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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Que es lo que hace ese tipo? -demandó, inclinándose en el asiento para mirar más allá del perfil de Roarke.

– Parece estar montando un caballo.

– Si, sí, puedo verlo. Pero porque?

– No tengo idea.Tal vez porque le gusta.

– Ves? -para puntuarlo, le golpeó el hombro a Roarke. -Enfermos. La gente está enferma. -Ella lanzó un suspiro de alivio cuando divisó la casa del rancho.

Era enorme, desparramada hacia todos lados. Algunas partes estaban pìntadas en el mismo blanco brillante y otras parecían estar decoradas con piedras adoquinadas reunidas caprichosamente. Había secciones construídas con vidrio, y ella casi tembló ante la idea de permanecer ahí mirando afuera campo más campo. Y sabiendo lo que había en aquellos campos mirándola a ella.

Había pequeñas áreas cercadas, y aunque había caballos en ellas, también había una considerable actividad humana. Eso la alivió, aunque esos humanos estaban todos cubiertos con sombreros de vaquero.

Vió un helipuerto y una cantidad de vehículos, muchos de los cuales ella ni podía empezar a identificar. Asumió que eran usados para algún tipo de trabajo rural.

Pasaron a través de enormes pilares de piedas coronados con caballos alzados de manos.

– Ok, él sabe que estamos llegando, y no está feliz. -empezó ella. -está obligado a ser hostil, defensivo y poco cooperativo. Pero es lo bastante listo para saber que puedo complicarle la vida, escarbar en su pasado, y apretar a la policía local para agregar alguna presión. No va a querer toda esa mierda encubierta en su patio trasero. Viniendo a su pista lo dejamos que se sienta más en control.

– Y cuanto tiempo vas a dejar que se sienta de esa manera?

– Vamos a ver como sale. -Ella salió del automóvil y casi perdió el aliento en el calor.

Un calor de horno, pensó, muy diferente al baño de vapor del verano en New York. Olió el pasto y algo que podía ser estiércol. -Que es ese sonido como un clack? -le preguntó a Roarke.

– No estoy del todo seguro. Pienso que pueden ser pollos.

– Cristo todopoderoso. Pollos. Si me dices que piense en omelletes, voy a tener que golpearte.

– Comprendido. -El recorrió el camino de entrada junto a ella. La conocía bastante bien para estar seguro de que su preocupación en la escena local la ayudaba a mantener fuera de la mente sus miedos y preocupaciones. Ella todavía no había dicho nada sobre ir al mismo Dallas, o si podía o quería hacerlo.

Las puertas tenían un ancho de diez pies y estaban coronadas con los cuernos descoloridos de algún tipo de animal. Roarke reflexionó sobre eso, y el tipo de personalidad que disfrutaba decorando con animales muertos, mientras Eve tocaba la campana.

Momentos después, la imagen del viejo Oeste americano abrió la puerta.

Era curtido como el cuero, alto como una montaña, ancho como un río. Llevaba botas con puntas afiladas como estiletes e incrustadas con mugre. Sus vaqueros eran azul oscuro y parecían lo bastante rígidos para mantenerse parados sin él, mientras su camisa era a cuadros rojos y blancos desteñidos. Su pelo era color plata, peinado hacia atrás desde un rostro duro y rudo, surcado de arrugas, el ceño fruncido.

Cuando habló, su voz traqueteó como grava suelta en un cubo muy profundo. -Usted es la policía de la ciudad.

– Teniente Dallas. -Le mostró la placa. -Este es mi asistente de campo…

– Lo conozco. -El apuntó con un dedo, grueso como un perro de soja, en una mano grande como un jamón, a Roarke. -Roarke. Usted es Roarke, y no es policía.

"-Me halaga. -reconoció Roarke- Sucede que estoy casado con una.

– Si. -el asintió y consideró a Eve. -También la reconozco a usted. Policía de la gran ciudad de New York. -Parecía como si fuera a escupir, pero se contuvo. -Jake T. Parker, y no tengo que hablar con usted. El hecho es que mis abogados me advirtieron con esto.

– Usted no está bajo ninguna obligación legal de hablar conmigo, Sr. Parker. Pero puede ser puesto bajo esa obligación legal, y estoy segura de que sus abogados le advirtieron que eso es posible.

El enganchó sus anchos pulgares en la cintura de sus vaqueros. Su alarmente estómago crujió con el movimiento. -Le costaría un poco de tiempo conseguirlo, no?

– Sí, señor, así es. No puedo imaginarme cuanta gente más puede asesinar Julianna antes que los abogados terminen la disputa. Quiere especular?

– No tengo nada que ver con ella, desde hace más de doce años. Estoy en paz aquí, y no necesitos que ninguna chica policía de la ciudad venga desde New York y me tire esa mugre en la cara.

– No estoy aquí para tirarle mugre, Sr. Parker. No estoy aquí para juzgarlo. Estoy aquí para aprender cualquier cosa que pueda ayudarme a parar a Julianna antes de que tome más vidas. Una de ellas podría ser la suya.

– Mierda. Perdone mi francés. -agregó. -Esa chica no es más que un fantasma para mí, y yo soy menos que eso para ella.

Eve sacó fotos de su bolso de campo. -Este es Walter Pettibone. No tenía nada que ver con ella tampoco. Y Henry Mouton. Tenían familias, Sr. Parker. Tenían vidas. Ella destruyó todo eso.

El miraba las fotos, y más allá de ellas. -Nunca deberían haberla dejado salir de prisión.

– No va a conseguir de mí una discusión sobre eso. Yo ayudé a ponerla en una jaula antes. Le estoy pidiendo que me ayude a hacerlo otra vez.

– Yo tenía mi propia vida. Me tomó mucho tiempo dejar eso atrás hasta que pude levantarme en la mañana y verme a mi mismo en el espejo.

El tomó un sombrero Stetson marrón sucio de un estante con perchas junto a la puerta, y se lo puso en la cabeza. Luego salió, cerrando la puerta a su espalda. -No quiero esto en mi casa. Lamento no ser hospitalario, pero no la quiero a ella en mi casa. Hablemos afuera. Quiero darle una mirada a las reservas de todos modos.

Como una concesión contra el blanco resplandor del sol, Eve sacó gafas ahumadas. -Ella se puso en contacto con usted en algún momento?

– No quise escuchar nada de esa chica desde que se fue el día que cumplió dieciocho. El dia que le dijo a su madre lo que había estado haciendo. El día que se rió en mi cara.

– Sabe si ha estado en contacto con su madre?

– No puedo decirle. Perdí el rastro de Kara cuando me dejó. Escuché que había tomado un trabajo fuera del planeta. En un satélite agrícola. Lo más lejos de mí que pudo conseguir.

Eve asintió. Ella conocía la localización de Kara Dunne Parker Rowan. Se había casado nuevamente cuatro años antes, y rehusó hablar con Eve con respecto a su hija. Su hija, le había informado a Eve durante su breve transmisión, estaba muerta. Eve se imaginó que Julianna tenía la misma actitud hacia la mujer que la había parido.

– Usted violó a Julianna, Sr. Parker?

Su rostro de endureció, como cuero viejo estirado sobre un marco. -Si quiere decir que la forcé, no lo hice. He pagado mucho por lo que hice, teniente.

Se detuvo en un potrero cercado, apoyando una bota sobre el primer peldaño, viendo fijamente a sus hombres y caballos. -Hubo un momento en que puse toda la culpa sobre ella. Me tomó un largo rato antes de poder sacarlo fuera de mi y tratar con eso. Ella tenía quince, cronológicamente hablando. Quince, y para un hombre de más de cincuenta no es apropiado andar tocando a esas buenas chicas. Un hombre casado con una buena mujer, y maldito si alguna mujer va a aceptar que toques a su hija. No hay excusas.

– Pero usted no la tocó.

– Lo hice. -El enderezó sus enormes hombros como si cargara un peso. -Le voy a contar mi versión, empezando por decir que yo sé que lo hice estaba mal, y tomo la culpa y responsabilidad por eso.

– De acuerdo, Sr. Parker. Dígame su versión.

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