Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)
La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)

Электронная книга - «La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)». Краткое содержание книги:

La Sangre de la Virtud (La Espada de la Verdad)
1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 179
Перейти на страницу:

— Sólo los espíritus lo saben. —Cara se detuvo al pie de la escalera y ladeó la cabeza—. ¿Qué creéis vos? ¿Hay otras tierras más allá de las que conocemos? ¿Otros estanques, por ahí, en alguna parte? —La mord-sith trazaba círculos en el aire con su agiel.

Richard alzó los brazos.

— No lo sé. Pero sí sé que hacia el sur comienza el Viejo Mundo.

— En el sur no hay más que tierras yermas —afirmó Raina, cruzándose de brazos.

Richard se dispuso a cruzar la sala.

— En medio de la tierra yerma existía un lugar llamado el valle de los Perdidos dividido en dos, de uno a otro océano, por una barrera denominada las Torres de Perdición. Esas torres fueron erigidas hace tres mil años por magos que poseían un poder inimaginable. Los hechizos de las torres impidieron que en los últimos tres mil años casi nadie pudiera cruzar, por lo que con el tiempo el Viejo Mundo cayó en el olvido.

Cara lo miró con escepticismo, ceñuda. En la bóveda resonaba el ruido de los tres pares de botas.

— Si es así, ¿cómo lo sabéis?

— Porque yo estuve allí, en el Palacio de los Profetas, en una gran ciudad llamada Tanimura.

— ¿De veras? —preguntó Raina. Richard asintió, en vista de lo cual Raina adoptó la misma expresión ceñuda que Cara—. Pero si nadie puede cruzar, ¿cómo lo conseguisteis vos?

— Es una larga historia que básicamente se resume en que esas mujeres, las Hermanas de la Luz me llevaron allí. Nosotros cruzamos porque poseíamos el don, aunque no era lo suficientemente fuerte para atraer el poder destructivo de los hechizos. Nadie más podría haber cruzado, por lo que el Viejo y el Nuevo Mundo permanecieron separados por la magia de las torres.

»Pero ahora la barrera entre ambos mundos ha caído y nadie está a salvo. La Orden Imperial proviene del Viejo Mundo. Están muy lejos, pero vendrán y debemos estar preparados.

— Si esa barrera ha estado ahí desde hace tres mil años, ¿cómo es que ha caído justo ahora? —inquirió Cara con recelo.

Ya habían llegado al estrado. Richard carraspeó y se subió seguido de las mord-sith.

— Bueno, supongo que es culpa mía. Yo destruí la magia de las torres; ya no forman ninguna barrera. Lo que antes era tierra yerma ahora vuelve a ser una tierra de verdes pastos, igual que como lo fue en el pasado.

Las dos mujeres lo evaluaron silenciosamente. Cara inclinó el cuerpo para decir a Raina, como si Richard no estuviera allí:

— Y eso que dice que no sabe cómo usar la magia…

— Así pues, ¿afirmáis que sois vos el culpable de esta guerra? —le preguntó Raina—. ¿Que vos la habéis hecho posible?

— No. Oíd, es una larga historia. —Richard se pasó los dedos por el pelo—. Incluso antes de que la barrera cayera la Orden ya buscaba aliados y había iniciado su guerra. La diferencia es que ahora ya nada los puede detener ni frenar su avance. No los subestiméis. Tienen magos y hechiceras a su servicio. Desean destruir la magia.

— ¿Desean destruir la magia pero emplean a magos y hechiceras? Lord Rahl, eso es absurdo —se mofó Cara.

— Vosotros deseáis que yo sea la magia contra la magia. ¿Por qué? —Richard señaló con el dedo a los dos guardias—. Porque ellos solamente pueden ser el acero contra el acero. A menudo se necesita la magia para destruir la magia.

»Vosotras también tenéis magia. ¿Para qué? ¿Para contrarrestar la magia, acaso? Las mord-sith os apropiáis de la magia de otros y la volvéis contra ellos. Pues lo mismo hace la Orden Imperial; usa la magia para destruir la magia, del mismo modo que Rahl el Oscuro os usaba a vosotras para torturar y matar a los poseedores de magia que se le oponían.

»Repito, tenéis magia y la Orden tratará de eliminaros. Yo tengo magia y también querrán destruirme. También, debido al vínculo, todos los d’haranianos tienen magia. Cuando la Orden se dé cuenta decidirá exterminarlos a todos. Más pronto o más tarde decidirán aplastar a D’Hara del mismo modo que quieren aplastar la Tierra Central.

— Si eso sucede, las tropas de D’Hara los aplastarán a ellos —dijo Ulic a su espalda con la misma confianza de quien afirma que el sol se pondrá también ese día.

— Hasta que yo aparecí, los d’haranianos se unían a ellos y en su nombre aniquilaron Ebinissia. Los d’haranianos de Aydindril obedecían a la Orden Imperial.

Sus cuatro guardaespaldas se quedaron en silencio. Cara tenía la mirada clavada en el suelo. Raina lanzó un descorazonador suspiro. Al fin Cara tomó la palabra, como si pensara en voz alta.

— Es posible que, en plena confusión de la guerra, algunas de nuestras tropas que luchaban lejos de D’Hara notaran que el vínculo se rompía; como lo que sintieron algunos en palacio cuando matasteis a Rahl el Oscuro. En ese caso serían como almas perdidas sin un nuevo amo Rahl que renovara el vínculo. Tal vez se unieron a la Orden Imperial para tener un líder que reemplazara el vínculo perdido. Pero ahora el vínculo vuelve a existir. Tenemos un nuevo amo Rahl.

Richard se dejó caer en la silla de la Madre Confesora.

— Ojalá sea así.

— Razón de más para regresar a D’Hara —insistió Raina—. Debemos protegeros para que podáis seguir siendo el amo Rahl y que nuestro pueblo no se una a la Orden Imperial. Si morís y el vínculo se rompe, el ejército se volverá otra vez en masa hacia la Orden en busca de guía. Dejemos que la Tierra Central libre sus propias batallas. ¿Por qué tenemos nosotros que salvarlos de ellos mismos?

— Porque, en ese caso, toda la Tierra Central caería bajo la espada de la Orden Imperial —respondió Richard con voz calma—. Todo el mundo sería tratado como Rahl el Oscuro os trató a vosotras. Nadie volvería nunca a ser libre. Mientras quede una posibilidad de detenerlos no podemos permitir que eso suceda. Y debe ser ahora, antes de que se hagan más fuertes en la Tierra Central.

Cara miró al techo.

— Que los espíritus nos libren de un hombre con una causa justa. No sois vos quien debe guiarlos.

— Si no lo hago yo, al final todo el mundo quedará sometido a una sola ley: la ley de la Orden Imperial. Todo el mundo será su esclavo para siempre jamás, pues los tiranos jamás se cansan de ejercer su tiranía.

Se produjo un sonoro silencio. Richard apoyó la cabeza en el respaldo de la silla. Estaba tan cansado que no se veía capaz de mantener los ojos abiertos mucho tiempo más. No entendía por qué se molestaba en tratar de convencerlas cuando, al parecer, ni entendían ni les importaba lo que él trataba de hacer.

Cara se apoyó en la mesa y se pasó una mano por la cara antes de decir:

— No queremos perderos, Lord Rahl. No queremos vivir de nuevo como antes— La voz de la mord-sith sonaba como si estuviera al borde de las lágrimas—. Nos gusta poder hacer cosas simples, como por ejemplo bromear y reír. Antes nunca se nos permitía. Vivíamos con el constante temor de que si decíamos algo equivocado nos ganaríamos una paliza o algo peor. Ahora que hemos conocido otra cosa no queremos perderlo. Si sacrificáis vuestra vida por la Tierra Central, lo perderemos.

— Cara… todos vosotros, escuchadme bien. Si no hago esto, al final ocurrirá lo que dices. ¿Es que no lo veis? Si no unimos todas las tierras bajo un mando fuerte, bajo una ley justa y un único líder, la Orden Imperial lo conquistará todo, trozo a trozo. Una vez que la Tierra Central haya caído bajo su sombra, esa sombra se irá arrastrando sigilosamente hasta D’Hara y, al final, el mundo entero quedará sumido en las tinieblas. No hago esto porque quiera, sino porque me doy cuenta de que tengo una oportunidad de éxito. Pero si no lo intento, no tendré adónde huir; al final me encontrarán y me matarán.

»Mi objetivo no es conquistar y gobernar; yo solamente deseo llevar una vida tranquila. Quiero una familia y vivir en paz.

»Por eso debo demostrar a los países que forman la Tierra Central que somos fuertes y que no consentiremos ni favoritismos ni rencillas, que no seremos una alianza de diferentes tierras que se unen solamente cuando es conveniente, sino que realmente estamos siempre unidos. Deben confiar en que defenderemos lo que es justo, para que no teman unirse a nosotros, para que sepan que también hay lugar para ellos y se alegren de saber que si desean luchar por la libertad, no estarán solos. Debemos ser una fuerza sólida y que merezca confianza, para que no teman rendirse a nosotros.

1 ... 50 51 52 53 54 55 56 57 58 ... 179
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)