Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es]
- Автор: Катценбах Джон
- Год: 1989
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «Un asunto pendiente [A Day of Reckoning - es]». Краткое содержание книги:
Pero Megan y Duncan son distintos. Ellos fueron un poco más lejos. Empujados por una hermosa mujer que se hacía llamar Tania y que dirigía un grupo radical llamado la Brigada de Phoenix, tomaron parte en un robo que, según Tania, sería sencillo y sin derramamiento de sangre, pero no fue así. Desde entonces han pasado 18 años.
Y ahora, cuando los Richards disfrutan de su tranquilidad familiar, Tania está a punto de salir de la cárcel. Lleva 18 años planeando cómo vengarse de las dos personas a las que culpa de lo que ocurrió aquel día. Su venganza será dulce, será perversa. Empezará por su hijo…
Ojalá hubiera tenido ocasión de despedirme antes de que se marchara así. Pero era su manera de hacer las cosas, en silencio y eficientemente.
Ojalá estuviera aquí ahora, pensó Megan de pronto. Ella sabría qué hacer y no pasaría el tiempo llorando y retorciéndose las manos en gesto de desesperación. En su lugar, tendría todo tipo de planes e ideas. Analizaría las emociones y las ordenaría y después decidiría qué hacer, en vez de limitarse a esperar que algo horrible ocurriera, como hago yo.
No permitiría que murieran.
Todos esos años siendo la compañera del juez le dieron a mi madre fuerza y confianza. Mi padre siempre fue una combinación de jugador de rugby, marine, juez y tipo duro. En las peleas nunca duda; se enfrenta a la vida como lo hace a los delincuentes: con decisión y tomando siempre el camino correcto.
Pero mamá era más sutil. Siempre veía las ramificaciones, los efectos secundarios de cada acción y tenía visión de conjunto. Era capaz de avanzar por el campo de minas que es la vida con paso ligero y delicado, esquivando todos los peligros. Qué ciega estaba cuando era joven y pensaba que se había sacrificado demasiado, abandonando sus estudios de Derecho para apoyar a su marido.
Megan se alejó de la ventana y se dirigió hacia la pared donde colgaban los retratos de la familia. Vio la fotografía de Tommy con el marco roto. Después de cortarse el dedo, Duncan había dudado si colgarla de nuevo o no. Finalmente había retirado los fragmentos de vidrio y la había devuelto a su sitio. Eso la tranquilizaba, pues no habría podido soportar que la fotografía de Tommy, aunque rota, no ocupara su lugar habitual en la pared, junto a la de las gemelas y sobre un retrato de la familia completa. Contempló todas las fotografías hasta detenerse en una del juez y su madre tomada pocos años antes de la muerte de ésta. Sus cabellos se habían vuelto plateados pero sus ojos estaban llenos de vida y energía.
Seré más como tú, pensó Megan. Seré más fuerte.
Miró a los ojos de su madre en la fotografía y pensó: Sé lo que harías en esta situación.
¿Qué, cariño?
Lucharías por tu hijo.
Por supuesto que lo haría, para eso estamos las mujeres.
Estamos para muchas cosas.
Desde luego, cariño, estamos aquí para ser abogadas y médicas y agentes inmobiliarios y cualquier cosa que queramos. Pero sobre todo estamos para nuestros hijos. Pensarás que eso suena tonto y conservador, pero es la verdad. Somos nosotras quienes los traemos al mundo y quienes debemos cuidarlos…
Pero Duncan…
¡Vamos, Megan! Ya sé que eres muy moderna, pero él es hombre y no lo sabe.
¿No sabe qué?
Que el dolor del parto es sólo el primero, después vienen muchos más.
Lo sé.
Entonces sabes lo otro, también.
¿Qué cosa?
Que una vez que traemos a estos niños al mundo nunca dejan de ser parte de nosotras, y por eso luchamos tanto por ellos. Luchamos para educarlos, después para verlos crecer y nunca nos rendimos, por muchas otras obligaciones que tengamos. Nunca.
Tienes razón.
Pues claro que la tengo. ¿Y sabes otra cosa?
¿Qué?
Que eso es lo que nos hace más fuertes de lo que nadie, ni siquiera nosotras mismas, supone. Por eso los hombres nos subestiman. Mira en tu interior y verás hierro y acero, nervios y músculos. Busca más adentro y los encontrarás. Y cuando necesites ser fuerte, lo serás.
Tengo miedo. Tengo miedo por los dos Tommys.
No hay nada de malo en tener miedo, cariño, siempre que no dejemos que nos impida cumplir con nuestra obligación.
¿Y cuál es?
Lo sabrás.
¿Estás segura?
Completamente.
– Entonces yo también lo estoy -dijo Megan en voz alta. Después respiró hondo y suspiró. Entonces oyó a Karen y a Lauren que la llamaban desde la cocina.
– ¡Mamá! ¿Estás bien? ¿Estás con alguien?
– No -contestó Megan-. Estaba hablando sola.
Se serenó y fue a ver a las gemelas.
Duncan estaba sentado a su mesa pensando en cómo conseguir el dinero para Olivia. Había pasado la mayor parte del día al teléfono con su agente de bolsa de Nueva York, con una agente de la propiedad en Vermont y otras personas relacionadas con sus inversiones. Todos habían reaccionado con consternación al escuchar la palabra «vender» y habían tratado de disuadirlo, aunque él había insistido simulando bromear, temeroso de dejar traslucir el pánico que sentía y que alguno de sus interlocutores adivinara sus motivos para vender. Así que contó chistes, anécdotas y simuló despreocupación tratando de dar la impresión de que aquello eran puros trámites, vender para invertir en otra parte y no el producto de una situación angustiosa.
A mediodía ya estaba en situación de calcular aproximadamente cuánto dinero había logrado reunir. Sabía que tendría que aceptar la primera oferta que le hicieran por el terreno, así que contaba con perder dinero en esa transacción. Y la venta de las acciones y los bonos le proporcionaría unos 86.000 dólares, pero ese cheque tardaría en llegar y pasarían semanas antes de que percibiera suma alguna por el lote de Vermont. La casa donde vivían ya estaba hipotecada, pero la hipoteca tenía más de doce años de antigüedad, de modo que poseía una línea de crédito basada en su valor de mercado. No quería canjear directamente esa cantidad ya que, suponía, más adelante lo necesitaría para reponer lo que pensaba robar. Ése es el problema del dinero en efectivo hoy día, que no se puede disponer de él inmediatamente como no sea atracando una licorería. El dinero en efectivo está pasado de moda, ahora está todo en documentos, en tarjetas de plástico y en las computadoras de los bancos. Si lo necesitas tienes que llenar formularios por triplicado, someterte a una inspección y, por último, esperar. Era parcialmente consciente de la ironía en este hecho: He obligado a tanta gente a pasar por estos mismos trámites, pensó, y ahora me toca a mí. Se consoló pensando que la semana siguiente le llegaría el cheque de su agente de inversiones, lo que bastaría para el primer pago de lo que debería al banco.
Debería llevarme el dinero a Las Vegas o a Atlantic City y jugármelo al blackjack o a las máquinas tragamonedas e intentar ganar más. Tendría las mismas oportunidades que aquí. Porque eso es lo que estoy haciendo: jugarme el dinero. Se encogió de hombros; haría lo que le habían pedido y después se enfrentaría a las consecuencias cuando éstas llegaran.
Lo primero es recuperar a Tommy, pensó.
Seguía dándole vueltas a lo de robar el dinero y después tratar de adivinar cómo querría Olivia que se lo entregara. Tendrá que ser una entrega directa, pensó, debo convencerla de ello. Le daré el dinero y que me entregue a Tommy, no me fío de ella en absoluto. Siguió tratando de imaginar las maniobras futuras de Olivia, aunque no confiaba en tener más noticias de ella o de los otros secuestradores ese día.
Preferirá dejarme sufrir un rato, sabe muy bien que me ha puesto nervioso y ahora se mantendrá en silencio para aumentar la tensión. Sabe que cuanto más tenso esté yo, más fácil le será obligarme a hacer todo lo que me pida. Sabe perfectamente que para mí es tan terrible tener noticias de ella como no tenerlas.
Por un instante se sintió satisfecho con su comprensión de la situación. Conozco a Olivia, pensó, mejor de lo que ella cree y debo usar ese conocimiento en mi beneficio. He de encontrar la manera de desconcertarla, sólo un poco, no tanto como para asustarla sino lo suficiente para que se dé cuenta de que hasta ahora ha tenido el control, pero que llegado un momento tendremos que compartirlo.