La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
- Автор: Гудкайнд Терри
- Серия: La Espada de la Verdad #2
- Язык: испанский
- Переводчик: Joana Claverol
- Жанр: Фэнтези
Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:
Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
— ¿Por qué me llamas de ese modo? —susurró Richard.
Shota escrutó su pálida faz.
— Porque es quien eres.
— Yo soy Richard Cypher. George Cypher era mi padre.
— Fuiste criado por un hombre llamado Cypher, pero te engendró Rahl el Oscuro. Rahl violó a tu madre.
El rostro de Richard se tornó blanco como el papel. Kahlan sufría por él y supo que era cierto. Eso era lo que había creído ver en él; el rostro de su padre: Rahl el Oscuro. Desesperada, trató de liberarse para acercarse a él, pero no pudo.
— No, eso no es cierto. No es posible. —Richard meneaba la cabeza.
— Es cierto —replicó Shota en tono cortante—. Tu padre fue Rahl el Oscuro y tu abuelo es Zeddicus Zu’l Zorander.
— ¿Zedd? ¿Zedd es mi abuelo? —susurró Richard. Entonces se irguió—. Rahl el Oscuro… No, es imposible. Es mentira.
El joven se volvió para mirar a Kahlan y, por el rostro de ésta, supo que Kahlan sabía que era cierto.
— Zedd me lo habría dicho. No te creo —dijo a Shota.
— Me da igual lo que creas —replicó la bruja, con voz monótona—. Sé que es verdad. ¡Y la verdad es que eres el hijo bastardo de un hijo bastardo de un hijo bastardo! Y cada uno de esos hijos bastardos poseía el don. Y lo peor es que Zedd también tiene el don. Has heredado el don de dos linajes distintos de magos. —Nuevamente había emoción en la voz de Shota, que miraba desafiante a un atónito Richard—. Eres una persona muy peligrosa, Richard Rahl. En tu caso, el don que posees es más bien una maldición.
— En eso estamos de acuerdo —musitó Richard, que parecía a punto de desplomarse.
— ¿Sabes que tienes el don? ¿No vamos a discutir sobre ello? —Richard sólo pudo hacer un gesto de asentimiento—. En cuanto a lo demás, me importa un bledo. Eres hijo de Rahl el Oscuro por una parte y nieto de Zeddicus Zu’l Zorander por la otra. Él era el padre de tu madre. Si prefieres ignorar esta verdad, allá tú. Cree lo que te dé la gana. Engáñate cuanto quieras. No estoy aquí para discutir sobre tu ascendencia.
Richard se inclinó hacia atrás hasta que la pared lo paró.
— Por favor, Shota, por favor, vete —suplicó, pasándose los dedos por el pelo. Su voz sonaba sin vida—. No quiero oír nada más. Vete y déjame solo.
— Me decepcionas, Richard.
— Me da igual.
— No sabía que eras tan estúpido.
— Me da igual.
— Creí que George Cypher significaba algo para ti. Creí que tenías algún tipo de honor.
— ¿De qué estás hablando? —le espetó Richard, que alzó la cabeza.
— George Cypher te crió, te dio su tiempo y su amor. Te enseñó, cuidó de ti y procuró que no te faltara de nada. Él te modeló. ¿Vas a lanzar todo eso por la borda sólo porque alguien violó a tu madre? ¿Eso es lo que realmente importa para ti?
Los ojos de Richard se inflamaron, y sus manos empezaron a alzarse. Kahlan creyó que iba a intentar estrangular a Shota, pero, de pronto, dejó caer de nuevo las manos a los lados.
— Pero… si Rahl el Oscuro es mi padre.
— ¿Qué? ¿Vas a empezar a actuar como él? ¿Cometerás acciones malvadas porque sabes de quién eres hijo? ¿Temes que empieces a matar gente inocente porque te has enterado de que tu verdadero padre es Rahl el Oscuro? ¿Vas a olvidar todo lo que aprendiste de George Cypher porque tu apellido es Rahl? ¿Y tú te llamas el Buscador? —La bruja alzó los brazos al aire—. Estoy muy decepcionada, Richard. Creí que eras un ser individual, no el reflejo de lo que otros opinan sobre tus antepasados.
Richard agachó la cabeza mientras Shota lo miraba en silencio, muy enojada. Al fin, inspiró hondo y habló:
— Lo siento, Shota. Gracias por no permitir que sea más estúpido de lo que ya soy. Por favor, Shota, libérala —suplicó, mirando a Kahlan con ojos húmedos.
La bruja colocó los dedos bajo el mentón del joven y le levantó la cabeza.
— Deberías alegrarte, pues tu padre era muy apuesto. Lo único que has heredado de él es algo de su buena presencia. Eso y un poco de mal genio. Y el don, claro.
— El don. —Richard apartó la cara—. No quiero el don. No quiero saber nada de él. Jamás diría que algo que he heredado de Rahl el Oscuro sea un don. ¡Lo odio! ¡Odio la magia!
— También lo has heredado de Zedd —repuso Shota, con sorprendente piedad—. Lo tienes de ambos lados. Así es como se transmite el don; de padres a hijos. A veces se salta una generación o varias, y otras no. Tú lo has heredado de ambos lados. En ti posee más que una dimensión única. Es una mezcla muy peligrosa.
— Heredado. Como si fuera una deformidad.
Con expresión desdeñosa, Shota le cogió el rostro entre sus dedos.
— Recuérdalo antes de yacer con ella. El hijo de Kahlan será un Confesor que heredará de ti el don. ¿Te haces idea del peligro que representa eso? ¿Eres consciente de la amenaza que supone un Confesor varón y con el don? Lo dudo. Deberías haberla matado cuando te lo dije, estúpido mocoso, antes de hallar el modo de estar con ella. Deberías haberla matado.
— Ya basta. —Richard la fulminó con la mirada—. No pienso escuchar ni una palabra más sobre eso. Ya te lo he dicho; fue gracias a Kahlan que logré vencer a Rahl el Oscuro. Si la hubiera matado, él habría ganado. Espero que no hayas hecho un viaje en vano sólo para repetir esa tontería.
— No —replicó Shota en voz baja—. Ésas son cosas sin importancia. He venido hasta aquí por tus actos pasados, no por los futuros. Lo que ya has hecho, Richard, es mucho peor que cualquier cosa que pudieras hacer con esta mujer. Ningún monstruo que engendres en ella podrá igualarse al monstruo que ya has creado.
— Evité que Rahl el Oscuro gobernara el mundo —protestó Richard, ceñudo—. Lo maté. No he creado monstruo alguno.
La bruja meneó despacio la cabeza.
— La magia del Destino lo mató. Te advertí que no debía abrir ninguna caja. Tú no lo mataste, sino que le permitiste abrir una de las cajas del Destino. La magia del Destino lo mató. Se suponía que debías matarlo antes de que llegara a abrir ninguna.
— ¡Era imposible! Ése era el único modo de hacerlo. Además, ¿qué más da? Está muerto.
— Hubiese sido mucho mejor que lo dejaras ganar antes de dejar que abriera la caja equivocada.
— ¡Estás loca! ¿Qué podría ser peor que dejar que Rahl el Oscuro ganase la magia del Destino y gobernara el mundo a su capricho?
— El Custodio —susurró la bruja, enarcando ambas cejas—. Hubiera sido mejor dejar que Rahl el Oscuro nos tiranizara, nos decapitara o incluso que nos torturara hasta la muerte antes que lo que has permitido que sucediera.
— ¿De qué estás hablando?
— El Custodio del inframundo permanece en el lugar que le corresponde, aislado del mundo de los vivos gracias al velo. El velo lo contiene a él y a sus servidores; es la división entre los vivos y los muertos. Lo que has hecho es rasgar ese velo. Algunos de los asesinos del Custodio ya andan sueltos.
— Aulladores —susurró Richard.
— Sí. Al liberar la magia del Destino has permitido que se rompa el velo del inframundo. Cuando la abertura sea suficiente, el Custodio quedará libre. Ni siquiera te imaginas lo que eso significa. —Shota levantó el agiel que le colgaba del cuello—. Comparado con lo que él te hará, creerás que lo que te hicieron con esto era agradable. Y se lo hará a todo el mundo. Hubiese sido mejor que Rahl el Oscuro ganara a permitir que esto ocurriera. Has condenado a todo el mundo a un destino peor que cualquier horror.
»Debería matarte por eso —prosiguió la bruja, aferrando el agiel en su mano—. Debería hacerte sufrir lo indecible. ¿Tienes alguna idea de cuánto le gustaría al Custodio poner sus garras en alguien con el don? ¿Tienes alguna idea de hasta qué punto ambiciona hacerse con quienes poseen el don? ¿O con las brujas?