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Электронная книга - «Secretos en Londres». Краткое содержание книги:

Olivia Bevelstoke está al tanto de los rumores y chismes de Londres, clave de la vida social de la ciudad. Cuando se entera de que su vecino, sir Harry Valentine, puede haber asesinado a su prometida, comienza a espiarlo. ¿Qué mal puede haber en mirar un poquito para asegurarse? A pesar de no ver nada demasiado sospechoso, está claro que el joven esconde algo: escribe y revisa minuciosamente una gran cantidad de papeles, una y otra vez. Sir Harry Valentine ha crecido con una abuela rusa que sólo se expresaba en su lengua materna y en francés. Gracias a ella, Harry maneja tres idiomas como si fueran el propio, y trabaja como traductor de aburridos y cruciales documentos para el Ministerio de Guerra, a pesar de haber sido entrenado como espía. La aparición de una hermosa rubia que lo observa a través de su ventana pone algo de color a sus días. Más aún cuando empieza a notar que su interés en ella podría volverse bastante personal.
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Harry se sulfuró.

Era la primera maldita vez en su vida que se sulfuraba, pero habría jurado que cuanto lo rodeaba adquiría un color distinto, más intenso. Se le habían taponado los oídos, como si hubiese escalado una montaña. Ya no era dueño de sí mismo. No controlaba nada. Su cuerpo saltó hacia delante por voluntad propia y desde luego su mente no hizo nada para detenerlo. Cayó encima del príncipe como una bala de cañón humana, y los dos chocaron contra una mesa y luego fueron a parar al suelo, el vodka derramándose sobre ambos.

A Harry por poco le entraron arcadas por el fuerte olor del alcohol, que le empapó la ropa, y estaba frío, muy frío en contacto con la piel.

Pero eso no lo detuvo. Nada podría haberlo detenido. No podía articular palabra, no se le ocurría nada que decir. Por una vez en la vida se había quedado sin palabras. Lo único que sentía era ira. Una ira que le inundó por dentro, que palpitaba furiosamente, y cuando levantó el puño para estamparlo en la cara del príncipe, lo único que salió por su boca fue un grito lleno de rabia. Y…

– ¡Basta!

Era Vladimir, que se interpuso con agilidad en la pelea y separó a Harry de Alexei, empujándolo contra la pared del otro lado.

– ¿Qué demonios hace?

– Está loco -dijo Alexei entre dientes mientras se frotaba el cuello.

Harry se limitó a respirar, pero era un resuello áspero y agitado.

– ¡Cállense! -exclamó Vladimir, mirando con ferocidad a Harry como anticipándose a una interrupción-. Los dos. Y ahora escúchenme. -Dio un paso al frente y le dio con un pie a la botella del suelo, que salió volando hasta el otro lado de la habitación, vertiendo el resto del vodka. Vladimir gruñó asqueado pero no hizo comentario alguno. Tras escudriñar a ambos hombres con la mirada, continuó hablando-: He recorrido el edificio y creo que lady Olivia sigue dentro.

– ¿Qué le hace pensar eso? -preguntó Harry.

– Que hay guardas en todas las puertas.

– ¿Para una fiesta?

Vladimir se encogió de hombros.

– Hay muchos motivos por los que proteger el contenido de esta casa.

Harry esperó a que Vladimir siguiese hablando, pero éste no le dio más detalles. ¡Cielos! Era como hablar con Winthrop. Hasta este preciso instante no se había dado cuenta de lo mucho que odiaba todas esas frases ambiguas como la de «Tenemos nuestros métodos».

– Ninguno de los guardas la ha visto salir -continuó Vladimir-. La única puerta por la que podría haber salido sin ser vista es la principal, por donde se accede a la fiesta.

– Olivia no ha vuelto a la fiesta -afirmó Harry, y luego aclaró-: Ha ido al cuarto de baño, pero a la fiesta no ha vuelto.

– ¿Está seguro?

Harry asintió bruscamente con la cabeza.

– Sí.

– Entonces daremos por hecho que no ha salido del edificio. No sabemos si llegó al cuarto de baño…

– Sí que llegó -interrumpió Harry. Se sintió como un idiota por no haber mencionado eso antes-. Estuvo ahí dentro un rato. Su amiga me ha dicho que la vio en el baño.

– ¿Qué amiga es ésa? -preguntó Vladimir.

Harry meneó la cabeza.

– No recuerdo cómo se llama, pero no tendrá ninguna información de utilidad. Me dijo que salió del lavabo antes que Olivia.

– Puede que haya visto algo. Encuéntrela -ordenó Vladimir- y tráigamela. La interrogaré.

– No es una buena idea -le dijo Harry-, a menos que esté dispuesto a retenerla como rehén. Sería incapaz de guardar un secreto aunque le fuese la vida en ello, así que imagínese si se trata de la vida de otra persona.

– Entonces interróguela usted. Volveremos a encontrarnos aquí. -Vladimir se dirigió a Alexei-. Usted quédese aquí por si envían otra nota.

Alexei respondió algo, pero Harry no lo oyó. Ya estaba caminando por el pasillo, en busca de esa chica… se llamara como se llamara.

– ¡Alto! -gritó Vladimir.

Harry frenó en seco y se volvió impaciente. No tenían tiempo que perder.

– No hace falta que vaya a buscarla -soltó Vladimir-. Ha sido un pretexto para que saliera de la habitación y dejase al príncipe… -movió bruscamente la cabeza hacia el saloncito donde Alexei esperaba- dentro.

Harry pensó a toda prisa pero habló con voz serena cuando preguntó:

– ¿Sospecha que esté implicado en el secuestro?

– Nyet, pero será un incordio. Y usted, ahora que ha tenido tiempo para calmarse, creo que…

– No confunda mi estado de ánimo con la calma… -repuso Harry entre dientes.

Vladimir arqueó las cejas; a pesar de ello se metió la mano en el abrigo y extrajo un revólver por la empuñadura. Se lo ofreció a Harry.

– Confío en que no cometerá ninguna estupidez.

Harry rodeó la empuñadura del arma con la mano, pero Vladimir no la soltó.

– ¿Verdad? -inquirió.

«¿Cometeré alguna estupidez?»

– Verdad -contestó Harry. Y rezó para que así fuera.

Vladimir dejó la mano en el revólver durante varios segundos más y luego lo soltó de golpe, esperando mientras Harry examinaba el arma.

– Venga conmigo -le ordenó, y los dos recorrieron rápidamente el pasillo y doblaron una esquina. Vladimir se detuvo delante de una puerta, miró a ambos lados, luego se metió en una habitación vacía y le hizo señas a Harry para que lo siguiera. Vladimir se llevó un dedo a los labios para indicarle que no hiciera ruido, entonces inspeccionó el cuarto para asegurarse de que no había nadie.

– La ha retenido el embajador -comentó-. O sus hombres, más bien, porque él sigue en la fiesta.

– ¿Qué? -Al margen del protocolario saludo de aquella tarde, Harry no conocía al embajador, pero aun así le costaba creerlo.

– Necesita dinero. Pronto tendrá que volver a Rusia y tiene pocos recursos económicos. -Vladimir se encogió de hombros, a continuación hizo un amplio movimiento con los brazos, señalando la opulencia del entorno-. Se ha acostumbrado a vivir en este palacio y siempre ha estado celoso de su primo.

– ¿Qué le hace pensar que ha secuestrado a Olivia?

– Tengo topos infiltrados -contestó Vladimir enigmáticamente.

– ¿Eso es cuanto va a decirme? -repuso Harry indignado, harto ya de que nunca le contaran toda la historia.

– Eso es cuanto voy a decirle, amigo mío -dijo Vladimir. Volvió a encogerse de hombros-. Es más seguro así.

Harry no habló. Prefirió no hacerlo.

– Los padres de lady Olivia se han dado cuenta de que su hija ha desaparecido -dijo Vladimir.

A Harry no le sorprendió. Había pasado más de una hora.

– Que yo sepa, nadie más se ha dado cuenta -continuó Vladimir-. Hay mucho vodka en la sala. No creo que nadie haya detectado que hasta en la limonada hay un poco.

Harry lo miró con dureza.

– ¿Qué?

– ¿No lo sabía?

Sacudió la cabeza. ¿Cuántos vasos se habría tomado? ¡Maldita sea! Creía que tenía la mente despejada, claro que ¿acaso notaría la diferencia? Nunca había estado borracho, ni siquiera mínimamente achispado.

– También se han dado cuenta de que el príncipe se ha ausentado -prosiguió Vladimir-. A sus padres les preocupa que puedan estar juntos.

Harry apretó con fuerza los labios formando una línea recta. La insinuación hizo que le ardiera el pecho, pero éste no era momento para estar celoso.

– Quieren mantener esto en secreto. Ahora mismo están con el embajador.

– ¿Están con él? ¿Ha…?

– Está desempeñando a la perfección el papel de anfitrión preocupado. -Vladimir escupió en el suelo-. Nunca me he fiado de él.

Harry se quedó mirando la saliva del suelo con cierta sorpresa. Era la mayor manifestación de emociones que le había visto exteriorizar. Cuando volvió a levantar la vista, fue evidente que Vladimir había reparado en su perplejidad.

El corpulento ruso lo miró con ojos penetrantes.

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