La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— ¿Me estás diciendo que debo ir con ellas?
— No. Te digo que debes aprender a usar el don. Pero quizás ellas no son la única manera.
— ¿Qué otra hay?
— No lo sé, Richard. Ni siquiera estoy segura de que exista esa otra manera. Lo siento, pero en esto no puedo ayudarte. Simplemente, no lo sé. Sólo los estúpidos dan consejos sobre algo que no entienden. Yo no puedo aconsejarte sobre esto.
— Shota, estoy perdido. No sé qué hacer. No entiendo nada de todo esto; las Hermanas, el don, el Custodio. ¿No puedes decirme nada para ayudarme? —imploró el joven.
— Te he dicho todo lo que sé. Estoy tan perdida como tú, o peor, porque yo no puedo hacer nada para cambiar el curso de los acontecimientos. Al menos, tú tienes eso. Por tenue que sea la esperanza. —Los ojos de Shota refulgieron—. Mucho me temo que me veré reflejada en los ojos sin vida del Custodio. Para siempre. No he podido dormir desde que me enteré de todo esto. Si supiera algo, te ayudaría. Simplemente no sé nada acerca del mundo de los muertos. Ningún ser vivo ha tenido que enfrentarse todavía a eso.
Richard clavó la vista en el suelo.
— Shota —susurró—. No tengo ni idea de qué hacer. Tengo miedo, mucho miedo.
— Y yo también. —La bruja alargó un brazo y le rozó la cara—. Adiós, Richard Rahl. No luches contra quien eres. Úsalo. No sé si puedes ayudarlo —dijo a Kahlan—, pero, si hay algún modo, sé que harás lo mejor para él.
— Eso haré. Espero que recuperes tu hogar, Shota.
— Gracias, Madre Confesora —Shota le agradeció sus palabras con una leve sonrisa.
La bruja dio media vuelta y se deslizó hacia la puerta. Su tenue vestido flotaba tras ella. Samuel la esperaba fuera con ojos amarillos que relucían. Shota se detuvo en el umbral y se puso tensa.
— Richard, si de algún modo logras cerrar el velo y salvarme a mí y a todo el mundo del Custodio, te estaré por siempre más agradecida.
— Gracias, Shota.
— Pero recuerda esto —agregó, dándoles la espalda—: si das un hijo a la Madre Confesora, será un varón, un Confesor. Ni tú ni ella tendréis valor para matarlo, aunque conocéis las consecuencias. Mi madre vivió en la Época de Tinieblas. —Ahora su voz era gélida—. Yo sí tengo valor para hacerlo y lo haré. Pero no será nada personal.
La puerta se cerró con un chirrido tras ella. De repente, la casa de los espíritus se quedó muy vacía y muy silenciosa.
Kahlan se sentía como atontada. Bajó la vista hacia sus manos y comprobó que temblaban. Deseaba que Richard la abrazara, pero no lo hizo. El joven miraba fijamente la puerta y tenía una cara pálida como la nieve.
— No me lo creo —susurró, con los ojos clavados en la puerta—. Esto no puede estar pasando. ¿Lo estoy soñando? —El joven se volvió hacia ella. Sus ojos de mirada distante se llenaron de lágrimas—. Tiene que ser una pesadilla.
— Si es una pesadilla, yo estoy teniendo la misma. Richard, ¿qué vamos a hacer?
— ¿Por qué todo el mundo me pregunta eso? ¿Por qué todo el mundo siempre me pregunta a mí? ¿Qué os hace creer que yo tengo la respuesta?
Kahlan adoptó una actitud inexpresiva y trató de que su mente funcionara de nuevo, pero era incapaz de formular ni un solo pensamiento coherente.
— Porque eres Richard. Eres el Buscador.
— No sé nada acerca del inframundo ni del Custodio.
— Según Shota, ningún ser vivo sabe nada acerca del mundo de los muertos.
Richard pareció salir de pronto de su estupor y, con brusquedad, cogió a la joven por los hombros.
— Entonces tenemos que preguntar a los muertos.
— ¿Qué?
— Los espíritus de los antepasados están muertos. Podemos hablar con ellos. Pediré que se convoque una reunión y les preguntaré. Podemos aprender de ellos. Es posible que nos digan cómo cerrar el velo. Tal vez averigüe cómo poner fin a mis dolores de cabeza y cómo usar el don. Vamos —la animó, agarrándola por el brazo.
Kahlan casi sonrió. Realmente, Richard era el Buscador de la Verdad. Fueron avanzando por los callejones, corriendo cuando veían lo suficiente. Las nubes ocultaban la luna, y estaba muy oscuro entre las casas. El aire gélido hacía brotar lágrimas de sus ojos.
Al llegar al campo comunal, vieron luz. Las antorchas iluminaban a la gente allí congregada. Todos seguían apiñados, protegidos por los cazadores; era evidente que no sabían que la bruja se había marchado. Toda la aldea los miró en silencio, mientras ellos se aproximaban al Hombre Pájaro y a los otros seis ancianos. Chandalen también estaba allí.
— No hay nada que temer. La bruja se ha marchado —los tranquilizó Kahlan.
Hubo un colectivo suspiro de alivio.
Chandalen golpeó el suelo con el extremo de su lanza y exclamó:
— ¡Una vez más nos habéis traído problemas!
Sin hacerle caso, Richard pidió a Kahlan que tradujera. Su mirada abarcó a todos los ancianos y se posó finalmente en el Hombre Pájaro.
— Honorables ancianos, la bruja no vino para hacer daño a nadie. Vino para advertirme de un grave peligro.
— Eso es lo que tú dices —le espetó Chandalen—. Pero no sabemos si es la verdad.
Kahlan sabía que Richard pugnaba por mantener la calma.
— Si Shota hubiera querido enviarte al mundo de los espíritus, puedes estar seguro de que lo habría hecho.
La única respuesta de Chandalen fue una iracunda mirada.
— ¿Qué peligro? —inquirió el Hombre Pájaro, después de lanzar a Chandalen una mirada que lo hizo encogerse.
— Dice que corremos el peligro de que los muertos se escapen al mundo de los vivos.
— No pueden hacer eso. El velo se lo impide.
— ¿Sabes algo del velo?
— Sí. Cada nivel del mundo de los muertos, del inframundo como tú lo denominas, está sellado con un velo. Cuando celebramos una reunión, invitamos a nuestros espíritus a que nos visiten, y ellos pueden atravesar el velo por un breve período de tiempo.
Richard escrutó la faz del Hombre Pájaro antes de preguntar:
— ¿Qué más puedes decirme sobre el velo?
— Nada más. Sólo sabemos lo que nos han dicho los espíritus de nuestros antepasados: que deben atravesarlo para llegar hasta nosotros cuando los llamamos y que, el resto del tiempo, los contiene. Según ellos, hay muchos niveles en el inframundo, y ellos ocupan el superior, gracias al cual pueden acudir cuando los convocamos. Los demás espíritus se hallan en niveles inferiores y están atrapados en el mundo de los muertos para siempre.
— El velo se ha rasgado —anunció Richard, mirando a los ojos a los ancianos—. Si no lo reparamos, el mundo de los muertos nos invadirá. —La gente congregada lanzó gritos ahogados así como temerosos susurros. Los ojos de Richard se posaron de nuevo en el Hombre Pájaro—. Por favor, honorables ancianos, solicito que se celebre una reunión. Necesito la ayuda de los espíritus de nuestros antepasados. Debo hallar el modo de cerrar el velo antes de que el Custodio escape. Debo averiguar si los espíritus pueden ayudarme.
— ¡Mientes! —exclamó Chandalen, golpeando de nuevo el suelo con la punta de su lanza—. Estás repitiendo las mentiras de una bruja. ¡No vamos a llamar a los espíritus de nuestros honorables antepasados por lo que diga una bruja! Únicamente deben ser convocados por el bien de nuestra gente. ¡Nos matarán a todos si cometemos tal blasfemia!
Richard lo fulminó con la mirada.
— No serían convocados porque lo diga una bruja. Soy yo quien lo solicito, un hombre barro. Solicito que se convoque a los espíritus para impedir que ningún mal caiga sobre nuestro pueblo.
— Tú sólo nos traes muerte; nos traes forasteros, nos traes a la bruja. Tú únicamente deseas ayudarte a ti mismo. ¿Cómo se rasgó el velo?