El martillo de Dios [The Hammer of God - es]
- Автор: Кларк Артур Чарльз
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Emec
- Переводчик: Daniel R. Yagolkowski
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Dios [The Hammer of God - es]». Краткое содержание книги:
La aparición de un asteoide que amenaza con caer sobre la tierra plantea el gran dilema de fondo: ¿hay que destruirlo en el espacio? ¿No será mejor dejar que caiga y contribuya a arreglar el problema de la superpoblación de la tierra?
Con esos elementos, Clarke recupera las dotes que lo convirtieron en maestro del género: perspicacia para plantear un futuro lejano pero ya visible, capacidad de retar al intelecto del lector al tiempo que lo entretiene, y una ironia cargada de ingenio contundente.
—¡Vaya insinuación!
El capitán alzó la mano, pidiendo silencio:
La única cuestión importante ahora es: ¿Luna o Marte? Ambos nos necesitan. No quiero influir sobre ustedes — lo que era apenas cierto, ya que todos sabían adónde quería ir él—, así que primeramente querría oír sus puntos de vista.
La primera votación fue Marte, 9: Luna, 9; No sé, 1; abstención del capitán.
Cada bando estaba tratando de atraer para sí al único «No sé» — el camarero Sonny Gilbert, que había vivido en la Goliath durante tanto tiempo que no conocía otro hogar—, cuando habló David:
— Hay una alternativa.
—¿Qué quieres decir? — preguntó, con bastante brusquedad, el capitán Singh.
Parece ser obvio. Aun cuando ATLAS está destruido, todavía tenemos una oportunidad de salvar la Tierra… si utilizamos la Goliath a modo de impulsor de masas. Según mis cálculos, todavía tenemos suficiente propulsante como para desviar Kali, tanto en nuestros tanques como en los que hemos estacionado allá. Pero tenemos que empezar a empujar de inmediato. Cuanto más tiempo esperemos, menor será la probabilidad de éxito. Ahora es del noventa y cinco por ciento.
Hubo un instante de pasmado silencio en el puente, mientras todos hacían la pregunta: «¿Por qué no se me ocurrió?», e inmediatamente llegaban a la respuesta.
David no había perdido la cabeza — si es que se podía emplear una frase tan inadecuada—, mientras todos los seres humanos que lo rodeaban estaban en estado de conmoción. El ser una Persona Legal (No humana) tenía algunas ventajas: aunque David no podía conocer el amor, tampoco podía conocer el miedo. Seguiría pensando en forma lógica, aun en el borde mismo de la destrucción.
33
Salvamento
— Tenemos suerte — informó Torin Fletcher.
—¡Por cierto que la necesitamos! Prosiga.
— A la carga fue preparada para que dañara, sin posibilidad de repararlos, el generador de fusión y los propulsores, y eso es justamente lo que hizo. Podría arreglarlos si estuviéramos de vuelta en Deimos, pero no aquí. Después, la onda explosiva desgarró los tanques primero y segundo, por lo que perdimos treinta K de propulsante, pero las válvulas de corte que tenía la cañería hicieron exactamente lo que se esperaba que hicieran, por lo que el resto del hidrógeno está intacto.
Por primera vez después de varias horas, Robert Singh se permitió tener una esperanza. Pero todavía quedaban muchos problemas por resolver, y una enorme cantidad de trabajo por hacer. Había que timonear la Goliath hasta ponerla en posición contra Kali, y construir en torno de ella algo de andamiaje para trasmitir el impulso al asteroide. Fletcher ya había programado sus robots de construcción para que abordaran esa tarea, y emplearan para eso largueros y vigas adecuados, provenientes del destruido ATLAS.
— El trabajo más descabellado que haya hecho jamás — dijo—. Me pregunto qué habrían pensado los veteranos, allá en Kennedy, si hubieran visto una torre para lanzamiento sosteniendo una espacionave cabeza abajo.
—¿Cómo puede uno darse cuenta con la Goliath? — fue la bastante poco amable réplica de Sir Colin Draker—. Nunca estuve seguro de cuál extremo era cuál. En un cohete del siglo XX se podía ver si estaba yendo o viniendo, sólo con mirarlo. Ahora, ya no.
No importaba cuán extravagante pudo haber parecido para cualquiera el resultado, salvo para un ingeniero en astronáutica, Torin Fletcher se sentía justificadamente orgulloso de su hazaña. Aun en un campo gravitatorio tan débil como el de Kali, la tarea había sido posible a duras penas. Cierto era que un tanque de propulsante de diez mil toneladas aquí «pesaba» menos de una tonelada, y que se lo podía levantar — lentamente— hasta ponerlo en su sitio, empleando un aparejo de poleas ridículamente pequeño, pero una vez que masas tan grandes se ponían en movimiento, se volvían potencialmente letales para los seres cuyos músculos e instintos se habían desarrollado en un ambiente del todo diferente. Resultaba difícil creer que un objeto que derivara lentamente podía ser completamente imparable y tener la capacidad de convertir en panqueque a quienquiera que no lo pudiera esquivar a tiempo.
Merced a una combinación de pericia y buena suerte, no hubo accidentes graves. Cada movimiento se ensayaba cuidadosamente en una simulación de realidad virtual, para evitar sorpresas, hasta que, por fin, Fletcher anunció:
— Estamos listos para ir.
Era inevitable que hubiera una sensación de deja vu mientras se procedía a efectuar la segunda cuenta regresiva. Y, esta vez, también había una sensación de peligro: si algo fuera a salir mal, no iban a estar a distancia segura del accidente. Serían parte de él, aunque lo probable era que nunca llegaran a saberlo.
Pasaron semanas desde que la Goliath estuvo viva realmente, y los que estaban a bordo sintieron la vibración característica de la unidad de plasma puesta en máximo impulso. Leve y lejana como parecía, no había manera de pasarla por alto, en especial cuando, a intervalos regulares, coincidía con alguna frecuencia de resonancia de la estructura de la Goliath, y toda la nave experimentaba un breve temblor.
La lectura del acelerómetro trepó lentamente desde cero hasta poco más de una microgravedad, mientras el impulso se incrementaba hasta alcanzar el valor máximo dentro del margen de seguridad. Los mil millones de toneladas de Kali fueron suavemente perturbados. Cada día se iba a alterar su velocidad en casi un metro por segundo, y se la iba a desviar de su trayectoria original en cuarenta kilómetros. Valores triviales, teniendo en cuenta las velocidades y distancias cósmicas, pero suficientes para constituir la diferencia entre la vida y la muerte de millones de almas en el lejano planeta Tierra.
Por desgracia, la Goliath podía operar su unidad impulsora durante nada más que treinta minutos del breve día de cuatro horas de Kali: un tiempo mayor, y el momento angular del asteroide empezaría a neutralizar lo que se había conseguido. Era una limitación enloquecedora, pero nada había que se pudiera hacer al respecto.
El capitán Singh esperó a que terminara el primer período de impulsión antes de enviar el mensaje que el mundo estaba aguardando:
— Goliath informa: hemos iniciado con éxito la maniobra de perturbación. Todos los sistemas están funcionando normalmente. Buenas noches.
Y después delegó el mando de la nave en David, y durmió un lapso razonable por primera vez desde que se había perdido ATLAS. En seguida soñó que en Kali había comenzado otro día y que la impulsión de la Goliath estaba operando exactamente según lo planeado.
Despertó, descubrió que no era un sueño, y prontamente se volvió a dormir.
34
Plan para contingencias
Aunque el venerable avión espacial aún denominado Fuerza Aérea Uno era más antiguo que la mayoría de los hombres y mujeres sentados alrededor de la mesa de conferencias de su histórico salón de reuniones, se lo conservaba con amoroso cuidado y todavía era perfectamente operativo. Sin embargo, raramente se lo usaba, y esa era la primera vez que todos los miembros del Consejo Mundial estaban a bordo al mismo tiempo. Los tecnócratas que constituían el cerebro — humano— del planeta normalmente llevaban a cabo sus actividades mediante circuitos de teleconferencia, pero esa no era una actividad normal y nunca antes habían tenido que enfrentar una responsabilidad tan pavorosa.
— Todos ustedes ya tienen el resumen del informe de mi plantel técnico comenzó el Director General, Energía—. No fue fácil encontrar los planos de ingeniería: la mayoría fue destruida a propósito. Sin embargo, los principios generales son bien conocidos y el Musco Imperial de Guerra de Londres (nunca oí hablar de él) tiene un modelo completo de veinte megatones… desactivado, claro está. No hay problema en fabricarlo en escala real, si podemos producir los materiales a tiempo. ¿Inventario?