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Canticos de la lejana Tierra [=Voces de un mundo distante / The Songs of Distant Earth - es]

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Canticos de la lejana Tierra [=Voces de un mundo distante / The Songs of Distant Earth - es]
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— Ya sabes, Loren — dijo con reluctancia—, que no podía haber hecho ninguna otra cosa con aquella ola. Si hubiera mantenido el rumbo nos habríamos estrellado contra el arrecife. Fue una desgracia que el Calypso no pudiera llegar a tiempo a alta mar.

— Estoy totalmente seguro de que nadie lo podría haber hecho mejor — dijo Loren con absoluta sinceridad.

— Eh… me alegra que lo entiendas.

Era obvio que Brant se sentía aliviado, y Loren sintió un arrebato de simpatía, incluso de compasión, por él. Tal vez había habido algunas críticas de su comportamiento al timón; para cualquiera que estuviera tan orgulloso de sus conocimientos como Brant, eso había tenido que ser intolerable.

— Tengo entendido que se ha recuperado el trineo.

— Sí… Pronto estará reparado y lo dejarán como nuevo.

— Como a mí.

En la breve camaradería de sus carcajadas simultáneas, a Loren se le ocurrió una idea repentina e irónica.

Se preguntó si Brant deseó, en algún momento, que Kumar hubiera sido un poco menos valiente.

36. Kilimanjaro

¿Por qué había soñado con el Kilimanjaro?

Era una palabra extraña; un nombre, de eso estaba seguro… pero, ¿de qué?

Moses Kaldor yacía bajo la luz gris del amanecer thalassano, despertando lentamente a los sonidos de Tarna. No es que no hubiera muchos a esa hora; un trineo de arena zumbaba en alguna parte, en dirección a la playa, probablemente para recoger a un pescador que regresaba.

Kilimanjaro.

Kaldor no era un hombre jactancioso, pero dudaba que existiera otro ser humano que hubiera leído tantos libros antiguos sobre una variedad de temas tan amplia. También le habían sido implantados varios terabytes de memoria, y aunque la información así almacenada no era realmente conocimiento, se podía acceder a ella si se recordaban los códigos de acceso.

Era un poco pronto para hacer ese esfuerzo, y tenía sus dudas de que la cuestión fuera particularmente importante. Sin embargo, había aprendido a no subestimar los sueños; el viejo Sigmund Freud había hecho algunas puntualizaciones válidas dos mil años atrás. Y, de todos modos, ya no podría volver a quedarse dormido…

Cerró los ojos, conectó el mando BUSQUEDA y esperó. Aunque era pura fantasía, porque el proceso tenía lugar a nivel totalmente subconsciente, podía imaginarse miríadas de Ks parpadeando en algún lugar de las profundidades de su cerebro.

Algo les sucedía a los fosfenos que bailan formando dibujos al azar eternamente en la retina del ojo fuertemente cerrado. Una ventana oscura había aparecido, por arte de magia, en el caos apenas luminiscente; se estaban dibujando letras… y ahí estaba:

KILIMANJARO:

Montaña Volcánica, África. Alt.: 5,9 km. Emplazamiento del primer Terminal del Elevador Espacial de la Tierra.

¡Vaya! ¿Qué quería decir aquello? Dejó que su mente jugara con esa escasa información.

¿Tendría algo que ver con aquel otro volcán, Krakan… que había estado muy presente en sus pensamientos recientemente? Eso parecía bastante cogido por los pelos. Y no necesitaba de ningún aviso para saber que Krakan — o su turbulento descendiente— podía entrar de nuevo en erupción.

¿El primer ascensor espacial? Eso sí que era historia antigua; señalaba el comienzo mismo de la colonización planetaria al dar a la Humanidad acceso prácticamente libre al Sistema Solar. Y aquí estaban utilizando la misma tecnología, usando cables de material superresistente para levantar los grandes bloques de hielo hasta la Magallanes, mientras la nave seguía suspendida sobre el Ecuador en una órbita estacionaria.

Sin embargo, esto tampoco tenía mucho que ver con aquella montaña africana. La conexión era demasiado remota; Kaldor estaba convencido de que la respuesta tenía que estar en alguna otra parte.

El acercamiento directo había fallado. La única forma de encontrar el nexo de unión, si podía, era dejarlo al azar, al paso del tiempo y a los misteriosos funcionamientos de la mente inconsciente.

Haría todo lo que pudiera por olvidar el Kilimanjaro hasta que éste eligiera el momento propicio para entrar en erupción en su cerebro.

37. In vino veritas

Después de Mirissa, Kumar era la visita que Loren recibía con mayor agrado, y frecuencia. A pesar de su apodo, Loren tenía la impresión de que Kumar se parecía más a un fiel can o, mejor aún, a un cariñoso cachorro, que a un león. En Tarna había una docena de perros muy mimados, y algún día podrían vivir también en Sagan Dos, reanudando su larga relación con el hombre.

Loren ya se había enterado del riesgo que corrió el muchacho en aquel tumultuoso mar. Fue una suerte para ambos que Kumar nunca dejara la costa sin llevar un cuchillo de buzo atado a la pierna; aun así, había permanecido bajo el agua durante más de tres minutos, cortando el cable que apresaba a Loren. La tripulación del Calypso estaba convencida de que ambos se habían ahogado.

Pese al vínculo que les unía ahora, a Loren le resultaba difícil mantener una larga conversación con Kumar. Después de todo, sólo había un limitado número de formas de decir: « Gracias por haberme salvado la vida », y sus pasados eran tan tremendamente diferentes, que tenían muy pocos puntos de referencia comunes. Si él hablaba a Kumar de la Tierra o de la nave, tenía que explicárselo todo con inacabables detalles; y, pasado un rato, Loren comprendía que estaba perdiendo el tiempo. A diferencia de su hermana, Kumar vivía en el mundo de la experiencia inmediata; sólo el aquí y el ahora de Thalassa eran importantes para él. En una ocasión, Kaldor había exclamado: « ¡Cómo le envidio! Es una criatura de hoy, no está acuciada por el pasado ni temerosa del futuro! »

Loren estaba a punto de irse a dormir, en lo que confiaba que sería su última noche en la clínica, cuando Kumar llegó con una botella muy grande, que sostenía con aire de triunfo.

—¡Adivina!

— No tengo ni idea — mintió Loren.

— El primer vino de la temporada, de Krakan. Dicen que será un año muy bueno.

—¿Cómo te has enterado tú?

— Nuestra familia ha tenido allí unos viñedos durante más de cien años. Los vinos « Marca del León » son los más famosos del mundo.

Kumar miró en todas direcciones, sacó dos vasos y los llenó abundantemente. Loren tomó un sorbo con precaución; era un poco dulce para su gusto, pero muy, muy suave.

—¿Cómo lo llamáis? — preguntó.

— » Krakan Especial ».

— Ya que Krakan casi me mata en una ocasión, ¿tengo que arriesgarme?

— Ni siquiera te dará resaca.

Loren tomó otro trago más largo y, en un plazo de tiempo sorprendentemente corto, el vaso quedó vacío. En menos tiempo aún volvió a llenarse.

Aquélla parecía una manera excelente de pasar su última noche en el hospital, y Loren sintió que su natural gratitud hacia Kumar se extendía al mundo entero. Incluso una de las visitas de la alcaldesa Waldron no sería mal recibida.

— Por cierto, ¿cómo está Brant? Hace una semana que no lo veo.

— Sigue en la Isla Norte, encargándose de las reparaciones del barco y hablando con los biólogos marinos. Todos están muy entusiasmados por lo de los escorpios; pero nadie decide qué hay que hacer respecto a ellos. Si es que hay que hacer algo.

—¿Sabes? A veces siento lo mismo respecto a Brant.

Kumar se echó a reír.

— No te preocupes. Ya ha encontrado a una chica en la Isla Norte.

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