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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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– ¡Pam! -exclamó Yardley, apartándose de la cama-. Estás desequilibrada. ¿Qué has hecho?

– ¿Qué? -replicó ella-. No irás a fingir ahora que no estabas metido en esto desde el principio, ¿verdad?

– Juro que no tengo ni idea de qué está hablando -dijo Yardley-. Pam ¿has violado la ley?

– No te hagas el inocente, viejo carnero -le espetó Pam-. Estás metido en esto hasta el cuello, pero finge si quieres. Yo te he arruinado prosiguió, volviéndose a mirar a Gracie-. Ahora ya no tienes nada. Me alegro de haberlo hecho. ¿Sabes por qué? Porque cuando Riley me dejó, me dijo que tú tenías razón. Jamás te he perdonado por eso.

– ¿De verdad dijiste eso? -le preguntó Gracie a Riley.

– Era cierto.

– Vaya…

– No conseguí ni un centavo de ese divorcio -aulló Pam-, y ahora quiero mi dinero. ¿Me oyes?

– Pam -dijo el alcalde-. Calla. Evidentemente, no te encuentras bien. No tenía ni idea de que albergabas tanta ira.

– ¿Ira? -repitió Pam, gritando, llorando y riendo a la vez-: Os odio a los dos. Maldita sea… Trabajé tanto…

– ¡Pam! -exclamó él alcalde-. Ya no te conozco…

– Jamás lo has hecho -repuso Pam con tono de desafío-. Sólo me he acostado contigo porqué te vas a quedar con la mayor parte del dinero cuando Riley fracase. Estaba pensando apropiarme de la mitad y huir cuando estuviéramos casados. Tiene libros de contabilidad ocultos en su despacho -explicó, mirando a Riley-. Tiene un cajón secreto en su escritorio. Lleva robando dinero desde hace años.

– ¡Pam, no! -protestó el alcalde.

– Casi lo había conseguido todo -dijo ella, mirando con desafío a Gracie-. Supongo que te encuentras bien.

– Claro, ¿Por qué…? ¿Qué me hiciste? -preguntó Gracie, recordando su repentina enfermedad.

– Te eché mayonesa en mal estado en tu estúpida ensalada de atún. Dios mío, ¿cómo te puedes comer eso? Huele a comida de gato. Lo había planeado todo… Hasta que tú lo estropeaste todo -añadió, dándole un golpe a Yardley-. Jamás te perdonaré.

– Creo que debemos marcharnos -le dijo Riley a Gracie,

Yardley miraba a Pam como si no la hubiera visto nunca.

– Pero yo te amaba…

– Sí, claro. Por eso te tirabas a todas tus ayudantes. Eres viejo y pésimo en la cama. Y tú también, Riley.

Con eso, Pam se metió en el cuarto de baño, cerró la puerta y echó el pestillo.

Riley sacó a Gracie del dormitorio. Ella no podía creer todo lo que había escuchado.

– Eran ellos -susurró-. El fotógrafo, las cajas de masa… Todo eso parece…Trató de envenenarme y funcionó. No me lo puedo creer.

– Estoy segura de que el sheriff querrá hablar con ella al respecto.

Gracie lo miró mientras salían de la casa.

– No eres malo en la cama.

– Gracias -dijo Riley con una sonrisa.

De vuelta en su casa, Riley preparó un poco de café y colocó las fotos en la encimera de la cocina. Había muchas pruebas… aunque desgraciadamente no las que él podía utilizar.

– Vas a llamar a Mac ¿verdad? -le preguntó Grade, tras dar un sorbo de café-. Puede arrestar a Yardley ahora mismo. Y a Pam, aunque ella me preocupa menos. No nos fijaremos en el escándalo sexual, porque acostarse con sus ayudantes no es ilegal, pero lleva años robando dinero. ¿No te parece genial?

– Bueno…

Riley se volvió a mirar por la ventana de la cortina. Aquella casa representaba todo lo que odiaba sobre su tío, pero, últimamente, había empezado a tomarle cariño. Igual que al banco. Lo echaría de menos…

– ¿Me está escuchando?

– No. -respondió él. Se volvió para mirarla. Cabello rubio, ojos azules, hermosa sonrisa. No se le ocurría nada que no le gustara de Gracie. Era perfecta o, al menos, perfecta para él.

– Eso me había parecido. Te estaba diciendo que, en cuanto acusen al alcalde; tendrás que ir a la radio y hablar a la ciudad para asegurarles a todos que serás un buen alcalde.

– No servirá.

– ¿Cómo dices?

– Yardley me acusó de algunas cosas. Ahora, yo voy a acusarle de cosas peores. ¿A quien van a creer las votantes? ¿A alguien a quien conocen desde hace seis años o a mí?

– Pero los cargos…

– E1 fiscal tardará un par de días en poder acusarlo formalmente. Estamos a domingo. No va a ocurrir nada hasta bien entrada la próxima semana y las elecciones son el martes. Yardley le puede contar a todo el mundo lo del testamento de mi tío. Cuando se sepa por qué me presento, ¿crees que les importará lo que Yardley ha estado haciendo? Es cierto, Gracie. Sólo la hacía por el dinero.

– Pero… Tenemos que encontrar una manera. Has trabajado tanto. No permitiré que te ocurra esto. ¿No puedes querer quedarte y ser alcalde? Podrías decir que has cambiado de opinión.

– Así es pero, ¿quién va a creerme?

– Yo te creeré. Yo… Cásate conmigo; Riley. Eso es la que desea esta ciudad -dijo Gracie, ruborizándose-. Haremos que Jill prepare los papeles ahora mismo. No quiero tu dinero y lo pondré por escrito. Nos casaremos hoy mismo. Podemos irnos a Las Vegas y regresar esta noche. Mañana podríamos dar la noticia. Así ganarás con toda seguridad. Más tarde, podemos separarnos. Creo que podría funcionar. Estamos hablando de noventa y siete millones de dólares…

– Conozco la cantidad.

– ¿Entonces?

Riley llevaba algún tiempo sintiendo algo. Un sentimiento que no fue capaz de identificar hasta aquel mismo instante. Le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y la besó.

– Te amó, Gracie Landon.

– ¿Cómo dices? -preguntó ella, mirándolo atentamente.

– Te amo. Eres la mujer más sorprendente que he conocido nunca. Te guías por el corazón y yo admiro eso. Quiero casarme contigo, tener hijos contigo y envejecer a tu lado. Sin embargo -dijo, colocándole un dedo en los labios cuando vio que ella tenía la intención de hablar-, no pienso acceder a nada hasta después de las elecciones.

– ¿Cómo? ¿Estás loco? ¿Por qué?

– Porque no quiero que te preguntes nunca si lo hice por el dinero.

– Esto no puede estar ocurriendo -susurró ella-, Riley escúchame. Podemos anunciar nuestro compromiso -añadió, agarrándolo por los hombros-. Yo también te amo. Llevo haciéndolo mucho tiempo. Tal vez catorce años, no lo sé. Te quiero tanto que no voy a permitir que arrojes esto a la basura. Se trata de noventa y siete millones de dólares. De la casa, del banco y sé también que has aprendido a sentir algo por la ciudad. Quieres quedarte aquí y sentar la cabeza. Podemos hacerlo.

– Tengo dinero.

– No se trata de dinero, sino de tus raíces.

– Tengo dinero del petróleo.

– Te repito que no se trata de dinero. Tengo un buen negocio, al menos lo tenía, Riley. Espero poder reconstruirlo. Haré que Pam redacte un escrito o algo así. Sé que puedo hacerlo. De todas maneras, no se trata de eso, sino de tener opciones. No te alejes de esto sin intentarlo.

– No se trata de intentar nada -dijo Riley-. Decía en serio lo que he dicho. Te amo y no quiero que tengas que cuestionártelo jamás.

Gracie no podía creerlo.

– Estamos hablando de noventa y siete millones de dólares. Nadie vale ese dinero.

– Tú si -afirmó él estrechándola entre sus brazos y besándola-. Vendré a buscarte el martes por la noche, después de que cierren los colegios electorales. Entonces, me pondré de rodillas y te pediré que te cases conmigo. Es mejor que estés preparada para decir que sí.

Gracie no recordaba haber conducido a casa. Por suerte, no había muchos otros coches en la carretera y llegó sana y salva. Se sentía completamente atónita.

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