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Электронная книга - «Zapatos de caramelo». Краткое содержание книги:

Tras revolucionar un tradicional pueblo del sur desde el mostrador de su chocolatería, Vianne ha cambiado su nombre por el de Yanne y regenta una confitería en el barrio parisino de Montmatre, donde quiere pasar inadvertida.
Su vida en París es monótona y convencional, tanto como su novio Thierry, y cree que casándose con él aportará estabilidad y normalidad a su vida, a la de su hija Annie, que ahora tiene 10 años, y a la de la pequeña Rosette.
Yanne, sola en la gran ciudad, encuentra en la joven Zozie una buena amiga hasta que se ve obligada a despertar sus poderes dormidos en la víspera de su boda, momento en que su viejo amor Roux reaparece en su vida.
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– ¿Cómo lo sabes?

– Conozco a Thierry. Es la clase de hombre incapaz de estrechar la mano de otro sin averiguar cuántos huesos puede romper. Está celoso de ti…

– ¿Celoso?

– Por supuesto.

Roux esbozó una sonrisa y durante unos instantes pareció divertirse realmente.

– Claro, está celoso porque yo lo tengo todo, ¿no? Poseo dinero, soy guapo, tengo una casa de campo…

– Tienes más que todo eso -puntualicé.

– ¿A qué te refieres?

– Roux, ella te quiere.

Durante unos segundos guardó silencio. Ni siquiera me miró, pero detecté tensión en su cuerpo y el destello correspondiente de sus colores, pues pasó del azul mechero de gas al rojo neón, por lo que supe que lo había tocado.

– ¿Te lo ha dicho? -preguntó Roux por último.

– No, no con tanta claridad, pero sé que es cierto.

Junto al lavamanos había un vaso de vidrio. Lo llenó de agua, la bebió de un trago, respiró hondo y volvió a llenarlo.

– Si esos son sus sentimientos, ¿por qué se casa con Le Tresset?

Sonreí y le ofrecí la cajita, desde la cual el círculo rojo de la señora de la Luna de Sangre iluminó su rostro con resplandor festivo.

– ¿Seguro que no quieres un bombón? -Impaciente, Roux meneó la cabeza-. Está bien, espero que me expliques una cosa. La primera vez que me viste me llamaste Vianne. ¿Por qué?

– Ya te lo he dicho. Te pareces a ella…, bueno, mejor dicho, a como era antes.

– ¿Antes?

– Ahora es distinta. Su pelo, su ropa…

– Tienes toda la razón -lo interrumpí-. Se debe a la influencia de Thierry. Es un maniático del control, desaforadamente celoso y siempre quiere salirse con la suya. Al principio fue fantástico. La ayudó con las niñas y le hizo regalos caros. Luego comenzó a presionarla y ahora hasta le dice lo que tiene que ponerse, cómo debe comportarse e incluso la forma de educar a sus hijas. Tampoco ayuda que sea su casero y en cualquier momento podría tirarla a la calle…

Roux frunció el ceño y me percaté de que por fin le había llegado al alma. Detecté dudas en sus colores y, lo que es todavía más prometedor, el primer afloramiento de la cólera.

– ¿Por qué no me lo dijo? ¿Por qué no me escribió?

– Tal vez porque estaba asustada.

– ¿Asustada? ¿Le tiene miedo a ese hombre?

– Es posible -repuse.

Me di cuenta de que, cabizbajo y con el ceño fruncido por la concentración, Roux se devanaba los sesos. Por una extraña razón no confía en mí, aunque sé que morderá el anzuelo. Lo hará por ella, por Vianne Rocher.

– Iré a verla y hablaré con ella…

– Sería un craso error.

– ¿Por qué?

– Porque todavía no quiere verte. Tienes que darle tiempo. No puedes presentarte inesperadamente y pretender que tome una decisión. -Con la mirada me indicó que eso era exactamente lo que deseaba. Le apoyé la mano en el brazo y proseguí-: Escucha, hablaré con ella. Intentaré que comprenda las cosas desde tu perspectiva, pero nada de visitas, cartas o llamadas. En este asunto confía en mí…

– ¿Por qué tengo que confiar en ti?

Sabía que convencerlo no sería fácil, pero la situación se había vuelto absurda. Mi tono de voz reveló cierto malestar:

– ¿Por qué? Porque soy su amiga y me importa lo que le ocurre tanto a ella como a las niñas. Si durante unos segundos dejases de pensar en tus sentimientos heridos entenderías los motivos por los que necesita tiempo para pensar. Seré clara, ¿dónde has estado los últimos cuatro años? ¿Cómo puede estar segura de que no volverás a largarte? Está claro que Thierry no es perfecto, pero está cuando hay que estar y es de fiar, que es más que lo que puede decirse de ti…

Algunas personas reaccionan mejor a las sacudidas que a los encantos. Es evidente que Roux pertenece a ese grupo, ya que se mostró más cortés que el resto de las veces que se había dirigido a mí.

– Me ha quedado claro. Zozie, lo lamento.

– ¿Harás lo que yo diga? De lo contrario, no tiene sentido que intente ayudarte… -Roux movió afirmativamente la cabeza-. ¿Lo dices de verdad?

– Sí.

Dejé escapar un suspiro. Lo más difícil estaba resuelto.

Me dije que, hasta cierto punto, era una pena. A pesar de todo, Roux me resulta muy atractivo. Claro que por cada favor que los dioses conceden tiene lugar un sacrificio. Es evidente que a finales de mes pediré un enorme favor…

7

Miércoles, 5 de diciembre

Suze ha vuelto al liceo. Llevaba gorro en lugar del consabido pañuelo e intentó compensar el tiempo perdido. Durante el almuerzo se reunió con Chantal y luego empezó con los penosos comentarios del estilo de «¿dónde está tu novio?» y con juegos estúpidos como «Annie es un bicho raro».

Esas actitudes ya no son ni remotamente divertidas. Han dejado de ser un poco ruines para volverse del todo viles; Sandrine y Chantal hablaron de la visita de la semana pasada a la chocolatería, que describieron como un cruce entre guarida hippie y chatarrería, y rieron como locas de todo.

Para empeorar un poco más la situación, Jean-Loup está enfermo y de nuevo me ha tocado ser el bicho raro en solitario. Me importa un bledo, pero no es justo; mamá, Zozie, Rosette y yo hemos trabajado muchísimo… y ahora Chantal y compañía nos describen como un hato de perdedoras.

En otro momento me habría dado igual, pero nuestra situación ha mejorado mucho, Zozie se ha mudado a vivir con nosotras, el negocio va viento en popa, cada día el local se llena de clientes y Roux se presentó como caído del cielo…

Han transcurrido cuatro días y Roux todavía no se ha presentado. En la escuela no pude dejar de pensar en él y me pregunté dónde ha atracado el barco o si nos ha mentido y duerme bajo un puente o en una casa abandonada, tal como hizo en Lansquenet después de que monsieur Muscat quemase su embarcación.

En las clases me fue imposible concentrarme y monsieur Gestin me gritó por soñar despierta; Chantal y compañía se rieron y ni siquiera pude comentarlo con Jean-Loup.

Hoy todo fue de mal en peor porque, al terminar las clases, mientras hacía cola detrás de Claude Meunier y Mathilde Chagrín, Danielle se acercó con esa expresión de falsa preocupación que adopta tan a menudo y preguntó:

– ¿Es cierto que tu hermana pequeña es retardada?

Chantal y Suze estaban cerca y habían puesto cara de póquer. De todos modos, detecté en sus colores que intentaban fastidiarme y me di cuenta de que tenían tantas ganas de reír que estaban a punto de reventar…

– No sé de qué hablas -repliqué sin inmutarme.

Nadie sabe lo de Rosette… o, al menos, hasta hoy supuse que nadie lo sabía. De pronto recordé que un día Suze y yo habíamos jugado con Rosette en la chocolatería…

– Pues es lo que me han dicho -insistió Danielle-. Todos saben que tu hermana es retardada.

¡Vaya con el perrillo que dice Mejor amigo, con el colgante esmaltado en rosa y la promesa de no contárselo a nadie, cruza las manos sobre el corazón y hazte la ilusión de que…!

Miré con furia el gorro rosa intenso de Suze y pensé que las pelirrojas jamás deberían usar rosa intenso.

– Algunas personas harían mejor ocupándose de sus asuntos -declaré con voz lo bastante alta como para que todos me oyesen.

Danielle sonrió presuntuosamente.

– En ese caso, es verdad -concluyó y sus colores se iluminaron como las brasas con una repentina corriente de aire.

En mi interior también se encendió algo. Me dirigí a ella con ferocidad: Ni se te ocurra. Si alguien se atreve a pronunciar otra palabra…

– Claro que es verdad -confirmó Suze-. Basta verla, tiene casi cuatro años y todavía no habla ni sabe comer como corresponde. Mi mamá dice que es mongólica. Además, lo parece.

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