En El Lugar De La Diosa
- Автор: Каст Филис Кристина
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «En El Lugar De La Diosa». Краткое содержание книги:
Sin saber cómo, Shannon había adoptado el papel de otra, se había convertido en la encarnación de la diosa Epona. Y, aunque eso tenía una ventaja (¿a qué mujer no le gustaban los lujos?), también conllevaba un matrimonio ritual con un centauro y la amenaza de muerte a su nuevo pueblo. Además, todo el mundo la odiaba, porque pensaban que era una simple doble de su diosa.
Shannon tenía que averiguar cómo podía volver a Oklahoma sin morir en el intento, sin contraer matrimonio con un centauro y sin volverse loca…
– Se me había olvidado -respondí. Estupendo, como si no tuviera ya suficientes preocupaciones-. ¿No puedes ocupar tú mi lugar?
Alanna se quedó horrorizada.
– ¡No! Tú no eres lady Rhiannon, pero de todos modos eres la Amada de Epona, y nuestra Suma Sacerdotisa.
Yo abrí la boca para interrumpirla.
– Tienes el Sueño Mágico. Sólo eso es prueba del favor de Epona.
Intenté de nuevo abrir la boca.
– Y la yegua te quiere y te acepta.
Cerré la boca.
– Eres la Amada de Epona, y la líder espiritual de la gente. Ellos cuentan contigo, tanto como los estudiantes contaban contigo en tu antiguo mundo. No puedo creer que vayas a fallarles.
Me puse a pensar. Quizá pudiera recordar una breve bendición para el día siguiente, que hiciera hincapié en los sentimientos celtas. Yeats siempre fue uno de mis favoritos, y entre Shakespeare y él, y algún otro a quien pudiera plagiar, quizá encontrara suficiente material como para salir del paso. Comencé a repasar poesías y soliloquios…
– Alza la cabeza, Rhea. Deja que termine tus ojos.
Yo parpadeé y obedecí, vagamente sorprendida al darme cuenta de que, mientras yo estaba ensayando mentalmente, ella me había transformado en Cenicienta antes del baile. Terminó de maquillarme los ojos y me entregó un tarro de brillo para los labios. Después, me mostró dos paños insignificantes de seda para que los inspeccionara.
– ¿Tienes alguna preferencia?
– Sí -dije, y tragué saliva-. Me gustaría dejar algo para su imaginación.
Ella se echó a reír.
– ¡Dices unas cosas muy raras!
– Me parece que me gusta el verde con el ribete dorado.
El otro atuendo era de una tela blanca demasiado transparente para mi gusto.
– El verde le va muy bien a tus ojos -dijo ella, asintiendo.
Alanna me ayudó a vestirme rápidamente, envolviéndome en la seda.
– Ese diseño dorado es muy bonito -dije-. ¿Qué es?
Alanna estaba sujetando el broche en la boca, y me respondió a través de los labios fruncidos.
– Calaveras, por supuesto.
– Por supuesto.
Debería habérmelo imaginado.
Finalmente, me prendió el broche en el vestido, sobre el hombro derecho, y me entregó un par de sandalias de color crema con un poco de tacón. Cuando me hube atado las cintas, Alanna terminó de colocarme los pliegues de seda del vestido y me observó atentamente. Asintió, como si estuviera satisfecha consigo misma, y se volvió hacia el tocador para abrir las tapas de unas cajas muy decoradas. Mientras ella removía el contenido, me di cuenta de que había destellos, y miré por encima de su hombro.
Las cajas estaban llenas de joyas.
– Oh, Dios mío, ¿todo eso me pertenece?
– Ahora sí -dijo ella.
– Supongo que a Rhiannon le daría un ataque de nervios si alguien tocara su botín.
– Más o menos -respondió Alanna con una sonrisa.
– Bueno, pues vamos a cargarme de joyas.
– Muy bien.
Como ya he mencionado, el gusto de Rhiannon era muy parecido al mío, y eso también sucedía en lo referente a la joyería. Tenía collares, broches y pendientes de diamantes, topacios y ámbar. Era como si alguien hubiera volcado allí varias bandejas de Tiffany’s.
Mientras intentaba no balbucear, conseguí decidir qué piezas quería ponerme: un collar de brillantes que descansó pesadamente entre mis pechos, casi desnudos, un par de pendientes de oro y perlas y un brazalete de diamantes enormes y redondos, unidos con eslabones de oro. Estiré el brazo y admiré el fuego de los brillantes. Eran maravillosos.
– Que no se te olvide esto -dijo Alanna, y me mostró una corona que ya había llevado antes.
Era una preciosidad, pero yo vacilé.
– ¿No crees que es demasiado?
– Rhiannon siempre la llevaba. Es signo de vuestra nobleza y condición. Sólo la Suma Sacerdotisa y Amada de Epona puede llevar esta corona.
Yo decidí seguir las indicaciones de mi instinto.
– Entonces, creo que la dejaremos aquí. Esta noche sólo quiero ser la Amada de ClanFintan -dije, y miré a Alanna con preocupación-. Sin embargo, no quiero enfadar a mi diosa. ¿Crees que a Epona le importará?
Alanna me dio un abrazo suave, tan parecido a los de Suzanna que a mí se me encogió el corazón.
– Epona querría que honraras a tu marido y que fueras feliz.
– Bien. Pues entonces, volvamos a mi habitación -dije, y me encaminé hacia la puerta-. Y yo iré primero. Tengo que empezar a aprender el camino. Si me confundo, me comportaré como una bruja. No creo que nadie note nada fuera de lo común en eso.
Cuando salimos del baño, los dos adorables ornamentos de la puerta se cuadraron. Yo les sonreí.
– Buen trabajo.
Llegamos a mi habitación sin ninguna novedad, y de nuevo, los guardias que vigilaban la puerta se cuadraron. Yo no pude evitar quedarme mirándolos mientras pasaba al interior del dormitorio.
Y me tropecé con la ninfa que era igual que Staci.
– ¡Oh, mi señora! ¡Perdonad mi torpeza!
Se inclinó ante mí, temblando. Parecía que iba a postrarse a mis pies.
Yo me agaché y le apreté el hombro, y le dije que no se preocupara, pero ella se encogió y se protegió la cara con las manos.
– ¡No voy a pegarte! -balbuceé.
Ella seguía temblando, y me miró entre los dedos. Yo me volví hacia Alanna pidiéndole ayuda con la mirada, y ella me dijo, formando las palabras con los labios, que la muchacha se llamaba Tarah.
– Tarah, por favor, ha sido culpa mía. No estaba mirando por dónde caminaba, y me tropecé contigo.
Ella se enjugó las lágrimas y, lentamente, se apartó las manos de la cara.
Me sorprendió de nuevo lo mucho que se parecía a Staci. Tenía su pelo largo, oscuro y brillante, sus ojos castaños y su tipo de supermodelo.
Yo le sonreí y mantuve las manos muy quietas, como si ella fuera un potrillo nervioso. La muchacha me sonrió.
– Se-señora, yo… había preparado la habitación para vuestra cena -dijo, secándose las lágrimas-, y me quedé para ver si todo era de vuestro agrado.
Yo miré detrás de ella y vi una mesa preciosa, puesta para dos, con dos divanes situados con los cabeceros muy cerca el uno del otro.
– Es maravilloso. Por favor, ve a avisar de que traigan la cena poco después de que llegue ClanFintan.
Ella me hizo una reverencia y se marchó hacia la puerta.
– Tarah -dije yo, y ella se detuvo-. Creo que en el pasado me he comportado muy mal -la muchacha abrió unos ojos como platos y yo continué-. Y me disculpo por ello. Las cosas serán distintas de ahora en adelante.
– ¡Sí, mi señora!
La expresión receptiva y alegre de su rostro hizo que yo me enfureciera todavía más con Rhiannon.
– Gracias, Tarah.
Su sonrisa iluminó todo el vano de la puerta mientras salía.
Capítulo 15
– ¿Acaso Rhiannon no se controlaba? -le pregunté a Alanna cuando estuvimos a solas de nuevo.
– Es la Elegida de Epona. No tenía que controlarse.
– Eso no es verdad. ¿Cómo es posible que la gente le fuera leal a Rhiannon si es tan detestable? Me refiero a las mujeres. Me imagino cómo conseguía la lealtad de los hombres -dije.
– Rhiannon es una mujer muy poderosa -respondió Alanna, sin mirarme a los ojos.
Entonces, recordé algo importante.
– Alanna, no me has contado cómo se las arregló Rhiannon para intercambiar su sitio con el mío a través de esa explosión de fuego sin que ninguna de las dos nos quemáramos -pregunté. Eso, suponiendo que Rhiannon también hubiera sobrevivido.