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Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:

Walter Pettibone llegó a su casa a las 7:30 p.m. para encontrarse con su familia y un centenar de amigos que le recibieron con el grito de <<¡Sorpresa!>>. Era su fiesta de cumpleaños. Y, aunque no tenía idea de la fiesta que le habían organizado, la verdadera sorpresa estaba por llegar. A las 8:45 p.m., una mujer con ojos del color de las esmeraldas y cabello rojo le entregó una copa de champán. Y un sorbo del burbujeante líquido después… Walter estaba muerto.
El nombre de la mujer es Julia Dockport y nadie en la fiesta sabe quién es. Pero la detective Eve Dallas la recuerda muy bien. Diez años atrás, Eve fue la responsable de la encarcelación de Julie. Y ahora, liberada por buena conducta, sigue teniendo las mismas intenciones de antaño. Parece que quiere encontrarse de nuevo con Eve… en una reunión que ninguna olvidará…
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– Eso fue más que seducirlo. Fue usar el sexo para avergonzarlo, y a su madre. Para castigar y beneficiarse. No había pensado en el asesinato todavía, pero era sólo cuestión de tiempo. Porque lastimar cuando puedes destruir totalmente? Obtuvo lo quería de eso, pero no hubiera olvidado ese rechazo.

No podía recordar como era ser una chica de quince años. Pequeña maravilla, pensó Eve. Ella nunca había sido una adolescente normal. Y tampoco, al parecer, lo había sido Julianna Dunne.

– Lo llamó la noche antes de su boda. -dijo Eve. -Ella cuidó lo que decía en caso de que él lo reportara, pero dijo lo suficiente para preocuparlo, sacudirlo, y que no pudiera parar de pensar en ella la noche de su boda. Plantó la semilla.

– Que vas a hacer con él?

– Está lo bastante preocupado por su familia para cooperar con los locales. Va a ir a hablar con Parker, y mi impresión es que Parker va a poner seguridad extra en el rancho. Voy a hablar con los policías de aquí, para asegurarme de que están haciendo su trabajo. Luego voy a hacer el mío y encontrarla.

– Y luego volvemos a New York?

Ella miró por la ventana. -No. -Cerró los ojos. -No, vamos a ir a Dallas.

CAPITULO 13

Cuando Dallas surgió a la vista en el horizonte, a través de las olas de calor, no gatilló la memoria dentro de ella, pero sin embargo trajo un vago desconcierto. Había edificios torres, el movimiento urbano, los atascos. Pero era diferente a New York.

La edad, se dió cuenta, era parte de eso. Todo era joven comparado con el este. Insolente de alguna manera, pero sin el filo. Dallas era, después de todo, uno de los tantos asentamientos que habían crecido hasta ser pueblos, luego los pueblos se habían desarrollado hasta ser ciudades, mucho después que New York, Boston, Philadelphia estuvieran establecidas.

Y la arquitectura carecía del ujo escandaloso encontrado en los viejos edificios del este que habían sobrevivido a las guerras urbanas o habían sido restaurados después. Aquí las torres eran limpias y brillantes y la mayoría sin adornos.

Anuncios y carteles anunciaban rodeos, paseos conduciendo ganado, liquidaciones de botas de vaquero y sombreros. Y la barbacoa era el rey.

Parecían estar viajando por Venus.

– Aquí hay más cielo. -dijo elle ausente. -Más cielo, casi demasiado.

El sol reverberaba cegador en las torres de acero, paredes de cristal, los deslizadores circulares. Ella se empujó los anteojos de sol sobre la nariz.

– Más calles. -dijo, y pudo oír el temblor en su propia voz. -No hay mucho tráfico aéreo.

– Quieres ir al hotel?

– No, yo… tal vez podrías dar unas vueltas o algo.

El puso una mano sobre las de ella, luego tomó una salida hacia la ciudad.

Parecía acercarse más, con el plato azul del cielo como una tapa sobre los edificios, presionando en las calles atascadas con demasiados vehículos yendo demasiado rápido en demasiadas direcciones.

Sintió una ola de mareo y luchó para superarla.

– No sé lo que estoy buscando. -Pero eso no era la abrupta sensaciòn de pánico. -El nunca me dejó salir de la maldita habitación, y cuando yo… después que salí, estaba en shock. Agrégale que fue hace más de veinte años atrás. Las ciudades cambian.

Su mano tembló levemente bajo la de él, y él se aferró con fuerza al volante. Se detuvo ante una luz roja, y se volvió a estudiarle la cara. Estaba pálida. -Eve, mírame.

– Estoy bien. Está todo bien. -Pero le tomó una gran dosis de coraje volver la cabeza, encontrar sus ojos. -Estoy bien.

– Podemos ir al hotel, y dejar esto por ahora. Por siempre, si es lo quieres. Podemos ir derecho al aeropuerto y volver a New York. O podemos ir donde te encontraron. Tú sabes donde es. Está en tu archivo.

– Leiste mi archivo?

– Sí.

Ella empezó a retirar su mano, pero él la aferro con fuerza. -Hiciste otra cosa? Alguna búsqueda? -preguntó.

– No. No lo hice, no, porque tú no querías. Pero puedo hacerlo de la forma y cuando tú quieras.

– No quiero hacerlo de esa forma. No quiero hacerlo. -Su estómago empezó a rebelarse. -La luz cambió.

– A la mierda la luz.

– No, sólo avanza. -Suspiró profundamente cuando las bocinas empezaron a sonar detrás de ellos. -Sólo avanza por un minuto. Necesito tranquilizarme.

Ella se deslizó un poco en el asiento y luchó una guerra feroz contra sus propias lágrimas. -Pensarías mal de mi si te pido que des la vuelta y salgamos de aquí?

– Por supuesto que no.

– Pero yo lo haría. Pensaría que soy poca cosa. Necesito pedirte algo.

– Cualquier cosa.

– No me dejes retroceder. Cualquier cosa que diga después, te digo ahora que necesito verlo. Donde sea que esté. Si no lo hago, me voy a odiar a mi misma. Sé que es mucho pedir, pero no me dejes huir como un conejo.

– Vamos a verlo entonces.

Zigzagueó a través del tráfico, girando en calles que ya no eran tan anchas, ni tan limpias. Ahí las fachadas que iban bordeando, eran grises y con mugre.

Luego todo empezó a volverse pulcro otra vez, suavemente, como si algún industrioso droide doméstico hubiera empezado el trabajo y otro lo terminara puliendo todo el camino por detrás.

Pequeñas y modernas tiendas y comedores, departamentos rehabilitados a nuevo y casas de familia. Eso hablaba, claramente, de la gradual adquisición del área liberada por los jovenes urbanitas de altos ingresos con dinero, energía y tiempo.

– Esto está mal. No era así. -Mirando por la ventana, vió el caos de las viviendas públicas, los vidrios rotos, las alucinantes luces del barrio suburbano del ayer sobrepuestas sobre la animada renovación actual.

Roarke se metió en un estacionamiento, encontró un puesto y apagó el motor. -Creo que es mejor que caminemos un poco.

Sus piernas estaban flojas, pero salió del vehículo. -Yo caminé entonces. No se por cuanto tiempo. Hacía calor también. Calor como este.

– Estás caminando conmigo ahora. -El la tomó de la mano.

– No estaba tan limpio como ésto. -Ella le aferró la mano mientras salían caminando del garage, a la acera. -Estaba oscureciendo. Había gente gritando. Había música. -Ella miró alrededor, mirando desde el presente hacia el pasado. -Un club de strip, yo no sabía exactamente lo que era, pero había música brotando cada vez que alguien abría la puerta. Yo miré hacia adentro y pensé que tal vez podía entrar porque podía oler comida. Tenía mucho hambre. Pero pude oler otra cosa. Sexo y alcohol. El olía como eso. Entonces corrí tan rápido como pude. Alguien gritó detrás de mi.

Su cabeza se sentía ligera, su estómago se revolvió con un afilado y taladrante miedo que venía de su memoria.

– Pequeña. Hey, pequeña. El me llamaba así. Corrí cruzando la calle, a través de los autos. Gente que gritaba, bocinas que sonaban. Creo… creo que me caí, pero seguí adelante.

Roarke la mantuvo tomada de la mano cuando cruzaron.

– No pude correr muy lejos porque mi brazo lastimado me dolía mucho, y estaba mareada. Enferma.

Se sentía enferma ahora. Oleadas aceitosas golpeaban en su estómago y subían a su garganta. -Nadie me prestó atención. Dos hombres. -Ella se detuvo. -Dos hombres aquí. Deben haber estado haciendo un negocio con ilegales y algo salió mal. Empezaron a pelear. Uno cayó y me derribó. Creo que me desmayé por un minuto. Debe haber pasado eso porque cuando me desperté, uno de ellos estaba tirado en la acera junto a mi. Sangrando, gimiendo. Y me alejé arrastrándome. Fuera de eso.

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