Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Триллеры » El Club de París
El Club de París - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

El Club de París

Электронная книга - «El Club de París». Краткое содержание книги:

Cuando Napoleón Bonaparte murió en 1821, se llevó a la tumba un impactante secreto. Como emperador, había saqueado incalculables riquezas de palacios y tesoros nacionales, e incluso de los Caballeros de Malta y el Vaticano. En sus últimos días, sus captores británicos esperaban averiguar dónde se ocultaba el botín. Pero él nos les desveló nada. ¿O tal vez sí? Cotton Malone está a punto de averiguarlo cuando los problemas llaman a la puerta de su librería: un agente del servicio secreto estadounidense que terminara convirtiéndose en su aliado. Sólo igualando el ingenio de un terrorista a sueldo, frustrando un atentado catastrófico, y emprendiendo una desesperada búsqueda del legendario tesoro perdido de Napoleón, podrá Malone evitar la anarquía económica internacional. Desde Dinamarca, pasando por Inglaterra y terminando en las calles de París, Malone participa en un intenso juego de duplicidad y muerte, todo para conseguir un tesoro de valor incalculable. Pero, ¿a qué precio?.
1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 100
Перейти на страницу:

– ¿Y crees que eso es importante? -preguntó Stephanie.

– Tiene que serlo. Este club es un problema.

Malone salió de Le Grand Véfour y tomó un taxi frente al restaurante para recorrer el breve trayecto hasta el sur del Louvre. Pagó al conductor, cruzó el gran arco que llevaba hasta el Cour Napoleón y vio de inmediato la famosa pirámide de cristal que servía de claraboya para la entrada del museo, situada debajo. La fachada clásica del Louvre engullía la enorme plaza de armas por tres costados, mientras que el Arc du Carrousel, un pastiche de arco romano con columnas de mármol rosa, montaba guardia en el extremo oriental, que era un espacio abierto.

Siete pilones triangulares de granito rodeaban la pirámide de cristal. Al borde de uno de ellos estaba sentado un hombre esbelto con facciones delgadas y un espeso cabello rubio rojizo con pinceladas de gris en las sienes. Llevaba un abrigo oscuro de lana y guantes negros. Aunque el aire vespertino era más cálido que el de la mañana, Malone estimó que la temperatura rondaría los diez grados como máximo. Thorvaldsen le había dicho que el hombre lo esperaría allí una vez que consiguiera el libro, así que se acercó a él y se sentó en el frío borde.

– Usted debe de ser Cotton Malone -dijo el profesor Murad en inglés.

Siguiendo el ejemplo de Jimmy Foddrell, había llevado el libro al descubierto. Se lo entregó al profesor.

– Recién salido de los Inválidos.

– ¿Fue fácil robarlo?

– Estaba allí esperándome, tal como me dijeron.

Malone observó a Murad mientras este hojeaba las frágiles páginas. Ya las había estudiado durante los dos trayectos en taxi y sabía dónde dejaría de leer. La primera parada se produciría a mitad del libro, donde el manuscrito se dividía en dos partes. En una página en blanco, que ejercía de divisoria, se apreciaba:

CXXXV II CXLII LII LXIII XVII

II VIII IV VIII IX II

Entonces vio que el profesor fruncía el ceño en un gesto de contrariedad.

– No me esperaba eso.

Malone sopló aire caliente entre sus manos desnudas y observó el frenético bullicio del patio mientras centenares de turistas entraban y salían del Louvre.

– ¿Le importaría explicármelo?

– Es un Nudo Arábigo, un código que se sabe que utilizaba Napoleón. Estos números romanos hacen referencia a un texto específico. Página y línea, ya que hay solo dos series. Necesitaríamos conocer el texto que utilizó para saber las palabras exactas que forman un mensaje. Pero no aparece una tercera línea de números, los que identificarían la palabra correcta en la línea adecuada.

– No sé por qué, pero imaginaba que esto no sería tarea fácil.

Murad sonrió.

– Nada lo era con Napoleón. Le encantaba el teatro. Este museo es un ejemplo perfecto. Exigía tributos de cada lugar que conquistaba y los traía aquí, y convirtió esta colección en la mayor del mundo en su época.

– Por desgracia, los aliados lo recuperaron todo, al menos lo que pudieron encontrar, a partir de 1815.

– Conoce usted su historia, señor Malone.

– Lo intento. Y llámeme Cotton, por favor.

– Un nombre poco habitual. ¿De dónde viene?

– Como Napoleón, hay demasiado dramatismo en esa explicación. ¿Qué hay del Nudo Arábigo? ¿Hay manera de resolverlo?

– No sin saber qué texto se utilizó para generar los números. La idea era que remitente y receptor tuvieran el mismo manuscrito para cotejarlo. Y esa tercera serie de números que falta podría suponer un verdadero problema.

Thorvaldsen le había informado con todo lujo de detalles sobre el testamento de Napoleón y la relevancia que tenía el libro que Murad sostenía entre sus manos para esas últimas voluntades. Así que esperó mientras el profesor terminaba de evaluar las páginas restantes.

– Oh, Dios mío -exclamó Murad cuando llegó a las solapas finales. El anciano miró a Malone-. Fascinante.

Malone ya había estudiado la caligrafía cuidadosamente retorcida, en tinta negra desvaída, igual que la utilizada para anotar los números romanos.

– ¿Por casualidad sabe qué es esto? -preguntó.

– No tengo ni idea -respondió Murad.

Sam salió en defensa de Meagan.

– Por lo visto, ella no necesita demasiadas pruebas. Diría que tu presencia aquí es más que suficiente.

– Bien, bien -dijo Stephanie-. El señor Collins por fin ha empezado a pensar como un agente del Servicio Secreto.

A Sam no le gustó su actitud condescendiente, pero no estaba en posición de protestar. Stephanie tenía razón, debía empezar a utilizar el cerebro, así que dijo:

– Ha estado vigilando la página web de Meagan y también la mía. Sabe Dios cuántas más. Así que aquí tiene que estar sucediendo algo. Algo que ha captado la atención de todo el mundo.

– Es muy sencillo -dijo Stephanie-. Queremos que los miembros de ese Club de París vayan a la cárcel.

Sam no le creyó.

– Aquí hay algo más y lo sabe.

Stephanie Nelle no respondió, lo cual no hizo sino confirmar sus temores. Pero lo entendía. No era preciso contarles más que lo necesario.

Sam contempló a la gente apelotonada bajo el frío avanzando debajo de las escaleras. Otros entraban y salían de los ascensores que trepaban por el armazón abierto hasta la segunda planta. Una bulliciosa muchedumbre entró en el cercano restaurante. Una brisa gélida penetraba en el metal gris amarronado que tejía una tela de araña a su alrededor.

– Si quiere estar al tanto de la reunión que se celebrará mañana -dijo Meagan-, dudo que pueda instalar dispositivos de escucha. Mi fuente me ha dicho que el club revisa las salas antes, durante y después de las reuniones.

– No los necesitaremos -aclaró Stephanie.

Sam la miró y Stephanie le correspondió con una sonrisa que no le gustó.

– ¿Alguna vez han trabajado de camareros?

XL

Eliza estaba disfrutando de su conversación con Henrik Thorvaldsen mientras comían. Era un hombre inteligente e ingenioso que no malgastaba el tiempo parloteando. Parecía un oyente entusiasta que absorbía datos, los catalogaba en el orden adecuado y después extraía conclusiones con presteza. Igual que ella.

– Napoleón se dio cuenta -dijo Larocque- de que la guerra era buena para la sociedad. Incitaba como ninguna otra cosa a los mejores pensadores a reflexionar mejor. Descubrió que los científicos eran más creativos cuando existía una amenaza real. La fabricación se volvía más innovadora y productiva y la gente más obediente. Vio que la ciudadanía, en caso de sentirse amenazada, permitiría cualquier ultraje por parte del gobierno con tal de sentirse protegida. Pero demasiada guerra es destructiva. La gente solo la tolera hasta cierto punto, y los enemigos de Napoleón se aseguraron de que se libraran más guerras de las que él pretendía. Al final, perdió cualquier posibilidad de gobernar.

– No entiendo por qué puede considerarse que la guerra es algo positivo -observó Thorvaldsen-. Acarrea muchas consecuencias negativas.

– Hay muerte, destrucción, devastación y pérdidas, pero la guerra siempre ha existido. ¿Cómo puede prosperar algo tan nefasto? La respuesta es simple: la guerra funciona. Los mayores logros tecnológicos del hombre siempre han sido fruto de la guerra. Vea si no el último conflicto mundial. Aprendimos a dividir el átomo y a volar por el espacio, por no hablar de los incontables avances en la electrónica, la ciencia, la medicina y la ingeniería. Entretanto, nos masacramos unos a otros a una escala sin precedentes.

1 ... 48 49 50 51 52 53 54 55 56 ... 100
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)