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Электронная книга - «Al Amparo De La Noche». Краткое содержание книги:

El comienzo de una tragedia… Cate Nightingale vive con sus gemelos de 4 años en el pueblo de Trail Stop. A pesar de que ha enviudado siendo muy joven, saca adelante a sus niños gracias a su trabajo en un hostal en el que recibe pocos visitantes. La ayuda de Calvin Harris, muy hábil para la carpintería o la fontanería, es fundamental para que su negocio subsista. Pero Cate ni siquiera se imagina qué tan importante será este hombre en su vida, hasta que la desaparición de uno de sus huéspedes desencadena la tragedia. Y cuando Calvin la rescata de una situación muy peligrosa, Cate comienza a mirar con otros ojos a este ex marine que sólo desea entrar en su corazón
…Los llevará a una arriesgada aventura. Calvin Harris es un hombre solitario que realiza tareas de mantenimiento en el hostal de Cate Nightingale. Secretamente enamorado de la protagonista, la ayuda en todo lo que puede para que ella y sus hijos puedan vivir sin apuros económicos. Sin embargo, el destino lo obligará a demostrar su callada valentía para salvar a sus vecinos de un horrible fin. Escapa con Cate bajo el amparo de la noche, para obtener la ayuda que necesitan y así deshacerse de los invasores. Y quizá a través de esta verdadera odisea para contactar con el pueblo más cercano, la mujer a la que ama descubra el verdadero héroe que hay en él.
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Neenah pasó por delante de él y, en la oscuridad, Creed reconoció el color blanco de las bragas, cosa que solucionaba la duda de si llevaba ropa interior o no. Antes de darse cuenta, Creed la estaba siguiendo, como atraído por un imán. Cualquier hombre con sangre en las venas seguiría el culo de una mujer que le pasara por delante y enseguida notó cómo se excitaba y tuvo que contenerse. Lo primero era ponerla a salvo, ya daría rienda suelta a la pasión después.

En la cocina, Neenah se sentó en el suelo y se puso los calcetines, luego los vaqueros y los zapatos. Llevaba una camisa clara, pero eso ya no tenía arreglo porque no pensaba volver a enviarla a la habitación a cambiarse; además, llevaría el abrigo.

– ¿Linterna? -le preguntó, por si se la había olvidado.

– En el bolsillo del abrigo -la cogió y se la dio.

Creed contuvo un suspiro cuando su enorme mano se cerró sobre el pequeño tubo; era del tamaño de un bolígrafo. Por supuesto, no podría utilizarla hasta que estuvieran a salvo, pero las linternas de ese tamaño se utilizaban básicamente para realizar alguna pequeña tarea justo delante del halo de luz, no para abrirse camino por el pueblo a oscuras. Sin embargo, era mejor que no tener nada.

– Muy bien, salgamos por atrás y alejémonos de aquí.

La radio de Teague crujió y se oyó una voz.

– Halcón, aquí Búho. Halcón, aquí Búho.

«Búho» era Blake, que estaba en la primera posición de disparo. Teague se alejó de Goss y de Toxtel manteniéndose siempre a cubierto. La gente del pueblo tenía rifles, y no lo había olvidado. Tenía el volumen de la radio al mínimo porque, por la noche, cualquier ruido se magnificaba; no quería señalar su posición y favorecer que alguien disparara en su dirección. Con una enorme roca entre la comunidad y él, apretó el botón «Hablar» para responder:

– Aquí Halcón. Adelante.

– Halcón, ¿sabes el tipo que le has dicho a Billy que siguiera? Le he estado vigilando, por si necesitabas saber dónde estaba. Entró en ese edificio de dos pisos, el tercero por la derecha…

Teague recordó el plano que había hecho del pueblo y se dijo que era el colmado. La tienda cerraba a las cinco, ¿a qué había ido Creed allí? Aunque no es que le importara, sólo era curiosidad.

– Sí, ¿y qué?

– Se ha quedado allí unos minutos; luego salió y fue a pie hasta la primera casa a la derecha. No ha salido, al menos no antes de que empezara el baile. Desde entonces, he estado ocupado, pero he intentado vigilarlo y no he visto ningún movimiento. He disparado varias veces contra la casa, así que igual le he dado.

– Igual. Gracias por la información. Sigue disparando contra las casas y contra cualquier cosa que se mueva -volvió a colgarse la radio del cinturón y regresó a su posición cerca de Goss. Se tendió en el suelo para poder estabilizar mejor el arma y apuntó hacia la primera casa de la derecha.

Con cuidado, desplazó el visor infrarrojo de derecha a izquierda, buscando la silueta que desprendiera calor. La casa desprendía calor, y eso dificultaba un poco la tarea de localizar el calor humano; lo dificultaba, pero no lo impedía. Puede que Blake creyera haber alcanzado a Creed, pero Teague no era tan optimista. Seguro que Creed estaba en el suelo incluso antes de que empezaran a disparar y seguro que, inmediatamente, buscó algún lugar para cubrirse.

Habría otra personas en la casa, o quizá más. Teague no tenía ni idea de quién vivía allí, ni le interesaba. Lo importante era que Creed estudiaría la situación y se escondería en un lugar más seguro. No saldría por la puerta principal, lo que significaba que iría por detrás.

A Teague se le aceleró el pulso ante la idea de poder atrapar Creed como a un ciervo. Creed podía haberse camuflado y huido pero no había pasado tanto tiempo, quizá diez minutos y, conociendo a Creed, seguro que primero se había dedicado a organizar a las personas que había dentro de la casa. Se mordió el labio, tomó una decisión y llamó por radio a sus compañeros:

– Aquí Halcón. Voy a desplazarme a la derecha para tener una mejor visión de la parte posterior de la primera casa -tenía que mantenerlos informados de sus movimientos para que ninguno de ellos se confundiera y le volara la cabeza de forma accidental.

Le repitió la misma información a Goss, que asintió de forma breve y seca antes de concentrarse otra vez en su posición. Teague estaba impresionado por Goss, y no porque hubiera hecho nada espectacular, sino porque parecía captar al momento el por qué de todo lo que Teague hacía.

Sólo pudo avanzar unos setenta metros a la derecha porque, a partir de allí, la montaña descendía de forma brusca hasta el río. Este lado de la carretera consistía en una serie de peligrosas rocas colgadas de una pendiente; si ponía un pie en el sitio equivocado, se arriesgaba a torcerse un tobillo, como mínimo, o incluso a romperse algún hueso. El musgo hacía que las rocas fueran resbaladizas y ralentizaba la marcha y, encima, Teague tenía que cargar con el rifle y cuidar el enorme visor que llevaba acoplado al arma. No podía utilizar una linterna, porque delataría su posición, así que avanzaba realmente despacio. Cada minuto que pasaba era un minuto más de tiempo que Creed tenía para escapar, pero Teague no podía hacer nada para ir más deprisa. Joder, si Blake le hubiera dicho dónde estaba Creed antes de volar el puente…

Al menos, llevaba el rifle encima del hombro para comprobar el ángulo y podía ver la parte trasera de la casa; bueno, como mínimo parte de la casa. El ángulo no era el mejor, pero no podía seguir avanzando. Se colocó detrás de una roca y apoyó en ella el rifle para estabilizarlo, luego apuntó hacia la casa y esperó.

Desde allí nadie había disparado. Seguro que Creed ya había localizado de dónde provenían los tiros de modo que, si quería controlar la situación, lo mejor sería hacerlo desde la parte trasera de la casa. Tenía que sopesar la posibilidad de que tuvieran rifles con visión nocturna, pero no esperaba infrarrojos porque eran muy caros y no demasiado cómodos. Seguro que se movería con mucha cautela hasta la parte posterior de la casa…

Vio una enorme señal de calor en la casa que se movía muy deprisa, luego se escondió detrás de algo y desapareció. Maldiciendo en voz baja, Teague la siguió con el visor e intentó volver a localizarla, pero le había pillado desprevenido y, si disparaba ahora, delataría su nueva posición y pondría a Creed sobre aviso. Tendría que esperar a la próxima oportunidad.

Jesús, aquella señal era muy rara, como una araña enorme. Inquieto, el cerebro de Teague tardó varios segundo a interpretar la señal que le habían enviado los ojos: dos personas, moviéndose prácticamente de forma idéntica, con la más grande detrás y la más pequeña delante. Cuatro piernas, cuatro brazos, doble calor corporaclass="underline" dos personas.

Ahora podría haber utilizado un visor de visión nocturna en lugar del infrarrojo para así poder saber exactamente detrás de qué se habían escondido. Quizá de un coche; tener uno allí aparcado, cerca de la puerta, tenía sentido. Del bulto negro que veía no salía ninguna señal de calor de modo que, si era un coche, llevaba allí el tiempo suficiente para que el motor se enfriara y no desprendiera calor. Lastima, un coche era un buen escudo, lo suficientemente bueno como para impedir que las balas llegaran al otro lado.

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