La chica de sus sueños
- Автор: Леон Донна
- Язык: испанский
- Жанр: Триллеры
Электронная книга - «La chica de sus sueños». Краткое содержание книги:
– Creo que aquí es donde deberíamos detenernos a reflexionar sobre las circunstancias de los hechos.
– ¿Como la de que se trata de menores? -apuntó Brunetti. Ante el gesto afirmativo de Steiner, agregó-: Y decidir quién tiene jurisdicción.
El carabiniere volvió a asentir y entonces sorprendió a Brunetti con la pregunta:
– ¿Patta es su jefe?
– Sí.
– Hmm. He trabajado para hombres como él. Imagino que estará usted acostumbrado a explicarle las cosas de un modo…, en fin, imaginativo. -Brunetti asintió-. ¿Cree que podrá convencerle para que lo encargue del caso? No es que yo crea que vayamos a conseguir mucho, pero no me gusta que haya sido una niña.
– ¿De las posibilidades que ha mencionado, se inclina por alguna? -preguntó Brunetti, recordando su pertinaz interrogatorio del forense.
Antes de responder, Steiner consultó de nuevo con los árboles y el pájaro, y dijo:
– Decíamos que o se cayó o la empujaron. Y que los otros chicos debían de estar con ella, por lo que tienen que saber si fue lo uno o lo otro.
– Habrían dicho algo -sugirió Brunetti, aunque no lo creía, y lo insinuaba sólo para ver la reacción de su interlocutor.
Steiner lanzó un bufido de incredulidad.
– No son niños que hablen con la policía, comisario. -Tras un momento de reflexión, añadió-: Ni siquiera sé si son niños que hablen con sus padres.
Brunetti replicó sin pensar:
– Si se van tres y vuelven dos, alguien tiene que hacer preguntas.
Steiner se tomó tiempo para contestar.
– Bien mirado, es probable que eso les pase continuamente. Ven a la policía y se dispersan; entran en una casa, los dueños los sorprenden, y echan a correr; alguien les ve forzar una puerta, les grita y escapan en distintas direcciones, para que sea más difícil atraparlos. Estoy convencido de que saben cuál es la mejor manera de escapar de cualquier situación.
– Esa niña no lo sabía -dijo Brunetti.
– Cierto -convino Steiner en voz baja.
Después de un momento, Brunetti dijo:
– Es raro que no nos comunicaran su desaparición.
– No tan raro -respondió Steiner-. Si bien se mira.
Se hizo un silencio, pero era un silencio de armonía de criterios y afinidad de propósitos.
– Tengo que ir a hablar con la madre -dijo Brunetti.
– Sí. -Steiner hizo una pausa y preguntó-: ¿Cómo piensa hacerlo?
– Llevaré conmigo a mi ayudante. Vianello.
– Buen elemento -comentó Steiner, para sorpresa de Brunetti.
Sin aludir a ese comentario, el comisario dijo:
– Me gustaría que nos acompañara uno de ustedes. E ir en uno de sus coches. -Steiner asintió, dando a entender que nada sería más fácil-. Creo conveniente que nos acompañe un asistente social. -Mientras decía esto, Brunetti descubrió que ya incluía en sus planes al maresciallo.
– Hablaré con mi superior -dijo Steiner.
– Y yo buscaré la manera de hablar con el mío.
Steiner se puso en pie apoyando las manos en la mesa y fue hacia la puerta.
– Tardaré unos veinte minutos en organizarlo: una lancha y un coche y alguien de servicios sociales. Los recogeremos en una lancha, digamos, dentro de media hora.
Brunetti extendió la mano, dio las gracias al maresciallo y se fue, de regreso a la questura.
CAPÍTULO 20
De Vianello, ni rastro. No estaba en la sala de agentes y nadie sabía adónde había ido. Brunetti entró en el despacho de la signorina Elettra por si el inspector estaba con ella o, lo que era menos probable, con Patta.
– ¿Ha visto a Vianello? -preguntó, sin saludar.
Ella levantó la mirada de los papeles que tenía delante y, después de una pausa más bien larga, dijo:
– Creo que lo espera en su despacho, comisario -y volvió a inclinar la cabeza sobre los papeles.
– Gracias -dijo Brunetti.
Ella no contestó.
Hasta que estuvo en la escalera no advirtió Brunetti la brusquedad de su tono y la frialdad con que ella había respondido, pero ahora no tenía tiempo para ceremonias. Encontró a Vianello en el despacho, de pie delante de la ventana, mirando hacia el otro lado del canal. Antes de que Brunetti pudiera hablar, el inspector dijo:
– Steiner me ha llamado, para decirme que la lancha estaba llegando al puesto y que estarán aquí dentro de unos minutos.
Brunetti asintió con un gruñido, fue a la mesa y levantó el teléfono. Cuando oyó a Patta contestar con su nombre, dijo:
– Vicequestore, Brunetti. Al parecer, los carabinieri han localizado a los padres de la niña que se ahogó la semana pasada. Sí, señor, la gitana -confirmó, preguntándose si durante la última semana se habrían ahogado más niñas sin que Patta se lo hubiera comunicado-. Los carabinieri desean que alguien de la questura esté presente cuando les informen -añadió, procurando imprimir en su voz impaciencia e irritación. Escuchó un momento y dijo-: Cerca de Dolo. No, señor; no me han dicho exactamente dónde. Pero he pensado que usted es la persona más indicada para acompañarles por ser la de más alto rango.
En respuesta a la pregunta de su superior, Brunetti dijo:
– Contando el trayecto en la lancha y la espera de un coche en piazzale Roma, porque parece que ha habido un malentendido y no llegará hasta las tres…, no creo que lleve más de dos horas, quizá un poco más, depende de lo que tarde el coche. -Brunetti escuchó un rato y dijo-: Desde luego, lo comprendo. Pero no hay otra manera de informarles. Allí no hay teléfonos ni los carabinieri tienen un número de telefonino al que poder llamar.
Brunetti miró a Vianello apartando el auricular del oído, mientras Patta vertía sus pretextos al aire. De pronto, Vianello se inclinó hacia adelante señalando a la entrada del canal por donde venía la lancha. Brunetti movió la cabeza de arriba abajo y se acercó el teléfono.
– Comprendo, vicequestore, pero no estoy seguro de la conveniencia… Desde luego, me hago cargo de la importancia de mantener buenas relaciones con los carabinieri, pero sin duda ellos preferirán que una persona de más alta…
Brunetti cruzó una mirada con Vianello e hizo con el índice un movimiento de rotación, dando a entender que la conversación podía prolongarse. Así fue, hasta que Vianello echó a andar hacia la puerta y Brunetti interrumpió a su superior diciendo:
– Puesto que insiste, señor… Le haré un informe completo cuando regrese.
El comisario colgó el teléfono, agarró el sobre con las fotos de la niña y salió rápidamente detrás de Vianello, que ya bajaba la escalera.
Vianello saltó a la lancha y estrechó la mano de Steiner al tiempo que extendía la otra para sostener a Brunetti, que embarcaba a su vez. El inspector se dirigió al maresciallo tuteándolo, y Brunetti decidió imitar el tono de camaradería de Vianello y propuso el tuteo, dando su nombre de pila a Steiner, quien, con una palmada en el brazo, dijo que le llamara Walter.
Todavía de pie en la cubierta, Brunetti explicó que Patta le había pedido que fuera a dar la noticia a los padres de la niña, omitiendo los detalles de la conversación. Steiner permaneció impasible y sólo se permitió decir:
– Los superiores eficaces conocen la importancia de saber delegar.
– Por supuesto -respondió Brunetti, y la camaradería iniciada con el tuteo se consolidó.
Los hombres entraron en la cabina mientras la lancha avanzaba lentamente hacia piazzale Roma, donde debía reunirse con ellos una funcionaria de los servicios sociales. Durante el viaje, Brunetti refirió a Steiner cómo se había hallado el cadáver y le puso al corriente de los resultados completos de la autopsia.