El Sabor de la Tentación
- Автор: Лоуренс Стефания
- Язык: испанский
- Жанр: Исторические любовные романы
Электронная книга - «El Sabor de la Tentación». Краткое содержание книги:
Es entonces cuando Emily Beauregard, una refinada dama venida a menos, solicita el puesto. Jonas cree que las damas, en especial las que son tan atractivas como Emily, deben estar en los salones de baile o en los dormitorios, no en las posadas. Sin embargo, no tiene alternativa, y de mala gana permite que la joven demuestre su valía.
Pero Emily guarda un secreto. No ha llegado a Devon impulsada sólo por la necesidad de mantener a sus hermanos, sino que la anima un objetivo muy concreto y ambicioso…
Las contracciones de los músculos interiores de Em le apretaron, le ordeñaron con codicia hasta que él no pudo contenerse más. Con un rugido ahogado, Jonas bombeó su semilla profundamente en su interior. Luego se desplomó sobre ella, apoyándose en los brazos para no aplastarla.
Levantó la cabeza y, con los pulmones ardiendo, Jonas intentó absorber todas las sensaciones, recreándose en la maravillosa visión del cuerpo que tenía debajo y que le había dado un placer tan ilícito. Absorbió la sensación del trasero desnudo de Em, que se apretaba contra su ingle, mientras seguía enterrado profundamente en su interior; una sensación que quedaría grabada para siempre en su mente y que tenía intención de volver a experimentar con frecuencia.
Cuando sus brazos no pudieron sostenerlo más, él se apoyó en los codos. La joven protestó y se volvió hacia él. Jonas salió del interior de su cuerpo. El movimiento le hizo perder el equilibrio; al intentar enderezarse, Jonas se apoyó demasiado en los sacos y éstos comenzaron a deslizarse al suelo.
Em soltó una risita. Continuó riéndose disimuladamente y luego se rió abiertamente cuando, con una maldición, él se cayó con los sacos al suelo.
Jonas la hizo caer también. Em aterrizó encima de él, ahora riéndose sin parar. Jonas no pudo evitar sonreír hasta que finalmente estalló en carcajadas.
Recostándose en los sacos, la abrazó y la apretó contra su pecho.
Permanecieron abrazados, saboreando el momento, envueltos en la oscura calidez de la despensa; el perfume almizclado de su unión se combinaba con muchos otros olores, aunque ninguno era tan dulce como el de Em, que olía a lavanda, a rosas y a alguna otra fragancia que no podía definir.
La joven yació en sus brazos, quieta y saciada. Sin realizar ningún esfuerzo.
Aceptándole.
Después de un momento mirando fijamente el techo, él le preguntó:
– ¿Qué estás buscando? ¿Está en el sótano?
Ella siguió inmóvil, pero para sorpresa de Jonas, no se tensó.
Así que esperó su respuesta.
Em sabía por qué ella y su familia habían decidido mantener en secreto la búsqueda del tesoro. Habían dado por hecho que el pueblo estaría lleno de desconocidos, gente extraña que podría plantear amenazas potenciales, y que querrían, encontrar el tesoro para sí mismos.
Eso era lo que habían pensado antes de llegar a Colyton. Ahora… ahora conocían a esa gente y eran aceptados por ellos. Los vecinos de Colyton, todos sin excepción, formaban un grupo muy unido, tan unido como una gran familia. Una que había dado la bienvenida a la familia de Em, acogiéndola en su seno y ofreciéndole un lugar entre ellos. ¿Realmente había necesidad de guardar el secreto durante más tiempo?
Era una cuestión de confianza, y Em había llegado a confiar en los buenos vecinos de Colyton. En lo que concernía a Jonas… Allí estaba ella, tendida entre sus brazos, después de haberle entregado su cuerpo, después de haberse entregado tanto física como emocionalmente a él.
Em confiaba en él. Ya sabía que era un hombre honrado.
Tanto si aceptaba casarse o no con él, sabía que Jonas la ayudaría, y que no plantearía ninguna amenaza para ella ni para su familia… De eso estaba completamente segura.
Em inspiró profundamente. ¿Por dónde empezar?
– Te he dicho que mi nombre es Emily Beauregard. Mi nombre completo es Emily Ann Beauregard Colyton. -Jonas comenzó a moverse debajo de ella, pero antes de que pudiera interrumpirla, Em continuó-: Mi bisabuelo fue el último Colyton que vivió en el pueblo. Mi abuelo y mi padre…
Breve y concisamente, esbozó la historia de su familia. La historia del tesoro mantuvo a Jonas en el mismo fascinado silencio que mantenía habitual mente a las gemelas. Em no se reservó nada; no tenía mucho sentido llegados a ese punto. A pesar de su innata cautela, estaba perfectamente segura de que no tenía nada que temer de él.
– Así que he estado intentando localizar la caja del tesoro que sólo puede abrir un Colyton y que estará oculta en el sótano de la casa más alta -concluyó finalmente.
El negó con la cabeza, lleno de asombro. Em se había girado en sus brazos para poder mirarle a la cara mientras hacía sus revelaciones. Lo único que la joven vio en sus ojos y en la expresión de su rostro fue un sincero, intrigado y fascinado asombro.
Jonas la miró a los ojos y sonrió de oreja a oreja.
– Así que realmente eres una Colyton…, una Colyton de Colyton.
– Sí. -Em no entendía por qué eso parecía divertirle tanto. Para ella, aquel era un detalle pertinente aunque poco relevante-. ¿Podrías…? ¿Puedes ayudarme a encontrar el tesoro?
Jonas parpadeó.
– Por supuesto. -Apartó los ojos de ella y miró al otro lado de la despensa en dirección a la casa. Entonces la apremió para que se levantase-. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Estoy de acuerdo en que Grange es probablemente «la casa más alta» que menciona tu rima. Los miembros de mi familia han sido los magistrados de la zona desde hace siglos, así que eso también encaja. Venga, vamos a buscar el tesoro en el sótano.
Se pusieron en pie y se alisaron la ropa. Luego Jonas abrió la puerta de la despensa y se encaminaron a la casa.
Se encontraron con Mortimer en el vestíbulo que había junto a la cocina.
– Justo la persona que andábamos buscando -dijo Jonas-. La señorita Beauregard está buscando una caja perdida hace mucho tiempo. Cree que su familia podría haberla guardado aquí hace siglos. Según tiene entendido, si es verdad que está aquí, la caja estaría escondida en el sótano. ¿Sabes algo de una caja misteriosa?
Mortimer negó con la cabeza.
– No, señor. Pero puedo buscarla.
Em pasó junto a Jonas.
– Le ayudaré a buscarla.
– Los dos te ayudaremos. -Jonas cogió la mano de Em y la puso a su lado mientras le indicaba a Mortimer que avanzara delante de ellos-. Te seguimos.
El mayordomo los condujo a la cocina. Em saludó a Gladys y a Cook, luego.se volvió hacia la pesada puerta que Mortimer acababa de abrir.
Mortimer encendió una lámpara y, alzándola, comenzó a bajar las escaleras. Jonas le indicó a Em que fuera delante de él, y luego la siguió.
El sótano de Grange se usaba a diario; Jonas no entendía cómo una caja misteriosa como la que había descrito Em podría haber pasado desapercibida a Mortimer, Cook o Gladys, o a sus numerosos predecesores. Pero no obstante, tenían que echar un vistazo al lugar y asegurarse de que realmente no estaba allí.
Mortimer y Em siguieron avanzando; el mayordomo alzaba la linterna mientras pasaban por cada pequeña habitación, por cada una de las cavernas que estaba separada de las demás por un arco de piedra, y les explicaba qué había en su interior. Llegaron al fondo del sótano., que se extendía por debajo de casi toda la casa.
– Bien, pues. -Em miró a su alrededor, con los ojos brillantes bajo la luz de la linterna-. Comenzaremos a buscar aquí y nos desplazaremos en dirección a las escaleras.
Lo hicieron. No resultó difícil, pues como les mencionó Mortimer, el personal de la casa se encargaba de ordenar y clasificar todo lo que había en el sótano, por lo menos dos veces al año.
Al final, el mayordomo miró a Em con una expresión perpleja.
– ¿Está usted segura de que la caja está aquí, señorita? Si el propósito era ocultarla bien, entonces este sótano no es un buen escondite. Lleva siglos usándose ininterrumpidamente, ya que en la cocina no hay espacio suficiente, y el personal siempre ha utilizado este lugar como almacén.
Por la evidente expresión de desencanto de Em, ella había llegado a la misma conclusión.