Dune [es]
- Автор: Херберт Фрэнк
- Серия: dune (es) #1
- Год: 1975
- Язык: испанский
- Год: Acervo
- ISBN: 84-7002-181-8
- Переводчик: Domingo Santos
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «Dune [es]». Краткое содержание книги:
—Algún día, muchacho —dijo la vieja mujer—, tú también deberás esperar fuera de una puerta como ella. Se necesita mucha voluntad para hacerlo.
Paul miró su mano a través de la cual había pasado el dolor, luego miró a la Reverenda Madre. El sonido de su voz contenía una diferenciación que la distinguía de todas las otras voces que había oído su experiencia. Las palabras habían sido definidas, brillantes. Sintió que cualquier pregunta que hubiera hecho habría recibido una respuesta que lo hubiera elevado fuera de su mundo carnal hacia algo más grande.
—¿Por qué buscáis a los humanos? —preguntó.
—Para hacerlos libres.
—¿Libres?
—Hubo un tiempo en que los hombres dedicaban su pensamiento a las máquinas, con la esperanza de que ellas les harían libres. Pero esto sólo permitió que otros hombres con máquinas les esclavizaran.
—«No construirás una máquina a semejanza de la mente del hombre» —citó Paul.
—Esto es lo que dicen el Jihad Butleriano y la Biblia Católica Naranja —dijo—. Pero en realidad la Biblia C.N. tendría que haber dicho: «No construirás una máquina que imite la mente humana» ¿Has estudiado al Mentat a tu servicio?
—He estudiado con Thufir Hawat.
—La Gran Revolución nos ha librado de nuestras muletas — dijo la vieja mujer—. Ha forzado a las mentes humanas a desarrollarse. Fueron fundadas escuelas para adiestrar los talentos humanos.
—¿Las escuelas Bene Gesserit?
Ella asintió.
—Han sobrevivido dos de esas antiguas escuelas: la Bene Gesserit y la Cofradía Espacial. La Cofradía, eso es al menos lo que pensamos, concentra todos sus esfuerzos en las matemáticas puras. La Bene Gesserit desarrolla otra función.
—Política —dijo Paul.
—¡Kull wahad! —dijo la vieja mujer. Dirigió a Jessica una dura mirada.
—No le he dicho nada, Vuestra Reverencia —dijo Jessica.
La Reverenda Madre volvió su atención hacia Paul.
—Has necesitado pocos indicios para deducir esto —dijo—. Se trata de Política. La escuela Bene Gesserit original estaba dirigida por aquellos que intuyeron que se necesitaba una continuidad en las relaciones humanas. Vieron que esta continuidad no podía existir sin separar el linaje humano del linaje animal… por razones de selección.
Las palabras de la vieja mujer perdieron bruscamente aquella especial claridad para Paul. Percibía una ofensa hacia aquello que su madre llamaba instinto para la sinceridad. No era que la Reverenda Madre le mintiera. Obviamente, ella creía en lo que le estaba diciendo. Era algo más profundo, algo ligado a aquella terrible finalidad.
—Pero mi madre me ha dicho que muchas Bene Gesserit de las escuelas ignoran su genealogía —dijo.
—Las ascendencias genéticas están todas en nuestros archivos —dijo ella—. Tu madre sabe que es de ascendencia Bene Gesserit, o que fue aceptada como tal.
—Entonces, ¿por qué nunca ha sabido quiénes fueron sus padres?
—Algunas lo saben… otras no. Puede ocurrir, por ejemplo, que deseemos que procree con un consanguíneo a fin de convertir en dominante alguna característica genética. Tenemos multitud de razones.
Paul percibió la ofensa hacia su instinto para la sinceridad. Dijo:
—Decidís muchas cosas por vos misma.
La Reverenda Madre le miró en silencio, pensando: ¿Hay una crítica en su voz?
—Nuestra carga es pesada —dijo.
Paul se dio cuenta de que se estaba recuperando cada vez más del shock de la prueba. La miró tranquilamente y dijo:
—Decís que tal vez yo sea el… Kwisatz Haderach. ¿Qué es esto, un gom jabbar humano?
—¡Paul! —dijo Jessica—. No debes emplear ese tono con…
—No te metas en esto, Jessica —dijo la vieja mujer—. Muchacho, ¿conoces la droga de la Decidora de Verdad?
—La tomáis para incrementar vuestra habilidad de detectar falsedades —dijo él—. Mi madre me lo explicó.
—¿Has asistido alguna vez a un trance de verdad?
Agitó la cabeza.
—No.
—La droga es peligrosa —dijo ella—, pero te confiere la intuición. Cuando una Decidora de Verdad tiene el don de la droga, puede mirar en muchos lugares de su memoria… de la memoria de su cuerpo. Podemos mirar hacia muchas avenidas del pasado… pero únicamente hacia las avenidas femeninas. — Su voz tuvo un asomo de tristeza—. Sin embargo, hay un lugar donde ninguna Decidora de Verdad puede mirar. Nos vemos repelidas por él, aterrorizadas. Pero está dicho que un día vendrá un hombre que, con el don de la droga, podrá ver con su ojo interior. Podrá ver donde ninguna de nosotras podemos… en los dos pasados, masculino y femenino.
—¿Vuestro Kwisatz Haderach?
—Si, aquel que puede estar en muchos lugares a la vez: el Kwisatz Haderach. Muchos hombres han probado la droga… muchos de ellos, y ninguno ha tenido éxito.
—¿Todos ellos lo han intentado y han fallado?
—Oh, no —ella agitó la cabeza—. Lo han intentado y han muerto.
CAPÍTULO II
Intentar comprender a Muad’Dib sin comprender a sus mortales enemigos, los Harkonnen, es intentar ver la Verdad sin conocer la Mentira. Es intentar ver la Luz sin conocer las Tinieblas. Es imposible.