Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
Noche Sobre Las Aguas - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Noche Sobre Las Aguas

Электронная книга - «Noche Sobre Las Aguas». Краткое содержание книги:

A finales del verano de 1939, la declaración de guerra de Inglaterra contra Alemania obliga a la aristocrática familia de los Oxenford a un precipitado viaje a los Estados Unidos. El marqués habría manifestado con excesivo ardor sus simpatías hacia Hitler y la nueva situación hace aconsejable desaparecer del país. El medio de transporte elegido es el recientemente inaugurado vuelo trasatlántico de la compañía Pan-Am, un maravilloso clipper de lujo sólo accesible a las grandes fortunas como la de los Oxenford y a pasajeros que tienen motivos muy especiales para abandonar Inglaterra lo más rápidamente posible. Aventureros, millonarios, estafadores, espias, agentes del FBI, siniestros criminales, parejas que huyen de maridos engañados, jovencitas en edad de enamorarse, forman el explosivo grupo de pasajeros que desde las tranquilas aguas portuarias de Southampon iniciarán su vuelo hasta Port Washington, Nueva York. Con ellos, naturalmente, están los héroes que deberán responder al desafío de los autores de un sofisticado plan que hará de éste viaje fuera de lo normal y mucho más largo de lo que debiera haber sido según los responsables de Pan Am.
1 ... 63 64 65 66 67 68 69 70 71 ... 118
Перейти на страницу:

El tercer turno terminaría dentro de escasos minutos, y la cubierta de pasajeros no tardaría en apaciguarse. Los mayores se irían a la cama. Los demás permanecerían sentados un par de horas, notando las sacudidas, demasiado excitados o nerviosos para dormir. Después, uno a uno, sucumbirían al horario dictado por la naturaleza y se retirarían. Algunos irreductibles iniciarían una timba en el salón principal y continuarían bebiendo, pero sería la típica sesión tranquila de copas y juego que en muy raras ocasiones producía problemas.

Eddie consultó ansiosamente el consumo de combustible en la gráfica que llamaban curva de Howgozit. La línea roja que indicaba el consumo real se hallaba bastante por encima de la línea que indicaba la previsión, trazada a lápiz. Era casi inevitable, puesto que había falseado la previsión, pero la diferencia era mayor de la que esperaba, a causa del tiempo.

Su preocupación aumentó a medida que calculaba la distancia posible a recorrer por el avión en relación con el combustible restante. Cuando realizó los cálculos en base a tres motores, un sistema al que obligaban las normas de seguridad, descubrió que no quedaba combustible suficiente para llegar a Terranova.

Tendría que haberlo dicho de inmediato al capitán, pero no lo hizo.

La diferencia era muy pequeña: con cuatro motores había suficiente combustible. Además, la situación podía cambiar en el curso de las dos horas siguientes. Cabía la posibilidad de que los vientos fueran más suaves de lo previsto, y el avión consumiría menos carburante del calculado, llegando a su destino sin contratiempos. Y, en cualquier caso, si ocurría lo peor, podían cambiar de ruta y atravesar la tormenta, acortando distancias. El único daño que sufrirían los pasajeros serían las sacudidas.

Ben Thompson, el operador de radio, que se hallaba a su izquierda, estaba transmitiendo un mensaje en código Morse, inclinando su cabeza calva sobre la consola. Eddie, confiando en que se tratara de un parte meteorológico más favorable, se puso detrás de él y leyó por encima de su hombro.

El mensaje le sorprendió y desconcertó.

Era del FBI e iba dirigido a alguien llamado Ollis Field.

Decía: la oficina ha recibido en información de que en el avión pueden viajar cómplices de conocidos criminales. Tome precauciones especiales respecto al prisionero.

¿Qué significaba? ¿Tenía relación con el secuestro de Carol-Ann? Por un momento, a Eddie le dio vueltas la cabeza. Ben arrancó la página del cuaderno.

– ¡Capitán! -gritó-. Será mejor que eche un vistazo a esto.

Jack Ashford levantó la vista, alertado por el tono perentorio del radiotelegrafista. Eddie cogió el mensaje, se lo enseñó a Jack y lo pasó al capitán Baker, que estaba comiendo filete con puré de patatas servidos en una bandeja dispuesta en la mesa de conferencias, situada en la parte posterior de la cabina.

El semblante del capitán se ensombreció a medida que leía.

– Esto no me gusta -dijo-. Ollis Field debe de ser un agente del fbi.

– ¿Es un pasajero? -preguntó Eddie.

– Sí. Ya me había parecido un poco raro. Un tipo vulgar, en nada parecido al típico pasajero del clipper. Se quedó a bordo durante la escala en Foynes.

Eddie no se había dado cuenta, pero el navegante sí.

– Creo que sé a quién se refiere -dijo Jack, rascándose la barbilla-. Un calvorotas. Va con un tío más joven, vestido como un figurín. Hacen una pareja bastante rara.

– El chico debe de ser el prisionero -dijo el capitán-. Me parece que se llama Frank Gordon.

La mente de Eddie trabajaba a toda velocidad.

– Por eso se quedaron a bordo en Foynes: el hombre del FBI no quiere dar a su prisionero la menor oportunidad de escapar.

El capitán asintió con aire sombrío.

– A Gordon lo habrán extraditado de Inglaterra…, y no se consigue una orden de extradición por robar en las tiendas. Ese chico debe ser un criminal peligroso. ¡Y lo han metido en este avión sin decírmelo!

– Me pregunto qué habrá hecho -dijo Ben, el operador de radio.

– Frank Gordon -musitó Jack-. Me suena. Esperad un momento… ¡Apuesto a que es Frankie Gordino!

Eddie recordó haber leído artículos sobre Frankie Gordino en los periódicos. Era un matón de una banda radicada en Nueva Inglaterra. El delito por el que era reclamado estaba relacionado con el propietario de un club nocturno que se había negado a pagar protección. Gordino había irrumpido en el club, disparado al propietario en el estómago, violado a la novia del hombre e incendiado el local. El tipo murió, pero la novia escapó de las llamas e identificó a Gordino en fotografías.

– No tardaremos en averiguar si es él -dijo Baker-. Eddie, hazme un favor, ve a buscar a Ollis Field y pídele que suba a verme.

– Hecho.

Eddie se puso la gorra y la chaqueta del uniforme y bajó por la escalera, dándole vueltas en la cabeza a este nueve acontecimiento. Estaba seguro de que existía alguna relación entre Frankie Gordino y la gente que había raptado a Carol-Ann, y trató frenéticamente de adivinarla, sin el menor éxito. Echó un vistazo a la cocina, donde un camarero estaba llenando una jarra de café.

– Davy -preguntó-, ¿dónde está el señor Ollis Field? -Compartimento número 4, lado de babor, mirando hacia la cola.

Eddie avanzó por el pasillo, manteniendo el equilibrio sobre el suelo movedizo gracias a la práctica. Observó el aspecto compungido de la familia Oxenford en el compartimento número 2. El último turno estaba a punto de finalizar en el comedor; el café se derramaba sobre los platillos mientras la tempestad azotaba al avión. Pasó por el número 3 y llegó al 4.

En el asiento de babor que miraba a la cola estaba sentado un hombre calvo de unos cuarenta años. Parecía medio dormido, fumaba un cigarrillo y miraba por la ventana a la oscuridad que reinaba en el exterior. No respondía a la imagen que se había forjado Eddie de un agente del fbi. No se imaginaba a este hombre irrumpiendo en una habitación lle na de contrabandistas de licor, revólver en mano.

Frente a Field se hallaba un hombre joven, mucho mejor vestido, con la complexión de un atleta retirado que está engordando. Debía de ser Gordino. Tenía la cara mofletuda mohína de un niño mimado. ¿Seria capaz de dispararle a un hombre en el estómago?, se preguntó Eddie. Sí, creo que si.

– ¿Señor Field? -preguntó Eddie al hombre mayor.

– Sí.

– El capitán querría hablar con usted, si dispone de un momento.

Field arrugó el entrecejo por un momento y adoptó a continuación una expresión resignada. Había adivinado que su secreto ya no era tal, y estaba irritado, pero su expresión también delataba que, en el fondo, le daba igual.

– Por supuesto -contestó.

Aplastó el cigarrillo en el cenicero fijado a la pared, se desabrochó el cinturón de seguridad y se puso en pie.

– Sígame, por favor -dijo Eddie.

Al volver por el compartimento número 3, Eddie vio a Tom Luther, y sus miradas se cruzaron. En aquel instante, Eddie tuvo una inspiración.

La misión de Tom Luther era rescatar a Frankie Gordino Se quedó tan conmocionado por la revelación que dejó de andar, y Ollis Field tropezó con él.

Luther le miró con el pánico reflejado en sus ojos, temiendo que Eddie fuera a hacer algo que diera al traste con su juego.

– Perdone -dijo Eddie a Field, y siguió caminando,

Todo se estaba aclarando, Frankie Gordino se había visto obligado a huir de Estados Unidos, pero el fbi le había seguido la pista hasta Inglaterra, consiguiendo la extradición. Se había decidido devolverle al país por vía aérea, pero sus cómplices lo habían descubierto. Su propósito era sacar del avión a Gordino antes de llegar a Estados Unidos,

1 ... 63 64 65 66 67 68 69 70 71 ... 118
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)