Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Фэнтези » La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)
La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3) - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)

Электронная книга - «La Piedra de las Lágrimas (A Espada da Verdade #3)». Краткое содержание книги:

Tras derrotar a Rahl el Oscuro, Richard se dispone a disfrutar de la máxima recompensa a la que podría aspirar, el amor de Calan. Pero, inadvertidamente, el joven rasgó el velo que separa el mundo de los vivos del de los muertos y ahora debe enfrentarse al mal supremo, al temible Custodio del inframundo, que intenta escapar.

Para vencerlo, Richard debe aprender a dominar sus incipientes talentos arcanos, pues de otro modo morirá. A no ser que Richard aprenda a controlar sus poderes, nadie, ni siquiera su amada Calan, la poderosa pero benevolente Madre Confesora, podrá salvar al mundo. El único modo de lograrlo es ponerse en manos de las misteriosas Hermanas de la Verdad, que afirman ser su única esperanza.
1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 293
Перейти на страницу:

— No lo sé —repuso Kahlan, mirándolo con fijeza—. No se me había ocurrido, pero supongo que es como dices. Tal vez Zedd nos lo pueda explicar cuando lleguemos a Aydindril.

Richard frunció el entrecejo y arrancó otra flecha del blanco de hierba.

— Es posible —dijo—. Pero, ¿por qué tendrían Magia de Resta las Confesoras? —El ceño se hizo más profundo—. Me pregunto si eso fue lo que hiciste con el rayo.

Richard con el don y ella con Magia de Resta; dos ideas aterradoras. Kahlan se estremeció, pero no de frío.

Siguieron disparando el resto de la tarde hasta que la luz del día empezó a menguar. A Kahlan le dolían los hombros y los brazos de tanto estirar la cuerda del arco, por lo que se declaró incapaz de disparar ni una sola flecha más aunque en ello le fuera la vida. No obstante, lo animó a que él disparara unas cuantas más antes de emprender el regreso, para que se librara del dolor de cabeza un rato. Mientras lo miraba disparar recordó que no había probado de distraerlo mientras tiraba, y que Richard había prometido que la dejaría intentarlo.

— Es hora de comprobar si eres tan bueno como te crees —dijo la mujer, colocándose detrás de él, a muy poca distancia.

Cuando estiró la cuerda del arco, Kahlan le hizo cosquillas en las costillas. El joven ni se inmutó, sino que disparó como las veces anteriores. No obstante, una vez que la flecha salió volando, sí que rió y se retorció. Kahlan siguió intentándolo, pero fue incapaz de distraerlo. Eso la acabó de decidir; si las cosquillas no funcionaban, tendría que probar con otra cosa.

La mujer se le apretó contra la espalda, mientras Richard se concentraba en apuntar, y con suavidad le fue desabrochando los tres primeros botones de la camisa. Entonces introdujo una mano dentro y le acarició el pecho. Richard tenía un pecho musculoso, cálido, fuerte, duro y muy agradable al tacto.

Desabrochó más botones para ampliar el área de exploración. Con una mano, le palpó el estómago, mientras que con la otra le acariciaba el pelo de la nuca. Richard continuó disparando.

Mientras le besaba la nuca, Kahlan empezó a olvidar que se trataba de distraerlo. Él se rió e inclinó los hombros sólo después de disparar la flecha. Inmediatamente colocó otra flecha en el arco. Kahlan ya le había desabrochado todos los botones y le palpaba todo el torso, hasta la cintura. Entonces le sacó de los pantalones los faldones de la camisa y le acarició el cuerpo con ambas manos, con una la parte superior y con la otra la inferior. Pero eso no impidió que Richard hiciera diana. Kahlan era incapaz de romper su concentración. Su respiración se hizo entrecortada.

Estaba decidida a ganar ese juego. Con una sonrisa, se apretó más contra él y bajó más las manos.

— ¡Kahlan! —dijo Richard, jadeando—. ¡Kahlan… esto no es justo! —Aún tenía la cuerda del arco tensa, pero ya no lo sostenía con la misma firmeza. El joven hizo un esfuerzo por concentrarse.

Kahlan le cogió con suavidad el lóbulo de la oreja entre sus dientes y lo besó.

— Dijiste que tenías que ser capaz de disparar en cualquier circunstancia —susurró, mientras deslizaba una mano más abajo de la cintura.

— Kahlan… —Ahora la voz de Richard sonaba aguda y forzada—. No es justo. Estás haciendo trampa.

— En cualquier circunstancia; éstas fueron tus palabras exactas. Tienes que ser capaz de disparar bajo presión. —Kahlan le pasó la lengua por la oreja—. ¿Te parece presión suficiente, amor mío? ¿Puedes disparar ahora?

— Kahlan… —jadeó Richard—. Estás haciendo trampa…

La mujer se rió con risa gutural y apretó. Richard ahogó una exclamación y soltó la cuerda. Por el modo de salir disparada, Kahlan supo que nunca la encontrarían.

— Creo que has fallado —le susurró al oído.

Richard se dio media vuelta sin desasirse de su abrazo y dejó caer el arco. Cuando la abrazó aún tenía la cara colorada.

— No es justo —le susurró al oído, lanzándole su cálido aliento y besándole el lóbulo—. Has hecho trampa.

Kahlan respiraba con dificultad. El joven le apartó el pelo y le rozó el cuello con los labios de un modo que la hizo estremecerse. Encorvó un hombro contra su cara y gimió y rió a la vez mientras el mundo se inclinaba; de pronto se encontró en el suelo, debajo de él. Antes de que los labios de Richard cubrieran los suyos y ella le echara los brazos al cuello, apenas pudo decir un «te quiero». Apenas podía respirar, y tampoco quería.

Justo cuando empezaba a preguntarse cuándo las manos de Richard iban a desquitarse por lo que le había hecho ella, el joven se puso de pie de un salto y desenvainó la espada.

En sus ojos, la pasión había sido reemplazada por la ira. Su expresión reflejaba la cólera de la Espada de la Verdad. El viento se llevó el sonido metálico del acero. Richard tenía la camisa abierta, dejando a la vista el pecho, y jadeaba con furia. Kahlan se incorporó sobre sus codos.

— Richard, ¿qué ocurre?

— Algo se acerca. Ponte detrás de mí. ¡Vamos!

Kahlan se levantó de un salto, agarró rápidamente el arco y lo flechó.

— ¿Algo?

A una cierta distancia percibió cómo la hierba se movía, y no era a causa del viento.

12

Una cabeza gris con manchas se movía de un lado a otro hacia ellos a través de la alta hierba. Fuese lo que fuese, no era muy alto. Kahlan pensó que podría tratarse de otro aullador, lo que le hizo tensar la cuerda del arco hasta que la punta de la flecha le rozó una mano y la cuerda hizo lo propio con una mejilla. Presa de una frenética inquietud, se preguntaba si sería capaz de acertarle. Aunque, por su experiencia con el anterior aullador, sabía que una flecha de nada serviría. Tal vez podría conjurar de nuevo el rayo.

— Espera —le ordenó Richard, alzando un brazo delante de ella.

Ante ellos, surgida de la hierba, apareció una figura achaparrada y sin pelo, con largos brazos y enormes pies. Únicamente llevaba unos pantalones que se sujetaba con tirantes. Sus ojos amarillos parpadearon posados en la flecha con la que Kahlan lo apuntaba.

Al ver a la mujer, en el rostro de la criatura apareció una sonrisa que dejó al descubierto sus puntiagudos dientes y dijo:

— Hermosa señora.

Era el compañero de Shota, la bruja.

— ¡Samuel! —gruñó Richard—. ¿Qué estás haciendo aquí?

El horrible ser sólo siseó e hizo ademán de coger la espada.

— ¡Mía! ¡Dame!

Richard blandió amenazadoramente el arma, por lo que Samuel hizo un mohín y retiró el brazo con rapidez. El Buscador lo amenazó posando la punta del acero sobre los grises pliegues de piel del cuello de Samuel.

— Te he preguntado qué haces aquí.

— Ama quiere verte —replicó Samuel, mirándolo con ojos preñados de odio.

— Ya estás regresando tú solo a casa. No pensamos ir a las Fuentes del Agaden.

— Ama no está en las Fuentes —dijo la miserable criatura, clavando en Richard uno de sus ojos amarillos. Entonces se volvió, se puso de puntillas para otear por encima de la alta hierba y señaló con un largo y grueso dedo hacia la aldea de la gente barro—. Ama te espera allí. Donde vive gente. Dice que si no vas, los matará y Samuel podrá hacerse un guiso con ellos. —Al pensarlo, sonrió de oreja a oreja.

Richard hizo rechinar los dientes.

— Si ha hecho daño a alguien…

— Dice que no les hará nada… si vas.

— ¿Qué quiere?

— A ti.

— ¿Qué quiere de mí?

— Ama no dice a Samuel. Sólo me dice que vaya a buscarte.

Kahlan relajó un tanto la tensión de la cuerda.

— Richard, Shota juró que te mataría si volvía a verte.

— No —la contradijo Richard, sin apartar la mirada de Samuel—. Dijo que me mataría si volvía a verme en las Fuentes del Agaden. Pero ahora está aquí.

1 ... 44 45 46 47 48 49 50 51 52 ... 293
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)