La guerra de los enanos
- Автор: Уэйс Маргарет, Хикмэн Трэйси
- Серия: Dragonlance Legends #2
- Год: 2002
- Язык: испанский
- Переводчик: Marta Perez
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La guerra de los enanos». Краткое содержание книги:
—No es necesario, joven mago —le comentó—, que regreses para devolverlo. El libro se acomodará a su anaquel por su propia iniciativa cuando hayas concluido. No he de permitir que espantes a todos mis Estetas. El pobre Bertrem debe de hallarse ahora postrado en el lecho. Saluda al Shalafi en mi nombre.
Inclinó de nuevo la cabeza y se esfumó en las sombras. El elfo quedó de pie, abstraído en sus reflexiones y escuchando el avance firme, lento del cronista hasta que su eco se hubo disipado en la distancia. Formuló entonces un hechizo, que le catapultó a la Torre de la Alta Hechicería.
—Lo que Astinus me ha prestado, Shalafi, es un apéndice donde figuran sus comentarios sobre las guerras de Dwarfgate. Se trata de un extracto de los antiguos textos que escribió…
—El cronista conoce mis inquietudes —atajó Raistlin a su aprendiz—. Adelante, te escucho.
—De acuerdo, Shalafi. Los párrafos que ha señalado comienzan así: «Y Fistandantilus, el archimago, utilizó el Orbe de los Dragones para ponerse en contacto a través del tiempo con su acólito e indicarle que se dirigiera a la Gran Biblioteca de Palanthas, a fin de estudiar sus libros de Historia y comprobar si el desenlace de su magna empresa respondería a sus anhelos.»
Al elfo se le quebró tanto la voz al leer estas frases reveladoras de su propia experiencia, que tuvo que hacer una pausa.
—Continúa —le urgió el hechicero.
Aunque la orden de Raistlin resonó más en su mente que en sus tímpanos, a Dalamar no le pasó inadvertida la nota de cólera que destilaba. Se apresuró pues a desviar la mirada de aquel párrafo, paradójicamente anotado siglos atrás, pese a reflejar el encargo que acababa de cumplir, y prosiguió con la lectura.
—«Es importante reseñar aquí que las Crónicas, tal como existían en aquel momento concreto, establecían…». Esta parte ha sido subrayada —se interrumpió él mismo.
—¿Qué parte?
—«En aquel momento concreto» —especificó el alumno.
El nigromante nada repuso, así que el elfo, una vez hubo aclarado su garganta, reanudó su quehacer con cierta premura.
—«Establecían que, en principio, el empeño debería haberse coronado con éxito. Junto al clérigo Denubis, Fistandantilus debería haber traspasado el umbral sin novedad dados los vaticinios favorables. Lo que había de ocurrir en el abismo, por supuesto, nunca se sabrá, ya que a despecho de las predicciones los acontecimientos se desencadenaron de un modo distinto.
»Firmemente convencido de que su proyecto de penetrar el Portal y desafiar a la Reina de la Oscuridad no podía fracasar, Fistandantilus entabló la batalla con renovado vigor. Pax Tharkas se rindió a los ejércitos de los Enanos de las Colinas y los bárbaros de las Llanuras (consultar las Crónicas, volumen CXXVI, libro sexto, páginas 589-700). Bajo el mando de Pheragas, el mejor general del archimago —un antiguo esclavo de Ergoth del Norte que el hechicero había comprado y adiestrado como gladiador de los Juegos en la arena de Istar—, el ejército de Fistandantilus forzó la retirada de las tropas del rey Duncan, que tuvieron que refugiarse en la fortaleza de las montañas de Thorbardin.
»Poco le importaba esta guerra al archimago. Era tan sólo un pretexto para alcanzar sus designios. Tras descubrir el Portal debajo de la plaza fuerte conocida como Zhaman, instaló allí su cuartel general e inició los preparativos que habían de otorgarle el poder que su cometido requería. Se concentró pues en cruzar la puerta prohibida, delegando en su esbirro la responsabilidad de la contienda.
»Lo que sucedió más tarde es algo que ni siquiera yo puedo describir con exactitud, porque las fuerzas arcanas que se desplegaron adquirieron una magnitud inusitada y se nubló mi visión.
»El general Pheragas murió en una escaramuza contra los dewar, los enanos oscuros de Thorbardin. Su pérdida entrañó el desmoronamiento del ejército de Fistandantilus. Los Enanos de las Montañas abandonaron en tropel Thorbardin para atacar el alcázar de Zhaman.
»Durante el asalto, y persuadidos de que la derrota era inminente, Fistandantilus y Denubis aprovecharon el poco tiempo del que disponían antes del desastre para correr hasta el Portal. Una vez frente a él, el archimago comenzó a invocar su hechizo.
»En aquel mismo instante, un gnomo, prisionero de los enanos de Thorbardin, activó un artilugio para viajar en el tiempo, que había construido en un supremo intento de escapar de su confinamiento. Contraviniendo todos los anales de la historia de Krynn, por un prodigio sin precedentes, su ingenio funcionó mejor incluso de lo que el hombrecillo esperaba.
»A partir de entonces, sólo me cabe especular, pero sin ningún género de dudas, que el invento del gnomo se inmiscuyó, desvirtuándolos, en los poderosos y complejos encantamientos que había entretejido Fistandantilus. El resultado de tal interferencia es algo que conocemos sin margen de error.
»Se produjo una explosión de tal calibre, que las llanuras de Dergoth quedaron devastadas. Ambos ejércitos fueron barridos de la faz del mundo y la imponente fortaleza de Zhaman se hundió sobre sus cimientos, creando una montaña que recibió el nombre de La Calavera.
»El infortunado Denubis pereció en el estallido. También Fistandantilus debería haber sucumbido, mas sus dotes arcanas eran tan sobrenaturales que logró aferrarse a un resquicio de vida. Su alma tuvo que subsistir en otro plano de existencia, donde pulularía hasta encontrar un cuerpo en el que reencarnarse. Ese cuerpo sería el de un joven nigromante llamado Raistlin Majere».
—¡Ya es suficiente!
—Sí, Shalafi —murmuró Dalamar.
La voz del archimago se desvaneció y el elfo oscuro supo que estaba solo en el estudio. Comenzó a temblar violentamente, sobrecogido por lo que acababa de leer. Dio unos pasos a través de la estancia y, más dueño de sí mismo, se sentó en la butaca que en circunstancias normales ocupara Raistlin y, así acomodado, trató de extraer algún significado del intrigante relato. Se perdió en sus cavilaciones, permaneciendo absorto hasta que la grisácea luz del alba desterró las tinieblas de la noche.
Un espasmo de excitación convulsionó el enteco cuerpo del nigromante. Sus pensamientos eran confusos, necesitaría un período de estudio para verificar lo que creía haber descubierto. Una frase se había grabado con especial énfasis en su cerebro: «El empeño debería haberse coronado con éxito.»
«¡Con éxito!», repitió en su fuero interno.
Inhaló aire entre ahogados jadeos, y al sentir la quemazón de sus pulmones se percató de que había cesado de respirar. Vibraron sus manos sobre la fría superficie del Orbe, mientras un entusiasmo indescriptible se apoderaba de él. Rompió a reír con aquellas singulares carcajadas a las que tan pocas veces se abandonaba, teñidas de ironía pero al mismo tiempo exultantes, pues había comprendido que las huellas de su pesadilla ya no conducían a un cadalso sino a una puerta de platino, a un Portal donde destellaban los símbolos arcanos del Dragón de las Cinco Cabezas. La hoja se abriría obediente a su mandato. Sólo tenía que hallar y destruir al gnomo.
Notó que alguien tiraba con ímpetu de sus manos y se maldijo a sí mismo por haber perdido el control.
—¡Alto! —ordenó a las manos que lo atraían desde el núcleo de la esfera.
Demasiado tarde; los miembros no escucharon su imperiosa voz y siguieron arrastrándolo.