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El martillo de Dios [The Hammer of God - es]

Электронная книга - «El martillo de Dios [The Hammer of God - es]». Краткое содержание книги:

En el siglo XXII, los humanos habitan la Luna y Marte; una veterana de guerra ha fundado Crislam, doctrina religiosa impartida a través de módulos de realidad virtual; no queda comida natural, pero reciclando desechos se consigue cualquier plato; los pisos son pequeños, pero el Papa se opone a cada nuevo avance…
La aparición de un asteoide que amenaza con caer sobre la tierra plantea el gran dilema de fondo: ¿hay que destruirlo en el espacio? ¿No será mejor dejar que caiga y contribuya a arreglar el problema de la superpoblación de la tierra?
Con esos elementos, Clarke recupera las dotes que lo convirtieron en maestro del género: perspicacia para plantear un futuro lejano pero ya visible, capacidad de retar al intelecto del lector al tiempo que lo entretiene, y una ironia cargada de ingenio contundente.
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Sin embargo — y eso era lo que preocupaba a Sir Colin, si bien había discutido la cuestión nada más que con el capitán Singh—, las erupciones estaban comenzando más tempranos duraban más y se volvían más vigorosas. Por fortuna, todavía estaban confinadas a esa única zona, casi en el lado del asteroide opuesto a la Goliath; no se habían producido en ninguna otra parte.

La tripulación miraba al Stromboli con afectuosa diversión, antes que con alarma. Sonny, que no era hombre de perder una oportunidad así, había empezado a tomar apuestas sobre la hora exacta de erupción, con el resultado de que todas las noches David tenía que hacer ajustes de cuantía en los saldos acreedores.

Pero, bajo la guía de Sir Colin, también estaba haciendo cálculos de naturaleza mucho más seria. La Goliath ya estaba a mitad de camino entre Marte y la Tierra, antes que Singh y Draker decidieran que era hora de poner alerta a GUARDIÁN ESPACIAL… y, por ahora, a nadie más.

— Como apreciarán por las cifras que acompañan al presente — empezó su memorando—, existe otra fuerza, además de nuestro propio impulso, que está afectando la órbita de Kali. El respiradero al que hemos bautizado Stromboli está actuando como un motor-cohete, arrojando centenares de toneladas de material en cada revolución. Ya canceló el diez por ciento del impulso que le imprimimos al asteroide. Eso no sería mayor problema, en tanto y en cuanto las cosas no empeoren.

«Pero es probable que lo hagan a medida que Kali se acerque más al Sol. Naturalmente, si agota su provisión de compuestos volátiles, no habrá por qué preocuparse.

«No deseamos provocar una alarma indebida mientras la cuestión todavía es dudosa. El comportamiento de los cometas activos — y Kali es el último vestigio de uno así— es impredecible. Así que GUARDIÁN ESPACIAL debe considerar qué actitud adicional se puede tomar, y cómo preparar al público para ello.

«Aquí puede haber una lección en la historia del cometa Swift-Tuttle, descubierto por dos astrónomos norteamericanos en 1862. En aquel entonces se lo perdió durante más de un siglo porque, al igual que Kali, su órbita fue alterada por una retropropulsión de chorro mientras el cometa se acercaba al Sol.

«Después fue vuelto a descubrir por un astrónomo aficionado japonés en 1992 y, cuando se calculó su nueva trayectoria, se produjo una alarma generalizada: parecía que el Swift-Tuttle tenía una elevada probabilidad de chocar con la Tierra el 14 de agosto de 2126.

«Aunque esto produjo sensación en su momento, el episodio ahora virtualmente se ha olvidado. Cuando el cometa rodeó el Sol en 1992, sus retropropulsores de energía solar le volvieron a cambiar la órbita… poniéndolo en una segura. Le va a errar a la Tierra por un amplio margen en 212G y podremos admirarlo como un espectáculo inofensivo de nuestro cielo.

«Quizás esta muestra de historia de la astronomía — nos disculpamos con aquellos que están muy familiarizados con ella— le brinde al público un poco de tranquilidad. Pero, claro está, no podemos confiarnos en un giro igualmente afortunado de los acontecimientos.

«Nuestro plan original había sido el de abandonar Kali no bien se hubiera desviado hacia una órbita segura, hacer contacto con una nave tanque de reabastecimiento y dirigirnos de regreso a Marte. Pero ahora tenemos que suponer que tendremos que consumir todo nuestro propulsante aquí mismo, en Kali. No tendremos suficiente como para seguir empujando durante todo el trayecto hacia la Tierra. Esperemos que sea suficiente.

«Entonces nos sentaremos aquí —¡no tendremos alternativa! — hasta que se pueda organizar una misión de rescate, probablemente después que hayamos dado vuelta en torno del Sol y nos estemos dirigiendo otra vez hacia la órbita de la Tierra. Por favor, avísennos de inmediato si lo aprueban, o si tienen alguna sugerencia alternativa.

Cuando se hubo confirmado la trasmisión del fax espacial, el capitán Singh comentó, un tanto fatigado:

— Bueno, eso agitará un poco las cosas. Me pregunto cómo lo van a manejar.

— Me estoy preguntando cómo lo haremos nosotros — repuso Sir Colin con tono sombrío—. Estuve pensando en algunas de las opciones.

—¿Tales como?

— La trama para el peor de los casos: no podemos desviar a Kali. ¿Realmente va a quemar hasta la última gota de combustible y dejar que la Goliath se estrelle también? ¿Cuántas toneladas de propulsante se precisarían para ponernos en una órbita segura, incluso una que nos haga rozar la Tierra?

El capitán sonrió con tristeza:

— Si lo hacemos justo antes que se queme todo, alrededor de noventa.

— Me gusta que ya lo haya calculado. Noventa toneladas no van a representar la menor diferencia para Kali ni para la Tierra, pero sí podrían salvarnos el pellejo.

— De acuerdo. No tiene sentido que nos matemos… y que agreguemos diez mil toneladas al martillazo. Y no es que diez mil toneladas se adviertan, dentro de dos mil millones.

— Un buen razonamiento, pero dudo de que se lo aprecie en la Tierra cuando digamos, «Lo lamento, muchachos», mientras pasamos rozando y huimos hacia la seguridad.

Hubo un silencio prolongado e incómodo antes que el capitán respondiera:

— Toda mi vida tuve una regla que he tratado de mantener: nunca desperdicies el sueño pensando en problemas que están más allá de tu control. A menos que GUARDIÁN ESPACIAL aparezca con otra respuesta, sabemos lo que debemos hacer. Si no funciona, no es culpa nuestra.

— Muy lógico, pero está usted empezando a hablar como David. La lógica no nos ayudará mucho, después que hayamos visto lo que Kali le hace a la Tierra.

— Bueno, esperemos que toda esa cháchara sobre el Día del Juicio Final sea un gasto de saliva Y, a menos que podamos hacerles creer que la Tierra se va a salvar, mucha gente de la que hay allá se volverá loca.

— Ya lo está, Bob. ¿Vio la estadística de suicidios en el informe del último trimestre? Disminuyeron ahora, pero piense en el pánico, en los tumultos, que podrían tener lugar en el transcurso de los meses venideros. La Tierra podría quedar hecha pedazos, aun cuando Kali pasara inofensivamente al lado de ella.

El capitán asintió con la cabeza… con un poco de demasiado vigor, como si tratara de aventar algunos pensamientos desagradables.

— Olvidémonos de la Tierra durante un instante, si podemos. ¿Usted miró la órbita que vamos a seguir, después que nos separemos?

— Por supuesto. ¿Qué hay con ella?

— El perihelio está precisamente dentro del de Mercurio. Nada más que a coma tres cinco unidades astronómicas del Sol. La Goliath fue disertada para operar entre Marte y Júpiter: ¿puede habérselas con una carga térmica así, doscientas veces superior a la normal?

— No se preocupe, Bob. Ojalá todos nuestros problemas se pudieran resolver con tanta facilidad. ¿No sabía que estuve más cerca que eso? El Proyecto HELIOS. Navegué el Icarus durante una semana, en cada extremo del perihelio… a no mucho más que tres UA del Sol. Espectacular, pero perfectamente seguro, si se lo hace donde está lo mínimo de manchas solares. Fue bastante… ah… interesante, sentarse en la sombra y mirar cómo el paisaje se fundía en torno de nosotros. Todo lo que necesitamos fue un juego de reflectores múltiples para hacer que la luz solar rebotara de vuelta hacia el espacio. Estoy seguro de que Torin y sus robots pueden fabricarlos en cuestión de horas.

El capitán Singh pensó bien en eso, con alivio pero con poco entusiasmo. Había oído hablar del Proyecto HELIOS y recordó que Sir Colin había sido uno de los científicos que intervinieron.

Por cierto que elevaría la moral en la Goliath, cuando el Sol se viera en el cielo diez veces más grande de lo que se lo veía desde la Tierra, contar con alguien a bordo que hubiera estado ahí antes.

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