Bajo el brillo de la luna
- Автор: Куинн Джулия
- Язык: испанский
- Жанр: Современные любовные романы
Электронная книга - «Bajo el brillo de la luna». Краткое содержание книги:
UN AMOR A PRIMERA VISTA…
Victoria ha tenido que acostumbrarse a vivir sin Robert, a olvidar su olor, la música de su voz, los profundos ojos que la acariciaban con simplemente mirarla. Su existencia ahora se limita a cuidar de un mocoso malcriado y a sufrir el desprecio y los ataques de aquellos que se creen por encima de una solitaria doncella de provincias. Nunca había imaginado volverlo a ver, y de pronto, el futuro conde de Macclesfield ha regresado a su vida como un torbellino. Pero esta vez, Victoria ha aprendido la lección. Robert ya le rompió el corazón en el pasado, y ella no permitirá que lo haga de nuevo.
… CONVERTIDO EN AMARGA TRAICIÓN
Robert Kemble, conde de Macclesfield, únicamente necesitó posar los ojos en la graciosa muchacha que saltaba las rocas del arroyo para enamorarse perdidamente, y una simple noche para convertirse en el hombre más infeliz de la Tierra. Victoria Lyndon, la hija del vicario y la damisela más dulce y cautivadora del condado, le partió el alma en dos cuando le dejó plantado mientras esperaba con entusiasmo juvenil la huída que les permitiría iniciar una vida juntos. Y ahora, casi una década después, vuelve a encontrarla, justo delante de sus ojos, su furia latente, su belleza irresistible… ¿Cómo olvidar a quien le robó el corazón por primera vez?
– Lo envié de vuelta a Londres.
Ella se relajó visiblemente. -Oh. Bien. No quisiera que nadie me viera en este estado.
– Mmm, sí, por supuesto. Pero si estuviera aquí MacDougal podría enviarlo a buscar comida.
El estómago de Victoria gruñó en voz alta en respuesta.
Robert le lanzó una mirada de soslayo. -¿Tienes hambre?
– Oh, sólo un poco-dijo, evidentemente mintiendo.
– ¿Todavía sigues enojada conmigo?
– Oh, sólo un poco-, dijo en el mismo tono.
Él se echó a reír. -Yo nunca tuve la intención de matarte de hambre, ya sabes.
– No, estoy segura que la seducción estaba al comienzo de tu lista de prioridades.
– El matrimonio era mi objetivo principal, como tu bien sabes.
– Hmmph.
– ¿Qué se supone que significa eso? Sin duda, no dudas de mis intenciones.
Ella suspiró. -No, no dudo de ti. Has sido más que entusiasta.
Hubo un largo silencio. Robert la miraba mientras dejó la taza sobre la mesa de noche y se frotó las manos. -Todavía hace frío, ¿no?-, Preguntó.
Ella asintió, arropando sus piernas debajo de su cuerpo para conservar su calor.
– Métete en la cama-, él dijo.
La cabeza de ella giró lentamente en su dirección. -Seguramente bromeas.
– Vamos a estar más caliente, si reunimos el calor de nuestros cuerpos.
Para su sorpresa, ella se echó a reír. -No tenía idea que te habías vuelto tan creativo.
– Yo no estoy inventando esto. Tú sabes que he estudiado ampliamente las ciencias en la universidad. La dinámica de calor fue uno de mis temas favoritos.
– Robert, me niego a comprometer mi…
– Oh, vamos, Torie, no podrías estar más comprometida.- Se dio cuenta de lo incorrecto de sus palabras al ver la expresión del rostro de ella. -Lo que quise decir-, continuó, -es que si alguien se enterara de que has pasado la noche aquí conmigo, van a suponer lo peor. No importa si nos comportamos con propiedad. A nadie le importará.
– A mi me importará…
– Victoria, no te voy a seducir. No podría aunque lo quisiera. Mi cuerpo está tan condenadamente frío que puedes confiar en mí, no estoy exactamente en mi mejor estado.
– ¿Todavía Tienes frío?-Preguntó ella.
Él se esforzó por no sonreír. Debía saberlo, ella no se acurrucaría en la cama con él por su propio beneficio, pero tenia un corazón suficientemente grande para sacrificarse por el bien de él. Así que, por prevención el aseguró – Congelado- y para asentar el efecto dejó que sus dientes castañetearan.
– ¿Y mi meterse en la cama te ayudará a entrar en calor?- Parecía dudosa.
Él asintió con la cabeza, capaz de mantener una sincera expresión de su rostro, porque no estaba técnicamente mintiendo. Estaría más caliente con el calor de otro cuerpo en la cama junto a él.
– ¿Y voy a estar más tibia, también?- Ella dejó escapar un escalofrío.
Los ojos de él se estrecharon. -Tu me has estado mintiendo, ¿no? Sigues estando congelada. Tu has estado corriendo por la casa, cuidando de mis necesidades sin pensar en tu propio bienestar. -Él se movió rápido extendiendo su mano por debajo de las frazadas, que se deslizaron un poco dejando al descubierto su pecho musculoso.
– ¡Robert!
La mano masculina se cerró alrededor del pie descalzo. -Dios mío-exclamó-.Estás más fría que yo.
– Es sólo mis pies. Las tablas del suelo…
– ¡Ahora!- Él rugió.
Victoria se escurrió debajo de las mantas. El brazo de Robert la envolvió y la acercó a su lado de la cama.
– Estoy segura que esto no es necesario-protestó Victoria.
– Oh, es necesario.
Victoria tragó saliva como él la atrajo hacia sí. La espalda de ella estaba pegada al torso masculino, y la única cosa entre su piel desnuda era una fina capa de seda. Ella no estaba del todo segura de cómo había acabado en esa posición. Robert la había manipulado de alguna manera sin que ella ni siquiera se diera cuenta. -Todavía tengo frío-, dijo malhumorada.
Cuando él habló, sus palabras se encendieron contra el oído de ella. -No te preocupes. Teneemos toda la noche.
Victoria le dio un duro codazo en las costillas.
– ¡Ay!- Se tambaleó hacia atrás y él se frotó la sección media. -¿Qué fue eso?
– ‘Todos hemos noche’- ella lo imitó. -Realmente, Robert, no puedes ser más insultante. Te estoy haciendo un favor…
– Lo sé.
– … estando aquí a tu lado, y…- Ella levantó la vista. -¿Qué has dicho?
– Dije: 'Lo sé. Tú me estás haciendo un favor maravilloso. Ya me siento más caliente.
Eso la desinflo un poco, y todo lo que ocurrió decir fue: -Grmmph. -No es que estuviera en su momento más ingenioso.
– Tus pies, sin embargo, siguen estando congelados.
Victoria hizo una mueca. -Ellos parecen irradiar frío, ¿no?
– No se puede irradiar frío-, dijo él en un tono por demás académico. -Los objetos absorben calor del aire circundante, lo que hace sentir como si se irradia el frío, pero en realidad uno sólo puede irradiar calor.
– Oh-, dijo Victoria, más que nada para que él pensara que lo estaba escuchando.
– Es un error común.
Ese parecía ser el final de la conversación, que dejó a Victoria, justo donde había empezado, acostada en la cama junto a un hombre que no llevaba ninguna ropa. Y ella con un escandalosamente escotado camisón, era demasiado para cualquiera. Victoria trató de alejarse unos cuantos centímetros de él, pero el brazo, aunque frío, parecía admirablemente fuerte. Robert no tenía ninguna intención de dejarla deslizarse hacia el otro lado de la cama.
Victoria apretó los dientes con tanta fuerza que pensó que su mandíbula podría quebrarse.-Voy a dormir-, declaró con firmeza y a continuación cerró los ojos.
– ¿En serio?- Robert arrastró las palabras, era evidente por el tono de su voz que él no creía que ella fuera capaz de hacerlo.
– En serio-dijo, los ojos todavía cerrados. Dudaba que pudiera dormirse pronto, pero ella siempre había sido buena en fingir.
– Buenas noches.
Veinte minutos más tarde Robert la miró sorprendido. Sus pestañas se apoyaban ligeramente en sus mejillas, y su pecho subía y bajaba en un suave y rítmico movimiento-No puedo creer que ella se durmiera-, murmuró. No quería renunciar a su abrazo, pero su brazo se estaba quedando dormido, por lo que se dio vuelta con un suspiro y cerró los ojos.
A pocos centímetros de distancia, Victoria al fin abrió los ojos y dejó escapar una pequeña sonrisa.
Capítulo 18
Cuando Victoria se despertó a la mañana siguiente, había un brazo desnudo tirado sobre su hombro y una pierna igualmente desnuda sobre su cadera. El hecho de que ambas partes pertenecieran a un hombre igualmente desnudo produjo que su corazón se acelerase.
Cuidadosamente se desenredó, y salió de la cama llevándose una manta para cubrir la parte de la piel que el camisón azul dejaba al descubierto.
Ella acababa de llegar a la puerta cuando oyó que Robert se movía. Tomó el picaporte con la esperanza de poder salirse antes que él abriera los ojos, pero ni siquiera llegó a torcer la mano cuando escuchó un atontado -Buenos días- a sus espaldas.
No había más remedio que darse la vuelta. -Buenos días, Robert.
– Espero que hayas dormido bien.
– Como un bebé-, mintió. -Si me disculpas, voy a cambiarme la ropa.
Él bostezó, se desperezó y dijo: -Me imagino que tu vestido se arruinó ayer.
Ella tragó saliva, habiéndose olvidado de su arruinada y única prenda. El viento, la lluvia, piedras y agua salada la había arruinado completamente. Aun así, era sin duda más adecuado y respetable que lo que llevaba puesto ahora, y ella se lo dijo.