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Las Huellas Del Hombre Muerto

Электронная книга - «Las Huellas Del Hombre Muerto». Краткое содержание книги:

Abby entro al elevador y las puertas se cerraron con el sonido de una pala levantando canto rodado. De pronto sintio el perfume de alguien mas y tambien de un limpiador con aroma de limon. El elevador se movio unos cuantos centimetros hacia arriba. Y ahora era demasiado tarde para cambiar de idea y salir: con el metal de las paredes presionandola, comenzo a caer por el vacio. Abby se dio cuenta de que acababa de cometer el peor error de su vida… En medio del caos de la manana del 9/11, el negociante Ronnie Wilson ve la oportunidad de su vida. Para salir de sus deudas, desaparecera y se re-inventara a si mismo en otro pais. / Abby stepped in the lift and the doors closed with a sound like a shovel smoothing gravel. She breathed in the smell of someone else's perfum, and lemon-scented cleaning fluid. The lift jerked upwards a few inches. And now, too late to change her mind and get out, with the metal walls pressing in around her, they lunged sharply downwards. Abby was about to realize she had just made the worst mistake of her life…Amid the tragic unfolding mayhem of the morning of 9/11, failed Brighton businessman and ne'er-do-well Ronnie Wilson sees the chance of a lifetime, to shed his debts, disappear and reinvent himself in another country.Six years later, the discovery of the skeletal remains of a woman's body in a storm drain in Brighton, leads Detective Superintendent Roy Grace on an enquiry spanning the globe, and into a desperate race against time to save the life of a woman being hunted down like an animal in the streets and alleys of Brighton. 'One of the most fiendishly clever crime fiction plotters'
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– Lo que sí quiero es aclarar una cosa -dijo a los padres de Sandy mientras dejaba la taza en el platito-. El comisario Grace es un policía muy respetado. Mis intenciones no van más allá de averiguar la verdad sobre la desaparición de su hija.

– Necesitamos saber -dijo Derek Balkwill.

– Bien -apuntó él-. Me tranquiliza mucho saber que estamos en sintonía. -Les sonrió-. Sin querer poner a nadie en entredicho, sin embargo -prosiguió-, hay varios policías de alto rango en el Departamento de Investigación Criminal de Sussex que creen que nunca se ha llevado a cabo una investigación adecuada. Es una de las razones principales por las que me han reclutado. -Hizo una pausa, estaba satisfecho con la receptividad de los padres y un poco envalentonado-. Hoy he estado estudiando el caso todo el día y hay muchas preguntas sin respuesta. Yo en su lugar creo que no estaría muy satisfecho con el trabajo de la policía hasta la fecha.

Los dos volvieron a asentir.

– La verdad es que no entiendo por qué permitieron a Roy revisar él mismo la investigación, cuando estaba tan involucrado personalmente.

– Tenemos entendido que unos días después de que desapareciera nuestra hija asignaron el caso a un equipo independiente -dijo Margot Balkwill.

– ¿Y quién les informaba de sus hallazgos? -preguntó Cassian Pewe.

– Puees… Roy.

Pewe abrió los brazos.

– ¿Lo ven? Ése es el problema. Normalmente, cuando una mujer casada desaparece, su marido se convierte al instante en el sospechoso principal hasta que se le descarta. Por lo que he leído y oído, me parece que su yerno nunca fue considerado sospechoso formalmente.

– ¿Está diciendo que ahora usted le considera sospechoso? -preguntó Derek.

El hombre levantó su taza y Pewe volvió a fijarse en el temblor. Se preguntó si el hombre estaba nervioso o eran los primeros síntomas de Parkinson.

– No me atrevería a decir eso, en estos momentos. -Pewe sonrió con suficiencia-. Pero desde luego voy a tomar medidas radicales para disipar las sospechas, que es algo que todavía no se ha hecho, sin duda.

Margot Balkwill asentía con la cabeza.

– Estaría bien.

Su marido también asintió.

– ¿Puedo preguntarles algo personal? ¿Alguno de los dos ha sospechado alguna vez, por un momento, que Roy Grace estuviera escondiéndoles algo?

Hubo un largo silencio. Margot juntó las cejas, frunció la boca y, luego, cerró y abrió los puños varias veces. Tenía las manos gruesas, observó Pewe, eran las manos de un jardinero. Su marido estaba quieto, con los hombros encorvados, como si un peso enorme e invisible lo aplastara lentamente.

– Creo que debería comprender -dijo Margot Balkwill-, que no sentimos ninguna animadversión contra Roy. -Hablaba como una maestra que transmitía un informe a un padre.

– Ninguna -dijo Derek enfáticamente.

– Pero -añadió ella-, una pequeña parte de nosotros no puede evitar preguntárselo… Es la naturaleza humana. Hasta qué punto conocemos a las personas. ¿Verdad, agente?

– Claro, por supuesto -coincidió Pewe con suavidad.

Durante el silencio que se hizo a continuación, Margot Balkwill cogió su cucharilla y removió el té. Pewe se fijó que aunque no tomaba azúcar, era la tercera vez que lo removía.

– ¿Alguna vez notaron algo extraño en el modo como trataba Roy a su hija? -preguntó-. ¿Algo que les molestara? Me refiero a si dirían que era un matrimonio feliz.

– Bueno, no creo que sea fácil para nadie estar casado con un policía; en particular con uno tan ambicioso como Roy. -Miró a su marido, que se encogió de hombros sin decir nada-. Tenía que soportar estar mucho tiempo sola. Y llevarse una decepción en el último minuto cuando llamaban a Roy para algo.

– ¿Ella tenía su propia carrera?

– Trabajó unos años en una agencia de viajes de Brighton. Pero estaban intentando tener un hijo y no llegaba. El médico le dijo que debería dedicarse a algo menos estresante, así que lo dejó y consiguió un empleo a tiempo parcial de recepcionista en un centro médico. No trabajaba cuando… -Su voz se apagó.

– ¿Desapareció? -sugirió Pewe.

Ella asintió, con los ojos llenos de lágrimas.

– Fue muy duro para nosotros -dijo Derek-. En especial para Margot. Ella y Sandy estaban muy unidas.

– Por supuesto. -Pewe sacó su libreta e hizo algunas anotaciones-. ¿Cuánto tiempo llevaban intentando tener un hijo?

– Varios años -respondió Margot, con la voz rota.

– Imagino que será duro para un matrimonio -dijo Pewe.

– Todo es duro en un matrimonio -dijo Derek.

Hubo un largo silencio.

Margot bebió un sorbo de té, luego preguntó:

– ¿Insinúa que hay algo que no nos han dicho detrás de esto?

– No, no me gustaría especular en estos momentos. Sólo tengo que decir que la metodología que sustenta la investigación sobre la desaparición de su hija es deficiente. Es mi opinión como policía con diecinueve años de experiencia en el mejor cuerpo policial del Reino Unido. Eso es todo.

– Nosotros no sospechamos de Roy, se lo digo para que no saque conclusiones precipitadas -dijo Margot Balkwill.

– Estoy seguro. Tal vez debiera dejar algo claro desde el principio: mi investigación no es una caza de brujas. Simplemente pretendo cerrarla. Permitirles a usted y a su marido pasar página.

– Eso dependerá, ¿verdad?, de si nuestra hija está viva o muerta.

– Por supuesto -dijo Cassian Pewe. Bebió un poco más de té, luego se limpió los dientes con la lengua. Sacó del bolsillo una tarjeta suya y la dejó sobre la mesa-. Si se les ocurre algo, a cualquier hora, que pudiera resultarme útil, llámenme.

– Gracias -dijo Margot Balkwill-. Es usted un buen hombre. Lo noto.

Pewe sonrió.

51

Octubre de 2007

Abby parpadeó, mientras un ruido extraño y quejumbroso la despertaba de un sueño confuso. Le dolía el estómago. Tenía la cara entumecida. Estaba congelada de frío. Temblaba. Miraba una pared de azulejos color crema. Por un momento pensó que estaba en un avión, ¿o era el camarote de un barco?

Entonces se dio cuenta, poco a poco, de que algo no iba bien. No podía moverse. Olió a plástico, lechada, cemento para azulejos, desinfectante.

Ahora comenzaba a recordar. Y mientras una oscuridad envolvente estallaba en su interior, se acordó de todo.

El miedo recorrió su cuerpo. Intentó levantar el brazo derecho para tocarse la cara y vio que no podía moverse.

Ni abrir la boca.

Tenía la cabeza tan echada para atrás que notaba el cuello tenso y algo duro se le clavaba en la espalda. Era la cisterna, comprendió. Estaba sentada en el retrete. Le resultaba difícil ver algo más allá de lo que tenía justo delante y tuvo que forzar los ojos para mirar abajo. Cuando lo consiguió, vio que estaba desnuda, atada con cinta americana gris alrededor de la cintura, los pechos, las muñecas, los tobillos, la boca y también la frente, supuso, porque era lo que notaba.

Estaba en el cuarto de baño de invitados de su casa, mirando la cabina de la ducha, con un paquete de jabón caro en el plato que no había abierto nunca, un lavamanos y algunos toalleros y las paredes hermosamente alicatadas en color crema con azulejos romanos y una moldura. A la derecha había una puerta que llevaba al minúsculo lavadero, en el que se apretujaban una lavadora y una secadora, y al fondo había otra puerta que daba a la salida de incendios y a las escaleras. La puerta principal que daba al vestíbulo, a su izquierda, estaba entreabierta.

Empezó a temblar y estuvo a punto de vomitar de miedo. No sabía cuánto tiempo llevaba encerrada aquí dentro, en esta habitación pequeña y sin ventanas. Intentó cambiar de posición, pero las ataduras estaban demasiado fuertes.

¿Se había ido? ¿Lo había cogido todo y la había dejado aquí así?

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