Los hombres lloran solos
- Автор: Gironella Jose Maria
- Язык: испанский
- Жанр: Современная русская и зарубежная проза
Электронная книга - «Los hombres lloran solos». Краткое содержание книги:
Hoy lanza al público su cuarto volumen, continuación de los tomos precedentes, decidido a convertir dicha trilogía en unos Episodios Nacionales a los que añadirá un quinto y un sexto volumen -cuyos borradores aguardan ya en su mesa de trabajo-, y que cronológicamente abarcarán hasta la muerte del general Franco, es decir, hasta noviembre de 1975. La razón de la tardanza en pergeñar el cuarto tomo se debe a dos circunstancias: al deseo de poderlo escribir sin el temor a la censura y a su pasión por los viajes, que se convirtieron en manantial de inspiración para escribir obras tan singulares como El escándalo de Tierra Santa, El escándalo del Islam, En Asia se muere bajo las estrellas, etc.
Con esta novela, Los hombres lloran solos, José María Gironella retorna a la entrañable aventura de la familia Alvear en la Gerona de la posguerra, a las peripecias de los exiliados y del maquis, sin olvidar el cruento desarrollo de la segunda guerra mundial. Los hombres lloran solos marcará sin duda un hito en la historia de la novela española contemporánea.»
En este momento el embajador de los Estados Unidos en España, mister Hayes, pidió una entrevista con el Caudillo para entregarle un mensaje personal. Franco se encerró en su capilla, donde pasó casi toda la noche. A las nueve de la mañana, Franco recibió de mister Hayes una carta de Eisenhower, en la que éste, después de encabezar con un "Querido general Franco", le daba plena seguridad de que el movimiento o desembarco no iba dirigido en forma alguna ni contra el gobierno o pueblo español ni contra Marruecos u otros territorios españoles, ya fueran metropolitanos o de ultramar. "Creo también que el gobierno español y su pueblo desean conservar la neutralidad y permanecer al margen de la guerra. España no tiene nada que temer de los aliados".
El general Franco temía una reacción alemana en los Pirineos y no andaba descaminado. El 11 de noviembre el ejército alemán ocupó en doce horas la hasta entonces "zona libre" de Francia controlada por Pétain desde Vichy, mientras por primera vez, ante el estupor del camarada Montaraz y Mateo, un editorial del periódico de Falange, Arriba, admitía la posibilidad de una victoria aliada.
Por si fuera poco, el gobierno español colaboró con los aliados en el rescate de aviadores y, sobre todo, en el tránsito de voluntarios franceses hacia el norte de África. El embajador, mister Hayes, declaró que España les había devuelto por lo menos mil aviadores americanos derribados en Francia o en el mar, así como también unos doce mil franceses.
Entretanto, la flota francesa de Tolón se suicidó, antes de que los alemanes alcanzaran a ocupar la capital. La orden fue dada desde el acorazado Strasbourg. Dos acorazados, ocho cruceros, veintinueve destructores, doce submarinos, en total más de cien barcos de un tonelaje global de doscientas treinta mil toneladas. Era la flota más poderosa que había poseído Francia desde Luis XIV. La orden la dio el almirante conde de Laborde y constituía la prueba fehaciente de que aún los medios franceses más hostiles a Inglaterra no eran cómplices de Alemania.
El general Sánchez Bravo encendió su pipa. Él, un simple militar español destinado en una minúscula ciudad en el mapa ibérico, había previsto lo que no previo Hitler, cuando al tomar París, desarticuladas las fuerzas enemigas, no tomó toda Francia, no se quedó con la flota y no ocupó el Marruecos francés. No supo qué opinar. Llamó a su hijo, el capitán:
– Qué opinas de todo esto? Franco no hubiera cometido este pecado de imprevisión.
El capitán Sánchez Bravo le dio su versión.
– Lamento hablarle así, padre, pero nunca he creído que Hitler fuera un genio militar. Estoy seguro de que si les hubiese hecho caso a sus generales no se hubiera embarcado en la campaña de Rusia, que significaba la apertura de dos frentes. Y por supuesto, hubiera ocupado toda Francia, la flota y el Marruecos francés.
Por si fuera poco, las noticias que llegaban de Stalingrado no eran tampoco excesivamente optimistas. La resistencia rusa era feroz. Hitler quería, además, ocupar el Caucase con sus recursos petrolíferos, sin los cuales su situación se convertiría en precaria. Pero las distancias eran tan enormes que necesitaría el triple de fuerzas de las que disponía y el triple de material. El Volga fascinaba a Hitler, pese a que el invierno había llegado otra vez, como el año anterior. Los generales que no obedecían sus órdenes eran destituidos en el acto. ' La Pasionaria' y Cosme Vila, desde Ufa, continuaban dando partes de guerra y su voz era cada vez más fuerte. "Aquí, Radio Moscú…" Moscú parecía a salvo, por lo menos de momento. Y también Leningrado. Por cierto, que en el hospital de Riga había ingresado el camarada Salazar, herido en una mano, y María Victoria, ex novia de José Luis Martínez de Soria, le atendía con el mismo cariño con que Solita había atendido a Mateo y a Núñez Maza.
A caballo de estos hechos, de los que la población española se enteraba sólo a medias, don Anselmo Ichaso, desde Pamplona, telefoneó a la Voz de Alerta y a Carlota para darles un notición: don Juan de Borbón había hecho en el Journal de Généve unas declaraciones en las que decía literalmente: "No soy el jefe de ninguna conspiración. Soy el depositario de un tesoro político secular: la Monarquía española".
' La Voz de Alerta' hubiera querido colar esa noticia en Amanecer, pero Mateo le hizo saber que en adelante se anduviera con más tiento si no quería ver tambalear su vara de alcalde.
Llegó, como en ocasiones precedentes, la quincena del amor. La Torre de Babel y Paz se casaron. Ninguno de los dos quería hacerlo por la Iglesia, pero todo el mundo se lo aconsejó. De no hacerlo, podían luego encontrarse con mil inconvenientes y con la consabida maledicencia de un gran sector de la ciudad. Ello no convenía a la Agencia Gerunda, y tampoco a Paz. Ésta se negó a casarse de blanco. "Un traje chaqueta y voy que chuto". Cefe, el pintor, fue el encargado de llevar el ramo de flores a la novia. Se casaron en la iglesia del Mercadal y quien bendijo la unión fue mosén Alberto. A Manuel Alvear le dieron permiso en el seminario para asistir a la ceremonia y ejercer de monaguillo.
El templo casi se llenó. Desde la familia Alvear al completo, Eloy incluido, hasta Padrosa, los hermanos Costa y los componentes de la Gerona Jazz. Recibieron muchos regalos, que adornarían el piso de la plaza del Ayuntamiento que la Torre de Babel había alquilado y en el que varios albañiles y pintores estuvieron trabajando durante un mes. Matías y Carmen Elgazu obsequiaron a Paz con toda la batería de cocina e Ignacio, por su parte, le regaló un jarrón oriental, por consejo de Esther. Era curioso ver a Paz encandilarse con los regalos. Apenas si quedaba en ella nada de aquella muchacha agresiva, agria, que se paseaba por Burgos vendiendo tabaco a los militares.
No estaba enamorada de la Torre de Babel. Ni siquiera le quería. Sentía un cierto aprecio por el ex empleado del Banco Arús y también un cierto agradecimiento "por su tenacidad". Pero Paz, desde que Manuel ingresó en el seminario, se sentía sola en casa y no veía claro su porvenir, puesto que Pachín le había dado calabazas. Todo el mundo le aconsejó: "cásate", empezando por su tío Matías. La última vez que Paz fue a verle en Telégrafos, Matías fue explícito. " La Torre de Babel es un excelente muchacho. No lo desprecies. Te repugna estar a su lado?". "Repugnarme, no". "Pues adelante. Es posible que un día llegues a quererle. Y luego, además, están los hijos que cabe esperar de vuestra juventud".
Paz hizo de tripas corazón. Cefe le dijo: "Si te casas, le pintaré gratis un desnudo a la Torre de Babel. Y por de pronto, os regalaré este cuadro de las casas colgando sobre el río Oñar, que cuando yo haya muerto valdrá una fortuna".
El acoso fue de tal calibre que Paz no supo qué objetar. Por otro lado, la Torre de Babel tenía más o menos sus mismas ideas -ex militante de la UGT-, aunque paliadas por el filón de oro que resultó ser la Agencia Gerunda. "Cuando se ha sufrido como tú -le decía él-, se tiene derecho a calefacción y cuarto de baño". Ella lo pensó y asintió con la cabeza. Ya verían las señoritingas de Gerona de lo que ella era capaz! Capaz de todo, menos de leer libros, como le aconsejaba Jaime, quien le regaló, completa, la Enciclopedia Salvat, que a ella la dejó indiferente, pero que encandiló a la Torre de Babel.
Mosén Alberto pronunció una homilía brevísima. Sólo una vez aludió a la Santa Madre Iglesia. Y sólo dos veces a Cristo. El resto consistió en un canto al amor conyugal y a la familia, "que era la célula de la sociedad". También les dijo que en épocas de prosperidad debían acordarse de los menesterosos. Mosén Alberto habló sin micrófono, lo que desconcertó a la vocalista Paz. Manuel ejerció sus funciones de monaguillo con tales respeto y unción que Carmen Elgazu se conmovió. Matías, en un momento dado, susurró a oídos de Carmen Elgazu: "Fíjate en el muchacho. Y en la seriedad de Paz. Y tú no querías que los trajera de Burgos! Apréndete la lección". Carmen Elgazu, escéptica, replicó: "Ya veremos en qué para todo esto".