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A cualquier precio [Saving Faith - es]

Электронная книга - «A cualquier precio [Saving Faith - es]». Краткое содержание книги:

David Buchanan aplica sucias presiones para financiar causas honrosas. Robert Thornhill, un alto cargo de la CIA, descubre el juego y empieza a chantajearle, pues quiere devolver a la CIA el prestigio perdido. Faith Lockhart, una tercera persona implicada en este asunto, opina que se ha ido demasiado lejos y decide confesarlo todo al FBI. Su vida a partir de entonces tiene un precio
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Excepto por los ingresos en metálico, lo que había averiguado no resultaba tan insólito. Había ahorrado dinero y lo había invertido bien. No era rico pero vivía con desahogo. Los dividendos de la cuenta de inversiones también iban a parar a la cuenta corriente de los Newman, lo que enmarañaba todavía la visión de conjunto de los ingresos. En pocas palabras, sería difícil concluir que había algo sospechoso en las finanzas del agente a no ser que se analizaran en profundidad. Y a menos que se supiese la existencia de la caja de seguridad, la cantidad de dinero que se apreciaba no parecía merecer semejante escrutinio.

Lo que la confundía era la cantidad de dinero que había visto en la caja de seguridad. ¿Por qué querría guardar tanto en un lugar que no devengaba intereses? Lo que le sorprendía casi tanto como el dinero era lo que no había encontrado. Cuando Anne apareció para preguntarle cómo iba todo, decidió interrogarla directamente.

– Aquí no consta el pago de ninguna hipoteca ni de tarjetas de crédito.

– No tenemos hipoteca. Bueno, la teníamos, una a treinta años, pero Ken fue haciendo pagos extras y al final la amortizó toda antes de tiempo.

– Qué bien. ¿Cuándo fue eso?

– Hará unos tres o cuatro años, creo.

– ¿Y las tarjetas de crédito?

– A Ken no le gustaban. Pagábamos siempre en efectivo. Electrodomésticos, ropa, incluso coches. Nunca compramos uno nuevo, siempre de segunda mano.

– Es una costumbre inteligente. Así se ahorran muchos gastos de financiación.

– Ya te dije que a Ken se le daban muy bien las cuentas.

– Si hubiera sabido que se le daban tan bien, le habría pedido que me asesorara.

– ¿Necesitas revisar algo más?

– Me temo que una cosa más. Las declaraciones de la renta de los últimos dos años, si las tienes.

Ahora la ingente cantidad de dinero en efectivo de la caja cobraba sentido a los ojos de Reynolds. Si Newman pagaba todo en metálico, entonces no tenía necesidad de ingresarlo en la cuenta corriente. Por supuesto, para pagos como el de la hipoteca, el agua, la luz y el teléfono tenía que extender un cheque, por lo que debía ingresar dinero para pagarlos. Además, eso implicaba que no quedaba constancia del dinero que guardaba en la caja y no depositaba en la cuenta corriente. Al fin y al cabo, el dinero en metálico tenía esa ventaja; y eso significaba que Hacienda no tenía forma de saber que Newman lo poseía.

Había sido lo bastante inteligente como para no cambiar su estilo de vida. Vivía en la misma casa, no se compraba coches deslumbrantes, ni le había dado por despilfarrar dinero yendo de compras, error que cometían muchos ladrones. Además, sin pagos de la hipoteca ni de tarjetas de crédito, disponía de mucha liquidez; a primera vista ese hecho parecería explicar la capacidad para invertir en bolsa con regularidad. Para averiguar la verdad, alguien tendría que investigar con tanta o mayor profundidad que Reynolds.

Anne encontró las declaraciones de la renta correspondientes a los últimos seis años en el archivador metálico situado contra una de las paredes. Estaban tan bien ordenadas como el resto de los documentos financieros del hombre. Con un vistazo rápido a las declaraciones de los tres últimos años, Reynolds confirmó sus sospechas. Los únicos ingresos declarados eran el sueldo que el FBI pagaba a Newman y varios intereses y dividendos de inversiones, así como los intereses del banco.

Reynolds dejó las carpetas en su sitio y se puso el abrigo.

– Anne, siento mucho haber tenido que venir a hacer esto en medio de todo lo que estás pasando.

– Fui yo quien te pidió ayuda, Brooke.

Reynolds sintió otra punzada de culpabilidad.

– Bueno, no sé si te he sido de gran ayuda.

Anne la agarró del brazo.

– ¿Ahora puedes decirme qué ocurre? ¿Ken ha hecho algo malo?

– Lo único que puedo decirte en estos momentos es que he encontrado algunas cosas que no soy capaz de explicar. No te mentiré; resultan muy preocupantes.

Anne apartó la mano lentamente.

– Supongo que tendrás que informar de lo que has descubierto.

Reynolds la observó. Estrictamente hablando, lo que debía hacer era acudir de inmediato a la ORP y contarlo todo. La Oficina de Responsabilidad Profesional estaba oficialmente al amparo del FBI pero en realidad la gestionaba el Departamento de Justicia. La ORP investigaba acusaciones de mala conducta dirigidas contra empleados del FBI. Tenían fama de ser muy rigurosos. Una indagación de la ORP asustaría incluso al agente más duro del FBI.

Sí, desde un punto de vista técnico era muy sencillo. Ojalá la vida fuera tan simple. La desconsolada mujer que Reynolds tenía ante sí complicaba mucho su decisión. Al final venció su lado humano y resolvió pasar por alto las normas del FBI de momento. Ken Newman sería enterrado como un héroe. El hombre había servido como agente durante más de dos décadas, así que por lo menos se merecía ese reconocimiento.

– Más tarde o más temprano, sí, tendré que informar de mis averiguaciones. Pero ahora no. -Se calló y le tomó la mano-. Sé cuándo celebrarán el funeral. Estaré ahí con todo el mundo, presentando mis respetos a Ken.

Reynolds dio a Anne un abrazo tranquilizador y se marchó. Se le agolpaban tantos pensamientos en la mente que se sentía un tanto mareada.

Si Ken Newman había aceptado sobornos, llevaba haciéndolo bastante tiempo. ¿Era él quien había filtrado información sobre el caso del que se ocupaba Reynolds? ¿Había vendido también otras investigaciones? ¿Acaso era un topo independiente que se ofrecía al mejor postor? ¿0 era un chivato fijo que trabajaba para una sola organización? Si así era, ¿qué valor tenía Faith para una organización como aquélla? Había ciertos intereses extranjeros implicados. Lockhart había alcanzado a revelárselo. ¿Era aquélla la clave? ¿Había trabajado Newman para un gobierno extranjero durante todo aquel tiempo, un gobierno extranjero que por casualidad también formaba parte de la confabulación de Buchanan?

Exhaló un suspiro. Todo aquello empezaba a complicarse tanto que le entraban ganas de marcharse a casa corriendo y cubrirse la cabeza con las mantas. Sin embargo, subiría al coche, conduciría hasta la oficina y seguiría investigando el caso, como había hecho con tantos otros en el transcurso de los años. Había ganado más de lo que había perdido. Y eso era lo mejor que cualquiera que se dedicara a lo mismo que ella podía esperar.

35

Lee se había despertado muy tarde con una resaca terrible y había decidido superarla corriendo. Al principio, cada uno de los pasos por la arena le enviaba dardos letales al cerebro. Luego, a medida que se desentumecía, respiraba el aire fresco y notaba la brisa salada en el rostro, cuando hubo recorrido más de un kilómetro y medio, los efectos del vino y de las Red Dog desaparecieron. Cuando volvió a la casa de la playa, se acercó a la piscina y recuperó su ropa y su pistola. Se sentó un rato en una tumbona para sentir el calor del sol. Al entrar en la casa, olió a huevos y a café.

Faith estaba en la cocina sirviéndose una taza de café. Llevaba unos vaqueros, una camisa de manga corta e iba descalza. Cuando lo vio entrar, tomó otra taza y la llenó. Por unos instantes, aquel sencillo acto de compañerismo le resultó placentero, pero acto seguido su comportamiento de la noche anterior hizo que esa sensación se desvaneciera como un castillo de arena arrasado sin piedad por las olas.

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