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Электронная книга - «Un Romance Imposible». Краткое содержание книги:

Cuando Allie descubre que su marido, muerto en un duelo, había sido un criminal, resuelve intentar reparar los daños que ha causado. Su empeño la lleva de América Inglaterra, donde la esperan extraños accidentes y un romance inesperado…
Al quedar viuda como consecuencia de un escandaloso duelo, lo único que le resta a Alberta Brown es un alijo de objetos mal habidos. Decidida a reparar las ofensas de su inescrupuloso marido, Allie se embarca hacia Inglaterra en busca del dueño de un anillo masculino adornado con un misterioso sello. Una serie de extraños episodios a bordo la convencen de que se encuentra envuelta en un juego peligroso. Sin embargo, nada será más peligroso -y tentador- que el atractivo desconocido que la espera en el muelle.
Lord Robert Jamison deseaba contraer matrimonio con una mujer que despertara en él algo especial, pero nunca imaginó encontrarla en esa americana de belleza peculiar y espíritu independiente que le habían encomendado llevar a una espléndida mansión en la campiña inglesa. Allie, por su parte, se había jurado a sí misma no volver a casarse…
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– Yo soy la afortunada por tenerla a ella -dijo Emma, entornando los ojos-. No hay ninguna mejor que ella y no quiero que le hagan daño, nadie, de ningún modo.

– Entonces estamos totalmente de acuerdo.

Se hizo un incómodo silencio. Alex miró a Colin, un aristócrata atractivo, rico y culto, de porte y alcurnia impecables, vestido con las mejores ropas, ahí, en su humilde casa, de pie sobre el basto suelo de madera cubierto por una alfombra hecha a mano que ella misma había confeccionado con retales de tela. Notó que le subía por la garganta una risa seca y amarga ante tan incongruente escena, el recordatorio mordaz y penetrante de quién y qué era ella. Y de quién y qué era él.

Y cómo esas dos realidades nunca iban o podrían, en modo alguno, converger.

Se aclaró la garganta y dijo a Colin:

– Ya tengo todo en la maleta, pero me gustaría disponer de unos minutos a solas con Emma, por favor.

– La esperaré en el coche -dijo él asintiendo.

El criado tomó la maleta y lo siguió fuera de la habitación.

En el momento en que la puerta se cerró tras ellos, Emma dejó escapar un largo suspiro y empezó a abanicarse con la mano.

– Maldita sea, creo que me va a dar un sofoco. ¿No es el hombre más atractivo que has visto en tu vida?

Sin poder contenerse, Alex dejó escapar un suspiro como el de Emma y a duras penas consiguió evitar abanicarse con la mano.

– Sí -corroboró deseando fervientemente no hacerlo-. Es el hombre más guapo que he visto nunca.

– Solo con mirarlo me he quedado sin respiración. Me ha dejado petrificada, sin habla.

– Sí, sé exactamente a qué te refieres. Pero a mí me has parecido tan franca como siempre.

– Oh, por supuesto, hablando con el tipo elegante ese sí, pero no con él. -Y pronunció la última palabra con una veneración que Alex no le había oído nunca antes-. Y hablando de ese tipo elegante… -Emma se calló de pronto y abrió los ojos de par en par-. ¿Qué?¿Era él de quién estabas hablando ahora mismo?

Alex, confundida, parpadeó. Estaba claro que Emma y ella habían tenido un diálogo de besugos y, como no tenía sentido alguno negar la afirmación de Emma, asintió.

– Pero su criado es realmente atractivo -añadió, aunque, Dios Santo, apenas se había fijado en él.

Alex notó cómo la cortina que servía para dividir la habitación se movía ligeramente y, al darse la vuelta, pudo ver por un instante una cara sucia que se escondía de nuevo detrás de la cortina.

– Ven aquí, Robbie -dijo.

Unos segundos más tarde, el niño salió arrastrando los pies. Se detuvo frente a Alex y dijo rápidamente:

– Ese era el tipo del que le hablé, el que estuvo aquí antes.

– Sí, lo se y he hablado con él de eso. No volverá a venir sin invitación. Imagino que has oído todo, ¿verdad?

Asintió y levantó la vista mirándola con unos ojos que reflejaban que estaba receloso y claramente ofendido.

– Debería haberme dicho que estaba en peligro, señorita Alex. Yo la habría protegido.

A Alex se le encogió el corazón, se agachó y puso las manos sobre los delgados hombros del pequeño.

– Lo sé. Y harías un estupendo trabajo. Pero no puedo arriesgarme a que alguien te haga daño a ti, a Emma o a los demás. Necesito que vigiles a los otros y a Emma también. ¿Podrás hacer eso por mí?

Frunció el ceño, asintió sacudiendo la cabeza y luego dijo en tono acusador:

– Iba a marcharse sin decirme adiós.

– Robbie, no me marcho. Simplemente voy a estar en otra parte de Londres por un tiempo.

– El sitio donde vive el tipo ese rico -dijo con la voz llena de amargura y la barbilla temblorosa-. Se acostumbrará a la buena vida y se olvidará de nosotros.

Dios mío, ese niño lanzaba los dardos directamente al corazón. Alex tomó su pequeña y sucia cara entre las manos y le dijo:

– Nunca podría olvidarme de ti, ni de Emma, ni de los demás. Pienso en vosotros constantemente. Siempre estáis aquí… -Se puso la mano en el corazón-. Dentro de mí. Sois parte de mí. Solo estaré fuera unos días. Cuando vuelva, nos tomaremos un plato entero de galletas, solos tú, yo y Emma, y te contaré todo lo que ha pasado.

– ¿Prometido?

– Prometido.

Robbie, respiró hondo y temblorosamente, y después se lanzó a los brazos de Alex rodeándole el cuello con sus bracitos. Alex lo abrazó con fuerza, saboreando la sensación pues no era un niño pródigo en muestras de cariño. Enseguida se apartó y ella se lo permitió.

– Ahora tómate la naranja y márchate -le dijo estirándole suavemente de la barbilla.

El niño corrió hasta la mesa donde había un montón extra de naranjas y cogió la de encima de todas. Después se fue caminando hasta la puerta, la abrió y se marchó tras echar un último vistazo por encima del hombro y hacer un saludo de despedida.

Cuando la puerta se cerró, Alex y Emma intercambiaron una mirada.

– Cuidaré de él, Alex.

– Lo sé.

– Y hablando del tal lord Sutton… ¿ha estado aquí hoy?

– Sí.

– Así que sabe que no estás casada. -La mirada de Emma estaba cargada de preocupación-. He visto cómo te miraba, Alex. Como si tú fueras un sabroso trocito de pan y él un hombre muerto de hambre.

Debería haberse sentido consternada y, sin embargo, su corazón dio un brinco de emoción.

– Sabes que un hombre como él se limitaría a tomarte y abandonarte, lo más probable con su hijo en tu vientre.

– ¿Un hombre como él?

– Un tipo elegante -dijo Emma tras un resoplido de exasperación-. Su placer es lo primero. Presta atención a mis palabras, está acostumbrado a obtener lo que quiere, sin importarle lo que pueda suponer para los demás, y te quiere a ti.

– Estoy de acuerdo contigo en que mucha gente de la alta sociedad es así, pero él tiene algo más. Mucho más -dijo Alex suspirando muy hondo y preguntó-: ¿Qué pasa si te digo que yo también lo quiero a él?

Emma frunció el ceño considerando la posibilidad con Caridad.

– Sabes que te romperá el corazón -dijo finalmente.

– Sí.

– Bueno, entonces supongo que debes decidir si merece la pena el dolor que padecerás cuando te lance a la basura como si fueses las sobras del día anterior. Porque sabes que eso es lo que hará.

– Sí, lo sé -dijo Emma asintiendo y haciendo una mueca de dolor ante la idea.

– En mi caso, yo estaría aterrorizada ante un tipo elegante como ese. Esos ricachones son tipos raros. Pero solo con que su criado me hiciese una señal con el dedo, sería incapaz de resistirme, o no querría. Y puesto que trabaja en una casa elegante, no te quepa la menor duda de que también me lanzaría a la basura como si fuese las sobras de ayer, y, solo estoy suponiéndolo, creo que merecería la pena que me rompiese el corazón. -Emma apretó la mano a Alex-. Haz lo que creas que es mejor para ti. Sabes que yo te querré pase lo que pase y que cuando se haya ido, te ayudaré a recuperarte.

Alex sintió que un estremecimiento de fiero y poderoso amor le recorría el cuerpo y abrazó a Emma.

– Gracias. Ahora lo que quería decirte…

Rápidamente dio a Emma la dirección de la casa de Wexhall y le explicó el deseo del doctor Oliver de comprar naranjas para su esposa.

– Ven mañana, si traes la mochila para Jack, yo se la entregaré.

– Allí estaré, con montones de naranjas y no te preocupes por Jack. Puedo ocuparme de su entrega hasta que vuelvas a casa.

Alex empezó a caminar de un lado a otro; no podía estarse quieta.

– Pero te dejo con toda la cocina, los niños, y ¿qué pasará con tus lecciones de escritura y de lectura?

– Todo estará aquí cuando vuelvas. De lo único que tienes que preocuparte es de tu seguridad. -Y con los ojos brillantes añadió-: Y quizá del modo de conseguir que me encuentre con el criado de tu tipo elegante.

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