El Monje Desaparecido
- Автор: Тримейн Питер
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «El Monje Desaparecido». Краткое содержание книги:
Se trata sin duda de una investigación muy delicada, pues un error en la identificación de los culpables puede ser desastrosa, y además nadie consigue hallar la más mínima pista. Hasta que llegan a la abadía sor Fidelma y su inseparable Eadulf.
Paso a paso, con cautela, Fidelma va descubriendo una de las más siniestras conspiraciones con la que jamás se ha enfrentado, en la que intervienen hombres que parecen no detenerse ante nada, ni siquiera ante el asesinato más despiadado, para alcanzar sus objetivos. Sin duda, la novela más terrorífica y emocionante (de momento) de una serie espléndida.
– Su rutina consiste en salir de buena mañana en busca de hierbas curativas. Seguramente ya se habrá ido.
– ¿De manera que es habitual que el hermano Bardán salga tan temprano de la abadía?
– Así es.
Fidelma fingió cambiar de tema.
– El otro día, no muy lejos de la abadía, vi una pequeña capilla en la que no me había fijado antes -prosiguió, reanudando el paso junto al abad Ségdae por los corredores.
Eadulf los siguió de mala gana. Tenía la cabeza puesta en llegar al refectorio y saciar la sed y el hambre que lo martirizaban.
– Ah, os referís al pequeño santuario del Santísimo Ailbe.
– Un viejo oratorio con repisa de piedra.
– Ése es. Se halla en medio de un brezal -confirmó Ségdae-. Es curioso.
– ¿El qué? -preguntó Eadulf.
– El dálaigh de los Uí Fidgente… ¿cómo se llama? ¿Solam? Solam me acaba de preguntar por la misma capilla.
– ¿Solam?
No parecía que el abad Ségdae hubiera notado la tensa reacción de Fidelma.
– El lugar se llama Gort na Cille -les explicó el anciano.
– El «campo de la iglesia»; parece un nombre más que apropiado -observó Fidelma recobrando la compostura-. ¿Y por qué preguntaba Solam por él?
– No lo sé. Hay gente que cree que el agua que de allí sale tiene propiedades curativas si uno se baña en ellas antes del amanecer -les contó.
Eadulf, que quería saciar la sed, rezongó. Si hubiera sabido que allí había un manantial, ahora no estaría sufriendo. Trató de recordar dónde podría estar situada esa fuente.
– ¿De dónde sale, padre abad? -preguntó Eadulf inocentemente-. No recuerdo haber visto ningún arroyo en ese campo.
El abad Ségdae dijo, moviendo la cabeza en señal de negación:
– No hay ningún arroyo; sólo un pozo. Se le llama Tobar na Cille… el pozo de la Iglesia. Por eso se construyó una capilla encima. El pozo está en el propio oratorio.
Fidelma se paró de golpe.
– ¿Os referís a que hay un pozo debajo de las losas? -preguntó lentamente.
Ségdae la miró, algo extrañado.
– Oh, sí. Una de las losas tiene bisagras para poder levantarla. Está detrás de la mesa del altar.
Habían llegado a la puerta de la celda del abad, donde le esperaban varios miembros de la comunidad para hablar con él.
– ¿Sabéis dónde está ahora el abogado Uí Fidgente? -preguntó Fidelma.
– Apenas hace unos quince minutos que le he visto, al regresar del oficio matinal. Pero no sé adónde ha ido.
De pronto, el rostro de Fidelma reflejó una intención curiosa; dio las gracias al perplejo abad y se marchó a toda prisa con Eadulf a la zaga. Éste volvió a quejarse con un gruñido cuando Fidelma cambió el curso.
– Por aquí no se va al refectorio, Fidelma -protestó.
Ella lo hizo callar haciendo una abrupta seña con la mano.
– ¿No os dais cuenta? -le exhortó.
Movió la cabeza, desconcertado.
– ¿De qué?
– El misterio de la desaparición del hermano Bardán tienen una explicación.
– ¿Me estáis diciendo que el hermano Bardán se ha escondido de nosotros en la cavidad de un pozo?
– Quizá la cavidad del pozo tenga otro uso. Debemos regresar sin dilación y averiguarlo. Lo que no me gusta nada es que Solam haya preguntado por el oratorio. ¿Qué sabrá al respecto?
Eadulf se detuvo inesperadamente, y empezó a decir con expresión desafiante:
– Yo no pienso volver ahí…
Pero al ver el centelleo en la mirada de Fidelma, añadió:
– … a menos que me lleve algo de comida y bebida.
Fidelma lo acompañó al refectorio con impaciencia. Las largas mesas estaban casi vacías, pues la mayoría de la comunidad ya había desayunado e iniciado sus labores diarias.
– Podemos llevarnos algo de comer -sugirió Fidelma-. No hay tiempo que perder. Solam trama algo, estoy segura.
Eadulf cogió un par de barras de pan recién horneado que todavía estaban calientes. Al pan añadió varios trozos de embutidos, queso y fruta. Vio un sacullus colgado entre otros tantos y lo confiscó para llevar en él la comida. Fidelma había encontrado un contenedor de agua; lo llenó y se lo entregó a Eadulf para que lo guardara en la bolsa.
– Regresemos ahora a Gort na Cille -le dijo cuando Eadulf le indicó que estaba listo.
Saliendo del refectorio Eadulf no pudo resistir la tentación de tomar un pedazo de pan y otro de carne y metérselos en la boca, con tal deleite, que la boca se le hizo agua al masticar.
A su regreso al oratorio, el día ya era más cálido. Habían vuelto a salir de la abadía por la puerta del huerto y, que ellos supieran, nadie les había visto. A la altura del campo donde se hallaba el minúsculo oratorio, Eadulf ya había devorado casi toda la parte de comida que le correspondía. Fidelma no tenía hambre. Le bastó con beber agua del recipiente que habían traído.
El oratorio seguía estando vacío y en penumbra.
Eadulf encendió una de las velas del altar para facilitar la localización de la losa que cubría la entrada del pozo. No les costó nada dar con ella, ahora que sabían lo que estaban buscando. En la losa había incrustada una anilla de hierro. Eadulf se inclinó para tirar de ella. Casi se cayó de espaldas, ya que la losa estaba sujeta a una suerte de mecanismo giratorio, el cual permitía levantarla sin esfuerzo.
A sus pies apareció un profundo agujero negro.
Eadulf avanzó la vela. De poco sirvió, salvo para iluminar el primer metro.
– Oscuridad absoluta -musitó-. En esa negrura nadie podría esconderse.
– Examinad la vela -le aconsejó Fidelma.
– ¿Que la examine? -preguntó Eadulf sin comprenderla-. ¿A qué os referís?
– La vela tiembla al sostenerla sobre la boca del pozo. ¿Eso nos os sugiere algo?
Eadulf contempló en silencio la llama trémula. Luego miró el acceso al pozo. Empezó a entender lo que Fidelma quería decir.
– ¿Del pozo sale una corriente de aire y vos creéis que indica que ahí abajo hay algo más que agua?
– Eso, además de otro hecho -precisó Fidelma-. ¿Veis eso…? Es una escalera de madera fijada a la pared del pozo. ¿Para qué iba a hacer falta una escalera que baje a un pozo?
Eadulf se asomó a la negrura con recelo.
– Está oscuro. Más vale que baje a mirar.
Le pasó la vela a Fidelma, que movió la cabeza con desaprobación.
– Yo peso menos que vos. No sabemos si la escalera es firme.
Antes de que el sajón abriera la boca, Fidelma ya estaba sobre los peldaños, descendiendo a la oscuridad.
– Parece bastante firme -le gritó instantes después.
Eadulf la perdió de vista al adentrarse en la negritud del hoyo.
– Os hará falta una vela para ver algo -le gritó desde arriba.
No obtuvo respuesta.
– ¡Fidelma! -gritó Eadulf, preocupado.
No tardó en volverla a oír.
– Estoy bien. He encontrado un túnel con una tenue luz.
– Entonces voy a bajar.
Se pasó el sacullus a la espalda y, sosteniendo con firmeza la vela en una mano, empezó a descender, ayudándose de la otra para agarrarse a la barra exterior de la escalera.
Había bajado unos tres metros, cuando vio la abertura que había descubierto Fidelma. Ésta ya había llegado al final de la escalera y estaba en el túnel. Tendió una mano para coger la vela, de forma que Eadulf pudiera pasar con mayor facilidad por la entrada al túnel. Así lo hizo.
– Es un túnel muy amplio -le aseguró ella.
Eadulf vio que estaba en lo cierto. Medía casi un metro de ancho y uno y medio de alto, de modo que sólo tenía que encorvarse y cuidar de no darse con la cabeza en el techo bajo y rocoso. A juzgar por su forma casi oval, el túnel parecía serpentear en un recorrido que debía de ser la cavidad natural formada por la corrosión del agua en la piedra caliza. Había mucha humedad y la atmósfera era fétida. Eadulf también vio que más adelante había una débil luz, aunque no parecía natural.