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Электронная книга - «Una terapia muy especial». Краткое содержание книги:

Noche tras noche, la fisioterapeuta Brianne Nelson fantaseaba con el apuesto desconocido que había visto en la cafetería en la que trabajaba media jornada. Lo que no sospechaba era que aquel desconocido acabaría convirtiéndose en cliente suyo…
Gracias a la generosidad de su hermana, Jake Lowell iba a disfrutar de los servicios de Brianne durante una temporada. Aunque no tenía la menor gana de volver a su empleo de policía, debía encontrar al tipo que le había disparado. Pero antes necesitaba una buena terapia, y lo cierto era que Brianne estaba consiguiendo que se sintiera mucho mejor…
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Estudió las fotografías de la revista. Eran muy interesantes, eróticas imágenes de éxtasis. Sin previo aviso, Norton levantó la cabeza y, empezó a ladrar. Rápidamente, salió de la cocina.

– ¡Menudo traidor Jake! Te aseguro que vas a pagármelas por esto.

Oyó que unos pasos avanzaban en dirección a la cocina.

– Ven a quitarme estas esposas, ¿quieres?

– Será un placer.

Brianne se dio la vuelta y pudo poner rostro a aquella voz, la voz con acento que no podía pertenecer a otra persona que no fuera Louis Ramírez.

Capítulo 12

Había dejado esposada a Brianne. Jake sentía un profundo sentimiento de culpa. Cuando salió del ascensor, saludó al portero, que le abrió la puerta para que saliera del edificio. Jake se dirigió inmediatamente al metro, pero su conciencia no dejaba de repetirle que regresara. Lo mismo que la extraña sensación que había sentido cuando Vickers le dijo que Ramírez se iba a entregar.

A pesar de todo, su mayor preocupación en aquellos momentos era Brianne. No se podía creer que ella se hubiera negado a prometerle que no iba a salir del edificio. Si no hubiera sido tan testaruda, en aquellos momentos no estaría atada. Además, había demostrado que era capaz de asumir riesgos si se le daba el incentivo correcto…

Jake se detuvo en lo alto de las escaleras del metro. «Cuando amo a alguien, no lo abandono». Entonces, el incentivo que la había animado a ir al restaurante había sido…

A Jake le dio un vuelco el corazón. ¿Cómo diablos no había prestado a aquellas palabras la atención que debía? Porque, por primera vez desde que había conocido a Brianne, se había comportado como un policía en vez de como un hombre. Había hecho oídos sordos a sus palabras y a sus súplicas, y la había dejado esposada a la silla, sola… para que él pudiera ver cómo Ramírez entraba en la comisaría y se entregaba.

Ni hablar. ¿Cómo había podido haberse creído aquello? Ramírez nunca admitiría su derrota ni se rendiría, lo que significaba… que la llamada que había hecho a la policía había sido una trampa.

– Maldito sea…

Jake empezó a correr en dirección al ático de su hermana, esperando que no fuera demasiado tarde. Unos pocos minutos más tarde, que más bien le parecieron horas, entró por la puerta del edificio. No se veía al portero por ninguna parte, lo que confirmó los temores de Jake. Al fin, lo encontró detrás del mostrador de recepción, tirado en el suelo.

En aquel momento, una pareja que le resultaba desconocida entró por la puerta.

– ¿Dónde está Harry? -preguntó la mujer.

Jake no creyó que le gustara la respuesta, por lo que sacó su placa y se la mostró. Entonces, rodeó rápidamente el mostrador y sacó el teléfono, que colocó encima.

– Llamen a urgencias. Den la dirección a la policía y díganles que es en el ático.

Cuando terminó de hablar, Jake salió corriendo hacia el ascensor. Durante el tiempo que duró el trayecto, Jake sintió que toda su vida le pasaba por delante, tal y como decía el tópico. Todo lo que vio, todo lo que quería para el presente y el futuro, incluía a Brianne. Esperaba que Ramírez no le hubiera hecho ningún daño… ni que la hubiera matado.

Decidió quitarse las zapatillas deportivas para así poder sorprender a Ramírez. Por fin, las puertas del ascensor se abrieron. Tras una rápida inspección ocular, comprobó que ni Brianne ni Ramírez estaban en el vestíbulo.

Con la pistola en la mano, entró silenciosamente en el apartamento. Aunque había dejado a Brianne en la cocina, no creyó que fuera muy posible que Ramírez la hubiera dejado allí, ante la imposibilidad de cerrar la habitación. Sin embargo, habría tenido que mover a Brianne con la silla, algo que ella no habría permitido, al menos sin presentar batalla. Se dirigió a la cocina, pero, en aquel momento, Norton salió e hizo su habitual maniobra de deslizarse hasta chocar con los pies del recién llegado, algo que solía reservar exclusivamente para Brianne.

Jake se agachó al lado del excitado perro y le susurró:

– Vamos, muchacho, ¿dónde está?

El perro salió corriendo después de morderle suavemente la pierna, como si quisiera decirle que lo siguiera. Mentalmente, Jake retiró todas las cosas malas que había dicho sobre el animal.

Norton lo condujo hasta la cocina. A medida que se fue acercando, Jake oyó los sonidos de una escaramuza.

Por mucho que quisiera irrumpir en la cocina, tenía que actuar con precaución. Asomó la cabeza con mucho cuidado y miró en el interior de la cocina. Lo que vio casi le hizo perder el control.

Ramírez estaba prácticamente encima de Brianne.

Ella tenía la blusa rasgada. Ramírez la tenía agarrada por el hombro con una mano, mientras que, con la otra, estaba a punto de tocarle los pechos.

Un sentimiento de furia y de posesión se apoderó de él.

Al ver la pistola de Ramírez, decidió guardar silencio. No disponía de un tiro limpio sobre el delincuente mientras éste estuviera delante de Brianne. Sin poder resistirlo más, Jake entró en la cocina y apuntó a Ramírez con su pistola.

– Suéltala, Louis.

– ¡Vaya! -exclamó Ramírez, irguiéndose-. Bienvenido a casa, detective.

– Tira la pistola.

– No creo que estés en posición de darme órdenes -replicó Ramírez, amartillando el arma.

Al oír aquel sonido, Brianne se quedó completamente pálida.

Jake trató de comunicarle sin palabras que se mantuviera tranquila, que no tuviera miedo. Él la había metido en aquel lío y él la sacaría. No podía perderla.

Rápidamente, volvió a centrar su atención en Ramírez.

– Esto es entre nosotros. Déjala fuera de esto.

– Me envió flores, ¿te acuerdas, Jake? Supongo que eso me hace formar parte de este asunto.

Jake musitó una maldición y empezó a sudar profusamente. No sabía lo que Brianne estaba tramando, pero creía que lo mejor era que guardara silencio. No era muy recomendable que Ramírez la considerara alguien de la que se podía prescindir. En aquel momento, ya tenían cargos más que suficientes contra él, por lo que lo único que quería Jake era tener una buena oportunidad de dispararle limpiamente, sin riesgo de que Brianne resultara herida.

– Hermosas flores para una hermosa mujer. ¿Te gustaron? Me molesta admitirlo, Lowell, pero tienes buen gusto. Yo también quería probarla -dijo Ramírez, acariciando la mejilla de Brianne con la pistola-. Es una pena que ya no vaya a poder ser. Tirármela hubiera sido como torturarte a ti al mismo tiempo…

Brianne se echó a temblar con una repulsión que no pudo esconder.

– Vamos, Louis -comentó Jake-. Si matas a otra persona, esta vez no te verás libre por un tecnicismo.

– Yo no estaría tan seguro.

Brianne miró a Jake y, en silencio, le imploró que no se precipitara. Sabía que él estaba deseando dispararle, igual que sabía que él se culpaba de aquella situación. Jake creía que él había creado aquella situación por haberla dejado esposada a la silla antes de marcharse.

No podía decirle en aquellos instantes, y tal vez ya nunca podría hacerlo, que lo perdonaba. Tanto si la amaba del mismo modo que ella lo amaba a él como si no, nunca se lo tendría en cuenta. Sabía que ella, con su empecinamiento, lo había obligado a reaccionar de aquella manera.

Cuando Jake volvió a mirarla, Brianne sintió un cambió en su relación, un reconocimiento de la situación a la que tendría que enfrentarse si los dos salían vivos de aquello.

– ¿Qué me dices del guardia al que has atacado abajo? -le preguntó Jake, para que se distrajera hablando y se olvidara de disparar.

– ¿Cómo puede uno explicar lo que un policía enfurecido es capaz de hacer?

– ¿Tú crees que mis compañeros me echarán la culpa?

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