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El club De la buena Estrella

Электронная книга - «El club De la buena Estrella». Краткое содержание книги:

Cuatro mujeres chinas se re?nen regularmente en San Francisco para jugar al mah-jong, disfrutar de la comida china y contarse historias relacionadas con su pasado.
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– ¿Tanto cuesta decirles: «Mamá, papá, voy a casarme»?

– No lo entiendes. No puedes comprender a mi madre.

Rich meneó la cabeza.

– ¡Uf! En eso tienes razón. Habla un inglés tan malo… ¿Sabes? Cuando hablaba de ese tipo muerto que sale en Dinastía, creí que se refería a algo que sucedió en China hace mucho tiempo.

***

Aquella noche, después de la cena, permanecí despierta en la cama, tensa. Sentía una profunda decepción por el último fracaso, empeorada por el hecho de que Rich no parecía darse cuenta de nada. Era tan patético… Me sobresalté al repetir esas palabras. ¡Tan patético! Mi madre volvía a influir en mí, me hacía ver negro donde antes veía blanco. En sus manos era siempre un peón, sólo podía huir, mientras que ella era la reina, capaz de moverse en todas las direcciones, implacable en su persecución, capaz de descubrir mis puntos débiles.

Me desperté tarde, con los dientes apretados y los nervios de punta. Rich ya se había levantado y duchado, y estaba leyendo el periódico dominical.

– Buenos días, muñeca -me dijo entre los crujidos que hacía al masticar copos de maíz.

Me puse el chándal y los zapatos de correr, salí de casa, subí al coche y me dirigí al piso de mis padres.

Marlene estaba en lo cierto. Tenía que decirle a mi madre… que sabía lo que estaba haciendo, no se me ocultaban sus tretas para que me sintiera desdichada. Cuando llegué a la casa había acumulado suficiente ira para detener un millar de cuchillos lanzados contra mí.

Mi padre abrió la puerta y pareció sorprenderse al verme.

– ¿Dónde está mamá? -le pregunté, procurando ocultar mi agitación. El señaló la sala, al fondo.

La encontré profundamente dormida en el sofá, con la cabeza apoyada en un pequeño tapete blanco bordado. Tenía la boca abierta y todas las arrugas de su rostro se habían esfumado. Con esa suavidad de la cara parecía una muchacha frágil, cándida e inocente. Un brazo le colgaba límpido al lado del sofá, el pecho estaba quieto, toda su fuerza había desaparecido. No tenía armas ni estaba rodeada de demonios. Parecía impotente, derrotada.

Entonces se apoderó de mí el temor de que tuviera aquel aspecto porque era cadáver, que hubiera muerto mientras yo tenía pensamientos terribles acerca de ella. Había deseado apartarla de mi vida y ella accedió, saliendo de su cuerpo para huir de mi odio intenso.

– ¡Mamá! -grité-. ¡Mamá! -Se me quebró la voz y empecé a llorar.

Ella abrió los ojos lentamente y movió las manos.

– Shemma? Ah, Meimei, ¿eres tú?

Me quedé sin habla. No me había llamado Meimei, el nombre de mi infancia, desde hacía muchos años. Se irguió y reaparecieron las arrugas en su rostro, sólo que ahora parecían menos profundas, como tenues surcos de preocupación.

– ¿A qué has venido? ¿Por qué lloras? ¡Ha ocurrido algo!

No sabía qué hacer ni decir. Me parecía que en cuestión de segundos había dejado de sentirme airada por su fuerza para asombrarme de su inocencia y luego asustarme por su vulnerabilidad. Y ahora me sentía extrañamente débil, como si alguien me hubiera desenchufado y se hubiese interrumpido la corriente que me recorría.

– No ha ocurrido nada, de veras -le dije con la voz ronca-. No sé por qué estoy aquí. Quería hablar contigo… quería decirte… Rich y yo vamos a casamos.

Cerré los ojos con fuerza, esperando oír sus protestas sus lamentos, la voz seca pronunciando algún veredicto doloroso.

– Jrdaule (Ya lo sabía) -dijo ella, como para preguntarme por qué se lo decía de nuevo.

– ¿Lo sabes?

– Claro. Aunque no me lo hubieras dicho lo sabría.

Aquello era peor de lo que había imaginado. Lo había sabido desde el principio, cuando criticó el chaquetón de visón, cuando menospreció las pecas de Rich y se quejó de su manera de beber. Ella no le aprobaba.

– Sé que le odias -dije con la voz temblorosa-. Sé que no te parece lo bastante bueno, pero yo…

– ¿Odiarle? ¿Por qué crees que odio a tu futuro marido?

– Nunca quieres hablar de él. El otro día, cuando empecé a hablarte de él y Shoshana en el Exploratorium, tú… cambiaste de tema… empezaste a hablar de la cirugía explotoria de papá y entonces…

– ¿Qué es más importante, explorar la diversión o explorar la enfermedad?

Esta vez no iba a dejarla escapar.

– Y luego, al verle, dijiste que tenía lunares en la cara.

Ella me miró, perpleja.

– ¿No es eso cierto?

– Sí, pero lo dijiste sólo por malicia, para herirme, para…

– Ai-ya, ¿por qué piensas tan mal de mí? -Su rostro parecía viejo y lleno de aflicción-. Entonces crees que tu madre es muy mala. Crees que tengo una intención secreta, pero eres tú quien la tiene. Ai-ya! ¡Mi hija cree que soy tan mala!

Se sentó en el sofá, erguida y orgullosa, la boca apretada, las manos entrelazadas, los ojos abrillantados por el llanto.

¡Ah, su fuerza!, ¡sus debilidades!, una y otras tirando de mí, desgarrándome. Mi cabeza iba por un lado y mi corazón por otro. Me senté en el sofá, a su lado, cada una conmocionada conducta de la otra.

Me sentía como si hubiera perdido una batalla, aunque sin saber que estaba librando. La fatiga se apoderó de mí.

– Me voy a casa -le dije finalmente-. No me encuentro muy bien.

– ¿Estás enferma? -murmuró ella, poniéndome la mano en la frente.

– No -le dije rotundamente. Quería marcharme-. Es que… No sé lo que ocurre ahora en mi interior.

– Entonces te lo diré. -Me quedé mirándola, sorprendida. Ella continuó en chino-: La mitad de todo lo que hay dentro de ti procede del lado paterno. Eso es natural. Son del clan Jong, gente de Cantón, buena y honesta, aunque a veces tengan mal genio y sean tacaños. Tienes un ejemplo en tu padre, ya sabes cómo puede ser a menos que le llame la atención. -Me pregunté por qué me decía eso, qué relación tenía con mi situación. Pero mi madre siguió hablando, con una ancha sonrisa, agitando la mano-. Y la mitad de lo que hay en tu interior procede de mí, tu lado materno, del clan Sun de Taiyuan.

Escribió los ideogramas en el dorso de un sobre, olvidando que no sé leer el chino.

– Somos inteligentes, muy fuertes, astutos y famosos como guerreros. Conoces a Sun Yat-sen, ¿no? -Asentí-. Pertenece al clan de los Sun, pero su familia se trasladó al sur hace muchos siglos, por lo que no es exactamente del mismo clan. Mi familia siempre ha vivido en Taiyuan, incluso desde antes de la época de Sun Wei. ¿Conoces Sun Wei?

Negué con la cabeza. Aunque seguía sin saber adónde quería ir a parar con todo aquello, me sentía tranquilizada. Parecía ser la primera vez que sosteníamos una conversación casi normal.

– Combatió contra Genghis Khan, y cuando los soldados mongoles dispararon contra los guerreros de Sun Wei… ¡ja!… sus flechas rebotaron en los escudos como la lluvia sobre las piedras. ¡Sun Wei había hecho una especie de blindaje tan fuerte que Genghis Khan creyó que era cosa de magia!

– Entonces Genghis Khan debió de inventar unas flechas mágicas -comenté-. Al fin y al cabo conquistó China.

Mi madre prosiguió como si no me hubiera oído nada.

– Eso es cierto, siempre sabemos cómo ganar. Así pues, ahora sabes lo que hay en tu interior: casi todo es buen material de Taiyuan.

– Supongo que los chinos sólo hemos evolucionado para ganar en el mercado de juguetes y aparatos electrónicos -le dije.

– ¿Cómo sabes eso? -me preguntó ella ansiosa.

– Se ve por todas partes. Made in Taiwan.

– Ai! -exclamó ella, quejumbrosa-. ¡No soy de Taiwan!

Y así, de repente, la frágil conexión que estábamos efectuando empezó a romperse.

– Nací en China, en Taiyuan -puntualizó-. Taiwan no es China.

– Bueno, creí que decías «Taiwan» porque suena del mismo modo -aduje, irritada porque le molestara un error tan poco intencionado.

– ¡Suena de un modo totalmente distinto! -dijo resoplando-. ¡El país es por completo diferente! Los que viven ahí sólo sueñan que eso es China, porque si eres chino nunca puedes apartar a China de tu mente.

Habíamos llegado a un punto muerto. Hubo una pausa de silencio y luego apareció un brillo en sus ojos.

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