La sombra de la sirena
- Автор: Лэкберг Камилла
- Серия: Patrik Hedstrom (es) #6
- Язык: испанский
- Жанр: Другие детективы
Электронная книга - «La sombra de la sirena». Краткое содержание книги:
– Hay que fastidiarse, lo pesado que estás con ese tema, oye -replicó Patrik enojado-. A ti me gustaría verte sacando adelante trabajo y niños pequeños a la vez. No tener nunca tiempo de nada, no poder dormir como es debido. -Patrik lamentó sus palabras en el mismo momento en que las soltó como un torrente. Sabía que el dolor más grande en la vida de Gösta era, precisamente, aquel hijo que había perdido poco después del parto-. Perdona, no ha sido muy acertado -dijo.
Gösta asintió.
– No pasa nada -asintió Gösta.
Guardaron silencio unos instantes, oyendo solo el ruido de los neumáticos al avanzar rozando la carretera nacional en dirección a Fjällbacka.
– Qué bien lo de Annika y la pequeña -dijo Gösta finalmente con expresión más relajada.
– Sí, pero una espera demasiado larga -contestó Patrik, aliviado de poder cambiar de tema.
– Ya, es increíble que tarde tanto. Yo no tenía ni idea. La niña está, ¿cuál es el problema? -Gösta sentía casi la misma frustración que Annika y Lennart.
– Burocracia -respondió Patrik-. Y, en cierto modo, hay que estar agradecido de que lo comprueben todo tan bien y no entreguen a los niños a cualquiera.
– Ya, claro, en eso tienes razón.
– Bueno, pues ya hemos llegado. -Patrik giró hasta aparcar delante de la casa de la familia Bengtsson. Un segundo después, se detuvo también el coche de policía con Paula al volante y, cuando apagaron el motor, lo único que se oía era el murmullo del bosque.
Kenneth Bengtsson abrió la puerta. Estaba pálido y parecía desconcertado.
– Patrik Hedström -se presentó estrechándole la mano-. ¿Dónde está? -Les indicó a los demás que aguardasen fuera. Si todos pisoteaban el lugar, podrían perjudicar la investigación técnica. Kenneth sujetó la puerta y señaló hacia dentro.
– Ahí. Yo… ¿puedo quedarme aquí?
Patrik advirtió su mirada ausente.
– Espera con mis colegas, entraré yo -dijo haciéndole a Gösta una señal para que se hiciera cargo del cónyuge de la víctima. El talento de Gösta como policía dejaba mucho que desear por lo demás, pero tenía buena mano con las personas y Patrik sabía que Kenneth estaría seguro con él. Además, pronto llegaría el personal forense. Los había llamado antes de salir de la comisaría, de modo que el furgón no podía tardar mucho.
Patrik entró despacio en el recibidor y se quitó los zapatos. Echó a andar en la dirección que le había señalado Kenneth, suponiendo que se había referido a la puerta que había al final del pasillo. Estaba cerrada y Patrik se detuvo con la mano en el aire. Podía haber huellas. Empujó el picaporte con el codo y abrió la puerta cargando sobre ella el peso del cuerpo.
La halló tumbada en la cama con los ojos cerrados y las manos a los lados. Se diría que estaba durmiendo. Se acercó un par de pasos más para buscar algún tipo de lesión en el cadáver. No había ni sangre ni heridas. En cambio, sí se apreciaban claramente los estragos de la enfermedad. El esqueleto se perfilaba debajo de la piel tensa y seca y la cabeza parecía pelada debajo del pañuelo. Se le encogía el corazón ante la sola idea de lo que había tenido que sufrir, de lo que habría sufrido Kenneth al verse obligado a ver a su mujer en aquel estado. Pero no había nada que indicase que no hubiera fallecido mientras dormía. Retrocedió y salió despacio de la habitación.
Cuando volvió a salir al frío de la calle, vio a Gösta hablando con Kenneth, intentando tranquilizarlo mientras Paula y Martin ayudaban al conductor del furgón a aparcar marcha atrás ante la entrada.
– Acabo de verla -le dijo Patrik a Kenneth en voz baja y poniéndole la mano en el hombro-. Y no veo nada que indique que la hayan asesinado, como nos dijiste por teléfono. Por lo que tengo entendido, estaba muy enferma, ¿no?
Kenneth asintió en silencio.
– ¿Y no te parece más verosímil que, sencillamente, haya fallecido mientras dormía?
– No, la han asesinado. -Kenneth lo miró con vehemencia.
Patrik intercambió una mirada con Gösta. No era insólito que, bajo los efectos de la conmoción, algunas personas reaccionasen de forma atípica y dijeran cosas extrañas.
– ¿Por qué piensas eso? Ya te digo que acabo de verla y el cadáver no presenta lesiones, ni ninguna otra pista que indique algo… anormal.
– ¡Te digo que la han asesinado! -insistió Kenneth, y Patrik empezó a comprender que no podía hacer más por el momento. Le pediría al personal forense que le echase un vistazo al hombre.
– ¡Mira! -Kenneth sacó algo del bolsillo y se lo entregó a Patrik, que lo cogió sin pensar. Era una pequeña nota de color blanco, doblada por la mitad. Patrik lo miró inquisitivo y la desdobló. Con tinta negra y letra elegante, decía: «Conocer la verdad sobre ti la ha matado».
Patrik reconoció la letra enseguida.
– ¿Dónde la has encontrado?
– La tenía en la mano. Se la he quitado de la mano. -Kenneth no podía articular palabra.
– ¿Y no la habrá escrito ella misma? -Era una pregunta innecesaria, pero Patrik quiso hacerla y despejar cualquier duda. En realidad, ya sabía la respuesta. Era la misma letra. Y aquellas sencillas palabras transmitían la misma maldad que la carta que Erica le había cogido a Christian.
Tal y como esperaba, Kenneth meneó la cabeza.
– No -dijo sosteniendo algo que Patrik no le había visto en la mano hasta el momento-. Lo escribió la misma persona que ha enviado esto.
A través del plástico transparente se veían unos sobres blancos. La dirección estaba escrita con tinta negra y con letra elegante. La misma que la nota que él tenía en la mano.
– ¿Cuándo las recibiste? -preguntó sintiendo que se le salía el corazón.
– Precisamente íbamos a llevároslas ahora -respondió Kenneth en voz baja mientras le entregaba la bolsa a Patrik.
– ¿Ibais? -preguntó Patrik examinando atentamente los sobres. Cuatro cartas.
– Sí. Erik y yo. Él también las ha recibido.
– ¿Te refieres a Erik Lind? ¿Él también ha recibido cartas como estas? -repitió Patrik para asegurarse de que había oído bien.
Kenneth asintió.
– Pero ¿por qué no habéis acudido antes a la Policía? -Patrik trataba de que no se le notase la frustración en la voz. El hombre que tenía delante acababa de perder a su mujer y no era momento de andarse con reproches.
– Yo… nosotros… Es que hasta hoy no hemos sabido que los dos las habíamos recibido. Y de lo de Christian nos enteramos el fin de semana, cuando salió en los periódicos. No puedo responder por Erik, pero por lo que a mí respecta, no quería preocupar a… -Se le hizo un nudo en la garganta.
Patrik volvió a mirar los sobres de la bolsa.
– Hay tres con destinatario y matasellos, mientras que la otra solo lleva tu nombre. ¿Cómo te llegó?
– Alguien entró aquí ayer noche y la dejó en la mesa de la cocina. -Vaciló un instante y Patrik guardó silencio, tenía la sensación de que había más-. Al lado de la carta, había un cuchillo. Y ese es un mensaje que solo puede interpretarse de un modo. -Y en ese punto, Kenneth rompió a llorar, pero continuó-: Yo creí que iban a por mí. ¿Por qué Lisbet? ¿Por qué matar a Lisbet? -Se secó una lágrima con el reverso de la mano, claramente turbado por estar llorando delante de Patrik y el resto.
– Bueno, en realidad no sabemos si de verdad la mataron -dijo Patrik con serenidad-. Pero es obvio que aquí ha estado alguien. ¿Tienes idea de quién puede ser? ¿Quién habría enviado unas cartas como estas? -Patrik no apartaba la vista de Kenneth, por si le notaba en la cara la menor alteración pero, a su juicio, Kenneth fue sincero al responder:
– He pensado mucho en ello desde que empecé a recibir las cartas. Fue poco antes de Navidad. Pero no se me ocurre quién podría querer hacerme daño. Sencillamente, no hay nadie. Nunca me he ganado enemigos hasta ese punto. Soy demasiado… insignificante.