Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне
READ-E-BOOK » Космическая фантастика » Tiempo de fuego [Fire Time - es]
Tiempo de fuego [Fire Time - es] - Читать Любимую Русскую Полную Книгу 👉 Read-E-Book.com

Tiempo de fuego [Fire Time - es]

Электронная книга - «Tiempo de fuego [Fire Time - es]». Краткое содержание книги:

Anu, la gigante roja, también llamada la Estrella Cruel, El Merodeador, el Sol Demonio, El Vagabundo...se estaba aproximando a Isthar. Como cada mil años, abrasaría la tierra, secaría los ríos, agostaría los cultivos, y mataría.
La parte norte del planeta siempre era la más afectada. Sus habitantes, los bárbaros tassui, habían decidido no volver a ser las víctimas del Tiempo de Fuego y en consecuencia se lanzaron a la conquista de mejores territorios, amenazando acabar con la civilización.
Los miembros de la Asociación y sus legiones pidieron ayuda a los habitantes terrestres de la ciudad de Primavera. Pero la Federación Terrestre tenía su propia guerra en otro lugar y les prohibió que actuarán.
1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 65
Перейти на страницу:

Pero desde entonces, Arnanak había desarrollado su sistema de plataformas para neutralizar esta ventaja.

Se lanzó. Su espada resonó y destelló contra el hierro enemigo. Los beronnos se lanzaron contra él. Se inclinó, evitando un sablazo, evitó un golpe de hacha con su escudo y golpeó contra la carne y los huesos. Se oyeron algunos gritos. Al viento, los pellejos parecían blancos. Más tassui se lanzaron al abordaje, y más. Lograron despejar un trozo de cubierta.

Por encima de las cabezas y los yelmos, Arnanak vio al humano. Estaba junto a un legionario en la cubierta de popa. En sus manos había un arma de brujo. Pero la lucha cuerpo a cuerpo hacía de las armas de fuego objetos inservibles. Un disparo podía dar tanto a un amigo como a un enemigo. De cualquier manera… ¡Muévete! Arnanak aulló el grito de guerra de Ulu y se lanzó hacia adelante. Con él iban sus guerreros. Sus oponentes no habían esperado una penetración en un solo lugar; no era lo que sabían hacer los piratas que querían apoderarse de un barco. El grupo de Arnanak atravesó la masa de sus enemigos.

Igini rebasó a su padre y se lanzó hacia el puente. El humano levantó su arma y apretó el gatillo. La cabeza de Igini explotó. Cayó fuera del barco, dejando en las aguas una mancha púrpura. Arnanak lanzó su hacha. Podía haberla tirado a matar, pero sólo la lanzó para que golpeara. La unión de mango y hoja alcanzó al humano en el diafragma. Se arqueó y cayó. Arnanak se acercó a él y se lo cargó a su espalda. El legionario había desenvainado y luchaba furiosamente. La rápida llegada de guerreros le condujo hacia la proa.

Los sureños se reorganizaron y se lanzaron contra el pequeño grupo que iniciaba la retirada. Las tropas de Arnanak mantenían el pasillo de salida. Fue hacia la barandilla de babor. Tenía sujeto con su brazo izquierdo al humano, que se debatía vanamente. Ondeando su mano derecha, hizo una señal a Usayuk. Este ordenó que se retiraran los garfios. Conducido por los remos, el Brincador se adelantó hasta que el puente de proa estuvo ante él. Saltó. Los marineros de Usayuk mantuvieron el navío en su lugar mientras el resto de incursores le seguían.

No fueron todos. Algunos, encajonados entre los dos buques, aceptarían cualquier tratamiento que el enemigo decidiera darles. Algunos estaban muertos, entre ellos Igini, que había sido joven y bello. Pero bien valía la pena perder un hijo en una causa como aquella… la captura de un humano.

—¡Venga! —gritó Usayuk—. ¡Vamonos!

El Devorador apareció tras rodear la popa del transporte. Su ataque por el lado de estribor había facilitado en mucho la proeza de Arnanak. Los dos buques tassui navegaban con el viento a su favor. Los beronnos no tendrían posibilidades de alcanzarlos.

El humano se puso en pie y gritó unas palabras. El legionario que había tratado de defenderlo apareció junto a la barandilla de su barco. Llevaba un cajón que debía haber llenado apresuradamente en el camarote. Ya había una amplia faja de agua entre ambos buques. Tomó impulso y lo lanzó. El tiro fue heroico. La caja cayó sobre la cubierta.

—¡Por la borda con eso! —gritó Usayuk, por si acaso en su interior había algo destructivo.

El humano no podía entender su tassui, pero vio cómo los marineros se apresuraban a obedecer.

—¡No! —gritó en sehalano—. O moriré…

—¡Esperad! Lo guardaremos. —Y en sehalano al humano, aunque todavía dolido por Igini—. Te quiero vivo, durante algún tiempo al menos.

XV

Embarcaron al alférez Donald Conway en un gran grupo de integrantes de las fuerzas aéreas. El transporte de personal era viejo y estaba demasiado lleno. Tenía que hacerse todo por números, por turnos. Tenderse en una hamaca que otro ya había usado y quedarse allí escuchando los ronquidos de los compañeros de armas y oliendo sus pedos. Todo aquello no encajaba muy bien con la historia de la cruzada para el rescate de unos gallardos colonos amenazados por monstruosos alienígenas, por la seguridad del hombre en las estrellas. Todavía se consideraba a sí mismo como un legionario. ¿Era en lugar de eso un extraño introducido en la unidad?

Bien, había ganado en el póquer, pero no se decidió a admitir que había aprendido a jugar perdiendo con su hermana. Este pensamiento le hizo preguntarse qué estaría ella haciendo ahora. Y qué harían su madre, su padre, Alice y su marido, y sus niños. Los había echado de menos más que a nadie, desde que se encontraba en la Tierra.

La monotonía se convirtió en tensión cuando el convoy se acercó a su destino. En el puro espacio interplanetario, serían ciertamente detectados por los naqsan, cuya flota patrullaba en aquel sector. Si decidían el asalto…

La tensión se convirtió en terror. Los naqsan atacaban. Y los embarcados no tendrían nada que hacer sino permanecer juntos entre blancas hamacas. Si recibían un impacto directo, estarían perdidos. Conway aprendió el sentido de la expresión americana «sweating it out». A juzgar por el olor y la viscosidad, su piel exudó toda toxina que pudiera producir.

Después de muchas horas, más horas de las que podían esperar, dedicadas a maniobras y cómputos, sufrieron un rápido ataque, tras el cual el enemigo decidió que el precio era demasiado alto, y se batió en retirada. El convoy había sufrido pérdidas. Estas incluían un explorador que recibió un impacto perdido. La tripulación llevaba trajes espaciales, pero algunos de aquellos trajes se abrieron y los hombres que los usaban sufrieron cierto grado de heridas, quemaduras e irradiación. El convoy rescató a los accidentados que pudo y los distribuyó entre las restantes naves.

Los viajeros del transporte cedieron sus hamacas y ayudaron a tender a los heridos, mientras el viaje proseguía en sus últimos estadios. Don Conway vio a hombres con huesos pulverizados, caras quemadas y desgarradas, con vómitos y diarreas y las pérdidas del pelo, la piel, la inteligencia… Se había encontrado con la muerte antes, en animales y varios sophonts; pero aquellas habían sido muertes pacíficas. Ahora entendía por qué, después de un año de la muerte de la tía Ellen en los Dalag, Jill tenía pesadillas. Supuso que aquella era la razón de su amistad con Larreka, al menos en parte.

Pero la tía Ellen fue víctima de un accidente. Y aquellos hombres habían muerto, estaban muriendo, o sobrevivirían mutilados cuando la clonación no fuera posible, por una gran causa. ¿Verdad?

Al principio, su unidad estuvo estacionada cerca de Barton, la capital de Eleutheria, el mayor asentamiento humano de Mundomar. La acción era leve en todo el planeta. El frente se había estabilizado, lo que Conway leía como «empantanado». Algunas escaramuzas tenían lugar en tierra, en el aire, en el mar.

—Espera un poco —le advirtió Eino Salminen—. La inactividad se debe a la falta de suministros por ambos bandos. Pero la Tierra y Naqsa están enviando mucho material. La fiesta empezará pronto.

—¿Por qué no podemos intentar un bloqueo? —preguntó Conway.

—También ellos podrían intentarlo contra nosotros. Provocaríamos batallas con armas nucleares a altitudes satélite, quizá en la atmósfera. Ya es bastante malo que se den en pleno espacio. Una lucha de ese tipo probablemente arruinaría al planeta por el que se supone que estamos luchando. Peor, podría provocar una guerra a gran escala entre los dos mundos madre.

Conway entendió. Ni los eleutherianos ni los tsheyakkanos lanzaban misiles contra sus ciudades respectivas. Los últimos, en el intento de recuperar Sigurdssonia, habían ocupado varias comunidades de campesinos. Conway también aprendió a burlarse (en privado) de las atroces historias que oía. Si se investigaba, los horrores probados eran incidentes de combate… (niños interponiéndose en la trayectoria de las balas, etc.) y los gobernadores militares tsheyakkanos, aunque estrictos, trataban a los eleutherianos tan humanamente (!) como en el caso en que las situaciones cambiasen de signo. Quizás más, pero era imposible descubrir la verdad, a causa de la censura.

1 ... 38 39 40 41 42 43 44 45 46 ... 65
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)