Un Regalo Extraordinario
- Автор: Стил Даниэла
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Un Regalo Extraordinario». Краткое содержание книги:
Más tarde, salió y charló con Everett unos minutos. El estaba muy ocupado y Maggie tenía que reunirse con un asistente social para conseguir que aceptaran en un refugio a un hombre sin hogar que conocía. Tanto ella como Everett llevaban una vida muy activa y disfrutaban de lo que hacían. Cenó con él también esa noche, después de que acabara su trabajo en los tribunales. Estaban seleccionando al jurado; los dos pensaban que el juicio podía ser largo. El juez advirtió a los jurados que incluso podría durar un mes, ya que habría que examinar un material financiero muy detallado y habría mucho que leer sobre el asunto. Por la noche, Everett le dijo a Maggie que Seth había tenido un aspecto sombrío toda la tarde; Sarah y él apenas habían intercambiado unas palabras, pero ella estaba allí, incondicionalmente a su lado.
La selección del jurado se alargó durante dos semanas, que a Seth y a Sarah les parecieron angustiosamente lentas, pero, por fin, se acabó. Tenían doce jurados y dos suplentes. Ocho mujeres y seis hombres. Y entonces, finalmente, empezó el proceso. El fiscal y el abogado defensor pronunciaron sus alegatos iniciales. La descripción que hizo el fiscal de la conducta inmoral e ilegal de Seth hizo que Sarah se encogiera, avergonzada. El rostro de Seth era inescrutable mientras el jurado lo miraba. Contaba con la ayuda de los tranquilizantes. Sarah no. No podía imaginar cómo la defensa lograría rebatir aquellos argumentos, ya que la acusación presentaba, día tras día, pruebas, testigos y expertos condenatorios para Seth.
En la tercera semana del juicio, Seth parecía agotado y Sarah sentía que apenas podía arrastrarse cuando, por la noche, volvía a casa con los niños. Había pedido permiso en el trabajo, para estar con Seth, y Karen Johnson, del hospital, le había dicho que no se preocupara. Sentía mucha lástima de Sarah, igual que Maggie, que la llamaba cada noche para ver cómo estaba. Sarah resistía, pese a la increíble presión del juicio.
Everett cenó a menudo con Maggie durante las angustiosas semanas del proceso. Finalmente, en abril volvió a mencionar su situación. Maggie dijo que no quería hablar de ello, que seguía rezando, así que comentaron el juicio, lo cual era siempre deprimente, aunque a ambos los obsesionaba. Era de lo único que hablaban cuando se veían. El fiscal iba enterrando a Seth, día a día; Everett decía que había sido un suicidio ir a juicio. La defensa hacía todo lo que podía, pero los argumentos del fiscal federal eran tan sólidos que era poco lo que podía hacer para contrarrestar la avalancha de pruebas en contra de Seth. Conforme pasaban las semanas, Maggie veía que Sarah estaba cada vez más delgada y pálida. No había manera de salir de aquello, salvo llegando hasta el final, pero era una dura prueba para ellos y para su matrimonio. La credibilidad y la reputación de Seth estaban quedando destruidas. Ver hacia dónde iba aquello era terrible para todos los que los querían, sobre todo para Sarah. Cada vez estaba más claro que Seth debería haber llegado a un acuerdo para conseguir unos cargos o una condena menores, en lugar de ir a juicio. No parecía posible que lo declararan inocente, dadas las acusaciones que había contra él y los testimonios y pruebas que las respaldaban. Sarah era inocente, Seth la había engañado, igual que había engañado a sus inversores; sin embargo, al final, estaba pagando por ello tanto como él, o quizá más. Maggie estaba desconsolada por ella.
Los padres de Sarán estuvieron allí durante la primera semana del juicio, pero su padre sufría una enfermedad del corazón y su madre no quería que se agotara o soportara toda la tensión del proceso, así que volvieron a casa. Mientras, se iban acumulando los argumentos de la acusación contra Seth, y todavía quedaban semanas por delante antes de que todo acabara.
La defensa dedicó toda su energía a defender a Seth. Henry Jacobs tenía un porte imponente y una gran solidez y talento como abogado. El problema era que Seth les había dado muy poco con lo que trabajar y su defensa era, principalmente, humo y espejismos, y se notaba. La defensa iba a presentar su alegato final al día siguiente. Everett y Maggie cenaron en la cafetería frente al piso de Maggie, donde solían reunirse al acabar la jornada. Everett escribía un artículo diario sobre el proceso, para Scoop, mientras Maggie seguía con sus actividades habituales, aunque siempre que podía iba al juzgado. Eso la ayudaba a mantenerse al día de lo que sucedía, pasar unos minutos con Everett cuando se levantaba la sesión o cuando había un descanso y abrazar a Sarah siempre que era posible, para animarla.
– ¿Qué le sucederá cuando él se vaya? -preguntó Everett a Maggie.
También él estaba preocupado por Sarah. Empezaba a parecer muy frágil y abatida, pero no había dejado de estar ni un solo día al lado de su marido. Por fuera, siempre mostraba elegancia y aplomo. Trataba de transmitir una seguridad y una fe en él que Maggie sabía muy bien que no sentía. Solía hablar con ella por teléfono hasta bien entrada la noche. Pero, a menudo, lo único que Sarah hacía al otro extremo de la línea era llorar, completamente deshecha por aquella implacable tensión.
– No creo que haya ni la más remota posibilidad de que no lo condenen. -Después de lo que había oído las semanas anteriores, a Everett no le cabía ni la menor duda. No podía ni imaginar que el jurado lo viera de otra manera.
– No lo sé. Tendrá que arreglárselas de alguna manera. No tiene más remedio. Sus padres la apoyarán, pero viven muy lejos. Solo pueden ayudarla hasta cierto punto. Está bastante sola. No me parece que tuvieran muchos amigos; además, la mayoría los han abandonado por culpa de este desastre. Creo que Sarah es demasiado orgullosa y está demasiado avergonzada por todo esto para pedir ayuda. Es muy fuerte, pero si él va a la cárcel estará sola. No creo que el matrimonio sobreviva si lo encarcelan. Es una decisión que tendrá que tomar.
– La admiro por aguantar tanto tiempo. Me parece que yo habría dejado a ese cabrón el mismo día que lo acusaron. Se lo merece. La ha arrastrado en su caída. Nadie tiene derecho a hacerle algo así a otro ser humano, por pura codicia y falta de honradez. Si quieres que te diga la verdad, ese tipo es una mierda.
– Ella lo quiere -dijo Maggie simplemente-, y trata de ser justa.
– Ha sido más que justa. Ese tipo le ha jodido la vida, la ha sacrificado a ella y el futuro de sus hijos por su beneficio, pero ella sigue allí, a su lado. Es mucho más de lo que merece. ¿Crees que seguirá con él, si lo condenan? -Nunca había visto una lealtad como la de Sarah y sabía que él no habría sido capaz de algo así. Sentía una gran admiración por ella y la compadecía profundamente. Estaba seguro de que toda la sala sentía lo mismo.
– No lo sé -respondió Maggie sinceramente-. No creo que Sarah lo sepa. Quiere hacer lo correcto, pero tiene treinta y seis años. Tiene derecho a una vida mejor, si él va a prisión. Si se divorcian, podría empezar de nuevo. Si no lo hacen, se pasará muchos años visitándolo en la cárcel y esperándolo mientras la vida la va dejando de lado. No quiero aconsejarla; no puedo. Pero yo misma tengo sentimientos contradictorios. Se lo dije. Pase lo que pase, debe perdonar, pero esto no significa que tenga que renunciar a su vida por él para siempre solo porque él cometió un error.
– Es mucho perdonar -dijo él, sombrío.
Maggie asintió.
– Sí, lo es. No estoy segura de que yo pudiera hacerlo. Es probable que no -añadió, honradamente-. Me gustaría pensar que soy mejor que eso, pero no estoy segura de serlo. De todos modos, solo Sarah puede decidir qué quiere hacer. Y no estoy segura de que lo sepa. No tiene mucho donde elegir. Podría quedarse con él y no perdonarlo nunca, o perdonarlo y dejarlo. A veces, la gracia se expresa de maneras extrañas. Solo espero que encuentre la respuesta acertada para ella.