Электронная книга - «Reunion in Death Traducido». Краткое содержание книги:
– Fuentes ilegales?
– Estuve corriendo envenenamiento con cianuro a través de IRCCA. El asunto es más popular de lo que tú piensas, pero la mayoría de sus proveedores pasan por un fuente legal. El tipo en East DC donde Dunne compró previamente era el mayor en el planeta, y ha muerto. Los otros registrados son de hace poco tiempo, y la mayoría de ellos están haciendo principalmente distribución de ilegales, con venenos como línea lateral. La investigación indica que los venenos no tienen un costo muy alto, escaso margne de beneficios y no son generalmente una especialidad.
– Posiblemente ella encontró una forma de pasar a través de una fuente legal pero vamos a tratar por la otra ruta. -Eve fue hacia su vehículo, se detuvo. -Mucho de eso se habla en prisión, y ella pudo haber conseguido un contacto ahí. Más, ella puso el dedo en el mundo a través de las computadoras. Todo el tiempo para búsqueda e investigación. Su fuente puede no estar en New York, pero la gente conoce gente que conoce gente. Vamos a ir al subterráneo.
Peabody, un soldado incondicional, palideció. -Oh, Dios.
Debajo de New York había otro mundo, una ciudad al margen para los perdidos y los viciosos. Algunos iban abajo para jugar con ese interesante costado, en la forma en que un niño juega con un cuchillo afilado, sólo para ver como puede deslizarse. Otros disfrutaban la elemental mezquindad, el hedor de la violencia que permitía al aire espeso y que apestaba a basura y mierda.
Y algunos simplemente se perdían ahí.
Eve dejó su chaqueta en el auto. Quería su arma completamente a la vista. Su pieza de repuesto estaba abrochada a su tobillo, y puso un cuchillo de combate en su bota.
– Toma. -Le pasó a Peabody unn pequeño bate aturdidor. -Sabes usar esto?
Ella tuvo que tragar una vez, pero asintió. -Sí, señor.
– Engánchalo a tu cinturón, déjalo a plena vista. Pasaste el mano a mano?
– Si. -Ella lanzó un suspiro. -Puedo manejarlo sola.
– Está bien. -Eve no sólo quería que ella lo dijera, esperaba que lo creyera. -Y cuando bajes ahí, recuerda que eres una mala puta policía y que bebes sangre para el desayuno.
– Soy una mala puta policía, y bebo sangre para el desayuno. Yuck.
– Vamos.
Bajaron por mugrientos escalones y giraron desde la entrada del subterráneo entrando en el agujero de ratas de un túnel que se alejaba del subterráneo. Las luces brillando en un rojo apagado y azul sucio en una especie de gruñente carnaval de sexo, juegos y entretenimiento acomodado entre el frío y la crueldad.
Eve sintió el hedor del vómito y bajó la mirada para ver un hombre caído apoyado en manos y rodillas, vomitando horriblemente.
– Estás bien?
El no levantó la mirada- Jódete.
Sintiendo otros ojos sobre ella, se puso en el pasillo detrás de él, y le dio un sólido empujón con su bota que lo envió de cara en su propio vómito. -Oh, no -dijo tranquilamente, -jódete tú.
Su cuchillo estaba fuera de su bota con su afilada punta en la mugrienta garganta de él antes de que pudiera maldecirla otra vez. -Soy policía, cretino, pero no creas que no puedo deslizártelo por tu inútil garganta de oreja a oreja solo por diversión. Donde puedo encontrar a Mook hoy?
Sus ojos eran rojo fuego, su aliento increíble. -No conozco a ningún jodido Mook.
Ella se arriesgó a toda clase de alimañas, tomando un manojo de cabellos y tirando su cabeza hacia atrás. -Todo el mundo conoce al jodido Mook. Quieres morir aquí o vivir para vomitar otro día?
– No tengo cuentas con el lameculos. -Sus labios se abrieron en el momento que la punta del cuchillo presionó contra su yugular. -Tal vez VR Hell, maldito si lo se!
– Bueno. Vuelve a hacer lo que estabas haciendo. -Ella lo liberó con la suficiente fuerza para enviarlo deslizando en la mugre otra vez. Luego hizo una exhibición de sacudir el borde aserrado del cuchillo en su bota para beneficio de los espectadores acechando en las sombras.
– Si alguien aquí quiere problemas, estaré feliz de ayudarlo. -Levantó la voz lo suficiente para hacer eco, que se abrió paso a través de la repentina inundación de víboras bombeadas a través de las puertas. -De todas maneras mi asunto es con Mook, quien ha sido bien descripto por este buen ejemplo de humanidad como un jodido lameculos.
Hubo un sigiloso movimiento, de sombra en sombra, hacia su izquierda. Puso la mano en su arma, y el movimiento se detuvo. -Cualquier inconveniente para mí o mi uniformada, y empezamos a patear culos, y no seremos particularmente delicadas sobre cuantos de esos culos pateados terminan en la morgue de la ciudad, no es así, Oficial?
– No, señor, teniente. -Peabody rogó que su voz no se quebrara y las avergonzara a ambas. -De hecho, esperamos ganar el fondo de la apuesta de la morgue esta semana.
– En cuanto está, de todas formas?
– Doscientos treinta y cinco dólares. Y sesenta centavos.
– No es tan malo. -Eve acomodó una cadera, pero sus ojos estaban afilados como un acero. -Podemos ganarlos. Cuando terminemos de sacarle la mierda a patadas a todos los que quieran molestarnos, -agregó tranquilamente – vamos a traer un escuadrón aquí abajo para sacudir lo que queda. Aunque realmente me irritaría tener que compartir el premio con ellos. Mook. -dijo otra vez, y esperó diez segundos tarareando.
– VR Hell -dijo alguien en la oscuridad. -Bailando con las máquinas S amp;M. Imbécil.
Eve apenas asintió, decidiendo atribuir el comentario de imbécil a Mook antes que a si misma. -Y donde encuentro VR Hell en este delicioso e intrincado paraíso que muchos de ustedes llaman hogar?
Hubo otro movimiento, y ella giró, controlando, sintiendo a Peabody totalmente alerta junto a ella. Primero lo tomó por un niño, luego vió que era un enano. Estaba haciendo señas con un dedo, llamándola.
– Espalda contra espalda. -ordenó Eve, y empezaron a seguir uno de los goteantes túneles, guardándose una a otra las espaldas.
El enano se movía rápido, parodiando a lo largo de los humeantes y malolientes túneles como una cucaracha con zapatos que batían contra el húmedo piso de piedra. El atajó a través de los bares, los clubes, los cruces y los baches, girando y volviendo a través del laberinto del mundo subterráneo.
– La apuesta de la morgue fue un buen toque. -dijo Eve por lo bajo.
– Gracias.- Peabody resistió limpiarse la humedad que goteaba por su cara. -Vivo para improvisar.
Desde la profundidad de la humedad, Eve escuchó a una mujer gritar de dolor o de pasión. Vió a un hombre enorme desplomado en el piso lamiendo una sucia botella marrón de brebaje casero. Contra el muro junto él un hombre y una mujer copulaban en una fea parodia de hacer el amor.
Olió a sexo y orina, y algo peor.
El túnel se ensanchó, abriéndose en un área equipada con video, VR y hologramas compactos.
VR Hell era negro. Los muros, las ventanas, las puertas totalmente cubiertas con un mismo sofocante y de alguna manera grasoso negro. Cruzando esto, en letras que ella asumió se suponía que reflejaban el fuego del diablo, estaba el nombre. Una mal pintada imagen de Satan, completo con cuernos, cola y horquilla, bailaba sobre las llamas.
– Mook está ahí. -El eneno habló por primera vez con una voz como un tambor bajo construído con papel de lija. -Búscalo en la máquina de Mdame Ëlectra. Una mierda de esclavitud. Jodido enfermo. Tienes cincuenta?
Eve rebuscó los créditos. -Tengo veinte. Esfúmate.
El mostró sus dientes grises y puntudos. Los veinte desaparecieron, y luego lo hizo él
– Puedes encontrar gente muy interesante aquí abajo. -dijo Peabody débilmente.
– Mantente cerca -ordenó Eve- Si alguno se mueve, golpeálo.
– No tienes que decírmelo dos veces. -Con su mano aferrando firmemente su bate, Peabody siguió a Eve dentro de Infierno.
El sonido era alucinante: alaridos, sirenas, gruñidos y gemidos de docenas de máquinas chocando y clientes. La iluminación era de un feo rojo que brillaba y parpadeaba. Eso la envió de regreso a una helada habitación en Dallas, hizo que su estómago se retorciera antes de controlarlo.
Escuchó la respiración andrajosa, las palabras siseadas del sexo violento. Había escuchado esas cosas en esa habitación, también, antes del final. Los escuchó en demasiadas habitaciones para llevar la cuenta, donde las paredes eran delgadas como un pañuelo de papel y la brutalidad era sólo una forma de respirar.
El sonido de la carne golpeando la carne. Un jubiloso castigo.
Détente! Maldito seas, Rick, para! Me estás lastimando!
Que voz era esa? Eve pensó que estaba mirando alrededor ciegamente. Su madre? Una de las prostitutas que él usaba cuando no podía usar a su hija?