Secretos en Londres
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en Londres». Краткое содержание книги:
– No estoy seguro -contestó Vladimir al fin-. Aún no sé si hay motivaciones políticas o es únicamente por dinero. El príncipe tiene una fortuna considerable.
– A mí me habían dicho que su fortuna había disminuido -dijo Harry con sequedad.
– Así es -confirmó Vladimir mientras alzaba una mano para impedir que Alexei se defendiera-, pero sigue teniendo mucho. Tierras, joyas, más que suficiente para que un criminal quiera exigirle un rescate por la liberación de alguien de su entorno.
– Pero ella no es…
– Alguien cree que pretendía pedirle a lady Olivia que se casara conmigo -interrumpió Alexei.
Harry se encendió.
– ¿Es eso cierto?
– No. Puede que en su momento me lo plantease, pero ella… -El príncipe agitó una mano en el aire con desdén-. Ella está enamorada de usted. No necesito una mujer que me quiera, pero no soportaría que amase a otro hombre.
Harry cruzó los brazos.
– Pues al parecer sus enemigos no tienen suficientemente claras cuáles son sus intenciones.
– Ahí sí que debo pedirle disculpas. -Alexei tragó saliva y, por primera vez desde que Harry lo conocía, le pareció que se sentía violento-. No puedo controlar lo que los demás piensan de mí.
Harry se dirigió a Vladimir.
– ¿Y ahora qué hacemos?
La mirada que le lanzó Vladimir le indicó que no le gustaría lo que venía a continuación.
– Esperar -le dijo-. Volverán a ponerse en contacto con nosotros.
– No pienso quedarme aquí a…
– ¿Y qué sugiere que hagamos entonces? ¿Interrogar a todos y cada uno de los invitados? La nota decía que no se lo dijéramos a nadie. Ya hemos desobedecido diciéndoselo a usted. Si estos hombres son como creo que son, no conviene que los hagamos enfadar.
– Pero…
– ¿Quiere darles un motivo para que hagan daño a lady Olivia? -preguntó Vladimir.
Harry creyó que se ahogaba. Era como si un tentáculo interno lo estuviera estrangulando desde dentro. Sabía que Vladimir tenía razón, o por lo menos sabía que él mismo no tenía ninguna idea mejor.
El miedo y la impotencia lo estaban matando.
– Alguien tiene que haber visto algo -comentó.
– Iré a investigar -dijo Vladimir.
Acto seguido Harry se dirigió hacia la puerta.
– Voy con usted.
– No -ordenó Vladimir, levantando una mano para detenerlo-. Está demasiado implicado. No tomará buenas decisiones.
– No puedo quedarme con los brazos cruzados -confesó Harry. Volvió a sentirse pequeño, joven e impotente ante un problema para el que no había ninguna solución adecuada.
– Y no lo hará -le aseguró Vladimir-. Tendrá mucho que hacer, pero más adelante.
Harry observó a Vladimir yendo hacia la puerta, pero antes de que éste pudiera irse, le gritó:
– ¡Espere!
Vladimir se giró.
– Lady Olivia fue al cuarto de baño -dijo Harry-. Se fue al lavabo después… -Carraspeó-. Sé que fue al lavabo.
Vladimir asintió despacio.
– Es bueno saberlo. -Salió rápidamente por la puerta y desapareció.
Harry miró hacia Alexei.
– Habla usted ruso -dijo el príncipe.
– Es por mi abuela -repuso Harry-. Se negaba a hablarnos en inglés.
Alexei asintió.
– Mi abuela era finlandesa y hacía lo mismo.
Harry lo miró fijamente durante varios segundos, luego se desplomó en una silla y hundió la cabeza entre las manos.
– Es bueno que hable usted nuestro idioma -dijo Alexei-. Muy pocos compatriotas suyos lo hablan.
Harry intentó ignorarlo. Tenía que pensar. No sabía por dónde empezar, qué información tenía que pudiese ayudar a localizar el paradero de Olivia, sin embargo sí sabía que tenía que devanarse los sesos.
Pero Alexei no paraba de hablar.
– Siempre me sorprende que…
– ¡Cállese! -le espetó Harry-. Cállese, por lo que más quiera. No hable. No diga una maldita palabra a menos que sea para encontrar a Olivia. ¿Me entiende?
Alexei se quedó unos segundos inmóvil. Luego, en silencio, cruzó la habitación hasta una librería y cogió una botella y dos vasos. Sirvió el líquido (probablemente vodka) en ambos vasos y sin hablar dejó uno delante de Harry.
– No bebo -dijo éste sin molestarse en levantar la mirada.
– Le sentará bien.
– No.
– ¿Y dice que es ruso? ¿Y no bebe vodka?
– No bebo alcohol -contestó Harry con sequedad.
Alexei lo observó con cierta curiosidad, luego se sentó en el extremo opuesto de la habitación.
El vaso permaneció intacto durante casi una hora hasta que Alexei, aceptando al fin que Harry decía la verdad, lo cogió y se lo bebió él mismo.
Al cabo de unos 10 minutos, Olivia consiguió por fin relajar lo suficiente el cuerpo como para que su mente funcionara debidamente. No tenía la menor idea de lo que podía hacer para contribuir a su rescate, pero le pareció sensato reunir toda la información que pudiera.
Era imposible averiguar dónde estaba encerrada ¿o no? Logró sentarse y examinó la habitación lo mejor que supo. Era prácticamente imposible ver nada bajo la tenue luz; el hombre se había llevado la vela.
La habitación era pequeña y el mobiliario escaso, pero no parecía desvencijado. Olivia se arrimó a la pared y escudriñó el yeso. A continuación frotó la mejilla contra éste. Estaba en buen estado, no desconchado ni descascarillado. Al mirar hacia arriba vio una moldura de corona en la unión de las paredes con el techo. Y la puerta… resultaba difícil apreciarlo desde la cama, pero el pomo parecía de buena calidad.
¿Estaba aún en la residencia del embajador? Parecía posible. Se aovilló y apoyó la mejilla contra la piel desnuda de sus brazos. Tenía la piel caliente. Si la hubiesen sacado a la calle, ¿no tendría frío? Naturalmente no sabía cuánto rato había estado inconsciente, a lo mejor llevaba horas allí. Aun así, no tenía la sensación de haber estado fuera.
Fruto del pánico, amenazaron con borbotar de su garganta unas carcajadas. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué quería decir que no tenía la sensación de haber estado fuera? ¿Iba a empezar a tomar decisiones instintivas acerca de lo que podía o no haber pasado estando inconsciente?
Se obligó a hacer una pausa; necesitaba calmarse. No sería capaz de conseguir nada si cada cinco minutos le daba un ataque de histeria. Era más lista que eso. Podía mantener la cabeza fría.
Tenía que mantener la cabeza fría.
¿Qué sabía de la residencia del embajador? Había estado dos veces en ella, la primera de día, cuando fue convocada por el príncipe Alexei, y luego esta noche para el baile.
Era un edificio enorme, una auténtica mansión en pleno corazón de Londres. Seguramente habría un sinfín de habitaciones en las que ocultar a una persona. Tal vez estuviese en las dependencias del servicio. Arrugó el entrecejo intentando recordar las habitaciones de los criados de la casa Rudland. ¿Tenían también molduras? ¿Y los pomos de las puertas eran de tan buena calidad como los del resto de la casa?
No tenía ni idea.
¡Maldita sea! ¿Por qué no lo sabía? ¿No debería saberlo?
Se giró hacia la pared del fondo. Había una ventana, pero la tapaban unas gruesas cortinas de terciopelo. ¿De color vino quizás? ¿Azul oscuro? Imposible saberlo. La noche estaba engullendo todo el color que la rodeaba. La única luz que entraba era la de la luna, que se filtraba por la ventana semicircular que había encima del rectángulo tapado por las cortinas.
Se paró a pensar. Algo estaba llamando a la puerta de su memoria.
Se preguntó si podría mirar por la ventana, si sería capaz de bajarse de la cama. Sería dificultoso. Le habían atado los tobillos tan juntos que difícilmente podría dar siquiera pasos diminutos. Y no había caído en la cuenta de la sensación de desequilibrio que tendría con las manos atadas a la espalda.