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En El Lugar De La Diosa

Электронная книга - «En El Lugar De La Diosa». Краткое содержание книги:

La única emoción que esperaba Shannon Parker de las vacaciones de verano era hacer unas cuantas compras. Sin embargo, recibió la llamada de un ánfora antigua y se vio transportada a Partholon, donde todos la trataron como a una diosa. Una diosa muy temperamental…
Sin saber cómo, Shannon había adoptado el papel de otra, se había convertido en la encarnación de la diosa Epona. Y, aunque eso tenía una ventaja (¿a qué mujer no le gustaban los lujos?), también conllevaba un matrimonio ritual con un centauro y la amenaza de muerte a su nuevo pueblo. Además, todo el mundo la odiaba, porque pensaban que era una simple doble de su diosa.
Shannon tenía que averiguar cómo podía volver a Oklahoma sin morir en el intento, sin contraer matrimonio con un centauro y sin volverse loca…
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– Suzanna es vuestra amiga, no yo.

– Pero tú eres igual que Suzanna, y no puedo evitar querer ser amiga tuya también.

Ella tomó aire profundamente.

– ¿Os habríais marchado a mitad de la noche, hacia el peligro y el horror, sin decírselo a vuestra Suzanna? ¿Y sin pedirle su ayuda ni sus plegarias?

Oh. Ahora lo entendía todo.

– No, no lo habría hecho.

– Así pues, ya veis, mi señora, no importa lo que digáis con vuestras palabras, vuestras acciones me demuestran que no somos amigas.

– Oh, Alanna, tienes mucha razón -dije. No podía creer que hubiera hecho tan mal las cosas.

– Es mejor que sigamos siendo ama y esclava -dijo ella con resignación.

– ¡No! No quería decir eso. Lo que quería decir es que tienes razón al estar enfadada conmigo. He sido una idiota.

– ¡Mi señora! Yo no podría estar enfa…

Entonces, la interrumpí.

– Claro que sí. Lo estás, y tienes razón. Yo se lo habría contado a Suzanna, y debería habértelo contado a ti. Me equivoqué. Por favor, perdóname y dame otra oportunidad.

Ella me miró con asombro, pero ya no tenía lágrimas en los ojos.

– Yo… yo…

– Siento haber herido tus sentimientos y haber conseguido que desconfiaras de mí.

– Os perdono.

Su expresión cambió al decir aquellas palabras, y en sus labios apareció una sonrisa tímida.

– ¡Bien! La próxima vez que vaya a cometer una locura, te avisaré. Así podremos preocuparnos juntas.

– Eso me gustaría.

– A mí también -dije. Con un suspiro, volví a relajarme dentro del agua, feliz por haberlo resuelto-. ¿Te importaría darme algo con lo que pueda lavarme?

Ella me entregó una esponja de color crema.

– Tomad, mi señora…

– Alanna, no puedo soportar que me llames así. ¿No podrías tutearme otra vez?

Alanna me miró con desconcierto, pero respondió.

– De acuerdo… Rhiannon -dijo, aunque no estaba totalmente convencida.

– Rhiannon. No. No me gusta.

– Significa «majestuosa».

– Era de esperar -murmuré, mientras me frotaba la planta de los pies con la esponja-. Me gustaría que pudieras llamarme Shannon, pero supongo que no es buena idea.

– No -dijo ella con preocupación.

– ¡Ya sé! Mis amigos no me llaman Shannon muy a menudo. Acortan el nombre y me llaman Sha. ¿Y si reducimos Rhiannon a algo como Rhe, o Rhea?

Dios, tenía los pies asquerosos.

– ¿Rhea? -preguntó ella, dubitativamente.

– Sí. Me gusta.

– Bueno, lo intentaré.

Capítulo 14

– Alanna, ¿hay algo con lo que pueda lavarme el pelo? Lo tengo muy sucio.

– Por supuesto… -ella hizo un esfuerzo evidente, y añadió-: Rhea.

Volvió a rebuscar entre los frascos hasta que encontró uno dorado y alto.

– Este jabón para el pelo está hecho de miel y almendras. Es el favorito de Rhiannon, y he pensado que a ti también podría gustarte.

– Tienes razón. Me gusta -dije-. Es extraño que nuestros gustos se parezcan tanto, ¿verdad?

Alanna soltó un resoplido muy poco elegante.

– Creo que «extraño» no es una palabra suficientemente intensa para describirlo.

– Espera, voy a mojarme el pelo. Después, te agradecería que me ayudaras a lavármelo bien.

– Encantada, Rhea.

En aquella ocasión, el nombre salió con más facilidad.

Yo me tapé la nariz y me hundí en el agua, y agité la cabeza para que el agua empapara mis rizos enmarañados.

Cuando salí a la superficie, me volví hacia Alanna y me senté cerca del borde. Ella destapó la botella y me puso el líquido jabonoso por todo el pelo. Después, las dos atacamos la melena. Tuvimos que repetir tres veces el proceso de lavado y aclarado, antes de que yo me sintiera realmente limpia.

La piscina era magnífica. Tenía un sistema que dejaba salir el agua sucia y jabonosa por un lado, mientras que por el otro entraba agua limpia y caliente. Y era muy grande. El centro tenía la suficiente profundidad como para que yo me pusiera de pie y tuviera el agua por la barbilla.

Ya limpia, me acomodé cerca de la zona por la que fluía el agua, para que mis músculos se relajaran con el calor. Alanna se sentó cerca de mí, con las piernas metidas en el agua, como si fuera una niña sentada a la orilla del río.

– Siento que hayas tenido que ver el horror de lo que sucedió en el Castillo de MacCallan -me dijo con tristeza.

– Tenía que ir. No quería hacerlo, pero necesitaba ir.

– Sí. Me alegro de que ClanFintan te acompañara.

– No sé lo que habría hecho sin él -dije. De repente, recordé algo que me sobresaltó-. ¡Epi! Ni siquiera he preguntado si ha vuelto a casa sana y salva.

Alanna frunció el ceño con confusión, y después su expresión se aclaró.

– La Elegida. La yegua de lady Rhiannon. Sí, los centauros de ClanFintan la escoltaron hasta casa. Está descansando plácidamente en el establo.

– ¿Se le ha curado el casco?

– No parecía que tuviera nada malo cuando yo la vi -me dijo ella con una sonrisa-. Entonces, ¿os habéishecho amigas?

– Es estupenda, y a mí siempre me han encantado los caballos.

– Teniendo en cuenta tu nueva situación, ésa es una coincidencia muy afortunada.

– Cierto.

Las dos nos quedamos calladas, pensativas, sopesando las dimensiones a ambos lados de un espejo, las diosas de los equinos, el sexo con los centauros…

– Me gusta de verdad.

Alanna me miró con un pestañeo. Inocentemente.

– ¿Quién, mi señora?

– Que no me llames así… -dije, y le salpiqué con un poco de agua. Ella se rió-. Ya sabes quién. El señor Alto, Moreno y Equino.

– ¿Ya no te disgusta tener que pasar la noche con él? -me preguntó.

– No soy capaz de quitarle las manos de encima -dije, y creo que me ruboricé.

– Ahora hablas igual que lady Rhiannon -dijo Alanna, y se tapó la boca con las manos para ahogar una risita.

– Y tú hablas igual que Suzanna -dije yo, y nos reímos juntas-. Oh, vaya, eso me recuerda que él iba a ir a mi habitación para darme un informe. Por favor, ayúdame a elegir algo maravilloso que ponerme.

Alanna se levantó de un salto y tomó una toalla gruesa en la que yo me envolví rápidamente. Me senté en el tocador, y comenzamos a secar mi pelo.

– Y tenemos el problema de esas criaturas espantosas -dije, y nuestros ojos se encontraron en el espejo-. Oh, Alanna, tuve otro de esos sueños. Las criaturas han apresado a todas las mujeres del castillo. Vi cómo una criatura recién nacida salía del cuerpo de una de ellas, rasgándole la carne y la piel -expliqué con un escalofrío, y Alanna abrió mucho los ojos y me tomó de las manos-. Dime que los centauros son fuertes y pueden matar a esas criaturas. Sé tan poco de este mundo… ¿Tengo yo un ejército, o algo parecido? ¿O los soldados de Rhiannon sólo son chicos para pasarlo bien?

– Los centauros son guerreros muy poderosos -dijo ella con firmeza-. Y lady Rhiannon elige a sus guardias por su capacidad para la lucha, aparte de sus otras habilidades y… sus otros atributos.

Yo le apreté las manos y me volví hacia el espejo.

– Por lo menos es una viciosa inteligente.

Alanna sonrió.

– Hablando de ser inteligente… Me siento como una idiota, porque no conozco nada de este mundo. ¿No tiene Rhiannon un mapa, o algo que puedas mostrarme? Ni siquiera sabía lo que era el Castillo de la Guardia. ClanFintan debe de pensar que soy tonta.

– Sí, hay un mapa de Partholon en tu habitación -me dijo ella. Después me preguntó-: ¿Sabes que tienes que realizar una ceremonia de bendición para todo el mundo, mañana por la mañana?

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