné que vendríamos a ver a su madre. -Sosteniendo la puerta que conducía al estrecho patio de la casa, Jonas estudió la cara de Em, y notó lo desanimada que estaba-. Nunca se sabe. La señora Thompson proviene de un estrato social diferente al de las otras tres mujeres. Puede que haya oído algo, o que sepa algo que las demás desconozcan.

La sonrisa con que Em respondió fue vaga, pero cuando la señora Thompson abrió la puerta de la casa, sonrió ampliamente.

– Buenas tardes, señora Thompson. ¿Le importa si hablamos un momento con usted?

– No, no, querida, pasen, pasen. -La señora Thompson les invitó a entrar en la pequeña salita-. Es maravilloso volver a tener a miembros de la familia Colyton entre nosotros. Es como debe ser, y ha logrado convertir la posada en un lugar encantador…, algo que nadie hubiera creído posible después de cómo Juggs dejó el lugar.

Jonas se quedó en la puerta, dejando que las dos mujeres tomaran asiento en los pequeños sillones de la estancia. Siempre le había parecido un misterio cómo una mujer tan menuda como la señora Thompson, había tenido dos hijos tan robustos como Thompson y Oscar. Aunque tenía tres hijos más, un chico y dos chicas, la anciana poseía un aspecto tan frágil y delicado que parecía que hasta el viento podría arrastrarla con facilidad.

Su mente, sin embargo, era como una trampa de acero.

– Recuerdo a su bisabuelo muy bien… Era un caballero imponente, aunque su rostro siempre lucía una alegre sonrisa. Había sido marino, el capitán de su barco, si la memoria no me falla, pero le conocí mucho después de eso. Vivía en una mansión… Colyton Manor, eso es, hasta que murió. Su hijo, que sospecho fue su abuelo, querida, se trasladó a vivir a otro lugar con el resto de la familia cuando vendió la casa.

– En efecto. -Em asintió con la cabeza-. Mi bisabuelo fue el último Colyton que vivió y murió aquí. Nosotros, mis hermanos y yo, hemos regresado, entre otras cosas, para averiguar el significado de una vieja y enigmática rima familiar. La rima describe una casa como «la casa más alta». ¿Conoce alguna casa que encaje con esa descripción?

La señora Thompson torció la cara mientras se concentraba. Después de un rato, negó con la cabeza.

– No. No que yo recuerde…, pero debo decir que esas palabras me suenan.

Centró la atención en Em y le dio una palmadita en la mano.

– Deje que piense en ello, querida. Si hay una casa relacionada con esa rima, tarde o temprano lo recordaré.

Jonas casi pudo oír el suspiro de abatimiento de Em cuando ella se levantó y, con una sonrisa forzada, se despidió de la señora Thompson.

Jonas hizo lo mismo y acompañó a Em fuera de la pequeña casa de campo. Pasaron junto a la herrería y emprendieron el camino de vuelta a la posada.

Jonas se ajustó al paso de Em y la miró a la cara. Tuvo que agachar la cabeza para poder mirarla a los ojos. La joven andaba con paso arrastrado y miraba al suelo con aire sombrío.

– No te desanimes. Sólo hemos empezado a preguntar. Esas mujeres pensarán en esa frase y se la mencionarán a sus amigas. Y, tal y como ha dicho la señora Thompson, la respuesta aparecerá tarde o temprano. -Cuando Em no respondió, Jonas le dio un codazo-. Dale tiempo al tiempo.

Ella asintió con la cabeza, luego respiró hondo y levantó la cabeza. Observó que ya casi habían llegado a la posada. Jonas casi pudo ver funcionar los engranajes de su cerebro cuando ella cambió el foco de su atención.

Jonas se adelantó a cualquier comentario.

– La posada va bien. -Era una declaración de lo más comedida. La revitalizada posada Red Bells era un buen negocio, más de lo que cualquier ingenuo optimista hubiera soñado jamás.

– Hmm, sólo espero que todo esté a punto para la cena de esta noche. Es la primera vez que estamos al completo, ¿lo he mencionado?

– No, pero no me sorprende. -Era sábado, y no sólo los vecinos de Colyton, sino los que vivían en las granjas y haciendas circundantes, parecían volver a tener a Red Bells en sus corazones. La posada estaba más concurrida que nunca.

Jonas se metió las manos en los bolsillos y continuó caminando al lado de Em, sin prisas y en silencio, sabiendo por la expresión de la joven, que estaba pensando en cosas de la posada, algo mucho más satisfactorio que la búsqueda del tesoro familiar.

No sentía un auténtico interés en el tesoro, salvo una simple y distante curiosidad; había decidido ayudar a Em a buscarlo sólo porque eso era importante para ella. Además, aunque la joven no lo había dicho expresamente, tenía la impresión de que quería encontrar el tesoro antes de tener que tomar la decisión de casarse con él. Por lo tanto, lo que más le convenía a Jonas en ese momento era ayudarla a recuperar ese tesoro lo antes posible.

Pero por encima de todo, quería que ella fuera dichosa y feliz. Sabía que para Em era fundamental encontrar el tesoro.

Jonas había pasado las últimas dos noches en la cama de la joven y no tenía ninguna intención de renunciar a una posición que ya había ganado. En los momentos más tranquilos en los que había yacido entre sus brazos, Em le había contado, le había explicado, más cosas sobre el tesoro, revelándole cómo lo veía, por qué había llegado a ser tan importante para ella.

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