Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Другие документальные фильмы » El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia
El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia

Электронная книга - «El Hombre De Hielo. Confesiones de un asesino a sueldo de la mafia». Краткое содержание книги:

Durante más de cuarenta años, Richard Kuklinski, «el Hombre de Hielo», vivió una doble vida que superó con creces lo que se puede ver en Los Soprano. Aunque se había convertido en uno de los asesinos profesionales más temibles de la historia de los Estados Unidos, no dejaba de invitar a sus vecinos a alegres barbacoas en un barrio residencial de Nueva Jersey. Richard Kuklinski participó, bajo las órdenes de Sammy Gravano, «el Toro», en la ejecución de Paul Castellano en el restaurante Sparks. John Gotti lo contrató para que matara a un vecino suyo que había atropellado a su hijo accidentalmente. También desempeñó un papel activo en la muerte de Jimmy Hoffa. Kuklinski cobraba un suplemento cuando le encargaban que hiciera sufrir a sus víctimas. Realizaba este sádico trabajo con dedicación y con fría eficiencia, sin dejar descontentos a sus clientes jamás. Según sus propios cálculos, mató a más de doscientas personas, y se enorgullecía de su astucia y de la variedad y contundencia de las técnicas que empleaba. Además, Kuklinski viajó para matar por los Estados Unidos y en otras partes del mundo, como Europa y América del Sur. Mientras tanto, se casó y tuvo tres hijos, a los que envió a una escuela católica. Su hija padecía una enfermedad por la que tenía que estar ingresada con frecuencia en hospitales infantiles, donde el padre se ganó una buena reputación por su dedicación como padre y por el cariño y las atenciones que prestaba a los demás niños… Su familia no sospechó nada jamás. Desde prisión, Kuklinski accedió conceder una serie de entrevistas.
1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 132
Перейти на страницу:

Richard conocía a aquellos ladrones de casas desde sus tiempos salvajes de Jersey City. Existía la posibilidad de que el propietario se presentara inesperadamente, y Richard se encargaría de quitárselo de en medio de manera rápida y silenciosa. La banda se reunió en Kansas City. Entraron en la casa sin problema, abrieron la caja fuerte sin incidentes, encontraron las monedas y los sellos y se marcharon sin problemas. El golpe había sido perfecto hasta allí; todo había marchado como un reloj.

Reunidos en casa de un miembro de la banda, Ralphie, el Serpiente, contemplaron su botín, las monedas antiguas, los sellos valiosos. AnIcs habían acordado repartirlo todo en seis partes. Pero se pusieron a discutir entre los seis sobre lo que debía llevarse cada uno. Aquello era precisamente lo que menos gustaba a Richard de trabajar con otros, esas liñas ridiculas, esas mezquindades… esa avaricia.

Richard, perdiendo la paciencia, dijo:

– Eh, mirad, tíos… todo ha ido a la perfección, ha sido una ganga; no vamos a echarlo a perder discutiendo entre nosotros. Habíamos quedado en repartirlo todo en seis partes, ¿no es así? Vamos a ello, entonces.

Pero seguían discutiendo quién se llevaba la mejor parte, cómo se debía hacer el reparto. Richard estaba cada vez más molesto.

Uno de los tipos dijo que tenía hambre; otro dijo que Harry seguía abierto. Harry era un establecimiento pequeño de comidas para llevar de Jersey City, poco más que un tugurio, pero hacían buenos emparedados con una «salsa especial» que tenía fama. Richard dijo generosamente que se encargaría él de ir por unos emparedados; anotó cuidadosamente lo que querían los demás y se puso en camino. Por entonces, Richard había tomado la costumbre de llevar encima un frasco de cianuro, sobre todo cuando salía a hacer un encargo. Lo llevaba encima en esos momentos. Como contó hace poco:

Así que la idea me vino a la cabeza cuando iba en el coche por los emparedados. O sea, al principio pensaba jugar limpio con aquellos tipos, pero después… después me dio por pensar que no son más que una pandilla de codiciosos, y que el reparto iba a ser de solo una parte: de mi parte. Yo les iba a enseñar lo que es la codicia de verdad.

Richard pidió tranquilamente los emparedados, unos refrescos y café.

Después de salir de la tienda, tranquilo y a solas en su coche, separó su emparedado y se puso unos guantes de plástico (llevaba siempre en el coche una caja tamaño gigante de guantes de plástico), abrió cada uno de los otros cuatro emparedados y, con sumo cuidado, los espolvoreó de cianuro de tal manera que la persona que se comiera el emparedado recibiría la dosis completa. Cada dosis venía a equivaler a la cantidad de sal que viene en cada sobrecito del McDonald's. Volvió a guardar los emparedados en la bolsa, dejando el suyo encima de los demás; se quitó los guantes y volvió a la casa para reunirse de nuevo con la banda, que seguía discutiendo. Richard sacó su emparedado, comentó que estaba muerto de hambre, se retiró a un rincón y se puso a comer con delectación; tenía hambre de verdad, y mientras comía vio cómo se comían los demás los deliciosos emparedados del Harry con salsa especial, sin dejar de reñir. El veneno surtió efecto a los pocos minutos. Súbitamente, todos se quedaron paralizados en el sitio, con los ojos desencajados, babeando por las bocas relajadas de pronto, abiertas como si se les hubieran salido las mandíbulas. Richard los observaba cuidadosamente mientras se comía su emparedado; se levantó y los contempló de cerca, estudiando los efectos del veneno como si fuera un científico que observara a unos monos en un laboratorio. Uno intentó ponerse de pie, pero era imposible. Habían perdido el movimiento motriz. Richard guardó cuidadosamente en la bolsa todo lo que quedaba de los emparedados, los refrescos y el café. Limpió después todas sus huellas dactilares, trabajando despacio y con método. Cuando se dio por satisfecho, tomó el botín y la bolsa de los restos y se marchó, cerrando la puerta con delicadeza.

Al día siguiente fue a verse con el perito de seguros que les había dado el soplo de aquel trabajo. Se reunieron en un bar de Teaneck, lleno de público. Cuando el tipo de los seguros no miraba, Richard le echó en la bebida un lingotazo, como lo llama él. El hombre cayó al suelo a los pocos minutos: un nuevo ataque al corazón en un bar de Nueva Jersey, qué desgracia. Un nuevo asesinato que no se relacionó con Richard Kuklinski.

Richard acabó vendiendo lo robado a un perista de Hoboken que conocía. Ganó en total cuatrocientos mil dólares. Guardó el dinero en una de las dos cajas de seguridad que tenía alquiladas en sendos bancos de Nueva Jersey.

Pero la mayor parte de ese dinero se esfumó al poco tiempo; Richard lo perdió en el juego. Por lo que a él respectaba, el dinero era fácil de ganar y fácil de gastar.

Si Barbara se hubiera enterado de que estaba derrochando de esa manera tales cantidades de dinero, se habría puesto como una fiera. El no le habló nunca de ello, ni de las cajas de seguridad que tenía. Eran secretos suyos, como una buena parte de la vida de Richard fuera de su casa, eran un secreto suyo. Eran asunto suyo.

Aquel domingo, Richard veía un documental sobre los animales salvajes, que eran de sus programas favoritos. A Richard le gustaban los animales mucho más que las personas. Cuando vio cómo inmovilizaban a un león macho adulto utilizando un rifle de dardos tranquilizantes, se le ocurrió una idea. ¿Por qué no usar un rifle como ese con los seres humanos?, pensó. Razonó que sería un medio ideal para apoderarse de una persona que debía morir. El domingo por la mañana, Richard fue a ver a su amigo Phil Solimene y le preguntó si podría conseguirle un rifle de dardos tranquilizantes, con los dardos y el tranquilizante.

– Claro, preguntaré por ahí -dijo Solimene; y al cabo de dos días Richard ya tenía el rifle, treinta y cinco dardos, y tranquilizante suficiente para dejar dormido a un equipo entero de fútbol americano.

37

El heladero

Richard recibió el contrato de matar a otro tipo de la Mafia. En esa ocasión, el contrato provenía de la célebre familia De Cavalcante, de Nueva Jersey. El encargo era con tortura. La víctima tenía que sufrir terriblemente; así estaba estipulado en el encargo.

Este encargo resultaba especialmente difícil porque el hombre en cuestión sabía que estaba condenado a muerte y se movía con unas precauciones paranoicas, con la desconfianza de un gato doméstico que tiene que sortear a un perro callejero enloquecido. La victima solía cambiar de sentido sin motivo cuando iba en su coche, o se detenía para que lo adelantaran los demás coches. Richard pasó once días siguiéndolo sin encontrar la oportunidad que buscaba. Después descubrió que el hombre se reunía en un hotel de la familia Marriott con una mujer, que debía de ser enfermera o esteticista porque llevaba uniforme blanco. Se pasaban tardes y veladas enteras en una de las habitaciones de lujo. Richard empezó a rondar por el hotel, buscando una buena ocasión para raptar a la víctima, esperando el momento oportuno.

Richard se topó por primera vez con aquel tipo en el ascensor, bajando del piso donde el hombre tenía su encuentro amoroso. Era un hombre pequeño, de pelo negro y ojos huidizos, boca de labios delgados y malignos y cejas espesas. A Richard le pareció claro que aquel tipo andaba metido en malos pasos. Se saludaron con sendas sonrisas. Richard sabía que el tipo era del hampa. Se abrió la puerta del ascensor y cada uno se fue por su camino. A las pocas horas, Richard fue a los servicios del hotel (había tomado allí una habitación) y, cuando estaba de pie ante un urinario, entró el tipo de ojos huidizos y se puso a usar el urinario contiguo. Richard pensó que aquel tipo lo andaba acechando y se dispuso a sacar la pistola, a luchar, a matarlo allí mismo.

1 ... 69 70 71 72 73 74 75 76 77 ... 132
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)