Бесплатная библиотека
Читайте книгу на сайте или телефоне

Электронная книга - «El Beso Perfecto». Краткое содержание книги:

El apuesto Rory Kincaid provoca que los hombres hablen de él… y que las mujeres se desmayen a su paso. Después de estar fuera de circulación por los escándalos de su familia, especialmente los de su padre y su abuelo, que entre ambos suman once viudas, ha decidido volverse respetable.
Jilly Skye no es la mujer que más le conviene… ¡pero le parece tan terriblemente sexy! Está claro que ambos se sienten atraídos, aunque a Jilly no acaba de convencerla el aire anticuado de Rory.
Pero cuando son pillados en una situación, digamos «comprometida», Jilly accede a hacerse pasar por su novia, al menos hasta que la reputación del muchacho vuelva a ser honorable. Grave error: pues Cupido anda suelto repartiendo sus flechas… Un apuesto millonario y una mujer terriblemente sexy, ¿quién da más?
1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 78
Перейти на страницу:

Su amiga había dejado clarísimo que jamás había visto a Rory y que él probablemente ni siquiera sabía su nombre de pila, y menos aún el apellido que ahora utilizaba.

Por otro lado, Iris era la viva imagen de su madre.

Rory se rascó el mentón y volvió a mirar por encima del hombro, como si quisiese ver nuevamente a Kim. Por fortuna, la ex modelo se había esfumado. Volvió a dirigirse a Jilly, se encogió de hombros y preguntó:

– ¿Está casada?

Más gotas de sudor se deslizaron por la columna vertebral de Jilly.

– ¿Tanto te interesa esa mujer?

La joven se preguntó qué diablos haría si Rory respondía afirmativamente, pero el hombre se limitó a sonreír y la cogió de la barbilla.

– ¿Estás celosa?

Jilly simuló que lo estaba y puso los ojos en blanco.

– Solo pretendía decir que tu imagen política sufriría un gran revés si iniciaras rápidamente otra conquista.

Rory rió a mandíbula batiente, por lo que varios de los asistentes a la inauguración los miraron. Jilly lanzó una muda advertencia a una mujer que se encontraba cerca, que súbitamente había reparado en Rory y que intentaba acortar distancias. La mujer se dio por aludida, sonrió con actitud cómplice y se alejó.

Jilly se cruzó de brazos.

– ¿Qué me dices?

Rory clavó la mirada en el jersey, lanzó un gemido y añadió:

– No hagas eso. Cada vez que adoptas esa postura soy incapaz de pensar.

Jilly bajó la cabeza y supo a qué se refería Rory, por lo que descruzó rápidamente los brazos. Unos botones como perlas adornaban la pechera de su jersey de pura lana virgen y de tono rosa claro; mantenía desabrochados los tres superiores, por lo que su aspecto era perfectamente recatado, pero el jersey era ceñido y su exuberancia pectoral, que hacía que todas las prendas pareciesen ceñidas, aconsejaba evitar posiciones que destacaran todavía más sus senos.

Kincaid respiró hondo.

– Bien, ¿qué decías?

Jilly esperaba que no se notase que su piel estaba encendida.

– Que mostrabas un interés excesivo por otra mujer.

Rory miró hacia el otro lado de la galería y vio que Greg seguía junto a la puerta de la cocina.

– Solo he preguntado si tu socia está liada con alguien, porque parece que acaba de dar calabazas a mi hermano pequeño.

Jilly sonrió aliviada. Se dijo que seguramente era lo que había ocurrido. Greg la había invitado a salir y, como es lógico, Kim había dicho que no.

– Rory, lamento decírtelo, pero tengan o no un hombre en su vida, algunas mujeres son inmunes al encanto de los Kincaid. Kim no está liada con nadie y te garantizo que tampoco tiene la menor intención de enrollarse con un hombre.

Kincaid enarcó las cejas.

– ¿En serio? Ah, de modo que se trata de eso. -Observó a Jilly con renovado interés-. En ese caso, ¿eres tú la mujer de su vida?

Jilly parpadeó.

– ¿Me estás preguntando si soy…? -De pronto comprendió el significado de las palabras de Rory y se quedó boquiabierta-. No soy… no entiendo cómo has pensado que… -Como no supo si sentirse incómoda u ofendida o si ninguna de esas dos reacciones era políticamente correcta, Jilly se limitó a farfullar. Miró atentamente a Rory y reparó en la perversa diversión que destellaba en su mirada. Le golpeó el pecho y apostilló-: Ya está bien de tomarme el pelo.

Kincaid rió descaradamente.

– Tendrías que haber visto tu expresión.

Jilly carraspeó.

– Pues piensa en la cara que habrías puesto si tu suposición fuese cierta y la prensa se enterara. ¿Qué pensaría el Partido Conservador de un candidato que sale con una mujer… a la que le gustan las mujeres?

– ¡Está bien! ¡Está bien! -Rory se puso serio-. Para que lo sepas, aunque prefiera candidatos heterosexuales, al Partido Conservador no le interesa legislar sobre moralidad. -Rory se acercó a Jilly-. Lo que significa que es totalmente aceptable que un posible candidato como yo esté con su hermosa y sensual prometida la noche del viernes.

Como se quedó sin respiración, Jilly pensó que, con su tentadora boca, tal vez Rory había absorbido todo el aire de la galería.

– Yo no soy sensual ni hermosa -precisó, aunque el comentario le resultó gratificante e incluso seductor.

Rory levantó una ceja con actitud picara e inquirió:

– ¿Quieres que te lo demuestre?

– ¡No! -De todos modos, Jilly tuvo que contenerse para no inclinarse hacia él-. Te lo he dicho este mediodía. Mi astróloga me ha aconsejado que no me acerque a nadie del otro sexo durante la luna llena -explicó recatadamente-. Creo que ya nos hemos excedido.

Más le valía ponerse la armadura completa, dado que durante el picnic las cosas habían cambiado. Era evidente que Rory había tomado una decisión y el resultado era esa faceta provocadora, encantadora e incluso más sensual. Por añadidura, esa faceta podía ser letal para una de las mejores alumnas de sor Bernadette.

Con la intención de enfriar a Rory y mantenerlo a distancia, Jilly le volvió la espalda. El contraste del azul celeste de la tapa de un cuaderno y el color tabaco de un vestido discreto llamaron su atención en medio del gentío.

¡Perfecto…!

Jilly lo miró de reojo, mantuvo la expresión severa y añadió en tono dulce:

– Vamos, demos una vuelta.

Rory le dirigió otra sonrisa provocadora.

– Llámalo como quieras, a esta altura me atrevo a todo.

Era un hombre malo, seductor y pecador.

– Déjate de tonterías. No sé qué mosca te ha picado de repente.

Rory se la comía con la mirada.

– Ni más ni menos que la realidad de la situación. Millones de personas han visto tu espalda desnuda y mis manos. Luego nos besamos, yo diría que convincentemente, ante las cámaras de la condenada prensa sensacionalista a fin de demostrar que tenemos una relación especial. -Kincaid se encogió de hombros-. Por consiguiente, más nos vale tenerla.

Jilly le clavó la mirada. De modo que era eso lo que había decidido durante el picnic.

– ¿Así de simple? ¿Tú dices que tiene que ser así y es así? -Jilly puso los brazos en jarras-. Pues tal vez a mí no me apetece…

Rory se inclinó hacia Jilly y apoyó en su oreja su jugosa boca de jeque del desierto.

– Nena, dame una oportunidad. Lograré que lo desees. -Jilly cerró los ojos porque la tentación recorrió su cuerpo como una ola-. ¡Por favor! -le susurró roncamente al oído-. La temperatura de tu cuerpo acaba de subir quince grados.

Jilly hizo lo imposible por no hacerle caso, apeló a su sentido común y se lo quitó de encima.

– ¡Porque estás demasiado cerca! Además, la galería está atiborrada de gente.

Rory rió con actitud cómplice y Jilly fingió que era más molesto que seductor. Más acorralada que nunca, la joven se volvió hacia los presentes y estuvo en un tris de llorar de alivio al vislumbrar un poco más cerca el cuaderno de tapas azules.

– ¡Aura! -gritó Jilly a su amiga.

Aura y el doctor John detuvieron su recorrido por la sala, vieron a Jilly, que los saludaba con ademanes desaforados, cambiaron de dirección y se acercaron. Era todo un espectáculo ver al negro corpulento, calvo y con infinidad de piercings y llamativos tatuajes junto a Aura, muy parecida a la comunicadora Martha Stewart con su vestimenta conservadora y los zapatos de tacón bajo. Aura llevaba el cuaderno en una mano y con la otra echó hacia atrás su melena rubia rojiza salpicada de canas.

– ¿Es quien yo creo? -preguntó Rory, que parecía desconcertado.

– Es Aura, mi astróloga; no es la persona en la que estás pensando. Está en compañía del tatuador del barrio.

Rory siguió con la mirada fija en Aura, el vivo retrato de la célebre Martha Stewart.

– Tu astróloga… -repitió Kincaid-, tu astróloga y el tatuador del barrio. -Suspiró sin dejar de ver cómo se acercaban-. ¡Claro que sí, tu astróloga y el tatuador! No son más que un par de ejemplares de lo más granado y freaky del sur de California.

1 ... 32 33 34 35 36 37 38 39 40 ... 78
Перейти на страницу:
0
Сюжет
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Атмосфера
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Главный герой
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
0
Общее впечатление
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
Итоговая оценка: 0.0 из 10 (голосов: 0 / История оценок)