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Sentido y Sensibilidad

Электронная книга - «Sentido y Sensibilidad». Краткое содержание книги:

Reglas y emociones. Deberes y devociones. Ubicada en la Inglaterra de principios del siglo XIX, Sentido y sensibilidad presenta las alegrías y sinsabores de las hermanas Dashwood. Desamparadas tras la muerte de su padre y a merced de su medio hermano, Elinor y Marianne deberán enfrentarse a los contrastes del amor y a las exigencias de la sociedad, siempre acompañadas de su madre y su hermana menor. Están ya en edad casadera y sin embargo, ni su carácter ni sus habilidades las ayudan a concretar una relación. El tiempo sigue pasando y todo parece indicar que no lograrán una estabilidad emocional.
Esta novela examina la estructura social de la época donde el papel de la mujer se limitaba al de mera compañía, por no decir objeto decorativo. Para ellas estaba negada la posibilidad de ejercer una profesión o de poseer bienes. Sólo debían de tener y saber lo necesario. En consecuencia, para muchas su mayor ilusión era encontrar a su príncipe azul, aunque éste no siempre viniera acompañado de dicha.
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– No entiendo bien qué quiere decir con eso de interrumpirlos -dijo Elinor-; ustedes estaban en la misma habitación, ¿o no?

– ¡Por supuesto que no! ¡Vaya, señorita Dashwood! ¿Acaso piensa que la gente se dice palabras de amor cuando hay alguien más presente? ¡Pero, cómo se le ocurre! Estoy segura de que usted sabe de eso mucho más que yo -dijo riendo de manera afectada-. No, no; estaban encerrados en la sala, y todo lo que oí fue sólo escuchando a través de la puerta.

– ¡Cómo! -exclamó Elinor-. ¿Me ha estado repitiendo cosas de las que se enteró únicamente escuchando a través de la puerta? Lamento no haberlo sabido antes, pues de ninguna manera habría aceptado que me comunicara pormenores de una conversación que usted misma no debía conocer. ¿Cómo pudo proceder tan mal con su hermana?

– ¡Pero no! Qué problema va a haber con eso. Me limité a pararme junto a la puerta y a escuchar todo lo que podía. Y estoy segura de que Lucy habría hecho lo mismo conmigo, porque hace uno o dos años, cuando Martha Sharpe y yo compartíamos tantos secretos, ella no tenía empacho en esconderse en un armario, o tras la pantalla de la chimenea, para escuchar lo que conversábamos.

Elinor intentó cambiar de tema, pero era imposible alejar a la señorita Steele por más de un par de minutos de lo que ocupaba el primer lugar en su mente.

– Edward habla de irse pronto a Oxford -dijo-, pero por el momento está alojado en el N°… de Pall Mall. Qué mala persona es su madre, ¿no? ¡Y su hermano y su cuñada tampoco fueron muy amables! Pero no le voy a hablar a usted en contra de ellos; y con todo, nos enviaron a casa en su propio carruaje, lo que fue más de lo que yo esperaba. Y por mi parte, yo estaba aterrada de que su cuñada fuera a pedir que le devolviéramos los acericos que nos había dado uno o dos días atrás; pero nada se dijo sobre ellos, y me cuidé de mantener el mío fuera de la vista de los demás. Edward dice que tiene que arreglar algunos asuntos en Oxford, así que debe ir allá por un tiempo; y después, apenas consiga a un obispo, se ordenará. ¡Qué curiosidad me da saber qué parroquia le darán! ¡Dios bendito! -continuó con una risita tonta-, apostaría mi vida a que sé lo que dirán mis primas cuando lo sepan. Me dirán que le escriba al reverendo, para que le dé a Edward la parroquia de su nuevo beneficio. Sé que lo harán; pero le digo que por nada del mundo haría tal cosa. “¡Ay!”, les diré directamente, “como pueden pensar tal cosa. Yo escribirle al reverendo… ¡por favor!”

– Bueno -dijo Elinor-, es un alivio estar preparada para lo peor. Ya tiene lista su respuesta.

La señorita Steele iba a continuar con el mismo tema, pero la proximidad del grupo con el que había venido la obligó a cambiarlo.

– ¡Ay! Ahí vienen los Richardson. Tenía mucho más que contarle, pero tengo que ir a reunirme con ellos ya. Le aseguro que son personas muy distinguidos. El hace horrores de dinero, y tienen su propio carruaje. No tengo tiempo de hablar personalmente a la señora Jennings, pero por favor dígale que estoy muy contenta de saber que no está enojada con nosotras, y lo mismo respecto de lady Middleton; y si ocurriese cualquier cosa que las obligara a usted y a su hermana a alejarse, y la señora Jennings quisiese compañía, tenga plena seguridad de que estaríamos felices de quedamos con ella durante todo el tiempo que quisiera. Supongo que lady Middleton no nos volverá a invitar esta temporada. Adiós; lamento que no estuviera acá la señorita Marianne. Déle mis más afectuosos recuerdos. ¡Vaya, si está usted usando su vestido de muselina a lunares! ¿Acaso no temía rasgarlo?

Tal fue su preocupación al separarse, pues tras haberlo dicho, sólo tuvo tiempo de presentar sus respetos y despedirse de la señora Jennings antes de que la señora Richardson recla mara su compañía; y así, Elinor quedó en posesión de información que serviría de alimento a sus reflexiones durante algún tiempo, aunque no se había enterado de casi nada que ya no hubiera previsto y supuesto por sí misma. El matrimonio de Edward y Lucy estaba tan firmemente decidido y la fecha en que tendría lugar tan absolutamente imprec isa como ella creía que estarían; según lo había esperado, todo dependía de ese cargo que, hasta el momento, parecía no tener posibilidad alguna de obtener.

Tan pronto estuvieron de vuelta en el carruaje, la señora Jennings se manifestó ansiosa de información; pero como Elinor deseaba difundir lo menos posible aquella que, en primer lugar, había sido obtenida de manera tan poco leal, se limitó a una sucinta repetición de esos simples pormenores que estaba segura que Lucy, por su propio interés, desearía se hicieran públicos. La continuidad de su compromiso y los medios que utilizarían para llevarlo a buen término fue todo lo que contó; y esto llevó a la señora Jennings a la siguiente y muy natural observación:

– ¡Esperar hasta que consiga un beneficio! Claro, todos sabemos cómo va a terminar eso: esperarán un año, y viendo que así no consiguen nada, se acomodarán en una parroquia de cincuenta libras anuales, más los intereses de las dos mil libras de él y lo poco que el señor Steele y el señor Pratt puedan darle a ella. ¡Y después tendrán un hijo cada año! ¡Y Dios los libre, qué pobres serán! Tengo que ver qué puedo darles para ayudarlos a instalar su casa. Dos doncellas y dos criados decía yo el otro día… ¡qué va! No, no, deben conseguirse una chica fuerte para todo servicio. La hermana de Betty de ninguna manera les serviría ahora.

A la mañana siguiente le llegó a Elinor una carta por correo, de la misma Lucy. Decía como sigue:

Bartlett's Building, marzo

Espero que mi querida señorita Dashwood me perdone la libertad que me he tomado al escribirle; pero sé que sus sentimientos de amistad hacia mí harán que le complazca saber tan buenas noticias de mí y mi querido Edward, tras todos los problemas que debimos enfrentar el último tiempo; por tanto, no me excusaré más y procederé a decirle que, ¡gracias a Dios!, aunque hemos sufrido atrozmente, ahora estamos muy bien y tan felices como siempre deberemos estar, por nuestro mutuo amor. Hemos enfrentado grandes pruebas y grandes persecuciones, pero, al mismo tiempo, debemos agradecer a muchos amigos, entre los cuales usted ocupa uno de los lugares más importantes, cuya gran bondad recordaré siempre con toda mi gratitud, al igual que Edward, a quien le he hablado de ella. Estoy segura de que tanto a usted como a la querida señora Jennings les alegrará saber que ayer en la tarde pasé dos felices horas junto a él, que él no quería oír hablar de separamos, aunque yo, pensando que era mi deber hacerlo, insistí en ello en aras de la prudencia, y me habría separado de él en ese mismo momento, de haberlo él aceptado; pero me dijo que ello no ocurriría jamás, no le importaba el enojo de su madre mientras contara con mi afecto; nuestras perspectivas no son muy brillantes, a decir verdad, pero debemos esperar y confiar en que ocurra lo mejor; muy pronto se ordenará, y si estuviera en su poder recomendarlo a quienquiera tenga un beneficio que otorgar, estoy segura de que no nos olvidará, y la querida señora Jennings también, confiamos en que intercederá por nosotros ante sir John o el señor Palmer, o cualquier amigo que pueda ayudamos. La pobre Anne ha tenido mucha culpa en todo esto por lo que hizo, pero lo hizo con las mejores intenciones, así que no digo nada; espero que no sea un gran problema para la señora Jennings pasar a visitamos, si alguna mañana viene por estos lados;, sería muy amable si lo hiciera, y mis primas estarían orgullosas de conocerla. El papel en que escribo me recuerda que ya debo terminar, rogándole que le presente mis más agradecidos y respetuosos recuerdos, lo mismo que a sir John y lady Middleton, y a los queridos niños, cuando tenga oportunidad de verlos, y mi amor para la señorita Marianne, quedo, etc., etc.

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