Fan Club
- Автор: Уоллес Ирвин
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
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Pero ahora la situación ha cambiado. Ella es un cuerpo que tenemos en el dormitorio de al lado. Es de verdad. Cosa buena.
Lo único que tenemos que hacer es entrar allí, meterle la mano por debajo del vestido y empezar a acariciar ese manguito multimillonario. Hacedlo y no tendréis que preocuparos por la violación o la no violación.
Hacedlo y podréis montarla a los diez segundos, aunque ella disimule y diga otra cosa. Pensadlo un poco y os daréis cuenta de que os importa un bledo la forma en que lo consigáis.
– A mí sí me importa un bledo -dijo Malone con firmeza.
– A mí también -dijo Brunner haciéndole eco.
– Bueno, bueno -prosiguió Shively-, pero aunque os importe, no dejemos que nos tome el pelo. No hagamos el primo por culpa de nuestros prejuicios acerca de lo que está bien y lo que está mal.
Lo que está bien es aquello que tú consideres que te mereces porque no mereces que se te engañe. Mirad, ya hemos llegado hasta aquí. Lo peor ya ha pasado.
Ya hemos superado la fase más peligrosa. Ahora estamos a salvo. En nuestro mundo. Lo dirigimos nosotros. Podemos hacer lo que queramos como si fuéramos Dios, dictar nuevas normas, nuevas leyes o como queráis llamarlas. Es. ¿cómo la llama Adam? La isla de Crusoe.
– Más a Tierra -dijo Malone.
– Sí, nuestro reino y país particular.
Por eso disfrutamos de la flor y nata de las cosas. Disfrutamos de lo mejor. Si hay un tesoro, es nuestro. Por consiguiente, entramos en este dormitorio que es lo que siempre hemos soñado junto con los demás pelagatos.
Sólo que ahora ya no somos unos pelagatos. Estamos al mando y lo que hay aquí nos pertenece en exclusiva. Imaginaos a Elizabeth Taylor o a Marilyn Monroe o ¿cómo se llama la francesa?
– Brigitte Bardot -repuso Malone.
– Sí, imagináos a la Bardot desnuda en la habitación de al lado. Y podemos hacer lo que queramos porque somos los reyes. No iréis a decirme que le volveríais la espalda. No me convenceríais.
– Yo no creo en la violación -dijo Malone.
– Mirad -prosiguió. Shively sin hacerle caso-, ¿qué más da que la soltemos intacta dentro de dos semanas o que la soltemos tras habernos divertido con ella tal como llevan tantos años divirtiéndose con ella estos grandes productores cinematográficos? ¿Acaso le habremos causado un daño terrible? No es una virgen cuya vida podamos destrozar. No le vamos a dañar la salud.
No le van a salir granos por esta causa. -Shively esperó por si se producían risas. Pero no se escuchó más que la risita ahogada de Yost-. Esta experiencia no producirá en ella ningún cambio.
En nosotros, en cambio, sí lo producirá. Porque obtendremos por primera vez de la vida algo bueno que siempre hemos deseado y que nos corresponde por derecho. ¿A qué demonios seguir hablando? Digo que hagamos lo que nos venga en gana y no lo que ella dice que quiere. Es nuestro mundo. Y quien lo dirige es el Club de los Admiradores queridos consocios.
– No, Kyle, no es nuestro mundo -dijo Malone-. Más a Tierra tal vez sea un refugio aislado pero forma parte del mundo y observa las leyes y normas del mundo civilizado, al que todos nosotros pertenecemos.
Además, en nuestra calidad de socios de una asociación u organización llamada El Club de los Admiradores, hemos establecido toda una serie de normas adicionales.
Y la principal de dichas normas es que no daremos ningún paso a no ser que estemos todos unánimemente de acuerdo al respecto. Todo lo que hagamos tiene que ser por unanimidad, tal como sucede en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Cada vez que se produzca un veto, tendremos que desistir de aquello que hayamos presentado a votación.
– Eso era antes, maldita sea, pero ahora, tal y como están las cosas, estoy en contra de esta norma de la unanimidad -dijo Shively-.
Mira, ya ves que nosotros cuatro jamás podremos ponernos de cuerdo acerca de nada. ¿Qué tiene de malo que cambiemos las normas de la misma manera que el Congreso cambia las leyes?
– Eso no tiene nada de malo -repuso Malone-. Es perfectamente legal.
– Permitidme que presente una propuesta -terció Yost-. A partir de ahora, cada vez que tenga lugar una votación, bastará el principio de la mayoría. En otras palabras, si somos tres contra uno, se aprobará.
– Déjame entonces presentar una enmienda -dijo Malone-. Si se produce una mayoría de tres a uno, se aprobará. Pero si se produce un empate de dos a dos, se anulará exactamente igual que si se produjera una mayoría de tres a uno en contra de la propuesta.
– Acepto -dijo Yost-. Soy partidario de la norma de la mayoría y de la enmienda. ¿Y tú, Shiv?
– Me parece bien.
– ¿Tú, Adam?
– Con la enmienda, acepto el principio de la mayoría.
– ¿Leo?
– Creo que sí.
– Aprobado -dijo Yost. Se dirigió después a Shively-. ¿Quieres presentar de nuevo la primera moción?
– ¿Te refieres a lo de entrar en el dormitorio y hacer lo que siempre hemos tenido en proyecto? -preguntó Shively.
– Sí, tanto si ella se muestra dispuesta a colaborar como si no -contestó Yost.
– Pues claro que presento esta moción. Yo digo que nosotros tenemos la sartén por el mango y ella no. Digo que una vez se lo hayamos hecho tal como se lo hacen sus amigos ricos, le encantará. Digo que no le causaremos ningún daño.
– Podemos producirle un "shock" psíquico -dijo Malone.
– Tonterías -dijo Shively-. A ninguna chica de veintiocho años le es perjudicial que le hagan el amor como es debido. Al contrario, resulta beneficioso. Es bueno para los corpúsculos o como se llamen y también para el sistema nervioso.
– En caso de violación, no -insistió Malone.
– A los cinco segundos de estar dentro, ya no se tratará de violación -dijo Shively-. Tanto si lo quería como si no, el paseo le gustará y nos pedirá más. Escucha la voz de la experiencia.
– Basta de discusiones -dijo Yost-. Se somete a votación la moción del señor Shively. La moción propone que no sea necesario su consentimiento para acostarnos con ella. ¿Qué vota usted, señor Shively?
– ¿Bromeas? Voto un sí como una casa.
– Un voto a favor y ninguno en contra -dijo Yost levantando la mano derecha-. Yo también voto sí. Son dos votos a favor y ninguno en contra. ¿Qué vota usted, señor Malone?
– Soy totalmente contrario a ello. Voto no.
– Dos votos a favor y uno en contra -dijo Yost señalando a Brunner-. El último y decisivo voto será emitido por el senador Brunner. ¿Qué dice usted?
Brunner se secó la frente con el pañuelo.
– Vamos, Leo -le animó Shively-, piensa en el supertrasero que te espera a la vuelta de la esquina. No te arrepentirás.
– Ten cuidado, Leo -le advirtió Malone-, es posible que jamás puedas volver a dormir con la conciencia tranquila.
– Basta, señores -dijo Yost-. Nada de campañas en el lugar de la votación. Señor Brunner, indíquenos su voto. ¿Qué dice usted?
– Existen argumentos de distinta naturaleza en ambas posturas -dijo Brunner-. Tal vez sea debilidad por mi parte pero no podría hacerlo. Voto no muy a mi pesar.
– Eso sí es democracia -dijo Yost muy animado-. El resultado final es de dos a dos.
Dado que la moción de Shively ante el Club de los Admiradores no ha conseguido alcanzar una votación por mayoría, se rechaza dicha moción. Lo lamento, Shiv.
– Todo no puede ganarse -dijo Shively encogiéndose de hombros-. Muy bien, eso ya está decidido. ¿Y ahora qué hacemos?
– Hacemos lo que siempre hemos querido hacer -repuso Malone-. Hablamos con ella, procuramos mostrarnos amables y razonar con ella y ganarnos su simpatía.
Creo que podemos establecer un plazo de dos días. Si la convencemos, habremos conseguido ganarla de una forma civilizada. Si no lo conseguimos, la desatamos, la acompañamos a algún lugar de las cercanías de Los Ángeles y la dejamos en libertad intacta. ¿De acuerdo?