El martillo de Dios [The Hammer of God - es]
- Автор: Кларк Артур Чарльз
- Год: 1996
- Язык: испанский
- Год: Emec
- Переводчик: Daniel R. Yagolkowski
- Жанр: Научная фантастика
Электронная книга - «El martillo de Dios [The Hammer of God - es]». Краткое содержание книги:
La aparición de un asteoide que amenaza con caer sobre la tierra plantea el gran dilema de fondo: ¿hay que destruirlo en el espacio? ¿No será mejor dejar que caiga y contribuya a arreglar el problema de la superpoblación de la tierra?
Con esos elementos, Clarke recupera las dotes que lo convirtieron en maestro del género: perspicacia para plantear un futuro lejano pero ya visible, capacidad de retar al intelecto del lector al tiempo que lo entretiene, y una ironia cargada de ingenio contundente.
La fiesta de reunión fue más un servicio de acción de gracias que una celebración: los sentimientos eran demasiado profundos como para eso. De vez en cuando, el zumbido de la conversación en el comedor de oficiales se detenía de pronto y se producía un silencio absoluto, mientras todos compartían un solo pensamiento: ¿Estoy vivo realmente, o estoy muerto y tan sólo sueño que estoy vivo? ¿Y cuánto va a durar este sueño? Entonces, alguien hacía un débil chiste y se reanudaban las discusiones y los debates.
La mayoría giraba en torno de Sir Colin que, tal como afirmaba, en verdad había gozado de una vista privilegiada. El proyectil que se aproximaba había golpeado cerca del punto más estrecho del asteroide, la cintura del maní, pero, en vez de la bola de fuego termonuclear prevista por los dos observadores, se había producido una enorme fuente de polvo y escombros. Cuando se disipó, Kali parecía haber quedado intacto, pero después, muy lentamente, se dividió en dos fragmentos de tamaño casi igual. Como cada uno conservaba parte del movimiento angular original de Kali, empezaron entonces una pausada separación, como dos patinadores que giran velozmente y, en un momento dado, se sueltan de las manos del otro.
— Visité media docena de asteroides gemelos — dijo Sir Colin—, empezando por el Apolo 4769, Castalia. ¡Pero nunca soñé que vería nacer uno! Por supuesto, no tendremos mucho tiempo a Kali 2 como luna: ya se está apartando. La gran pregunta es: ¿alguno de nosotros chocará contra la Tierra? ¿O ninguno?
«Con un poco de suerte, ambos le pasaremos por los costados. Así que aun si esa bomba no detonó, sí puede haber cumplido su misión. GUARDIÁN ESPACIAL deberá de tener la respuesta dentro de unas horas. Pero si yo fuese tú, Sonny, no tomaría apuestas sobre ella.
46
Último acto
En la Goliath, cuanto menos, el suspenso no duró mucho: GUARDIÁN ESPACIAL pudo informar casi de inmediato que Kali 1, el fragmento ligeramente más chico sobre el que estaba varada la nave, le erraría a la Tierra por un cómodo margen. El capitán Singh recibió la noticia con alivio, antes que con júbilo: parecía ser nada más que lo justo, después de todo lo que habían soportado. Cierto, el Universo nada sabía sobre justicia, pero siempre se podía tener la esperanza.
La órbita de la Goliath sólo se vería levemente desviada cuando pasara rápidamente junto a la Tierra, a una velocidad varias veces superior a la de escape. Después, la nave y su mundito privado seguirían ganando velocidad como un cometa que rozara el Sol, hundiéndose dentro de la órbita de Mercurio al alcanzar el acercamiento máximo. Las láminas de hoja refractaria que Torin Fletcher ya estaba armando para formar una gigantesca carpa, iban a protegerlos de una carga térmica diem veces superior a la del mediodía en el Sahara. Mientras mantuvieran su parasol en buenas condiciones, no tendrían nada que temer, salvo el aburrimiento: iban a pasar más de tres meses antes que la Hércules pudiera alcanzarlos.
Estaban a salvo y ya pertenecían a la Historia. Pero, en la Tierra, nadie sabía si la Historia habría de continuar. Todo lo que las computadoras de GUARDIÁN ESPACIAL podían garantizar ahora era que Kali 2 no haría impacto directo sobre alguna masa continental importante. En cierta medida, eso significaba una tranquilidad, pero no la suficiente como para evitar pánicos en masa, miles de suicidios, y la desintegración parcial de la ley y del orden. Unicamente la pronta asunción de poderes dictatoriales por parte del Consejo Mundial evitó desastres peores.
Los hombres y mujeres que estaban a bordo de la Goliath observaban con preocupación y compasión y, aun así, con una sensación de indiferencia, casi como si estuvieran contemplando acontecimientos que ya pertenecían al pasado lejano. Fuera lo que fuere que ocurriera en la Tierra, ellos sabían que, dentro de poco, seguirían sus caminos separados en sus diversos mundos… marcados para siempre por el recuerdo de Kali.
Ahora, el enorme cuarto creciente de la Luna cubría todo el cielo, los afilados picos montañosos que estaban a lo largo del límite de iluminación ardían con la violenta luz del amanecer lunar. Pero las polvorientas llanuras todavía intactas por el Sol no estaban completamente a oscuras: brillaban débilmente bajo la luz reflejada por las nubes y los continentes de la Tierra. Y dispersas por aquí y por allá, de un extremo al otro de ese otrora muerto paisaje, estaban las incandescentes luciérnagas que señalaban los primeros asentamientos permanentes que la Humanidad había erigido más allá del planeta natal. El capitán Singh pudo ubicar con facilidad la Base Clavius, Puerto Armstrong, Ciudad Platón… Hasta pudo ver el collar de tenues luces a lo largo del FerrocarrilTranslunar, que trasportaba su preciosa carga de agua desde las minas de hielo, en el Polo Sur. Y ahí estaba el Golfo del Iridio, en el que había alcanzado su breve momento de fama, hacía ya una vida.
La Tierra estaba a nada más que dos horas de distancia.
ENCUENTRO INESPERADO CUATRO
Kali 2 entró en la atmósfera inmediatamente antes que saliera el Sol, cien kilómetros por encima de Hawaii. Al instante, la gigantesca bola de fuego creó un falso amanecer en el Pacífico, despertando las formas de vida silvestre de sus innumerables islas. Pero pocos seres humanos… no muchos estuvieron durmiendo esta noche de las noches, salvo aquellos que habían buscado el olvido que dan las drogas.
Sobre Nueva Zelanda, el calor del horno que estaba en órbita incineró bosques y fundió la nieve de las simas montañosas, desencadenando avalanchas en los valles que estaban abajo. Debido a una gran buena suerte, el principal impacto térmico se produjo sobre la Antártida, el único continente que lo podría absorber mejor. Ni siquiera Cali pudo arrancar todos los kilómetros de hielo polar, pero el Gran Deshielo iba a modificar los litorales de todo el mundo.
Nadie que hubiera sobrevivido al cirio podría describir jamás el sonido del paso de Kali; ninguna de las grabaciones fue más que un débil eco. La cobertura de televisión fue, por supuesto, soberbia, y se Cabria de mirar con temor reverencial durante las generaciones venideras. Pero nada podría compararse jamás con la temible realidad.
Dos minutos después de haber perforado la atmósfera, Kali volvió a entrar en el espacio. Su aproximación máxima a la Tierra Babia sido de sesenta kilómetros. En esos dos minutos se llevó cien mil vidas y ocasionó mil billones de dólares de daños.
La especie humana Sabia tenido mucha, pero mucha, suerte.
La próxima vez iba a estar mucho mejor preparada. Aunque el encontronazo Sabia alterado la órbita de Kali de manera tan drástica que nunca más volverla a representar un peligro para la Tierra, existían otros mil millones de montañas volantes en órbita alrededor del Sol.
Y el cometa Swift-Tuttle ya estaba acelerando hacia su perihelio. Todavía había mucho tiempo para que volviera a cambiar de opinión…
Fuentes de información y agradecimiento
Mi relación con el tema de los impactos de asteroides ahora está empezando a parecerse a una molécula de ADN: los filamentos de verdad y de ficción se están entrelazando hasta formar una maraña. Permítaseme intentar desenredarla adoptando el enfoque cronológico.