Bajo el brillo de la luna
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Bajo el brillo de la luna». Краткое содержание книги:
UN AMOR A PRIMERA VISTA…
Victoria ha tenido que acostumbrarse a vivir sin Robert, a olvidar su olor, la música de su voz, los profundos ojos que la acariciaban con simplemente mirarla. Su existencia ahora se limita a cuidar de un mocoso malcriado y a sufrir el desprecio y los ataques de aquellos que se creen por encima de una solitaria doncella de provincias. Nunca había imaginado volverlo a ver, y de pronto, el futuro conde de Macclesfield ha regresado a su vida como un torbellino. Pero esta vez, Victoria ha aprendido la lección. Robert ya le rompió el corazón en el pasado, y ella no permitirá que lo haga de nuevo.
… CONVERTIDO EN AMARGA TRAICIÓN
Robert Kemble, conde de Macclesfield, únicamente necesitó posar los ojos en la graciosa muchacha que saltaba las rocas del arroyo para enamorarse perdidamente, y una simple noche para convertirse en el hombre más infeliz de la Tierra. Victoria Lyndon, la hija del vicario y la damisela más dulce y cautivadora del condado, le partió el alma en dos cuando le dejó plantado mientras esperaba con entusiasmo juvenil la huída que les permitiría iniciar una vida juntos. Y ahora, casi una década después, vuelve a encontrarla, justo delante de sus ojos, su furia latente, su belleza irresistible… ¿Cómo olvidar a quien le robó el corazón por primera vez?
– Sí-dijo ella-, probablemente tengas razón.
Estaba tan triste que Robert no tuvo el corazón para continuar. Plantó una brillante sonrisa en su rostro y dijo: -Ostras, tengo entendido que tienen ciertas propiedades afrodisíacas.
– Estoy segura de que te gustaría creer eso.- Victoria parecía visiblemente aliviada de haber cambiado de tema, a pesar de que el nuevo tema fuera escandaloso.
– No, no, es de dominio público.
– Gran parte de lo que se considera de dominio público no tiene base en hechos,- respondió ella.
– Buen punto. Teniendo en cuenta mi propia inclinación científica, no me gusta aceptar nada como verdadero a menos que haya sido sometido a una experimentación rigurosa.
Victoria se rió entre dientes.
– De hecho-, dijo Robert, aproyando el tenedor en el mantel, -Creo que un experimento puede ser justo lo que necesitamos.
Ella lo miró con recelo. -¿Qué estás proponiendo?
– Simplemente que comas algunas ostras esta noche. Entonces te monitorearé bien de cerca-movió sus cejas en una forma cómica-para ver si me quieres un poco más.
Victoria se rió, no pudo evitarlo. -Robert-, dijo, consciente de que estaba empezando a divertirse a pesar de su mejores intenciones de seguir siendo una cascarrabias -, es el proyecto más descabellado que he oído.
– Quizás, pero incluso si no funciona, sin duda gozaré del monitoreo…
Ella se volvió a reír. -Siempre y cuando no pruebes de las ostras tú mismo. Si tú me quisieras un poco más seguramente terminaría acarreada hasta Francia.
– He ahí un pensamiento interesante.- Pretendía dar a la cuestión una seria consideración. -Ramsgate es un puerto continental, después de todo. Me pregunto si uno puede casarse más rápido en Francia.
– Ni siquiera pienses en ello-, le advirtió.
– Mi padre tendría probablemente un ataque de apoplejía si yo fuera a casarse en una ceremonia católica-, reflexionó. -Nosotros los Kembles siempre hemos sido militantes protestantes.
– ¡Ay, Dios-, dijo Victoria, riéndose hasta las lágrimas. -¿Puedes imaginar lo que mi padre haría? ¡El bien vicario de Bellfield! Él fallecería en el acto. Estoy segura de ello.
– O insistiría en casarnos él mismo-, dijo Robert. -Y probablemente Eleanor cobraría derecho de admisión para entrar a la capilla.
La cara de Victoria se suavizó. -Oh, Ellie. La echo de menos.
– ¿No has tenido la oportunidad de visitarla?- Robert se echó hacia atrás para permitir que el posadero, colocara un plato de ostras en la mesa.
Victoria negó con la cabeza. -Desde que, bueno, ya sabes. Pero nos escribimos con regularidad. Ella es la misma de siempre. Ella me contó que había hablado contigo.
– Sí, fue una conversación bastante seria, pero pude ver que ella seguía siendo totalmente irreprimible.
– Oh, por cierto. ¿Sabes lo que hizo con el dinero que te había esquilmado a ti cuando estábamos de novios?
– No, ¿qué?
– Primero lo invirtió en una cuenta para que genere intereses. Luego, cuando ella decidió que debería conseguir una mejor tasa de rendimiento, estudió la parte financiera en el Times y empezó a invertir en acciones.
Robert se echó a reír en voz alta mientras se ponía unas ostras en un plato para la Victoria. -Tu hermana nunca deja de sorprenderme. Yo pensaba que a las mujeres no se les permitía, por lo general, intervenir en el comercio de cambio.
Victoria se encogió de hombros. -Le dijo a su hombre de negocios que actuaba en nombre de mi padre. Creo que dijo que papá era algo de un recluso y no salía de casa.
Robert se reía tanto que tuvo que dejar la ostra que estaba a punto de comer. -Tu padre pediría su cabeza si se enterara las cosas que dice de él.
– Nadie es capaz de guardar un secreto mejor que Ellie.
Una sonrisa nostálgica cruzó el rostro de Robert. -Lo sé. Quizás debería consultarla sobre algunos asuntos financieros.
Victoria levantó bruscamente. -¿Lo harías?
– ¿Hacer qué?
– Pedir su consejo.
– ¿Por qué no? Nunca he conocido a nadie con la habilidad para manejar mejor el dinero que tu hermana. Si se tratara de un hombre probablemente estaría al frente del Banco de Inglaterra. -Robert se sirvió otra ostra. -Después de que nos casemos… No, no,
no, ni siquiera te molestes en recordarme que aún no has aceptado mi proposición, porque soy muy consciente de ello. Yo sólo quería enfatizar que puedes decirle que se quede con nosotros.
– ¿Tú me dejarías hacer eso?
– No soy un ogro, Victoria. Yo no sé que te llevó a pensar que voy gobernar con mano de hierro una vez que estemos casados. Créame, estoy más que feliz de compartir contigo algunas de las responsabilidades del condado. Puede ser una tarea titánica.
Victoria lo miró pensativa. Nunca se había dado cuenta de que el privilegio de Robert también podría ser una carga. A pesar de su título, que sería sólo honorario hasta que su padre falleciera, él todavía tenía muchas responsabilidades con su tierra y sus inquilinos.
Robert hizo un gesto señalando su plato. -¿No disfrutar las ostras?-Sonrió con malicia. -¿O tal vez tienes miedo de que mi experimento científico pueda resultar satisfactorio?
Victoria parpadeó hasta salir de su ensueño. -Nunca comí ostras antes. No tengo la menor idea de cómo se come.
– No tenía idea que había una brecha en tu educación culinaria. Aquí, permítanme preparar una para ti. -Robert tomó una ostra de la bandeja central, añadió un chorrito de jugo de limón y un toque de rábano picante, y se la entregó a ella.
Victoria miró el molusco con aire dubitativo. -¿Y ahora qué hago?
– Lo llevas a tu boca y lo bebes.
– ¿Beber esto? ¿Sin masticar?
Él sonrió. -No, lo masticas un poco, también. Pero primero tenemos que hacer un brindis de ostras.
Victoria miró a su alrededor. -No creo que nos trajeron ningún brindis.
– No, no, una especie de brindis. Para la felicidad. Ese tipo de brindis.
– ¿Con una ostra?- Ella entrecerró los ojos con recelo. -Estoy segura de que esto no puede ser una costumbre.
– Entonces lo haremos nuestra costumbre.- Robert levantó la ostra en el aire. -Tú también.
Victoria levantó su ostra. -Me siento muy tonta.
– No te preocupes. Todos nos merecemos un poco de diversión de vez en cuando.
Ella sonrió con ironía. Diversión. Era, ciertamente, un concepto nuevo. -Muy bien. ¿Por qué vamos a brindar?
– Por nosotros, por supuesto.
– Robert…
– Eres una aguafiestas. Muy bien, ¡por la felicidad!
Victoria chocó su concha contra la suya. -Por la felicidad.- Ella vio que Robert se comía su ostra, y luego, después de murmurar -Sólo se vive una vez, creo,- ella hizo lo mismo y la chupó.
Robert la miraba con una expresión divertida. -¿Cómo te ha gustado?
Victoria se acercó farfullando. -Dios mío, creo que fue la experiencia culinaria más extraña que he tenido.
– Estoy teniendo dificultades para discernir si es una declaración positiva o negativa-, dijo Robert.
– Estoy teniendo dificultades para discernirlo yo misma -, respondió ella, viéndose un poco sobresaltada. -No puedo decidir si esa fue la mejor comida que he probado o la peor.
Él se rió en voz alta. -Tal vez deberías probar con otra.
– ¿No creo que sirvan estofado de ternera aquí, si?
Robert negó con la cabeza.
– Bueno, entonces, supongo que necesitaré otra ostra si no quiero morir de hambre durante el día.
Le preparó otra para ella. -Tus deseos son mis órdenes.
Ella le lanzó una mirada incrédula. -Yo voy a pagar esa pequeña bondad y no hacer una réplica adecuada a ese comentario.