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Электронная книга - «Un Milagro En Equilibrio». Краткое содержание книги:

Eva Agulló se ha hecho famosa con un libro sobre adicciones. En una carta-diario escrita a su hija recién nacida, intenta explicar de qué familia viene para poder imaginal hacia qué familia se dirige. La historia nunca contada de la familia Agulló Benayas muestra que la vida es, en sí misma, un milagro en equilibrio.
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Al principio nosotras nos reíamos de los sueños de Mirta, que era capaz de no dejarle coger el coche a Nenuca y obligarla a ir una semana en metro si soñaba con un accidente (¡A Nenuca!, ¡a la pija más pija de Madrid, que antes del encontronazo con Mirta, no había usado un transporte público en su vida!), pero con el tiempo aprendimos a fiarnos de sus visiones después de que predijera acertadamente que el gordo de la lotería acabaría en 103 y de que anunciara la muerte de su tía Kerly en La Habana, que ella había soñado con dos días de antelación. A Mirta le sorprendía que nos asombráramos tanto de la precisión de sus sueños proféticos, puesto que al fin y al cabo en su familia, de larga tradición santera, estaban más que acostumbrados a lo paranormal y lo tenían integrado en el día a día, moviéndose entre lo visible y lo invisible con la facilidad con la que una rana salta de la tierra al agua. Y por lo visto Mirta había soñado conmigo, y se había levantado excitadísima, insistiendo una y otra vez en que Nenuca tenía que llamarme y contármelo. Deduje que no me llamaba Mirta misma porque, merced a su intuición privilegiada o paranormal, o simplemente gracias a su sentido común y viendo las malas caras que yo le ponía siempre, había adivinado lo mal que me caía.

El sueño era el siguiente: Mirta y yo caminábamos cogidas de la mano por un campo de amapolas. A nuestro alrededor zumbaban millones de abejas recogiendo polen entre las flores, pero a nosotras no nos asustaban pues sabíamos que nunca nos picarían. Por todas partes, el paisaje circundante ofrecía a la vista hermosos árboles frutales cargados con sus apetitosos manjares: melocotones, mangos, papayas, peras… Todos maduros y jugosos. En un momento dado, yo me detenía a comer un albaricoque y el jugo me caía por la boca. Cuando lo acabé enterré el hueso en la tierra y en ese momento empezó a caer un aguacero de verano, una lluvia fina que más que mojar refrescaba. Entonces Mirta me cedió el abrigo que llevaba puesto, que era azul, yo me lo puse y le dije algo así como «Muchas gracias, Mirta, necesitaba un abrigo para mi viaje». Y allí nos separábamos, bajo el árbol, y yo seguía camino hacia la línea del horizonte.

Mirta había insistido a Nenuca en que me hiciera notar que la letra «A» se repetía constantemente a lo largo del sueño: amapolas, abejas, árboles, albaricoque, aguacero, abrigo azul…

– ¿Este sueño tiene algún sentido para ti? -me preguntó Nenuca.

– Mucho. Díselo a Mirta. Y dile también que le agradezco mucho que te haya insistido para que me lo cuentes.

¿«A»? Avión, América y Anton.

Así que le escribí un mail al rumano y le dije que aceptaba la oferta, que me presentaría en su piso el 2 de julio y que ya le podía ir diciendo a su novia que yo era lesbiana o algo así.

4 de noviembre.

Pesas 5 kg, 750 g. O sea, casi seis kilos. Imposible siquiera plantearse lo de escribir contigo en brazos. Así que te aguantas. Y deja de llorar.

5 de noviembre.

Gracias sean dadas desde estas páginas a Sonia, «Suicide Sonia», Sonia la guionista (no confundir con las otras Sonias),

que me regaló la hamaca para bebés en la que estás durmiendo ahora. Así puedo balancearte con el pie mientras escribo. Entre eso y las sonatas de Bach, pareces bastante calmadita.

Ayer alquilé el vídeo de Thelma 8c Louise y tuve ocasión de comprobar, una vez más, cómo la ficción no es más que un espejo en el que nos vemos reflejados nosotros mismos, y así nuestra opinión sobre una obra dice en realidad más sobre nosotros que sobre quien la creó. Por ejemplo, la primera vez que vi la película (en el Alphaville, última fila, tenía yo veinticuatro años) me pareció que Louise era una estúpida por rechazar al buenorro de Michael Madsen en esta escena:

Louise y Jimmy, su novio, en una habitación de motel. Ella le ha llamado diciéndole que necesita dinero y pidiéndole un favor: que saque dinero de su cuenta (de ella) y le envíe un giro. En lugar de enviarlo, Jimmy se ha presentado en persona.

Jimmy: Vale, vale, dime cuál es el problema.

Louise se queda mirándole un momento.

Louise: Jimmy, ahora no puedo decírtelo. Algún día lo entenderás, pero ahora no puedo decírtelo, así que mejor no preguntes.

Jimmy alucina al ver lo seria que se ha puesto Louise.

Jimmy: (casi sin palabras) De acuerdo, de acuerdo, pero dime, ¿puedo preguntarte una cosa?

Louise: Quizá.

Jimmy: ¿Tiene que ver con otro? ¿Estás enamorada de otro?

Louise: No, no es nada de eso.

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