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Enamorado de Gracie

Электронная книга - «Enamorado de Gracie». Краткое содержание книги:

A los catorce años, Gracie se había enamorado de chico mayor que ella, Riley. Tan grandes habían sido las locuras que había hecho para atraer su atención que ni siquiera después de tantos años la gente del pueblo de Los Lobos la dejaba olvidarse de su enamoramiento de adolescencia.
¿Y cómo podría olvidarlo si a cada momento se encontraba con Riley? El que en otro tiempo había sido el chico rebelde del pueblo había regresado buscando el respeto de los demás, pero las chispas que saltaban cada vez que se veían eran demasiado salvajes. Gracie había decidido guardar las distancias, pero cuando alguien se empeñó en arruinar la reputación de ambos, descubrieron que, a veces, el primer amor mejoraba con los años…
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Empezó a bajar las escaleras a toda velocidad. Demasiado tarde, se dio cuenta de que subía por las escaleras un hombre con una caja de vino. Sin que ninguno de los pudieran evitarlo, chocaron y se cayeron. Riley se agarró a la barandilla. El pastel salió volando poros aires. El otro hombre perdió el control de la caja de vino. Los dos cayeron por las escaleras al mismo tiempo, en un revuelo de brazos y piernas.

A pesar de que estaba completamente dolorido, Riley decidió que aquello no era bueno, una opinión que se confirmó cuando oyó que las sirenas de los coches de policía se iban acercando rápidamente.

Capítulo 20

A la mañana siguiente, Gracie se despertó con el sonido del teléfono móvil. Su primer pensamiento fue que había superado el virus. El segundo que Riley no la había llamado ni había ido a verla. ¿Sería él?

– ¿Sí?

– Gracie, soy mama. ¿Has visto el periódico? Se trata de Riley. Lo han arrestado.

– ¿Cómo dices?

Se levantó rápidamente de la cama y salió corriendo hacia la puerta principal. Después de abrirla de par en par, echó a correr al lugar donde le esperaba el periódico. Tras echar un rápido vistazo a la portada lanzó un grito de desesperación. Candidato a alcalde arrestado por estado de embriaguez y por conducta desordenada.

La foto mostraba a Riley cubierto de pastel y rodeado de botellas de vino rotas en el vestíbulo de la mansión de la Sociedad Histórica.

– Voy a vomitar -susurró, mientras regresaba al interior de la casa y cerraba la puerta-. Todo esto es culpa mía.

– Estabas enferma. Alexis me lo dijo.

– Exactamente. Yo estaba enferma por lo que Riley me llevó el pastel. Sólo que Pam se le había adelantado con un pastel con muy mal sabor. Me estaba ayudando y todo salió mal.

– Entonces, supongo que tú vas a tener que arreglar la situación. ¿Te puedo ayudar?

– No lo sé, pero si se me ocurre algo, te llamaré -respondió Gracie, muy emocionada por el apoyo de su madre.

– Estaré esperando. Todas te apoyamos, Gracie. Quiero que lo sepas.

– Te lo agradezco mucho, mamá. Te llamaré.

Gracie colgó y marcó rápidamente el número de Riley. Él tardo varios segundos en contestar.

– ¿Te encuentras bien? -le preguntó muy nerviosa-. Acabo de ver el periódico. ¿Qué ocurrió?

– Acabo de llegar a casa y necesito darme una ducha. Vente y te lo contaré todo.

– ¿Te metieron en la cárcel? -quiso saber ella.

Estaba muy disgustada.

– Es una larga historia.

– Muy bien. Ve a darte tu ducha. Iré enseguida.

– Te dejaré abierta la puerta principal.

Gracie se vistió en un tiempo récord y se marchó rápidamente a la casa de Riley. Se sentía algo débil, pero un buen desayuno la ayudaría a entonarse. Tras aparcar el coche, entró en la casa y subió.

Encontró a Riley en su dormitorio. Acababa de salir de la ducha y se estaba poniendo los vaqueros. Gracie rápidamente se acercó a él y lo abrazó.

– Todo esto es culpa mía. Lo siento mucho.

– No es culpa tuya, sino de Pam No te culpes -susurró él.

Le enmarcó el rostro entre las manos y la besó. A pesar de las sensaciones que estaba experimentando; Gracie se dijo que no era el momento de distraerse. Había muchas otras cosas de las que preocuparse.

– ¿Qué ocurrió? -le preguntó.

Riley la soltó y tomó una camisa que tenía sobre la cama. Después de ponérsela, comenzó a abrocharse los botones.

– Uno de los guardias creyó que yo estaba robando el pastel. Alguien había llamado para advertir que yo iba a intentar dar el cambiazo.

– ¿Tú? ¡Qué tontería!

– Vi a Pam alejándose en su coche, lo que significa que ella debió de verme. Supongo que ella realizó la llamada que me metió en el lío. La jugada le salió a la perfección. Yo traté de escaparme, pero me choqué con un tipo que subía por la escalera con una caja de vino.

– ¿Te cortaste con el cristal?

– Nada grave. Entonces llegó la policía y, como había sangre, tuvimos que pasar primero por el hospital.

– ¿Sangre dices? ¿Dónde?

Riley se levantó la camisa y se dio la vuelta para que ella pudiera verle las vendas de la espalda. Tenía cinco, pero ninguna era demasiado grande.

– Tengo algunos puntos

– Lo siento.

Riley se volvió a colocar la camisa y, entonces, colocó las manos sobre los hombros de Gracie.

– No es culpa tuya. Recuérdalo. La responsable es Pam y va a pagar por ello.

– ¿Porqué no te soltó Mac inmediatamente?

– No estaba de guardia y no quisieron llamarlo. Tampoco me dejaron llamar a nadie. Cuando por fin me lo permitieron, me puse en contacto con Zeke. Él se encargó de ir a por Mac. Cuando él llegó me soltaron.

– Y yo dormida toda la noche…

– Estabas enferma. Alexis se marchó cuando te quedaste dormida. No te preocupes. Ahora estoy bien.

– ¿Cómo vamos a vengarnos de Pam?

– Es una pena que sea una mujer. Si fuera un hombre, le daría una buena paliza.

– Podríamos enfrentarnos a ella y amenazarla. Eso serviría.

– Me parece un buen plan. ¿Tienes tu cámara en el coche por si encontramos algo interesante?

– Por supuesto -respondió ella can una sonrisa.

Se dirigieron a casa de Pam y aparcaron justo enfrente.

– No me importa que todo el mundo sepa que estamos aquí -dijo Riley.

Gracie asintió y lo siguió hasta la puerta principal, que estaba entreabierta.

– ¿Crees que será una trampa? -preguntó Gracie-. ¿Nos van a arrestar ahora por allanamiento de morada?

– Demuestra que no era así -le dijo Riley, señalándole la cámara.

– Genial.

Gracie tomó una foto de la puerta. Cuando la instantánea salió, la sacó y se la entregó a Riley. A continuación, los dos entraron en la casa.

De repente, oyeron un débil sonido. Entonces, se escuchó un rítmico sonido que resultaba muy familiar. E íntimo.

– ¡Está con un hombre! -susurró-. ¡Tenemos que ver quién es! ¡Sea quien sea, es quien está ayudándola!

Riley se llevó un dedo a la boca y empezó a andar. Los ruidos fueron haciéndose más fuertes. Respiración agitada. Gritos. Gemidos.

– Prepárate -musitó Riley, señalándole la cámara.

Se detuvieron delante de la puerta medio cerrada del dormitorio durante un segundo. Entonces, Riley la empujó y entró.

Ocurrieron varias cosas a la vez, La pareja se dio cuenta de la intrusión cuando entró Gracie. Pam lanzó un grito. Gracie levantó la cámara y miró a través del objetivo. Vio los senos de Pam y la espalda de un hombre. Cuando él se volvió, Gracie se encontró mirando directamente el miembro aún erecto de Franklin Yardley.

– ¡Qué asco! -gritó, aunque sin dejar de tomar fotografías.

– ¡Fuera!-gritó el alcalde.

Se cubrió con una manta, pero no antes de que Gracie tomara varias fotografías de Pam y de él en lo que podría describirse como “circunstancias comprometedoras”. Aquellas fotografías no le iban a gustar a la encantadora señora Yardley.

– Interesate -decía Riley, a medida que iba revelando las fotos-. Ya iba siendo hora de que otra persona fuera la estrella del periódico local. Estoy cansado de tanta notoriedad.

– Pagarás por esto -le amenazó Yardley, mientras trataba de quitarle las fotos sin éxito.

– ¿Cómo? preguntó Riley-. Una imagen vale más que mil palabras. Por cierto Pam, ¿desde cuándo tienes tan mal gusto?

– No me hables de mal gusto canalla -replicó ella, cubriéndose con la sábana-. Tú eres el que se está acostando con Gracie. ¿Cómo puede gustarte esa zorra?

– Yo no soy ninguna zorra -repuso Gracie.

– Eres asquerosa y horrible -gritó Pam-: Te odio. Odio todo sobre ti. Me gustaría que estuvieras muerta. Me arruinaste la vida. Todos esos artículos cuando estábamos en el instituto… Todo el mundo pensaba que tú eras tan mona y que yo sólo quería casarme con Riley por el dinero. Me estropeaste la boda. Se suponía que tenía que ser mi día, y la protagonista fuiste tú. De lo único de lo que hablaba la gente era de Gracie Landon. Como no pude castigarte entonces, esperé. Ahora lo he conseguido.

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