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Recuerdos del futuro [Flashforward - es]

Электронная книга - «Recuerdos del futuro [Flashforward - es]». Краткое содержание книги:

Recuerdos del futuro es la historia de un asombroso descubrimiento en las instalaciones del CERN en Suiza. El equipo de investigación de Lloyd Simcoe y Theo Procopides está empleando el acelerador de partículas del laboratorio para buscar el esquivo bosón de Higgs, una partícula subatómica teórica. Pero su experimento sale terriblemente mal y, durante unos instantes, la conciencia de toda la raza humana es arrojada veinte años hacia el futuro.
Mientras la humanidad debe restañar los catastróficos efectos inmediatos del experimento (miles resultan muertos o heridos cuando el cuerpo de todos los hombres y mujeres queda inconsciente en el presente), las implicaciones más serias tardan algo en aparecer. Aquellos que no recibieron visión del porvenir tratan de descubrir cómo morirán, mientras que otros buscan a sus futuros amantes. Lloyd deberá superar la culpabilidad de haber provocado accidentalmente la muerte de la hija de su prometida, mientras Theo se ve atrapado en la investigación de su propio asesinato.
A medida que las verdaderas consecuencias de lo sucedido comienzan a hacerse claras, la presión para repetir el experimento aumenta sin cesar. Todos quieren un destello del futuro, una oportunidad para saltar y ser testigo de su éxito... o para aprender a evitar sus errores.
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—Puede que al final fuera la descarga —dijo Lloyd—. Puede que por ese motivo no fuéramos capaces de reproducir el efecto.

—No, no —replicó Wendy—. No fue la descarga de rebote, al menos sola; recuerda que la lluvia comenzó cincuenta y tres segundos antes del desplazamiento, y que éste coincidió de forma exacta con el comienzo de vuestras colisiones. Sin embargo, puede que la coincidencia de la descarga de neutrinos sobre la Tierra con vuestro experimento causara la condición extraña que permitió el desplazamiento. Y sin esa descarga en el momento de intentar replicar el experimento, no sucedió nada.

—Por tanto —dijo Lloyd—, básicamente creamos en la Tierra condiciones que no habían existido desde una fracción de segundo después del Big Bang, y simultáneamente fuimos alcanzados por una lluvia de neutrinos escupidos por el rebote de un agujero marrón.

—Sí, más o menos es así —dijo Wendy—. Como podrás imaginar, las posibilidades de que eso suceda son increíblemente remotas… lo que puede que no sea una mala noticia.

—¿Rebotará Sanduleak de nuevo? —preguntó Lloyd—. ¿Podemos esperar otra descarga de neutrinos?

—Probablemente. En teoría rebotará varias veces más, oscilando entre el estado de agujero marrón y de estrella de neutrones, hasta que alcance la estabilidad y se establezca como una estrella de neutrones permanente, pero sin rotación.

—¿Cuándo se producirá el siguiente rebote?

—Ni idea.

—Pero si esperamos a la próxima descarga y repetimos el experimento en ese momento preciso, puede que logremos replicar el efecto de desplazamiento temporal.

—Eso no va a suceder —dijo Wendy.

—¿Por qué? —preguntó Theo.

—Pensadlo, chicos. Necesitasteis semanas para preparar la repetición, porque todo el mundo tenía que ponerse a salvo. Pero los neutrinos apenas tienen masa. Viajan por el espacio prácticamente a la velocidad de la luz. No hay modo de saber con antelación cuándo van a llegar, y como el primer chorro del rebote no duró más de tres minutos, pues había terminado para cuando mi detector comenzó a registrar de nuevo, nunca podríais anticipar el comienzo de la lluvia. Cuando ésta comenzara, sólo tendríais tres minutos o menos para enchufar el acelerador.

—Mierda —dijo Theo—. Maldición.

—Siento no traer mejores noticias —dijo Wendy—. Oíd, me espera una reunión dentro de cinco minutos, tengo que colgar.

—Muy bien —respondió Theo—. Adiós.

—Adiós.

Theo desconectó el altavoz y miró a Lloyd.

—Irreproducible —dijo—. Al mundo no le va a gustar eso. —Se acercó a una silla y se sentó.

—Mierda —dijo Lloyd.

—Dímelo a mí. ¿Sabes? Ahora que sabemos que el futuro no es fijo creo que no me preocupo tanto por lo del asesinato, pero, a pesar de todo, me hubiera gustado ver algo. Lo que fuera. Me siento… Dios, me siento marginado, ¿sabes? Como si todo el planeta estuviera viendo el ovni mientras yo me echaba una siesta.

27

El LHC desarrollaba ahora a diario colisiones de núcleos de plomo a 1.150-TeV. Algunas eran experimentos planificados desde hacía mucho, de nuevo programados; otras eran parte de los intentos por lograr una base teórica adecuada para el desplazamiento temporal. Theo se tomó un respiro de la revisión de informes de ALICE y CMS para comprobar su correo electrónico: “Se anuncian nuevos ganadores del Nóbel”, anunciaba el asunto del primer mensaje.

Por supuesto, el Nóbel no se otorgaba sólo a los físicos. Cada año se fallaban otros cinco premios, repartiéndose su anuncio en un plazo de varios días; Química, Fisiología o Medicina, Economía, Literatura y el premio a la promoción mundial de la Paz. El único que a Theo le importaba en realidad era el de Física, aunque sentía una leve curiosidad por el de Química. Pinchó sobre el encabezado para ver lo que decía.

No era el Nóbel de Química, sino el de Literatura. Estaba a punto de enviar el mensaje al olvido cuando el nombre del premiado llamó su atención.

Anatoly Korolov. Un novelista ruso.

Por supuesto, después de que Cheung le contara su visión en Toronto, en la que se mencionaba a un tal Korolov, Theo había buscado el nombre. Descubrió que era de una vulgaridad frustrante y de una notable falta de lustre. Nadie con ese apellido parecía haber sido especialmente famoso o importante.

Pero, ahora, alguien llamado Korolov había ganado el Nóbel. Se conectó de inmediato a la Britannica Online; el CERN disponía de acceso ilimitado. La entrada sobre Anatoly Korolov era muy escueta:

Korolov, Anatoly Sergeyevich. Novelista y polemista ruso, nacido el 11 de julio de 1965 en Moscú, entonces parte de la URSS…

Frunció el ceño. Aquel maldito tipo era un año más joven que Lloyd, por el amor de Dios. Por supuesto, nadie tenía que replicar los resultados experimentales señalados en una novela. Siguió leyendo:

Su primera novela, Pered voskhodom solntsa (“Antes del alba”), publicada en 1992, habla de los primeros días posteriores al colapso de la Unión Soviética; su protagonista, el joven Sergei Dolonoc, un desilusionado afiliado al Partido Comunista, pasa por una serie de tragicómicos rituales de iniciación, pugnando por comprender los cambios en su país y convirtiéndose al fin en un próspero empresario en Moscú. Entre sus demás novelas se incluyen Na kulichkakh (“En el fin del mundo”), 1995; Obyknovennaya istoriya (“Una historia común”), 1999; y Moskvityanin (“El moscovita”), 2006. De ellas, sólo Na kulichkakh está publicada en inglés.

Sin duda, habría un artículo mucho mayor en la siguiente edición, pensó. Se preguntó si Dim habría leído a aquel tipo durante sus estudios de literatura europea.

¿Podría ser ese Korolov aquel al que se refería la visión de Cheung? De ser así, ¿qué posible conexión lo unía con Theo? ¿O con Cheung, ya puestos, cuyos intereses parecían ser más comerciales que literarios?

Michiko y Lloyd paseaban por las calles de St. Genis cogidos de la mano, disfrutando de la cálida brisa de la noche. Tras recorrer algunos cientos de metros en silencio, Michiko se detuvo.

—Creo que sé qué falló.

Lloyd la observó, expectante.

—Piensa en lo que sucedió —dijo ella—. Diseñaste un experimento que debería haber producido el bosón de Higgs. La primera vez que lo intentaste, no funcionó. ¿Por qué?

—Por el influjo de neutrinos desde Sanduleak —respondió Lloyd.

—¿Sí? Eso puede haber sido parte de lo que causó el desplazamiento temporal, pero ¿cómo pudo interferir en la producción del bosón?

Lloyd se encogió de hombros.

—Bueno, quizá… Hmm, es una buena pregunta.

Michiko asintió y siguieron caminando.

—No pudo tener efecto alguno. No dudo que se produjera un influjo de neutrinos en el momento del experimento, pero no debería haber afectado a la producción del bosón de Higgs. Esos bosones deberían haber aparecido.

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