Donde Termina El Arco Iris
- Автор: Ahern Cecelia
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Donde Termina El Arco Iris». Краткое содержание книги:
Con los mejores deseos,
Bethany (y Alex, Theo y Josh)
Tiene un mensaje instantáneo de: ROSIE
Rosie: Tienes razón, Ruby, nada indica que vayan a pasarme grandes cosas durante los dos próximos años de mi vida. ¿Por qué no estudiar un poco?
Capítulo 41
Hola, mamá:
Invierno otra vez. Da miedo que los meses pasen tan deprisa. Se convierten en años sin que ni siquiera me dé cuenta. Katie es como mi calendario: la veo crecer y cambiar. Se está haciendo mayor tan deprisa, aprendiendo a tener opiniones propias, aprendiendo que no tengo respuesta para todo. Y en cuanto tus hijos comienzan a entender eso, sabes que tienes un problema.
Sigo en mi viaje, mamá, sigo atrapada en ese estadio intermedio de la vida en el que acabo de llegar de alguna parte que he dejado bien atrás y me abro camino hacia algo nuevo. Supongo que lo que intento decir es que aún no tengo las ideas en orden. Todavía. Quiero decir que tú y papá no habéis hecho más que viajar durante el año pasado, no habéis estado en un mismo país más de unas semanas, pero aun así ambos sabéis mejor que yo dónde estáis, y eso que yo no me he movido en todo el año. Los dos sabéis dónde queréis estar. Me figuro que es porque os tenéis el uno al otro y allí donde esté papá tú te sientes en casa.
He aprendido que el hogar no es un sitio, es un sentimiento. Puedo hacer que el piso se vea tan lindo como pueda, embellecer los alféizares de las ventanas con tantas jardineras como quiera, colocar un felpudo de bienvenida delante de la puerta, colgar un cartel de «Hogar, dulce hogar» encima de la chimenea e incluso ponerme el delantal y hornear galletas, pero lo cierto es que no quiero quedarme aquí para siempre.
Es como si estuviera esperando en la estación del tren tocando un instrumento para ganar unas perras, justo lo suficiente para tomar el próximo tren que salga de aquí. Y, por supuesto, para mí lo más importante es Katie. Cualquier lugar en el que esté con ella debería darme calor de hogar, pero no es así, porque me toca a mí hacer que ella se sienta en casa. Sé que Katie se marchará dentro de unos años y no me necesitará como ahora.
Tengo que organizarme la vida para cuando Katie se vaya. Necesito hacerlo porque no creo que ningún Príncipe Azul venga a rescatarme. Los cuentos de hadas son historietas maléficas para los niños pequeños. Cada vez que estoy hecha un lío espero que un hombre de pelo largo y finos modales llegue trotando a mi vida (a caballo, por supuesto, no trotando él literalmente). Luego me doy cuenta de que no quiero que un hombre llegue trotando a mi vida porque, para empezar, los hombres son quienes me han metido en este puñetero lío.
Ahora soy como el entrenador de Katie y debo prepararla para el gran combate que es la vida adulta. Ella casi nunca piensa en su vida sin mí. Por descontado, sigue soñando con viajar por el mundo haciendo de DJ para ganarse la vida sin mí, pero aún no ha captado el significado de ese «sin mí». Y así debe ser, sólo tiene catorce años. Sea como fuere, todavía no tiene edad de tomar según qué decisiones y yo me he opuesto en redondo a la idea de que abandone sus estudios.
Aunque últimamente gracias a John, su flamante novio, no he tenido que obligarla a levantarse de la cama por la mañana. Se han vuelto inseparables. Todos los viernes van a las fiestas que monta el club de la GAA [7] que hay cerca de su casa. John es un verdadero entusiasta de la GAA y juega a hurling en el equipo junior del Dublín. De hecho, este domingo vamos a ir todos juntos a Croke Park a ver al Dublín contra el Tipperary, ¡qué emoción! Total, que para mí resulta un poco peliagudo porque como no conduzco, a veces recurro a Ruby para que haga de chofer. Ella lo llama Driving Ms. Lazy [8]. La madre de John es una señora muy agradable y algunas semanas tiene la amabilidad de recoger a Katie y acompañarla a casa.
Apenas he tenido noticias de Toby últimamente, pero vi a su madre en la escuela cuando acompañaba a su hijo pequeño y me dijo que se comportaba más o menos como Katie con su nueva novia, Monica.
Yo nunca tuve una cita a los catorce años. La juventud actual está creciendo muy aprisa… (¡Qué vieja me siento diciendo esto!) Vale, vale, mamá, te oigo bufar desde aquí. Es verdad que me quedé embarazada a los dieciocho sin tener trabajo, formación, ni hombre, y por poco te provoco una crisis nerviosa, pero en algunos países del mundo a esa edad se es mayor, así que deberías dar gracias a tu buena estrella de que no empezara incluso antes.
Kevin estuvo por aquí el fin de semana. Vino con su novia. Me pareció encantadora, pero no entiendo qué ha visto en él. ¿Sabías que ya llevan un año saliendo? Francamente, ese hermano mío es tan reservado… ¡Prácticamente hay que sacarle la información a golpes! Quién sabe, ¡igual suenan más campanas de boda para la familia Dunne! Dile a papá que baje su viejo esmoquin del desván y que le quite las telarañas y las bolas de naftalina para irse preparando. Le alegrará saber que esta vez no tendrá que desfilar por el pasillo. (La verdad, ¡qué nerviosa me puso en mi boda!)
En cuanto a mi palacio en el North Strand, ya puestos podríamos prescindir de los cristales de las ventanas con el viento que dejan pasar. Esta noche hace mucho frío y viento, y la lluvia acribilla las ventanas. La farola de enfrente da de lleno en el piso. Si pudiéramos correrla un poquito a la derecha molestaría a Rupert y no a nosotras. Aunque así ahorro dinero en electricidad. Estoy por asomarme a ver si Gene Kelly está bailando con el paraguas. ¿Por qué será que las películas hacen que todo, hasta la lluvia, parezca divertido?
Cada mañana me levanto cuando aún es noche cerrada (y, ¿sabes?, no me parece normal estar levantada a una hora en que ni el sol se ha tomado la molestia de salir), el piso está helado, voy corriendo de la ducha a mi cuarto, temblando como una posesa, salgo a la calle y camino diez minutos hasta la parada del autobús, invariablemente bajo la lluvia y el viento. Las orejas me duelen y suelo acabar con el pelo mojado, así que podría ahorrarme lavarlo y secarlo con el secador. El rímel se me corre por la cara, el viento le da la vuelta al paraguas y parezco una Mary Poppins desmelenada. Entonces el autobús llega tarde. O tan lleno que no se para. Y acabo por llegar tarde al trabajo y con pinta de rata ahogada, después de haber discutido al menos una vez con el conductor del autobús, mientras todos los demás llevan el maquillaje, la ropa y el pelo en perfecto estado porque se han levantado de la cama una hora más tarde que yo, han subido a sus coches para ir a trabajar y han llegado al colegio un cuarto de hora antes de que empiecen las clases, el tiempo necesario para tomarse un café y comenzar relajadamente la jornada.
¿Cantando bajo la lluvia? ¡Y un cuerno!
Te habrás fijado en que hoy te escribo una carta en vez de un e-mail. En parte se debe a que el tipo del ciber café que hay abajo me ha pillado demasiadas veces mirándole. Tiene una cara tan de rechupete que me vienen ganas de darle un mordisco. Me parece que le gusto, así que he decidido quedarme en casa esta noche. La otra razón por la que te escribo es que estoy fingiendo que estudio. A las dos se nos echan encima los exámenes de Navidad y le he dicho a Katie que debía tomárselos más en serio. Bueno, en esto me he metido yo sola. Así que aquí estamos las dos, sentadas a la mesa de la cocina con nuestros libros, carpetas, papeles y bolis, dándonos aires de intelectuales.
Tengo que estudiar tanto para ponerme al día que no he podido preparar la cena en toda la semana. De ahí que estos últimos días nos hayamos hartado de comida del indio de abajo. Por suerte Sanjay nos hace un cuarenta por ciento de descuento en los platos para llevar e incluso ha creado una nueva especialidad que llama Rosie Chicken Curry. Anoche nos la envió gratis con nuestro pedido. Lo probamos y se lo devolvimos. Es broma. Básicamente es pollo al curry. Lo único que ha hecho ha sido añadirle el Rosie. Eso no quita que me halague ver mi nombre en una carta hindú, y resulta curioso oír cómo por la noche lo gritan los borrachos con voz ronca. Me hace pensar que mi Romeo está en la acera, debajo de mi ventana, llamándome y lanzando piedrecitas para despertarme de mi sueño. Entonces recuerdo que es sábado por la noche, la una de la madrugada, que el pub acaba de cerrar, que los borrachos piden comida a gritos en la barra de Sanjay y que las piedras contra mi ventana son gotas de lluvia. Pero una chica siempre puede soñar.
Cada vez que me cruzo con la mujer de Sanjay, pone los ojos en blanco y chasquea la lengua. Él sigue invitándome a salir, me lo pide incluso estando ella presente. Así que yo le digo en voz bien alta y clara que lo que me pide está mal habida cuenta de su condición de casado, que debería ser más respetuoso con su mujer y que aunque no estuviera casado le diría que no. Lo digo bien alto para que ella lo oiga, pero ella sigue chasqueando la lengua y Sanjay me sonríe y mete unas cuantas tortas indias gratis en mi bolsa. Ese hombre está loco.
Rupert (mi otro vecino) me preguntó si quería ir con él al National Concert Hall el próximo fin de semana. Al parecer la Orquesta Sinfónica Nacional toca el Concierto para piano número 2, opus 83, de Brahms, que es su favorito. No se trata de una cita ni nada por el estilo. Me parece que Rupert es completamente asexual y que sólo quiere un poco de compañía. Por mí no hay problema. Además, el tatuaje «Amo a mi madre» que lleva en el brazo me quitaría las ganas. La cita de James Joyce que lleva en el pecho también me fastidia bastante porque Rupert es tan alto que cuando miro al frente me veo obligada a leer constantemente: «Los errores son los portales del descubrimiento». Es como un signo o algo así, como si Rupert hubiese sido puesto en el apartamento de al lado para hacerme comprender mis errores. Sólo que ojalá el mensaje tuviera más sentido. Los errores son más bien como los baches del descubrimiento. Es una puñetera carretera llena de baches, obstáculos y peligros la que conduce al descubrimiento. Ojalá dijera «el chocolate es bueno» en vez de eso.
[7] GAA, siglas de la Gaelic Athletíc Association, organización deportiva dedicada a conservar y difundir los deportes tradicionales irlandeses como el fútbol gaélico y el hurling, juego tradicional irlandés similar al hockey. (N. del T.)
[8] Lazy significa «perezosa»; juego de palabras con el título de la película Driving Ms. Daisy. (N. del T.)