Secretos en Londres
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Secretos en Londres». Краткое содержание книги:
– Quizá se cayera por un tramo corto de escaleras. Por los escalones de la entrada de su casa, tal vez.
– Tal vez -dijo Olivia esperando que la cosa quedase ahí.
– Aunque… -continuó Mary truncando las esperanzas de Olivia- si sucedió al aire libre, lo lógico es que hubiera habido testigos.
Olivia decidió no hacer comentarios.
– Me imagino que podría hacer ocurrido de noche -reflexionó Mary en voz alta.
Olivia estaba empezando a pensar que Mary debería plantearse la posibilidad de escribir ella misma una novela del estilo de La señorita Butterworth. Desde luego, imaginación no le faltaba.
– Ya está -anunció Mary-. Como nuevo, o casi. No he sabido dejarte ese pequeño bucle suelto junto a la oreja.
Olivia estaba impresionada (y tal vez un tanto asustada) de que Mary se hubiese fijado en ese bucle; porque ella desde luego ni se había acordado.
– Gracias -le dijo-. Te lo agradezco mucho.
Mary sonrió con cariño.
– Estoy encantada de poderte ayudar. ¿Regresamos a la fiesta?
– Ve tú -contestó Olivia. Señaló hacia la otra parte, más privada, del cuarto de baño-. Necesito unos minutos.
– ¿Quieres que te espere?
– ¡Oh, no, no, no! -exclamó Olivia con la esperanza de que su sucesión de noes sonara más enfática que desesperada. Lo cierto es que necesitaba estar un rato sola; únicamente unos minutos para pensar, respirar hondo y tratar de centrarse de nuevo.
– Vale, de acuerdo. Te veo enseguida, pues. -Mary asintió y salió del tocador dejando a Olivia sola.
Ésta cerró los ojos unos instantes y realizó esa inspiración profunda que había estado esperando hacer. Todavía sentía un hormigueo por todo el cuerpo y estaba aturdida, impresionada por su propio comportamiento y, al mismo tiempo, eufórica.
No sabía con seguridad qué le chocaba más: haber perdido la virginidad en casa del embajador ruso o disponerse a volver a la fiesta como si nada hubiera pasado.
¿Lo detectaría la gente en su rostro? ¿La expresión de su cara habría sufrido un cambio radical? Porque ella sí se sentía radicalmente distinta.
Se acercó unos centímetros más al espejo para intentar analizar minuciosamente su imagen. Tenía las mejillas sonrosadas, eso no había cómo ocultarlo. Y quizá le brillaba un poco más la mirada, casi relumbrante.
Eran imaginaciones suyas. Nadie se daría cuenta.
Salvo Harry.
El corazón le dio un brinco. Literalmente.
Harry se daría cuenta. Recordaría hasta el último detalle y cuando la mirara, sus ojos ardientes de deseo, ella volvería a derretirse.
Y de repente ya no estuvo segura de ser capaz de salir airosa de la situación. Nadie sabría lo que había estado haciendo sólo con mirarla. Pero si daba la casualidad de que alguien la miraba mientras ella tenía los ojos clavados en Harry…
Se enderezó e intentó actuar con resolución. Podía hacerlo. Era lady Olivia Bevelstoke y sabía desenvolverse en cualquier situación social, ¿verdad? Era lady Olivia Bevelstoke, pronto lady…
Se le escapó un pequeño grito al pensarlo. Pronto lady Valentine. Le gustaba cómo sonaba, lady Valentine. ¡Era tan romántico! La verdad es que no había mejor apellido que ése.
Se dirigió hacia la puerta y alargó el brazo hacia el pomo. Pero alguien la abrió primero, de modo que retrocedió para evitar que le golpeara.
Aunque no pudo evitar…
– ¡Ay!
¿Dónde demonios estaba Olivia?
Harry hacía más de media hora que había vuelto a la fiesta y aún no la había vislumbrado siquiera. Había desempeñado su papel a la perfección charlando con un sinfín de radiantes jovencitas, incluso bailando con una de las Smyhte-Smith; y había ido a comprobar cómo estaba Sebastian, aunque no es que éste lo necesitara, porque hacía varios días que no le molestaba el hombro.
Olivia había dicho que quería ir al cuarto de baño a echar un vistazo a su aspecto, por lo que Harry no había contado con que apareciese enseguida en la fiesta, pero aun así ¿no debería haber acabado ya? La última vez que la había visto le había parecido que estaba bastante aceptable. ¿Qué más podía haber tenido que hacer?
– ¡Oh, sir Harry!
Al oír una voz femenina se giró. Era esa joven con la que Olivia había estado sentada en el parque. ¡Maldita sea! ¿Cómo se llamaba?
– ¿Ha visto a Olivia? -preguntó ella.
– No -contestó él-. Aunque no llevo mucho tiempo en el salón de baile.
La joven frunció las cejas.
– No sé dónde se ha metido. Estaba con ella hace un rato.
Harry la miró con creciente interés.
– ¿Ah, sí?
Ella asintió señalando hacia un lado, se supone que para indicar otro sitio.
– Le he ayudado a arreglarse el pelo. Es que alguien le ha salpicado el vestido de champán.
Harry no sabía muy bien qué tenía eso que ver con el pelo, pero sabía que era mejor no preguntar. Fuese cual fuese la historia que Olivia se hubiera inventado, había convencido a su amiga y él no pensaba discutirle nada.
La joven frunció el entrecejo y giró la cabeza a un lado y al otro mirando hacia la multitud.
– Es que tengo que contarle algo.
– ¿Cuándo la ha visto por última vez? -inquirió Harry en un tono serio, casi paternal.
– ¡Dios mío! No estoy segura, ¿hace una hora quizá? No, no hace tanto rato, imposible. -Continuó con su búsqueda visual por la pista de baile, pero Harry no supo adivinar si buscaba a Olivia o simplemente repasaba la lista de invitados.
– ¿La ve? -musitó Harry básicamente porque era muy violento estar ahí junto a ella mientras se dedicaba a mirar a todos los presentes en la sala menos a él.
Ella negó con la cabeza y entonces pareció localizar a alguien más importante que él, porque dijo:
– Si la encuentra, dígale que la estoy buscando. -Y con un pequeño gesto de la mano volvió a perderse entre la muchedumbre.
¡Qué conversación tan inútil!, pensó Harry mientras se dirigía hacia las puertas que daban al jardín. No creía que Olivia hubiese salido, pero la sala de baile estaba en un desnivel del terreno y había que subir tres escalones para llegar a las puertas. Desde ahí tendría muchas más posibilidades de poder verla.
Pero cuando llegó a su ventajosa posición, de nuevo se llevó un chasco. Por lo visto toda la gente que conocía estaba en la fiesta, pero ni rastro de Olivia. Estaba Sebastian, que seguía embelesando a las damas con sus inventados relatos épicos. Edward se encontraba a su lado, intentando parecer mayor de lo que era en realidad. La amiga de Olivia (cuyo nombre seguía sin recordar) bebía a sorbos un vaso de limonada mientras fingía escuchar al caballero de cierta edad que le decía algo con voz potente. Y estaba el hermano gemelo de Olivia, apoyado en la pared del fondo de la sala con expresión de aburrimiento.
Hasta Vladimir estaba ahí, cruzando el salón de baile con gran determinación sin molestarse en pedir disculpas por empujar a varios lores y ladies. Parecía bastante serio, pensó Harry, y al darse cuenta de que el gigante ruso se dirigía hacia él se preguntó si convendría investigarlo.
– Venga conmigo -le ordenó a Harry.
Harry dio un respingo.
– ¿Habla usted inglés?
– Nyeh tak khorosho, kak tiy govorish po-russki. (No tan bien como usted ruso.)
– ¿Qué pasa? -preguntó Harry en inglés, sólo por prudencia.
Los ojos de Vladimir lo miraron con dureza.
– Conozco a Winthrop -anunció el ruso.
Bastó para convencer a Harry de que confiase en él. Y entonces Vladimir añadió:
– Lady Olivia ha desaparecido.
De repente ya no importaba si confiaba o no en él.
Olivia no tenía ni idea de dónde estaba.
Ni de cómo había llegado allí.
Ni de por qué tenía las manos atadas a la espalda y los pies firmemente sujetos, y la habían amordazado.
Ni de por qué no le habían vendado los ojos, pensó mientras parpadeaba desesperadamente para acostumbrarse a la tenue luz.