Las puertas del infierno
- Автор: Пайнкофер Михаель
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Las puertas del infierno». Краткое содержание книги:
La joven arqueóloga Sarah Kincaid no sabe qué hacer, el destino parece haberse puesto en su contra. Primero la abatió la muerte de su padre en Egipto y ahora su prometido, Kamal, a quien se acusa de un antiguo crimen, sufre una extraña enfermedad que lo tiene a las puertas del infierno. Pero aún hay una última oportunidad de salvarlo, la legendaria agua de la vida.
Para encontrarla, Sarah deberá sortear los peligros que acechan en los callejones de Praga, donde dicen que habita el Golem, entre las torres de los monasterios de Meteora o en las orillas subterráneas del Estigia, el río griego de los muertos.
«Embarcarse en la lectura de la tercera novela de Sarah Kincaid, la aguerrida arqueóloga victoriana, es toda una aventura.»
Frankfurter Stadtkurier
– ¿Qué es? -preguntó Sarah.
– Un documento antiquísimo. Fue escrito en el año 246 antes de la era cristiana por un sabio judío llamado Josefo, que en esa época se hallaba en la corte de Ptolomeo II.
– ¿En Alejandría? -Sarah aguzó el oído.
– Así es. Por lo que sabemos, Josefo debió de ser un hombre de muchos talentos. Dio clases en la Biblioteca y fue uno de los eruditos que tradujeron al griego las enseñanzas de la Tora.
– La Septuaginta.
– ¿Conoce los sucesos de aquella época?
– Ya lo creo -afirmó mientras un sinfín de recuerdos afloraban en su mente, y ni mucho menos todos fueron bienvenidos-. Como deferencia hacia los judíos establecidos en Alejandría, que a menudo ya no sabían hebreo o arameo, Ptolomeo mandó traducir el Antiguo Testamento al griego. A tal fin, reclutó a setenta sabios judíos, algunas fuentes hablan también de setenta y dos, que, según cuenta Aristeas, tradujeron la obra en setenta y dos días.
– Exacto. ¿Cómo es que sabe tanto de estos temas?
– He estado en Alejandría -se limitó a responder Sarah. ¿Qué más podía contestar? ¿Que había emprendido junto a su padre la búsqueda de la biblioteca desaparecida? ¿Que precisamente había sido la Septuaginta lo que les había brindado las pistas decisivas? ¿Que no podía olvidar la muerte de Gardiner Kincaid en las profundidades de Alejandría?
El rabino pareció notar de nuevo su dolor, ya que no siguió preguntando.
– Si conoce la historia del reino de Ptolomeo -prosiguió entonces^-, seguramente también sabrá lo que ocurrió en el año 246.
– Si mal no recuerdo, Ptolomeo murió ese año…
– Eso también se corresponde con la realidad. Ptolomeo II estuvo rodeado en su lecho de muerte por sus consejeros y personas de confianza, entre los que se contaba Josefo, a quien habían prohibido regresar a Jerusalén una vez terminado el trabajo de traducción. Se quedó en Alejandría como historiador y cronista personal de Ptolomeo, y registró la época de su reinado.
– ¿De verdad? -Sarah enarcó las cejas, asombrada-. No conozco nada de esas crónicas…
– Porque se perdieron en el transcurso de los años. Solo se conservó este rollo, en el que se describen con todo lujo de detalles las últimas horas de vida de Ptolomeo.
– ¿Qué pone exactamente en el rollo? -inquirió Sarah, que seguía sin imaginar qué tenía que ver todo aquello con el Golem o con las respuestas que ella buscaba.
– Josefo escribió que, en sus últimas horas, Ptolomeo estuvo poseído por una extraña certidumbre. En aquel momento, su rival Antígonos ya había muerto, y Ptolomeo no parecía dispuesto a seguirlo al más allá. Se aferraba a la vida con todas sus fuerzas y, por lo que cuenta, su esperanza se basaba en el contenido de una redoma que le había dejado su hermana y esposa, Arsínoe.
– Arsínoe -repitió Sarah quedamente.
También había tropezado antes con ese nombre. ¿Era simple casualidad que todas aquellas personas y nombres se toparan de nuevo con ella o bien se ocultaba algo detrás…?
– Pronunciando las palabras bíos aiónios, se acercó la redoma a los labios y apuró el contenido. Bíos aiónios es griego y significa…
– … vida eterna -tradujo Sarah.
– Efectivamente. Pero según el relato de Josefo, el contenido de la redoma no proporcionó vida a Ptolomeo, sino un final atroz. Cuenta que murió convencido de que Arsínoe lo había engañado y lo había envenenado.
– ¿Y? -preguntó Sarah.
– Aunque Ptolomeo había dispuesto en su testamento que Josefo quedaría libre y podría regresar a su patria, este se quedó un tiempo más en Alejandría para indagar el secreto de la redoma. Luego se le pierde el rastro hasta muchos años después, cuando se recupera en Atenas, donde apareció como orador en el agora. Y precisamente de Atenas, donde al parecer Josefo se despidió de la vida en el año 289, a una avanzada edad, unos comerciantes judíos trajeron en el siglo XII a Europa una sustancia misteriosa a la que llamaban hydor bíou.
– Agua de la vida -tradujo Sarah.
– Y precisamente de esa época data la primera mención del Golem por escrito, en una nota aclaratoria en alemán incorporada a la Cabala -prosiguió el rabí Oppenheim.
– ¿Cree que hay alguna relación? -preguntó Sarah, desconcertada.
– ¿Qué sabe usted del ritual con que se dio vida al Golem? -preguntó a su vez el rabino.
– Tan solo lo que puede encontrarse en la bibliografía especializada: que el rabí Löw trazó unas líneas en la frente del Golem para darle vida. Y le puso debajo de la lengua una nota donde estaba escrito el nombre de Dios…
– Un esquema -confirmó Oppenheim-. Y, por supuesto, también se habla de todo tipo de fórmulas mágicas y artes de birlibirloque alquimistas. Evidentemente, eso no se corresponde con los hechos, lady Kincaid. Judah Löw no era un mago, sino un simple hombre piadoso que conocía los secretos de la Historia y podía aprovecharlos. Porque, a diferencia de lo que cuentan las leyendas, el Golem no fue creado con agua del Moldava, sino con el líquido que algunos siglos atrás fue llevado desde Grecia hasta Europa central.
– El agua de la vida -concluyó Sarah.
– Exactamente.
– ¿Está seguro?
– Tan seguro como se puede estar, lady Kincaid. Si busca pruebas por escrito, no encontrará nada, puesto que ese saber secreto se transmite oralmente y cada rabino mayor de la comunidad se lo lega a su sucesor.
Sarah asintió moviendo pensativa la cabeza, intentando poner en orden la nueva información. Alejandría, el sabio Josefo, la antigua Grecia… ¿No había presenciado en sueños una ceremonia funeraria en la antigua Hélade? Y, en ese sueño, ¿no tenía Kamal una moneda debajo de la lengua, como era costumbre en aquella época en Grecia…?
– Pero ¿qué relación guarda con todo lo demás? ¿Qué tiene que ver con Josefo? ¿Y con el bebedizo mortal que le fue administrado a Ptolomeo?
– No lo sé con certeza -reconoció el rabino-. Pero, si lo consideramos, podemos concluir que antaño existían dos elixires que obraban milagros: uno capaz de dar vida, y el otro, de quitarla.
– ¿Y cree usted que engañaron a Ptolomeo? ¿Que Arsínoe le dejó el elixir falso?
– Si conoce bien la historia, sabrá que Arsínoe II no era una persona piadosa. Según las crónicas, era una intrigante peligrosa y gozaba de mala fama entre el pueblo por su vida disoluta y sus malas costumbres. Al fin y al cabo, no tuvo reparos en compartir cama con su propio hermano.
– ¿No era eso usual en Egipto? -intervino Gustav discretamente.
– En esa época, ya no -explicó Sarah-. Los ptolomeos eran los sucesores de Alejandro en Egipto; por consiguiente, su visión del mundo estaba marcada por la cultura helena, y los griegos detestaban toda forma de incesto. Por otro lado,
Arsínoe murió muchos años antes que Ptolomeo. ¿Qué razones podría haber tenido para hacerle algo así después de muerta?
– Como ya he dicho antes, el alma de las personas alberga ciertos abismos.
– Rabí -dijo Sarah, empleando todas sus fuerzas para obligarse a permanecer tranquila-, ¿intenta decirme que…, que tiene usted en su poder el elixir que da vida? ¿Que por eso está tan convencido de la existencia del Golem, porque usted mismo ha sido quien lo ha hecho volver a la vida?
– Lady Kincaid -replicó el rabino con los ojos brillándole húmedos-, desearía de todo corazón que así fuera. Si se me hubiera otorgado el poder de mi célebre antecesor, podría contribuir en algo al bienestar de mi pueblo en vez de estar condenado a la inactividad. Porque los hijos de Israel vuelven a estar en apuros en estos días, igual que hace más de trescientos años. Van a demoler el barrio, lo arrasarán…