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El amanecer de una nueva Era

Электронная книга - «El amanecer de una nueva Era». Краткое содержание книги:

Los dioses se han desvanecido y la magia se ha debilitado hasta casi desaparecer de Krynn. Es la Era de los Mortales, pero también es la Era de los Dragones, más grandes y poderosos que nunca. Arrasan pueblos, esclavizan a sus gentes y se proclaman señores supremos de Ansalon. Goldmoon, miembro del grupo original de los Compañeros, no se da por vencida y busca nuevos héroes que desafíen a los dragones. Un hombre atormentado responde a su llamada, y a él se unen una hermosa kalanesti, un enano apellidado Fireforge, un arrojado marinero de piel negra y su compañera (un semiogro), un lobo rojo y, cómo no, un par de kenders. Todos ellos deben reunirse en Refugio Solitario con un mago llamado Palin Majere.
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El guerrero estuvo a punto de soltarse cuando la descarga lo sacudió de pies a cabeza. El cabello, prácticamente seco a estas alturas, se le puso de punta. Creyó que iba a morir. Una vez, unos cuantos años atrás, había experimentado una sensación parecida. En aquel momento, Dhamon estaba dispuesto a morir, pero ahora no. Luchó para no perder el sentido y mantener despejada la cabeza. Siguió colgado de la bestia por el brazo derecho, mientras bajaba la mano izquierda al cinturón, donde llevaba sujeto un cuchillo.

Sus dedos se cerraron en torno a la empuñadura y acto seguido arremetió hacia arriba una y otra vez, hincando la Roja en el costado de la bestia. La criatura giró en el aire en un vano esfuerzo por librarse del indeseado pasajero, y Dhamon tuvo que emplearse a fondo para sujetarse mientras la lucha continuaba.

Abajo, vio a Feril que seguía intentando hacer funcionar su magia natural. Gesticulaba con los dedos, tejiendo un tenue dibujo verde en el aire. Cuando el resplandor del dibujo aumentó de manera gradual hasta emitir un intenso brillo, la elfa echó la cabeza hacia atrás y aulló. Dhamon parpadeó, perplejo. ¡Lo hacía exactamente igual que Furia!.

En el momento en que se apagó el aullido de la elfa, el misil de barro que había estado creando explotó en el aire y golpeó a la criatura más pequeña que tenía delante. El proyectil de tierra húmeda alcanzó a la bestia por sorpresa, en mitad del pecho, y la lanzó por el aire hacia atrás a causa del tremendo impacto. Se desplomó en el suelo, las alas ahora inmóviles, y de inmediato fue acorralada por el lobo, que ladraba y lanzaba dentelladas.

Entretanto, Shaon avanzó hacia la bestia más alta que había estado manteniendo a raya. La criatura la miró con cautela. Los rayos diminutos saltaban de sus dedos, pero la mujer bárbara era demasiado rápida para que las descargas la alcanzaran. Se abalanzó y descargó un golpe con la espada que hendió el ala ilesa, asegurándose así de que su adversario no pudiera remontar el vuelo y escapar. Shaon esquivó ágilmente la siguiente andanada de descargas que disparó la bestia, aunque fue evidente que no había conseguido eludirlas todas, ya que la camisa y la túnica negra estaban hechas jirones y chamuscadas.

La atención de Dhamon tuvo que centrarse sin remedio en su propio enemigo cuando éste empezó a ascender más y más. Las afiladas garras le arañaban la espalda, produciéndole un lacerante dolor con cada zarpazo. La criatura intentaba librarse de él, pero el guerrero enlazó las piernas con más fuerza en torno a las pantorrillas del monstruo, consiguiendo un agarre más firme. Sintió las uñas de la bestia hincándose en su piel una vez más, desgarrándole la carne, y notó el cálido flujo de la sangre en su espalda.

De nuevo, Dhamon arremetió con el cuchillo contra la bestia, esta vez más arriba en el pecho, justo debajo de la clavícula. El acero se hundió, y el guerrero lo sacó de un tirón y volvió a hincarlo.

—Tienes que tener un corazón en alguna parte —maldijo.

Arremetió otra vez mientras la pegajosa sangre de la criatura le corría por los dedos. El monstruo aulló, aunque en esta ocasión sonó casi patético, y Dhamon empleó toda su fuerza en el siguiente golpe, hundiendo el cuchillo hasta la empuñadura. Por desgracia, la hoja se clavó en hueso y el guerrero no pudo sacarla.

La criatura sufrió una sacudida y entonces pareció desvanecerse en el aire, dejando a Dhamon sin nada sólido en lo que agarrarse, y fue sustituida por un fuerte destello, dorado y cegador, que inundó los sentidos del guerrero cuando estalló en el lugar ocupado hasta hacía un momento por la bestia. El aire crepitó, y acto seguido el suelo se precipitó a su encuentro. Aterrizó violentamente, y se quedó sin aire por el impacto. Aturdido, alzó los ojos, pero sólo vio el cielo nocturno y unas cuantas estrellas haciéndole guiños.

—¡Muere! —gritaba Shaon a su adversario. La mujer bárbara arremetió de frente y hundió la espada en el vientre de la bestia. Al mismo tiempo, la criatura abrió las fauces y un rayo chisporroteante se descargó en el pecho de Shaon, que salió lanzada hacia atrás por el aire.

La bestia bajó los ojos hacia la espada embebida en su cuerpo, y sus garras manosearon la empuñadura, la aferraron y tiraron hasta sacar el arma. Cosa rara, la criatura pareció vigorizada por la herida. Sostuvo en alto la espada, y los rayos de sus garras se propagaron por la empuñadura y a lo largo de la hoja de acero, crepitando y destellando como una traca de fuegos artificiales. Sonriente, avanzó hacia la mujer blandiendo la chisporroteante espada.

Furia corrió hacia la bestia, se coló por debajo de sus brazos y le clavó los dientes en la pantorrilla. La criatura lanzó un chillido y descargó el arma sobre el lobo, pero Furia fue más rápido y corrió a su alrededor, de manera que el acero sólo acuchilló pelo rojo.

Dhamon bregó para ponerse de rodillas y se arriesgó a echar una ojeada a su espalda. Feril estaba utilizando el barro para enterrar a su adversario, que permanecía inmovilizado contra el suelo, en tanto que Ampolla se encontraba inclinada sobre él, propinando golpes en el pecho de la criatura con su chapak. La bestia arrojaba rayos que no causaban daño. En lo alto, el cielo retumbó en respuesta.

Poniéndose de pie a fuerza de voluntad, Dhamon agarró su arma, respiró hondo y corrió en ayuda de Shaon. La bestia esquivaba al lobo y se iba acercando a la mujer.

—¡Puedo combatir mis propias batallas, Dhamon! —gritó Shaon—. ¡No necesito ayuda!

—¡Es posible, pero no lucharás muy bien sin una espada! —replicó el guerrero.

La mujer bárbara, obstinada, esquivó a Dhamon y se adelantó, atrayendo la atención de la bestia, que se abalanzó sobre ella. Distraída por los movimientos de Shaon, la criatura se olvidó del lobo. Un terrible error. Furia saltó sobre su espalda, y la bestia cayó de bruces en el barro.

Shaon propinó un feroz taconazo en la escamosa mano del monstruo, que soltó la espada de la mujer. Cuando Shaon se agachó para recogerla, la bestia giró sobre sí misma, le apuntó con las garras, y disparó varias descargas sobre ella.

Shaon gritó y cayó de rodillas. Cerró los ojos intentando resguardarlos del abrasador destello, pero aun así éste la cegó, y al abrirlos sólo vio líneas y puntos luminosos. Tanteó el suelo, y por fin sus dedos rozaron la empuñadura de la espada. La agarró y arremetió, todavía cegada, hacia donde creía que estaba la bestia.

—¡Cuidado! —espetó Dhamon—. ¡Casi me has ensartado!

El guerrero se había abalanzado sobre la criatura y estaba enzarzado en un combate cuerpo a cuerpo.

—¡Entonces apártate! ¡Esta bestia es mía! —Sin embargo, Shaon tuvo que retroceder gateando al tiempo que parpadeaba para aclarar la vista.

Por detrás, Furia enganchó la nuca de la criatura entre sus dientes y apretó. La bestia aulló mientras se hincaba de rodillas en el suelo. El lobo hundió más aun los dientes. Dhamon descargó una cuchillada, y la hoja atravesó la prieta carne del brazo de la bestia y la ensartó; el ser cayó de bruces otra vez en medio de un cegador destello, un estallido de energía que lanzó por el aire a Furia aullando de dolor.

Dhamon levantó el brazo justo a tiempo de cubrirse los ojos, pero la descarga eléctrica los envolvió a Shaon y a él Era abrasadora, y la sacudida hizo que les castañetearan los dientes. Entonces, con la misma rapidez con que los había rodeado, la sensación se disipó.

—¿Qué ha pasado? —gritó la mujer bárbara—. ¡No veo nada!

—¡Mirad! ¡Ha explotado! —chilló la kender—. ¡Dhamon ha matado a esa cosa!

Furia gruñó y se levantó del suelo al tiempo que se sacudía. Su rojo pelaje estaba de punta, dándole un aspecto algodonoso que lo hacía parecer el doble de su tamaño. La criatura había desaparecido, pero en el sitio donde se encontraba un momento antes ahora había una depresión cóncava en el barro. Shaon se arrodilló al lado, todavía parpadeando con frenesí.

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